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PERIODISTAS BANDERAS DEL NARCOTRÁFICO

Bandera: vigía, vigilante, espía, acechador, atalaya, centinela, guardia, guardián, oteador.

Medio centenar de periodistas han sido asesinados en el país desde el 2009. Honduras se conoce entonces, como uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo. Los voceros oficiales argumentan que muchos de los crímenes contra los comunicadores se han dado por «razones ajenas al ejercicio de la labor comunicativa», mientras, los organismos de Derechos Humanos afirman que los periodistas, especialmente en medios locales al interior del país, sufren del hostigamiento por defender el derecho del pueblo a la información.  Pero poco o nada se ha dicho hasta la fecha, sobre la función que los periodistas cumplen en las estructuras del crimen organizado, como banderas, informantes, mensajeros o enlaces para el narcotráfico. En algunos casos incluso, como frente de ataque mediático.

La periodista y catedrática universitaria, Patricia Murillo, afirmó en una entrevista a Radio Progreso, que en Honduras los periodistas se convierten en defensores de los Derechos Humanos y eso los pone en peligro. «Desde la libertad de expresión defendemos al pueblo al que le quitan los derechos, y eso es peligroso en países como el nuestro», expresó Murillo.

El también periodista Roberto Arturo Caballero, ha ido aún más lejos al afirmar que los crímenes contra comunicadores se debe a que el gremio tiene una lucha frontal en contra del narcotráfico. «Ya no podemos decir las cosas pues los narcotraficantes andan detrás de nosotros…», afirmó Caballero, según consta en el mismo artículo de Radio Progreso.

Lea aquí la nota sobre el asesinato del periodista Héctor Medina Polanco, parte 1 y 2.

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Sin embargo, cuando escudriñamos más a fondo en el ejercicio del periodismo hondureño, vemos, tal como lo afirma el periodista español y corresponsal de AP en Tegucigalpa, Alberto Arce, en el artículo «Periodistas» del libro Novato en nota roja (Libros del K.O., España, 2015), que poca denuncia e investigación existe desde los medios de comunicación hondureños sobre las estructuras del narcotráfico y el crimen organizado, que justifique el asesinato de periodistas.

«No es posible encontrar una denuncia sobre redes de narcotráfico, políticos o policías corruptos que haya sido realizada por alguno de los 30 comunicadores asesinados en Honduras en los último años. Tampoco es fácil encontrar, más allá de las vagas declaraciones sin citar nombres ni apellidos concretos, un ejemplo de periodista asesinado por su oposición al golpe de Estado de 2009». (Arce, 2015. Pág. 187)

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Fuente: pasosdeanimalgrande.com

Y vemos en cambio una serie de prácticas que lejos están de la labor informativa. Desde la extorsión mediática, al levantar campañas contra personas o instituciones con el fin de «cobrar el silencio», hasta la desinformación abierta con el fin de desviar la atención de temas o personalidades que pagan por ese servicio.

La falta de investigación en la mayoría de los casos de crímenes en contra la vida de los comunicadores nos impide conocer las verdaderas causas de su  muerte. La información con que contamos es incompleta, como para afirmar que el periodismo es una profesión más peligrosa que la de taxista o abogado —ambos gremios duramente golpeados por la criminalidad—. Tenemos sí, la inquietud de ver periodistas cuyo salarios rondan en el salario promedio de un profesional universitario, acumular fortunas y hacerse de la noche a la mañana con un pecunio propio de un magnate.

EL periodista Jorge Alberto “Georgino” Orellana, murió de un disparo cuando salió del canal de televisión TVH el 20 de abril del 2010 en San Pedro Sula. Según la fuente consultada por El Pulso, su muerte se dio por orden de un capo de la zona.
El periodista Jorge Alberto “Georgino” Orellana, de Cable TV, Honduras, murió de un disparo cuando salió del canal de televisión el 20 de abril del 2010 en San Pedro Sula. Según la fuente consultada por El Pulso, su muerte se dio por orden de un capo de la zona.

No debemos cometer el error de afirmar que todos los periodistas que circulan diariamente por los medios de comunicación están vinculados al crimen organizados. O que «el 95% de ellos cobran la machaca». Hay muchos periodistas en Honduras que laboran con un auténtico compromisos por la verdad, en condiciones adversas y con salarios de hambre. Periodistas que asumen su rol de comunicadores de la realidad nacional, muy a pesar de los intereses económicos que pueda tener el medio para el que labora. Hay también algunos periodistas, que han sido exitosos empresarios que han sabido aprovechar sus tribunas para vender jugosos contratos de publicidad al Estado y con eso hacer dinero —mucho dinero— y eso es legal. Los órganos de investigación sabrán reconocer, en toco caso, la diferencia. Pero podemos afirmar, según una entrevista concedida por un alto miembro de una de la principales estructuras del narcotráfico que aún permanecen activas, que hay comunicadores que han acumulado fortunas haciendo el trabajo de «banderas para el narcotráfico».

Infobae.com Foto AP
Infobae.com Foto AP

EL CAPO PABLO

«Pablo» es el nombre con el que conocimos a un capo en la ciudad de San Pedro Sula. Seguramente no es su nombre verdadero. No tenemos forma de saberlo y no nos interesa; ni qué lugar tiene en las estructuras del crimen organizado de este país. La confianza en la fuente que nos dio su contacto, su forma de vida, sus mecanismos de seguridad y su opulencia nos permite confiar que la información que nos dio es cierta.

Con Pablo hablamos del periodismo en Honduras, queríamos saber qué papel cumplen los periodistas en las estructuras criminales.

«Hay periodistas que están siendo tarifados según la zona donde esté operando el traqueto —dijo—, porque se ocupa manejar información de lo que está en la zona. Muchas veces pasan sucesos y lo primero que se necesita es que se desvincule la información, o que se desvié la información que habla de uno».

Pablo agregó que para que eso pase, el periodista debe estar «en planilla», o sea, recibir un pago mensual por sus servicios.

«Cuando ellos tienen información de alta gama, por decirlo así, cosas muy heavy, por ejemplo un operativo rumbo a Tocoa, porque esa ruta costera del Atlántico es una ruta muy poderosa, y nos dicen que va tal grupo para allá, ellos (los periodistas) nos informan».

«Se maneja Aníbal Barrow fue muerto porque le tocó la mujer a un medio traqueto que es mucho más peligroso que un traqueto, porque si le tocas la mujer a un vago a uno de esos vagos y hacen cualquier cosa para que quede un precedente».
 Aníbal Barrow de Globo TV fue muerto el 23 de junio de 2013, según Pablo «porque le tocó la mujer a un medio traqueto. Si le tocas la mujer a un vago de esos, hacen cualquier cosa para que quede un precedente».

Pablo nos comentó como los comunicadores que trabajan para las estructuras del narcotráfico, construyen su red de informantes en la policía, ejército o cuerpos de seguridad, y esa la pone a disposición del cártel. Cuándo el periodista «sabe» de una acción que pueda poner en peligro al capo, le da aviso, a cambio de fuertes sumas de dinero.

«Por la misma desesperación y el temor que todo mundo tiene en esto, uno paga, veinte mil o treinta mil dólares. Hay casos que son más fuertes, cuando se tocan otras teclas y la información hubo de conseguirse en canales más complicados. Ya hablamos de cien, ciento cincuenta mil dólares».

Según Pablo, quien recibe ese dinero es el periodista, que además se encarga de pagar a su informante. Normalmente la transacción sale bien. La lógica de los narcos es que si de cinco avisos dos salen ciertos, el pago valió la pena. El narco salva su pellejo, el informante saca su plata y el periodista cobra su porción.

Pero aveces la ambición rompe el cántaro y quien pierde es el mensajero.

«Había un periodista que le pasaba echando perras al negro (Lobo). Y cada perra era acompañada de veinte mil dólares y póngale que esas eran cada dos tres meses. El negro andaba escondiéndose y por temor lo pagaba. Mucha plata».

Según Pablo, cuando el negro Lobo se enteró que el periodista David Enrique Meza Montesinos, le mentía en la información o le exageraba la magnitud del riesgo para sacarle más dinero. Mandó a matarlo. Meza Montesinos fue asesinado por la banda de Ángel Adalberto Martínez Núñez (29), alias Caballo Loco, el 11 de marzo del 2010, según consta en los reportes policiales.

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Según «Pablo»,  la muerte de Alfredo Villatoro, asesinado el 15 de mayo de 2012,  fue «porque sabía cosas del gobierno». En la imagen, el levantamiento de Villatoro afuera de la ciudad capital. Sus captores le vistieron con uniforme policial antes de abandonar su cuerpo. La versión oficial de la Fiscalía es que su muerte se produjo por un secuestro mal logrado. Foto: La prensa.

En los medios escritos o redes sociales, la forma de operar de los periodistas que colaboran con el narcotráfico es distinta. Según Pablo en la prensa escrita, «primero «tiran el bombazo» y luego reacciona el capo».

«Si usted (el capo) no está planillado con ellos (el periodista), usted les tiene que hacer el acercamiento. Una vez que le hace el acercamiento uno ya tiene el precio, uno paga para que le quiten comentarios o le quiten la noticia. Uno paga para que cuando alguien vaya a poner un comentario en los medios de ellos, automáticamente se bloquee. Te mandan el IP y todo», afirma Pablo.

Pero hay otra función que cumple el periodista, aparte de ser bandera del capo y quitar de la prensa la información que pueda señalarle a él o a su familia. Es la de desviar los ataques que recibe el capo. Atacar a los contrincantes o señalar a las autoridades que les persiguen como corruptos o narcotraficantes, para minar su credibilidad, ganar tiempo y preparar su salida del terreno.

Pablo nos comentó de cierto corresponsal de un importante canal de tv y una de las principales radios del país —que por razones legales omitimos nombrar—, que en los últimos meses ha tenido gran cercanía con la estructura de dos capos en la Mosquitia que colaboran con El Rojo. Según Pablo, ese periodista comenzó a vincularse con los narcos, gracias a la estrecha amistad que aún mantiene con un general de la policía —ahora depurado— que formaba parte de la estructura del asesinado Amilcar Leva Cabrera, Alias «El Sentado», Testigo clave  en el caso de los narco sobrinos políticos del presidente Maduro de Venezuela.

«El contacto con el Comisionado es de alto quilate —dijo Pablo— pues está pegado con la mamá de los pollitos. Cuando ellos estaban en el poder, ellos tenían acceso a todos los pueblitos. Ellos llegaron a todos esos lugares y conocieron a todas esas personalidades. Esa es una libreta que ellos manejan aparte, donde tienen un listado. Por donde necesiten ellos tendrán a dónde llamar».

El 95% de los casos de periodistas asesinados carecen de una investigación que de con las causas de su muerte. Imagen tomada de tenacarlos.wordpress.com
El 95% de los casos de periodistas asesinados carecen de una investigación que de con las causas de su muerte. Imagen tomada de tenacarlos.wordpress.com

Pablo afirma que la información que este periodista maneja, es puestas en sus mano por la Dirección de Lucha en Contra del Narcotráfico, por inteligencia militar, por miembros de los organismos de seguridad, por el mismo narcotráfico y hasta por la misma embajada.

«Le llevan los papeles en sobres para que sean notas bombas. Y esas notas tienen un propósito. Desviar los ataques, atacar a los contrincantes o señalar a las autoridades que les persiguen como corruptos o narcotraficantes, para minar su credibilidad, ganar tiempo y preparar su salida del terreno».

«Él juega con los dos lados —dice Pablo—. Los capos saben que él es el único medio por el cual pueden reventar cosas que no pueden reventar los demás medios, son utilizados para destapar hoyas que estén muy calientes y que no pueden tener salida por ningún otro canal y por eso les cobra mucha plata. Aunque ahorita pues ya está claro que El Heraldo tiene una vía directa con lo que es la Embajada».

Le preguntamos a Pablo si él usaría los servicios de éste periodista al momento de necesitarlos y no dudó en su respuesta.

«Yo lo buscaría para que me resolviera una de esas cosas —dijo—. Lo buscaría por la forma del periodismo que él hace».

¿Y qué puede salir mal? —le preguntamos a Pablo.

«Mientras siga el juego no hay problema, él no tiene ningún problema. Sino, lo más fácil, es mandarlo a matar».