/NAYIB, EL PRESIDENTE ELECTO QUE NO CAMBIARÁ NADA

NAYIB, EL PRESIDENTE ELECTO QUE NO CAMBIARÁ NADA

El Salvador realizó elecciones presidenciales el recién pasado domingo, dando una demostración que es posible un proceso electoral transparente y eficiente. Únicamente hace falta la voluntad de hacer las cosas bien y correctamente, que no existe en la clase política tradicional de Honduras. 5.2 millones de salvadoreños estaban llamados a votar, de los que sólo asistió el 50 % de ellos a las urnas, lo que convirtió al abstencionismo el principal protagonista. Nayib Bukele es un empresario de origen palestino en el área del mercadeo y la publicidad, y logró un rotundo triunfo con el 53% de los votos escrutados. Bajo todos los criterios es un amplio margen frente a sus más cercanos rivales del Partido ARENA (37%) y del oficialismo, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) (14%). La segunda vuelta, que es una práctica probada en El Salvador y que inspira temor en algunos políticos de nuestro país, no fue necesaria para ratificar la victoria de Bukele, ya que aún con la suma de los votos de todos los otros partidos el candidato de GANA logró avasallarlos.

Nayib fue alcalde de Nuevo Cuscatlán y de San Salvador por vía del partido FMLN, del que fue expulsado posteriormente. Formó el partido Nuevas Ideas que no logró ser inscrito para las elecciones, que obligó a Bukele a participar en la contienda a través del partido GANA, que fue fundado en el 2010 por el ex presidente Antonio Saca, quien ahora guarda prisión por corrupción. GANA se autodenomina como un partido de derecha, lo que tiene sentido al ser éste una escisión del partido de derecha ARENA. Nayib Bukele de 37 años se posicionó en la juventud, segmento importante de la población a través de las redes sociales que el aparato de campaña del ahora presidente electo logra dominar muy bien gracias a su experiencia en el medio, su edad y su apariencia. No utilizó concentraciones masivas en plazas, ni el intercambio personal, que han sido estrategias básicas de la política tradicional. Dejó de lado el discurso, la dialéctica y la retórica, que dejó en evidencia la ambigüedad ideológica que habrá durante su gestión presidencial.

La elección de Nayib debe servir para hacer reflexionar a los partidos de izquierda, que una vez en el poder no han logrado retenerlo a través de una buena administración. Ya lo hemos visto en la Argentina y Brasil. Las necesidades históricas que han sido postergadas en nuestros pueblos no admiten errores. La izquierda sigue siendo opción para nuestros pueblos, pero debe hacer transformaciones estructurales de la mano con cambios cosméticos. No es fácil hacer un buen gobierno frente a necesidades rezagadas y que ocupan de una solución inmediata mientras se tiene tan cerca, como ave de rapiña, al gobierno de Estados Unidos de Norteamérica.

El FMLN se coloca como la tercera fuerza política en esta elección, después de un desgaste natural de gobierno por dos períodos presidenciales, para ser salpicados por actos de corrupción durante la gestión del ex presidente Mauricio Funes. El combate a la corrupción es la principal bandera política de candidatos como Nayib Bukele, y es así como se vuelven atractivos para el electorado. Es muy poco o nada lo que Nayib pueda cambiar de manera significativa en favor de las mayorías salvadoreñas, aún si se le da el beneficio de la duda sobre si tiene la intención de realizarlos. Tendrá que obedecer a las estructuras del partido de la derecha que lo llevó al poder, e igualmente tendrá que negociar con los congresistas de ARENA y FMLN en el congreso donde estos son mayorías. Lo que si hará, por su naturaleza, es colocarse contra la valiente Venezuela de la mano de su presidente constitucional Nicolás Maduro y romperá las relaciones diplomáticas recién abiertas con china, obedeciendo los mandatos del amo del norte. Debe ser motivo de preocupación que resulten presidentes electos por una generación sin esperanzas.

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