/MEL ZELAYA ROSALES, EL GRAN GANADOR CON EL GOLPE DE ESTADO

MEL ZELAYA ROSALES, EL GRAN GANADOR CON EL GOLPE DE ESTADO

Un memo clasificado del embajador de Estados Unidos, Charles Ford, enviado el 6 de diciembre de 2005 y filtrado por el portal electrónico Wikileaks, describe de la siguiente manera al entonces presidente electo José Manuel «Mel» Zelaya Rosales: «nació el 9 de septiembre de 1952 en Juticalpa, Olancho. Su casa está ahora fuera de Catacamas. Estudió (pero aparentemente no obtuvo un título en) ingeniería civil en la Universidad Autónoma de Honduras (UNAH) a fines de los años sesenta. Fuera de la universidad, trabajó durante muchos años en el negocio de productos de madera/aserrío, y finalmente fue nombrado director de la Asociación Hondureña de Madereros. Algunos lo ven como un hábil hombre de negocios agrícola y otros como un agricultor que trabaja en casa».

Manuel Zelaya Rosales ingresó en la política del Partido Liberal en la década de 1980 con el padrinazgo de Carlos Orbin Montoya, convirtiéndose en congresista del Departamento de Olancho, donde rápidamente se ganó una reputación como un opositor abierto de la política de los Estados Unidos. Según el memo del embajador Ford, fue el primero en oponerse públicamente a la presencia de la insurgencia de la Contra nicaragüense en Honduras (1986) y llegó a declarar ilegal la presencia de tropas de los Estados Unidos en Honduras.

«Él tenía un parentesco con el doctor Reina. —Confirma el exmagistrado liberal Enrique Ortéz Sequeira—. Cuando Carlos Roberto Reina fue electo presidente de la República, empezó a surgir una pugna por quién iba a ser el presidente del Congreso Nacional, a pesar que ya había un arreglo con Carlos Flores para que él fuera el presidente a cambio de ceder su candidatura y dar sus estructuras al reinismo para que el doctor Reina llegara a la presidencia. Aparece Jorge Arturo Reina y comienza aquella gran movilización de intereses para elegir a Jorge Arturo como presidente del Congreso. Allí Mel tomó partido con Jorge Arturo Reina, pero quien resultó electo fue Carlos Flores. Reina entonces le da la gerencia del FHIS, creo yo, con el interés de irle creando un perfil de proyección nacional que obviamente le sirvió después para ser candidato y luego presidente de la República».

Según Ortéz Sequeira, aquella vieja pelea entre los Reina y Carlos Flores por la presidencia del Congreso Nacional en 1994-1998, marcó el inicio de las diferencias entre Carlos Flores Facusse y Manuel Zelaya.

Los años que Manuel Zelaya fungió como ministro director del FHIS, le sirvió para levantar su perfil como futuro candidato, que sumado a las ayudas que llegaron al país luego de la tragedia del huracán Mitch, le dio la proyección social nacional que necesitaba. Eso le trajo problemas con Carlos Flores, que en una reunión dijo que quién quiera ser candidato que renuncie.

Se desempeñó en ese cargo en toda la administración Reina y en la administración Carlos Flores. Su mandato de más de cinco años es para los estándares hondureños un tiempo inusualmente largo para que un ministro del gabinete desempeñe el mismo cargo. Durante su tiempo en el FHIS, la crítica de Zelaya a la política de los Estados Unidos se suavizó, y con el tiempo estableció relaciones de trabajo positivas con los funcionarios de los Estados Unidos. Su mandato en el FHIS finalizó en junio de 1999.

«Yo lo conocí en una reunión en Cohdefor, él era presidente de los madereros cuando Pepe Lobo era gerente de Codehfor. Luego me invitó en una cena con Carlos Calderón a ayudarle a llegar a la Presidencia en 2002. Yo le dije que no tenía  oportunidad de llegar, porque él era un ilustre desconocido que no había tenido ninguna participación en política pero que en la medida que se lanzara sería conocido», recuerda el escritor Juan Ramón Martínez.

La candidatura presidencial de 2001 de Zelaya fracasó en las primarias, perdiendo ante Rafael Pineda Ponce (quien posteriormente perdió ante el nacionalista Ricardo Maduro en las elecciones generales), pero Zelaya siguió siendo una fuerza destacada dentro del Partido Liberal durante el gobierno de Maduro. Posteriormente, Zelaya montó otra campaña presidencial y derrotó fácilmente a ocho candidatos en las primarias presidenciales del Partido Liberal de febrero de 2005.

«La segunda vez que se lanzó me volvió a llamar, ya tenía a Beatríz Valle y otras personas con él. Recuerdo que le dije que si no pactaba con Carlos Flores no iban a ir a ninguna parte y lo hizo, pero pacto de una mala manera. Cometió un error, pacta la presidencia de la República pero no la presidencia del Congreso Nacional. Era un presidente sin mayoría en el Congreso», agrega Juan Ramón Martínez.

Continúa el memo de la Embajada de Estados Unido: «Las denuncias de participación (de Zelaya) con el narcotráfico y otras formas de enriquecimiento ilícito han surgido periódicamente desde al menos 1988, pero no hay informes que justifiquen dichas denuncias. Durante su permanencia en el FHIS, se consideró que esa agencia estaba comparativamente bien administrada y era efectiva según los estándares locales. El marco general de su carrera muestra que tiene defectos dentro del rango de lo normal para los políticos hondureños, pero básicamente bien intencionado.

El árbol genealógico de Zelaya genera suspicacias. Tiene tres hermanos menores: Carlos, Marco Antonio y Héctor (ya fallecido). Hector supuestamente estuvo involucrado con drogas y, según informes, fue asesinado en un crimen diseñado para parecer un suicidio junto con su novia, Mayra Zavala, y otros dos hombres en la década de 1970. Carlos, quien luego se convirtió en congresista, al parecer conducía un automóvil utilizado en el secuestro de Camilo Giron y Junior Kafati (el hijo de Salomon Kafati), quienes luego fueron asesinados (a principios de los años 80). Aunque afirmó ser inocente, Carlos cumplió 10 años de cárcel en relación con este incidente.

Los padres de Zelaya fueron José Manuel Zelaya Ordóñez (ahora fallecido) y Hortensia Zelaya, agricultores ricos y conectados en Olancho. El 25 de julio de 1975, los militares masacraron a 14 personas, incluidas 11 campesinos y tres clérigos, involucrados en protestas por la reforma agraria. Según los informes, la masacre tuvo lugar en una granja llamada Los Horcones, propiedad del padre de Zelaya en Olancho. Dos oficiales militares fueron condenados en 1978 de asesinato; Según informes, los otros acusados fueron absueltos».

El incidente se menciona en la sección de Informes de los Estados Unidos sobre los Derechos Humanos de los Estados Unidos de 1977-1979 en Honduras (el padre de Zelaya no se menciona específicamente). El padre de Zelaya fue encarcelado en relación con esta masacre, pero luego fue puesto en libertad después de que aparentemente pasó siete años en la cárcel sin una condena. El 3 de septiembre de 1980, los responsables de la masacre de Los Horcones fueron favorecidos por el decreto de amnistía de la nueva Asamblea Nacional Constituyente y salieron libres el 11 de septiembre de 1980.

«No hay evidencia de que el propio Zelaya haya estado involucrado en ninguno de estos eventos violentos que fueron traídos a la superficie nuevamente durante la reciente campaña presidencial. Además, según informes, la abuela paterna de Zelaya fue asesinada con un machete por un trabajador de la misma granja cuando Zelaya era un niño pequeño. Se dice que Zelaya fue quien encontró el cuerpo», agrega el memo del embajador Ford.

Manuel Zelaya Rosales está casado con Xiomara Castro de Zelaya (nacida el 30 de septiembre de 1959) y tienen cuatro hijos: José Manuel, Xiomara, Héctor y Zoe. Él es católico romano, y con frecuencia cita sus creencias religiosas en las declaraciones públicas. El padre de Xiomara es Irene Castro Reyes, un destacado abogado cuyos clientes incluyó a figuras clave del Partido Nacional: el empresario Miguel Facusse y el ex presidente Rafael Leonardo Callejas, entre otros.

«Manuel Zelaya Rosales a mi juicio es el político que ha cometido más errores en Honduras, el otro caudillo con el cual se le puede comparar es Policarpo Bonilla, pero ese era otro contexto, él era un talento y Mel es un hombre de discretos méritos intelectuales, que tenga habilidad política y simpatía es otra cosa», afirma Juan Ramón Martínez y agrega que «durante la presidencia Mel desarrolló una suerte de Ego al jugar con los americanos, porque estos comenzaron a ponerle trabas. La burocracia americana no congeniaba con la forma de gobernar de Mel Zelaya. Entonces él comenzó a moverse al chavismo como juego. Y una vez que lo sacan del poder él se fue al Departamento de Estado a pedir lo restituyan. Eso molestó mucho a Chávez».

«Llegué a conocer a Mel Zelaya bastante bien durante mi mandato como Embajador —afirma el embajador de Estados Unidos Charles Ford en un memo enviado a sus superiores el 15 de mayo de 2008—, personalmente he encontrado a Zelaya amable y encantador, muy dispuesto a decirme lo que crea que quiero escuchar en ese momento. Por ejemplo, en el período de junio a agosto de 2007, debemos habernos reunido semanalmente, con su agenda centrada en explicar su nombramiento de Jorge Arturo Reina (quien perdió su visa de los Estados Unidos por conexiones terroristas pasadas) como embajador de la ONU, su presencia en Managua en las celebraciones sandinistas y sus intenciones con respecto a Hugo Chávez. Fue interesante ver cómo sus explicaciones diferían de una reunión a otra, casi como si no hubiera tenido ningún recuerdo de nuestro intercambio unos días antes.

En el período de mayo a junio de 2006, Zelaya me presionó mucho para obtener la aprobación del presidente Bush de su plan para unirse a PetroCaribe. Cuando se reunió luego a principios de junio con el presidente Bush, quien confirmó nuestra fuerte oposición a sus intenciones, Zelaya me dijo que estaba sorprendido que este tema estuviera en la agenda. Me ha quedado muy claro que los puntos de vista de Zelaya cambian día a día o, en algunos casos, por hora, dependiendo de su estado de ánimo y de quién haya visto por última vez.

No es sorprendente que Zelaya no tenga amigos reales fuera de su familia, ya que ridiculiza públicamente a los más cercanos a él. En los días previos a su inauguración, Zelaya, sin notificación previa, canceló una reunión informativa del equipo de país para su nuevo gabinete. Durante un almuerzo privado, explicó que no confiaba en nadie en su gobierno y me hizo la pregunta: ¿Quién es el más poderoso? ¿La persona con un cuchillo detrás de la puerta o la persona que está afuera de la puerta que sabe que hay alguien detrás de la puerta con un cuchillo? Para mí está claro que tácticamente trabajará con casi cualquiera, pero estratégicamente está solo.

Zelaya también ha sido bastante errático en su comportamiento. A pesar de su retórica pública a menudo áspera, como describir la política de inmigración de Estados Unidos contra extranjeros ilegales como «persecución» por «fascistas», Zelaya se reuniría de nuevo con el presidente Bush en un abrir y cerrar de ojos. En un momento, incluso planeaba ir sin ser invitado a una reunión bilateral entre Bush y Berger en Guatemala. Zelaya no solo permitió la primera visita de un buque de guerra estadounidense a Honduras continental en 22 años, sino que también entregó un fuerte discurso en la cubierta del barco que exaltaba las relaciones bilaterales, expresando brevemente el orgullo por la captura y ejecución en Honduras del intervencionista estadounidense William Walker. Siempre sospechoso de las intenciones estadounidenses, inexplicablemente se sometió a un perfil psicológico en mi residencia, dos veces.

Su comportamiento errático parece más evidente cuando agita deliberadamente la acción callejera en protesta contra la política de su propio gobierno, solo para resolver el problema (quejas de maestros, quejas de transporte, etc.) en el último momento. Este enfoque de la resolución de problemas parece ser la forma de Zelaya de obtener aceptación, desafiar la estructura de poder político establecida y mover su agenda, que no es populista ni ideológica, sino que se basa en el atractivo popular.

Zelaya sigue siendo un adolescente rebelde, ansioso por mostrar su falta de respeto hacia las figuras de autoridad. El cardenal Andrés Rodríguez me dijo que no solo no se graduó de la universidad sino que en realidad no se graduó de la escuela secundaria. El cardenal debería saberlo, ya que era uno de sus maestros. El problema es que Mel ha actuado de esta manera juvenil y rebelde durante toda su vida y ha logrado alcanzar el puesto más alto en el país. No hay necesidad de cambiar ahora. Continuará viviendo una caótica, altamente desorganizada vida privada.

También existe un siniestro Zelaya, rodeado por unos pocos asesores cercanos con vínculos tanto con Venezuela como con Cuba y el crimen organizado. La defensa desesperada de Zelaya del ex jefe de telecomunicaciones Marcelo Chimirri (que se cree que es un asesino, un violador y un ladrón) sugiere que Chimirri tiene mucho que ver con el propio Zelaya. Zelaya casi con seguridad toma medicamentos fuertes para un problema grave de espalda y quizás también otras drogas. Sus violentos ataques a la prensa han puesto en peligro a periodistas que se oponen a las políticas de Zelaya.

Su estilo y tono para abrirse camino es uno de intimidación y bullying. La incapacidad de Zelaya para nombrar a un viceministro de seguridad otorga credibilidad a quienes sugieren que los narcotraficantes lo han presionado para que nombre a uno de los suyos en esta posición. Debido a su estrecha asociación con personas que se cree que están involucradas con el crimen organizado internacional, la motivación detrás de muchas de sus decisiones políticas puede ciertamente ser cuestionada. No puedo informar a Zelaya sobre acciones policiales y contra el narcotráfico sensibles, debido a mi preocupación de que esto pondría en peligro la vida de los funcionarios de los Estados Unidos.

Finalmente, Mel es un hijo de Olancho, consciente de sus raíces en la tierra y los lazos de su familia con Honduras desde el Siglo XVI. A diferencia de la mayoría de los otros líderes hondureños en los últimos tiempos, la visión de Zelaya de un viaje a la gran ciudad significa Tegucigalpa y no Miami o Nueva Orleans. Si bien él y su familia han formado parte del paisaje hondureño durante 400 años, hasta hace poco no se han casado con la élite de Honduras en Tegucigalpa o San Pedro Sula. El matrimonio de su hijo en 2006 con una de las principales familias árabes hondureñas fue muy importante para Zelaya y, sin embargo, un evento complejo, lo que significa la aceptación en el grupo de élite que tanto le molesta.

He encontrado que las opiniones reales de Zelaya de los Estados Unidos están ocultas no muy profundamente debajo de la superficie. En una palabra, él no es un amigo. Sus puntos de vista no están moldeados por la ideología o las ambiciones personales, sino por un nacionalismo anticuado en el que responsabiliza a los Estados Unidos por el estado actual de pobreza y dependencia de Honduras.

La oposición pública de Zelaya en contra la guerra de la Contra y el establecimiento de la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo en la base aérea Soto Cano son manifestaciones de este punto de vista subyacente.

Otra conducta del presidente confirma, en mi opinión, la profundidad de su sentimiento. Si bien Zelaya estuvo abierto a nuestro punto de vista de la selección de miembros clave de su Gabinete, estuvo absolutamente cerrado a escucharnos sobre su nombramiento de su Embajador ante la OEA y sobre su nombramiento de Jorge Arturo Reina como Embajador en la ONU. El récord de votación hondureño en la ONU en términos de coincidencia con las posiciones de Estados Unidos se encuentra en el punto más bajo en décadas.

Más revelador, en eventos públicos con funcionarios claves, Zelaya dejó claro que cualquier persona interesada en convertirse en Presidente del país debe obtener primero la bendición del Embajador estadounidense. Personalmente, en conversaciones privadas en la Residencia, Zelaya me contó varias veces cómo un Embajador estadounidense anterior le había ordenado al Presidente del Congreso de Honduras que aceptara la candidatura presidencial de Ricardo Maduro, aunque, según el punto de vista de Zelaya, Maduro era panameño y por lo tanto, inelegible. Otras fuentes han documentado las opiniones de Zelaya sobre este punto en el que su ira y su resentimiento son más evidentes que en sus intercambios conmigo. Está claro por la forma en que relata la historia que, en un nivel, le molesta mucho esta dependencia que percibe, pero acepta que existe y me busca para que defina por él las reglas del juego. Se frustra cuando cree que no estoy llevando a cabo esta responsabilidad.

Lo más notable para mí ha sido que evitó las reuniones públicas con los funcionarios visitantes de los Estados Unidos. Ya sean funcionarios del Gabinete o delegaciones del Congreso, Zelaya siempre es un anfitrión amable, pero nunca sale de la reunión para tomarse una foto pública con nuestros visitantes, y está ansioso por hacerlo con otros visitantes de Nicaragua, Cuba y Venezuela. Casi todas nuestras reuniones tienen lugar en mi Residencia, en lugar del entorno más público del Palacio Presidencial. No hizo ningún intento de difundir sus fotos de mayo con el presidente Bush después de la reunión de junio de 2006 en Washington. El hecho es que el presidente del país prefiere reunirse con bastante frecuencia en la privacidad de mi residencia pero no ser visto en público con los visitantes estadounidenses.

Finalmente, a Zelaya le gusta decir que necesitamos mejorar nuestra comunicación, lo que interpreto como que tenemos que estar de acuerdo con él más a menudo. Un destino similar le ha sucedido al cardenal Rodríguez, quien solía reunirse, como yo, regularmente con el presidente. Como el Cardenal en los últimos meses se encontró en desacuerdo con Zelaya y no está participando públicamente en sus proyectos, Zelaya está trabajando cada vez más con los pastores de la comunidad evangélica. El Cardenal recientemente me dijo que él y el Presidente apenas hablan ahora, ya que el Presidente no está contento de no estar de acuerdo con la dirección en que Zelaya está tomando el país. Para Zelaya, comunicarse significa estar de acuerdo, sin duda, con su punto de vista».

«Mel tiene un problema de relación con el padre. —Afirma el analista e historiador Juan Ramón Martínez—. Él (Manuel Zelaya Ordóñez) no tenía mucho respeto por las habilidades de Mel. Hay que pensar que Manuel Zelaya Ordóñez era un hombre del campo, para él el hijo modelo es quien manejaba bien la hacienda y el aserradero. Pero Mel se vino a Tegucigalpa y comenzó a mostrar sus ineficiencias como administrador. Perdió las tierras, perdió el aserradero, porque su capacidad es para el agite. Él tiene una disposición para vivir permanentemente dedicado a eso, y eso es admirable».

Según Martínez, cuando Mel está en el poder descubre que su gran antagonista es Carlos Flores y desarrolla la idea de que Carlos Flores lo quiere meter a la cárcel.

«Él me invitaba a comer a Casa Presidencial para que yo le diera mensajes a Carlos Flores. Una vez me dijo: «decile al presidente Flores que si él me quiere meter a la cárcel yo lo voy a meter a él primero». Carlos Flores luego negó todo y dijo que Mel estaba loco».

Mel Zelaya se comportó como cualquier gobierno burgués del país, fue el que más apoyó el auge de la penetración transnacional, una de sus primeras medidas fue ratificar los protocolos que siguieron al convenio de 2005 del Tratado de Libre Comercio con EEUU, que era un tratado desnacionalizador. Nada de eso fue cuestionado, nada de eso fue cambiado», señala el sociólogo Tomás Andino. 

«El único cambio que hubo fue después de la crisis financiera, cuando el vacío que deja Estados Unidos voltean sus ojos de manera oportunista hacia el sur en busca de recursos frescos y fáciles y no tan condicionados como estaban dando los gringos. Es cuando se produce la alianza con el chavismo y la fractura política de la clase dominante que tenía vínculos muy fuertes con los sectores económicos transnacionales, que era el sector menos debilitado del país y que sentían que tenían mucho que perder con esa alianza con el Alba», agrega Andino.

«Comenzó a crearse una fricción en el Congreso Nacional, una fricción que pudo evitarse desde los civilizados recursos que da la política —agrega Juan Ramón Martínez—. Zelaya cayó en la trampa de salir a la calle a agitar a las masas para enfrentar al congreso. Comenzó así a rodearse de un grupo de personas que lejos de ayudar lo hunden más. Mel es una persona que sabe oler el peligro, él sabe por dónde van a hacerle daño y lo evita, es un talento de él, pero aunque tiene talento y sabe a dónde están los enemigos funciona en funcionalidad con el último que le platica. Entonces hay que ser el último que le platica porque si alguien se mete después él se va a ir con él. Eso lo hace impredecible. El acto de irse a meter a la Fuerza a Aérea a sacar el material electoral de la Cuarta Urna es un acto impredecible, por ejemplo».

«El melismo fue favorecido con el golpe de Estado, se erigió como una fuerza política de primer orden. Mel Zelaya hubiera pasado a la Historia, si hubiera terminado de hacer su gobierno, como un gobierno que provocó una constituyente para reelegirse. El procedimiento fue el correcto, por la vía de la consulta y la constituyente. Pero al nunca especificar sus objetivos se dio lugar a mucha especulación», concluye Tomás Andino en su análisis.

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.