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EL NEGOCIO DE LAS TELECOMUNICACIONES EN PERJUICIO DE LOS HONDUREÑOS

 

Por Óscar Esquivel

Uno de las elementales diferencias del sistema económico y político capitalista con el sistema económico y político socialista es la privatización de las empresas públicas en  el primer sistema en mención y la nacionalización de recursos estratégicos de un país en el sistema económico  socialista.

Actualmente, en la mayoría de los países impera el régimen económico neoliberal, también conocido como economía de mercado, donde las empresas públicas han sido reducidas a la ineficiencia para luego ser privatizadas partiendo del desempeño deficiente que ostentan. Las empresas públicas que aún permanecen figuran bajo el concepto de empresas público-privadas. Tal es el caso de la energía eléctrica, a través de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), en la que el Estado prácticamente es dueño de nada y la empresa privada es la que distribuye, factura y cobra.

Las empresas estatales son de vital importancia para el desarrollo de una nación y hasta para la seguridad nacional de un país; por ende, de sus habitantes. Una empresa estratégica como la ENEE, para mencionar un caso, es un riesgo para la soberanía de un país en manos privadas. De todos es conocido que cuando el gobierno debía a las térmicas, estas dejaban de suministrar el servicio y ya conocemos las consecuencias. En este momento, estamos viviendo las consecuencias de dejar que sea la empresa privada la que maneje la distribución, facturación y cobro de energía al recibir el usuario doble facturación y cobros sumamente adulterados.

La economía de mercado o neoliberal deja por fuera la función de un gobierno, que es la de proteger y velar por el interés de sus gobernados. Las telecomunicaciones corren la misma suerte que la ENEE, como es el caso de HONDUTEL, que a pesar de existir formalmente no tiene capacidad alguna de competir en el mercado de la telefonía. Esta empresa de telecomunicaciones antes era conocida como la institución que generaba utilidad al estado, la que se invertía en obras de interés social. Sin embargo, al día de hoy, ya no queda nada de la empresa de los “huevos de oro”.

Las empresas estatales son reducidas a la ineficiencia para poder justificar su desaparición y la privatización de los servicios. El objetivo del capital privado es el lucro y en países como el nuestro, a falta de vigilancia y control, se convierten en empresas estafadoras. En el presente, las telecomunicaciones en nuestro país son manejadas por dos empresas de capital extranjero, aún cuando la constitución, en su artículo 339, reza lo siguiente: “Se prohíben los monopolios, monopsonios, oligopolios, acaparamiento y prácticas similares en la actividad industrial y mercantil”.

Los usuarios de las empresas de telefonía móvil que operan en nuestro territorio no conocen  concretamente las tarifas reales que cobran, además que el cobro que brindan por el servicio que ofrecen está sujeto al cambio del valor del dólar (moneda extranjera); realizan transacciones propias de bancos, como prestamos y trasferencias, sin mencionar la calidad del servicio en sí.

El estado tiene empresas que deberían de vigilar, controlar. No obstante, en algunos casos los cargos en esas empresas del Estado son colocados por las mismas empresas privadas, mientras otros funcionarios se excusan diciendo que vivimos en un libre mercado y que no se puede obligar a una tercera empresa a competir. Lo que no mencionan es que estas empresas realizan prácticas deshonestas de cualquier tipo para impedir que otra empresa compita. Recientemente en el Congreso Nacional se presentó una iniciativa encaminada a investigar los excesos que cometen estas empresas contra el usuario. Aplaudimos dicha iniciativa y exhortamos a que no solo quede en mera iniciativa sino que se haga realidad: que se haga una investigación a
profundidad.

Las telecomunicaciones son empresas de carácter estratégico, de seguridad nacional. Se han preguntado: ¿qué utilidad se le da a la información transmitida a través de internet y por celulares?La información privada de Pedro, de un empresario y hasta de un presidente, en manos equivocadas, es motivo de Seguridad Nacional.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.