Pescador de Sirenas: La novela sobre Juan Ramón Molina

Por Jessica Isla Tal vez no hay nada más estrambótico que imaginar una corte real en las desvencijadas calles de la Tegucigalpa de finales de 1800, haciendo bombo y comparsa a una majestad autonombrada: El príncipe de las letras hondureñas, como ha sido llamado en numerosas ocasiones, aquel capaz de traspasar dimensiones y ver con claridad su propia muerte en el tejido casi invisible de una araña o en la marea convocada por una pesca...
Redacciónjunio 3, 2019

Por Jessica Isla

Tal vez no hay nada más estrambótico que imaginar una corte real en las desvencijadas calles de la Tegucigalpa de finales de 1800, haciendo bombo y comparsa a una majestad autonombrada: El príncipe de las letras hondureñas, como ha sido llamado en numerosas ocasiones, aquel capaz de traspasar dimensiones y ver con claridad su propia muerte en el tejido casi invisible de una araña o en la marea convocada por una pesca de sirenas.

Pescador de Sirenas es el ultimo título del escritor Oscar Estrada (1974) y en el aborda de manera rigurosa, la vida y obra de Juan Ramón Molina, poeta nacido en Comayagüela en el año 1,875 y fallecido de forma prematura a los 33 años, en el hermano país de El Salvador, donde se encontraba exiliado.

Dividida en 4 partes y ubicada en el género de la novela histórica, este texto tiene la facultad de situarnos como observadores/as de una vida a través epístolas y documentos de la época, donde podemos asomarnos a la infancia de Molina, a través de diversas voces (amigos, conocidos y otros) a la vez que somos testigos de sus primeros trabajos como periodista en el Diario de Honduras, que dan cuenta de su rebeldía innata, esa que lo valió la cárcel y lo condenó a una esclavitud forzada en la construcción de la carretera de Choluteca por parte de Terencio Sierra, presidente de Honduras. Sabremos de sus continuos planes de fuga, aquellos que no realizó por alcanzar la libertad primero y que legó de forma exitosa a un compañero real o imaginario de cantera: Rubén Núñez, quien cumplía condena por asesinar a un violador de mujeres y al que Molina, válgase licencia creativa del autor, se permite felicitar y admirar, forjándose un primer principado en uno de los entornos más difíciles del país de ese entonces.

Aquí lo seguiremos en sus continuas andanzas en su búsqueda de la poesía y posiblemente en su escape al miedo continuo de la muerte, huyendo siempre del canto de los grillos y de las noches que podrían presagiarla: “Maldito de mi-dijo llorando Juan Ramón-soy el heraldo de la muerte.”

Tal vez no hay nada más estrambótico que imaginar una corte real en las desvencijadas calles de la Tegucigalpa de finales de 1800, haciendo bombo y comparsa a una majestad autonombrada: El príncipe de las letras hondureñas, como ha sido llamado en numerosas ocasiones, aquel capaz de traspasar dimensiones y ver con claridad su propia muerte en el tejido casi invisible de una araña o en la marea convocada por una pesca de sirenas.

Pescador de Sirenas es el ultimo título del escritor Oscar Estrada (1974) y en el aborda de manera rigurosa, la vida y obra de Juan Ramón Molina, poeta nacido en Comayagüela en el año 1,875 y fallecido de forma prematura a los 33 años, en el hermano país de El Salvador, donde se encontraba exiliado.

Dividida en 4 partes y ubicada en el género de la novela histórica, este texto tiene la facultad de situarnos como observadores/as de una vida a través epístolas y documentos de la época, donde podemos asomarnos a la infancia de Molina, a través de diversas voces (amigos, conocidos y otros) a la vez que somos testigos de sus primeros trabajos como periodista en el Diario de Honduras, que dan cuenta de su rebeldía innata, esa que lo valió la cárcel y lo condenó a una esclavitud forzada en la construcción de la carretera de Choluteca por parte de Terencio Sierra, presidente de Honduras. Sabremos de sus continuos planes de fuga, aquellos que no realizó por alcanzar la libertad primero y que legó de forma exitosa a un compañero real o imaginario de cantera: Rubén Núñez, quien cumplía condena por asesinar a un violador de mujeres y al que Molina, válgase licencia creativa del autor, se permite felicitar y admirar, forjándose un primer principado en uno de los entornos más difíciles del país de ese entonces.

Aquí lo seguiremos en sus continuas andanzas en su búsqueda de la poesía y posiblemente en su escape al miedo continuo de la muerte, huyendo siempre del canto de los grillos y de las noches que podrían presagiarla: “Maldito de mi-dijo llorando Juan Ramón-soy el heraldo de la muerte.”

Lo veremos construir de a poco, en las esquinas de su soledad, lo que más tarde sería su “corte”: beodos, mendigos, vendedores de la calle y prostitutas, entre otros personajes, en suma, los pobres de una ciudad destinada a ser desfigurada constantemente: Tegucigalpa. Solo desde esta ciudad podría erigirse como rey de la palabra, en una Honduras desde entonces, marginal, el sabe o presiente que a pese a su talento, está destinado a diluirse en el olvido o a ser recordado de manera tangencial.

Esta corte lo seguirá, cuando conozca y jure amor eterno a Dolores Hinestroza, que se convirtió en la única pareja de su vida a través de diálogos y testimonios de terceros, así como en cartas, entre la que destaca la epístola enviada a Rafael Heliodoro Valle en 1902. Dolores compañera del alma torturada del poeta, fallecerá pronto atacada por una enfermedad fulminante, dejando a Molina, sin saber que hacer con una vida conjunta que acababa de empezar. Lo seguiremos después por sus andanzas junto a otros escritores de la época, por Río de Janeiro y París, sin renunciar nunca a escribir, sin renunciar nunca a regresar a la patria que añora, día con día.

Sin duda, nos encontramos frente a un notable ejercicio de memoria histórica, una novela construida con un rigor notable, producto de una búsqueda de aproximadamente 4 años sobre documentos de la época, pero más que ello, nos encontramos frente a una novela, que bien puede ser la historia no solo de Juan Ramón Molina, si no, ante una historia que bien puede ser la de todos los poetas de este país. En palabras de Oscar Estrada: “Molina es un proyecto fallido. Es el gran perdedor de la literatura. Aquel escritor que pudo ser y nunca fue. Algo que se sigue repitiendo en los escritores de hoy en día”.

Bienvenida entonces, Pescador de Sirenas a la corte sin coronas, de la literatura hondureña.

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