/LULA, CONDENADO A 12 AÑOS POR PONER COMIDA EN LA MESA DE LOS POBRES
Fotografía: AFP

LULA, CONDENADO A 12 AÑOS POR PONER COMIDA EN LA MESA DE LOS POBRES

 

Por Óscar Esquivel

Luiz Inácio Lula Da Silva nació en 1945 en el Estado de Pernambuco, Brasil. Siendo el séptimo hijo de campesinos, en un hogar disfuncional de ocho hermanos en el que las limitaciones económicas eran profundas, obligó a Lula a llevar de la mano la educación primaria con el trabajo de limpiabotas y vendedor ambulante. Luego logra especializarse como tornero mecánico, profesión técnica que le permitió entrar a la zona industrial en donde inicia sus actividades sindicalistas, convirtiéndose a los 27 años en líder de 90,000 obreros de la zona industrial más grande del país.

Lula contaba con 19 años cuando en 1964, siendo Presidente de Brasil Joan Goulart, se le da un golpe de Estado cívico-militar, imponiéndose mediante la fuerza Castelo Branco apoyado por la derecha del país, entre ellos empresarios de medios de comunicación, cúpula de iglesia católica y los Estados Unidos de Norteamérica. La dictadura militar se implanta y con ello la persecución a todos los opositores, eliminando garantías constitucionales a la población. La dictadura militar duró hasta 1985.

En los 10 años de dictadura, el ex presidente que hoy está privado de libertad, a raíz que durante su gestión del 2003 al 2010 se atrevió a colocar comida en la mesa de los pobres, jugó un papel protagónico en las huelgas y manifestaciones que debilitaron y apresuraron la caída de la dictadura en 1985. Fundó en 1980 el Partido de los Trabajadores (PT), con tendencia socialista. Encabezó en ese mismo año (1980) una huelga de 40 días en Sao paulo en la que participaron 300,000 paulistas y, a raíz de esa huelga, fue acusado por desorden público y condenado a 3 años y seis meses de prisión por una corte marcial. Lula cumplió 30 días de prisión, ya que dicha condena fue anulada. En 1986, en las elecciones de constituyentes, el PT se convierte en la primera fuerza política de izquierda, logrando sacar 16 diputados incluyendo a Lula. Defendieron, desde esa posición, el derecho a la huelga, la reducción de las horas laborales y las revisiones permanentes de los salarios en función del costo de la vida. Ya en 1989, en elecciones democráticas, participa por la presidencia de la República, perdiendo en segunda vuelta con un 47% de votos contra una coalición de partidos de centro derecha encabezada por Fernando de Mello. Por primavera vez en la historia de Brasil, un líder obrero se atrevía a conquistar el poder político e ir contra un sistema económico y político que se niega a discutir sobre el salario mínimo, la reforma agraria y la lucha contra la inflación.

En 1990 lanza una convocatoria para unir los partidos de izquierda de América Latina y el Caribe, llamado el Foro de Sao Paulo, consolidándose como un líder de la izquierda internacional. En 1994 vuelve a participar en las elecciones presidenciales contra Enrique Cardoso, en las que nuevamente es derrotado; sin embargo, el PT sigue posicionándose como principal fuerza de oposición, logrando importantes
cargos. En octubre de 1998, Lula participa por tercera ocasión en elecciones presidenciales, pero es nuevamente derrotado. Lula seguía sin convencer a una buena parte del electorado, sobre todo a la clase media. El PT seguía avanzando, ganando varios estados.

Lula se da cuenta que para lograr llegar al poder político necesita cambiar de estrategia, y fue así como su apariencia de radical muta a una más conciliadora, haciendo acuerdos con empresarios con tendencia liberal y comprometiéndose a respetar acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mencionaba en pocas ocasiones el socialismo sin desdeñar a los pobres. La nueva imagen de Luiz Inácio Lula Da Silva se vuelve atractiva para expresidentes, empresarios y hasta militares. Consigue, finalmente, llegar a la presidencia de la república en octubre de 2002 con un 61.27 % del electorado, convirtiéndose en el presidente más votado durante la historia de Brasil. Sin embargo, el reto que tiene por delante no es “comida de trompudo”: hereda uno de los países más desiguales del mundo, comparado con algunos países del África, a pesar de los recursos naturales, tecnológicos y humanos con los que cuenta Brasil, que es17 veces más grande que España y el noveno país más grande del mundo. Lula recibe una deuda social heredada de la aplicación de políticas económicas neoliberales que benefician a unos pocos en perjuicio de las mayorías. Sin embargo, estaba consciente del reto que tenía enfrente, por lo que toma una serie de medidas económicas como el aumento del salario mínimo, dando asistencia a las familias para alimentación y educación.

Lula da Silva conducido a la prisión para cumplir su condena. Fotografía: AFP
Lula da Silva conducido a la prisión para cumplir su condena. Fotografía: AFP

Combatir el hambre fue una de las prioridades del gobierno de Lula, logrando reducir en 6 años la desnutrición en 73% y 45 % la mortalidad infantil. Generó millones de empleos formales para padres de familia, buscando reducir el trabajo infantil para que los niños y jóvenes fuesen a las escuelas y universidades,  y como consecuencia se logró la apertura de nuevas escuelas y universidades, que antes eran un lujo para los recién salidos de pobres. “Los ricos también se benefician cuando los pobres dejan de serlo. No hay nada más barato que invertir en los pobres,” decía Lula. Durante la gestión de Lula se logró pagar la deuda al FMI: “Hasta le pagamos la deuda al Fondo Monetario Internacional. Después de dos años de gobierno, le devolvimos 16,000 millones de dólares que le debíamos,” mencionó Lula en una visita a Colombia.

Durante su gestión logró reducir la pobreza en un 36.5 %, equivalente a 28 millones de habitantes (en Honduras somos 8 millones y con el 64% de pobreza y en aumento) y reduciendo casi a cero la extrema pobreza (en Honduras somos 42 %). Las cifras económicas en beneficio de las mayorías de brasileños le permitieron reelegirse por un segundo mandato, cifras respaldadas muy a pesar por los mismos organismos de crédito internacional. Las cifras hablan en bien de la administración de Lula y fueron sostenidas en el gobierno de la sucesora Dilma Roussef hasta el golpe de estado, en el que los grupos de poder económico y políticos nacionales e internacionales, agazapados por décadas, han vuelto a territorio brasileño a explotar los recursos pertenecientes a las mayorías.

Lula hoy se encuentra en la cárcel cumpliendo una condena injusta de 12 años y un mes, que busca impedir que participe en las elecciones de octubre, donde las encuestas lo dan como favorito. Lula pudo pedir asilo en Uruguay, Bolivia u otros países, pero al respecto a dicho: “No soy un ladrón. Un ladrón no haría lo que hago yo. Soy un ciudadano indignado. Ninguno de los jueces duerme con la conciencia tranquila como yo”. Los que hoy persiguen a Lula son los enemigos permanentes de los pobres: los que crucificaron a Jesús, los que obligaron a Sócrates a tomar la cicuta, los que tuvieron preso a Mandela durante 27 años, los que asesinaron a Luther King. Lula antes de entregarse a sus verdugos, enemigos permanentes de los pueblos, sentenció: “No vale la pena tratar de acabar con mis ideas, porque ya están en el aire, no vale la pena tratar de parar mis sueños, porque yo soñaré en sus cabezas, con sus ojos”.

Confiamos en que Lula podrá participar en las próximas elecciones y saldrá victorioso. Confiamos en que el pueblo brasileño estará a la altura de su líder: hombre que dignifica a la especie humana y llena de orgullo a la izquierda internacional.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.