Honduras

Marlene Alvarenga: el discurso de la contradicción

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Las pasadas elecciones internas del Partido Anticorrupción (PAC) celebradas el 9 de abril mostraron que la actual situación de la institución política no es la más alentadora. El Partido Anticorrupción obtuvo menos de 15 mil votos en un ejercicio electoral practicado a nivel nacional en el que, fuera de todos los números, quedó demostrada una vez más la fragilidad de su estructura y la no cohesión de sus liderazgos. El PAC está en picada.

Su máximo líder, Salvador Nasralla, manifestó que las elecciones fueron multitudinarias y que el proceso fue mucho más frecuentado por los votantes que los mismo procesos internos del Partido Nacional, el Partido Liberal y el Partido LIBRE; que no hay ninguna duda que el PAC es la institución política preferida de una gran mayoría de la población hondureña, y que llegará al poder de la nación para “salvarla”; porque el verdadero sentido del PAC es “salvar a Honduras”.

Pese a que el Tribunal Supremo Electoral había declarado nulo el proceso electoral del PAC —que según el TSE debía celebrarse en mayo—, éste llamó a sus militantes a ejercer el sufragio, aduciendo que el Tribunal Supremo Electoral no posee las facultades jurídicas para intervenir en los procesos internos de las instituciones políticas, y que las prohibiciones de las que ha sido objeto el PAC por parte de los Magistrados del TSE, tienen como trasfondo el interés político del actual gobierno por dividir y reducir a la oposición a la nada. En otras palabras, el TSE hace lo que el Ejecutivo decide.

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Pero no es el Tribunal Supremo Electoral el mayor enemigo del PAC, es la rauda disputa en la que se han enfrascado sus dirigentes, particularmente la abogada y Diputada Marlene Alvarenga contra Salvador Nasralla; una disputa que ya ha pasado de las simples acusaciones y contraposiciones políticas, y ha desembocado en acusaciones serias por parte de ambos bandos, al grado que el señor Nasralla ha acusado a Alvarenga de estar financiada por miembros de la banda criminal Los Cachiros —con los que según ella sólo están emparentados por parte de su esposo— y de ser una infiltrada del Partido Nacional cuya única misión es dividir al PAC para beneficiar el voto nacionalista en las próximas Elecciones General de noviembre.

En un principio, la teoría de Nasralla sobre este segundo punto parecía una más de sus apresuradas declaraciones, pero dadas las actuales circunstancias de la institución y las últimas actitudes de Alvarenga, su teoría no parece estar lejos de la realidad; cuando menos en cuanto a la división que algunas de sus acciones le causan al partido.

A través de su constante campaña de desprestigio contra Nasralla, la señora Alvarenga ha dañado mucho más la imagen y situación del partido que la de su presidente. Nasralla es el padre y principal ideólogo del PAC, además de su figura más representativa y mediática, por tanto toda acusación que melle su credibilidad ante el electorado, es también una mella importante para la propia imagen de la institución, pues buena parte de la militancia y simpatizantes del PAC han llegado al partido por la proyección y credibilidad que encuentran en el Señor de la televisión.

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De Nasralla sabemos de dónde viene y qué ha hecho, cuando menos de un modo general. Pero, ¿Quién es Marlene Alavarenga?, ¿A qué se debe su entusiasta discurso contra Salvador Nasralla?, ¿Es realmente una infiltrada del PN en el PAC?, ¿Marlene Alvarenga es al PAC lo que Eva Fernández es al PN?, ¿Por qué los medios corporativos brindan tanta cobertura a sus acusaciones y manifiestos públicos?, ¿cómo es que una pastora evangélica llega a ser Diputada al Congreso Nacional en un país cuya Constitución establece un Estado laico?, ¿por qué una mujer cristiana abanderaría un discurso enconado —casi de odio— contra su prójimo?, ¿cuál ha sido su desempeño como Diputada?, a pesar de los bajos números del PAC en sus comicios internos, ¿qué preponderancia política tiene dentro de su partido alguien que pierde por el 99% frente al candidato que critica?, ninguna de estas interrogantes parece tener una respuesta inmediata.

Hasta hace unos meses, casi nadie parecía saber de la existencia de la señora Alvarenga, que apenas había sido mencionada hace un tiempo atrás por su pública idea de cambiar parte de la letra del Himno Nacional, particularmente el verso del solo que dice «serán muchos Honduras tus muertos, pero todos caerán con honor». En su opinión, esa parte del himno debe ser cambiada, pues desde su visión y su fe cristiana está convencida que «lo que uno declara con su boca tiene poder y se cumple». Eso sí, no presentó la moción porque «hay problemas mucho más importantes y el Presidente del Congreso la hizo entrar en razón de que ese es un tema demasiado polémico y que no es el momento para discutirlo[1]».

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Marlene Alvarenga nació en el Distrito Central a mediados de la década de 1980, es abogada de profesión egresada de la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH), con una maestría en Recursos Humanos por la misma universidad. Según sus propias palabras, llegó al Partido Anticorrupción sin invitación de nadie, y fue gracias al impulso que le agregó a la institución que fue seleccionada como candidata a Diputada para las Elecciones Generales del 2013, resultando electa en el puesto número 18 de los 23 diputados electos por el departamento de Francisco Morazán.

Antes de participar de la estructura de un partido político (del PAC) su vida estaba casi totalmente dedicada a la vida familiar, y a diversas actividades sociales ligadas a las actividades del Ministerio Cristiano Las Uvas, del que ella y su esposo, el también oficial de policía Rubén Santos Rivera, han sido pastores desde hace ya algunos años, incluso actualmente. Su principal actividad de entonces, dice, era  atender los problemas de la niñez de la calle y con riesgo social, actividad que realizó durante años con un equipo conformado con amigos de la iglesia. Además, agrega, llegó al PAC porque «vio a Salvador Nasralla por la televisión, lo escuchó atentamente y se identificó con él porque su discurso era contra la corrupción de este país, y ¿quién no está harto de la corrupción de este país?».

Una vez convertida en Diputada, Alvarenga, por entonces una mujer de 29 años, mantuvo una actitud de constante desafío a las directrices emitidas por las autoridades de su propio partido, oponiéndose a mucha de ellas, y manifestándose de modos despectivos no sólo ante las decisiones, sino ante quienes las emiten. El problema parece ser más grave de lo que se presume.

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En un momento dado, la crisis interna del Partido Anticorrupción agrupó a casi todos los integrantes de la asamblea del partido, y el resultado de ella envió una primera señal sobre el paulatino debilitamiento y fraccionamiento de la institución; y aún más fuerte, provocó salida de cuatro de los trece Diputados con los que el partido inició este periodo de gobierno. De esa primera disputa, sobrevive la rivalidad que ha dado mayor notoriedad a Alvarenga en la escena política; su disputa por el control del partido con Salvador Nasralla.

Desde mediados del 2015, Marlene Alvarenga  ha mantenido un discurso y una actitud de confrontación que ha logrado trastocar muchas de las bases del partido. Al ser requerida por la prensa[2] sobre el porqué de ese ambiente de conflictividad en el seno del PAC, ella manifestó que el problema del partido era «la falta de trasparencia en la información y la dichosa “argollita” de cinco personas (los demás no servimos ni contamos para nada). En el primer día en el Congreso, Salvador nombró a Fátima Mena y Luis Redondo como Jefe y sub-Jefe de bancada, y todos estuvimos de acuerdo. Hay tres diputados (Fátima Mena, Luis Redondo y Aníbal Cálix) que se mantienen al margen de lo que hace la mayoría, y ya nos “cantaron” que el partido no va a contar con nosotros».

Aunque otras pugnas internas como las de Nasralla con Redondo, las desavenencias que otros miembros del partido han tenido entre sí, o con miembros como Virgilio Padilla —quien incluso fue relegado de sus funciones en el partido por un breve lapso por parte de sus compañeros—, parecen haber quedado en el pasado; pero la lucha de poderes (cuando menos retórica y jurídicamente) entre Alvarenga y Nasralla no ha cesado.

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Las más recientes declaraciones de la señora Alvarenga (que no parece comprender el gran daño que le hace al partido con miras a su futuro inmediato) han sido de nuevo en tono de confrontación y amenaza, al grado de decir que «el final del señor Nasralla será bastante amargo». Declaraciones de ese tipo no demuestran la buena fe cristiana, y hablan de una gran contradicción en el discurso de la señora Alvarenga.

Lo que quizá la señora no comprende es que aunque Salvador Nasralla sea ahora el máximo líder del PAC —sitio que ha construido— él no es el partido, y que la institución continuará su marcha una vez que él se haya ido. Eso, si es que logra sobrevivir a los embates de su propia militancia, o si logra conservar su principal misión anticorrupción una vez que Nasralla se haya ido.

Citas al pie. 

[1] Diario La Tribuna, edición del 20/06/2015, disponible en: http://www.latribuna.hn/2015/06/20/diputada-marlene-alvarenga/.

[2] Ibíd.

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