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POR QUÉ LLORA BILLY

Rodion Raskolnikov es el personaje principal de la novela Crimen y castigo del maestro Fiodor Dostoievski. Es un joven de provincia que tiene que mudarse a la gran ciudad para continuar sus estudios, y para ellos abandona a sus seres queridos y renta una pocilga, viéndose en aprietos económicos como cualquier estudiante de nuestro tiempo. El joven ruso acude a una señora usurera para solventar su crisis económica, quién le cobra altas tasas de interés. La señora, según el razonamiento del joven estudiante, posee características físicas y espirituales que son monstruosas, por lo que nuestro protagonista empieza a razonar: ¿Quién merece vivir, ella o yo? ¿Quién es más útil a la sociedad?

Al final, Raskolnikov concluye que la señora es una bazofia humana y no merece compartir su mismo aire, por lo que debe morir. Es así como comienza su plan para robar y asesinar a la vieja usurera. Raskolnikov asesina a su prestamista, bajo la justificación que él es un ser superior y que la señora es un piojo que estorba al progreso de la humanidad. Una vez concluido el plan procede a su ejecución y asesina también a la hermana de la usurera, como daño colateral. Todo lo que había planeado Raskolnikov lo justificó bajo el argumento de que estaba haciendo un bien a la sociedad, pero ignoraba como iba a reaccionar su consciencia. Camina por las calles de San Petersburgo a veces lúcido, en ocasiones esquizofrénico, y padece unas fiebres que le hacen tener pesadillas. Preso de la ansiedad, la agitación nerviosa y el remordimiento, no logra conciliar el sueño y pierde el apetito, lo que provoca que se entregue a la justicia a pesar de no existir ninguna prueba concluyente en su contra.

En nuestro país en la década de los ochenta –también llamada la década perdida por la cantidad de sangre que fue derramada por el simple hecho de protestar y pensar diferente– se registraron asesinatos, encarcelamientos, desaparecidos y exiliados. Fueron episodios de una trágica realidad que se repitió con el golpe de estado en el año 2009, en las elecciones del año 2013 y las elecciones más recientes en el pasado 2017. Una de las personas cuestionadas de ser responsable de las acciones en la década de los 80 es el capitán retirado Billy Joya Amendola, quien formaba parte de las Fuerzas Armadas. Para esa fecha era presidente de la república el liberal Roberto Suazo Córdova, quien hoy goza de su vejez en su pueblo natal. Oswaldo Ramos Soto era rector del alma mater en ese entonces y ahora goza de los privilegios de altos cargos públicos. John Dimitri Negroponte era, para ese tiempo, embajador de los Estados Unidos en Honduras.

Joya Amendola escribió un libro en el 2014 titulado Así me acusaron, donde se defiende de las acusaciones. En los últimos días, el capitán en condición de retiro ha comparecido en medios de comunicación para revelar que la visa para entrar a Estados Unidos le fue retirada. También le hemos visto llorar y doblar sus rodillas en los foros televisivos alegando inocencia, además de prometer encadenarse en la Corte Suprema de Justicia. En la actualidad Billy no tiene ninguna acusación formal, en el pasado sí fue acusado y posteriormente a través del pago de una fianza fue liberado de culpas.

Si Billy no cometió ningún crimen y no es perseguido actualmente por la justicia hondureña, ¿por qué escribe libros, llora y se arrodilla en público alegando inocencia? Sea culpable o inocente, Billy debe servir de ejemplo para aquellos que juegan hoy a ser dioses. No hay nada como tener una almohada cómoda para tener un buen descanso, pero para eso se necesita tener una consciencia tranquila. Esa misma consciencia que no dejaba en paz a Raskolnikov y lo llevó a entregarse para ser llevado a las cárceles de Siberia.

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