/«LOS LUCHADORES SOCIALES QUE QUIERAN HACERSE POLÍTICOS, QUE RENUNCIEN A SUS CARGOS» JARI DIXON HERRERA

«LOS LUCHADORES SOCIALES QUE QUIERAN HACERSE POLÍTICOS, QUE RENUNCIEN A SUS CARGOS» JARI DIXON HERRERA

COLONIA LAS COLINAS, TEGUCIGALPA

El abogado Jari Dixon Herrera, actual diputado al Congreso Nacional por el partido Libre, entra a la escena política durante la huelga de Hambre de 2008. En ese momento él era presidente de la Asociación de Fiscales que demandaba se desengavetaran una serie de expedientes de casos de corrupción que la fiscalía no investigaba. Se define a sí mismo como alguien «justicialista», apegado al derecho y no como alguien de izquierda. Es en la actualidad una de las voces disidente de su partido y en varias ocasiones ha enfrentado al presidente Zelaya. Nos recibió en su despacho en la colonia Las Colinas, un sencillo espacio en donde siempre lo espera un pequeño grupo de activistas con quien conversa de forma amena.

«Yo no pertenecí al gobierno de Manuel Zelaya, yo era fiscal del ministerio público. Al presidente Zelaya la primera vez que lo vi fue en una reunión de Democracia sin Fronteras que la dirigía Ana Pineda, yo era presidente de la Asociación de Fiscales y en ese momento iba a haber un convenio entre la Asociación Democracia Sin Fronteras con el gobierno central y entonces me invitaron a mi como presidente de la asociación y allí me presentaron al presidente Zelaya, eso fue como en el 2007.

La segunda vez que vi al presidente Zelaya fue cuando llegó a firmar el libro en la huelga de hambre en 2008. Yo recuerdo que mandaron al fiscal Dennis Castro como a las once de la noche a preguntarme si era posible que el presidente Zelaya pudiera acudir a firmar a la huelga, que si no iba a ver ningún problema. Yo le pregunté a los compañeros, unos decían que no era conveniente porque iban a decir que el presidente Zelaya estaba interviniendo, otros decíamos que porque no permitir que viniera el presidente Zelaya si estábamos buscando llamar la atención de las máximas autoridades del país para resolver lo que era el tema nuestro, que son que se desengaveten los casos de corrupción y decirle no a la llegada del presidente de un poder del Estado nos resultaba contraproducente. Al final le dijimos que llegara para explicarle nuestra situación. Recuerdo que había allí un periodista que fue quien dio la noticia en HRN, y de allí se desató toda aquella campaña de que el Presidente Zelaya nos tenía allí en huelga de hambre, le empezaron a dar otro matiz a la huelga. Al final todo mundo sabe cómo terminó la huelga: fueron 38 días, los resultados no fueron muchos pero se hizo bastante consciencia en el tema de la corrupción.

Yo creo que en esa huelga de hambre fue el primer choque fuerte que tiene el presidente Zelaya con los grupos oligárquicos. El día que el presidente Zelaya llegó a firmar ese libro comienza ya una confrontación directa contra la oligarquía, porque de allí todos los medios de comunicación ya no hablaban de la lucha contra la corrupción, ya no hablaban de desengavetar casos de corrupción sino que hablaban de que los fiscales estaban en huelga de hambre para desestabilizar al Estado. Inclusive habían algunos medios de comunicación escrito que sacaban un cintillo «en defensa del estado de Derecho» y toda la campaña se vino encima de los fiscales en huelga de hambre. Hay un proceso de ruptura allí, porque el presidente Zelaya habló en favor de los fiscales en huelga de hambre, cuando todo lo teníamos en contra.

Incluso el último día de la huelga de hambre el presidente del Congreso, don Roberto Micheletti, convocó a una marcha para defender el Estado de Derecho en donde todos iban vestidos de blanco, es cuando comienzan a aparecer los blanquitos.

La tercera vez que vi a Zelaya antes del golpe de Estado fue cuando el presidente Zelaya convocó a los otros presidentes de los poderes del Estado y fuimos a reunirnos con ellos en Casa Presidencial.

Ya en 2009 viene el golpe de Estado, bajan al presidente, lo llevan a Costa Rica, lo dejan allá y allí es donde uno tiene que tomar una decisión: ¿digo algo o me quedo callado? A mí ya me habían despedido antes en 2004, cuando denunciamos al Fiscal Ovidio Navarro que había sido también abogado defensor privado de Rafael Leonardo Callejas y cuando llegó al Ministerio Público lo primero que hizo fue ordenar el desistimiento de todos los casos de corrupción que habían contra el presidente Callejas. Salimos a denunciarlo desde la asociación de fiscales y tres días después estábamos siendo despedidos junto a ocho otros fiscales más.

A Ovidio Navarro lo logramos sacar en 2005 y a nosotros nos reintegran por una orden de la Corte Suprema ese mismo año. Ya teníamos un despido, más lo que pasó en la huelga de hambre de 2008. Lo más lógico cuando pasa el golpe de Estado era quedarnos callados. ¿Qué pasó el 28 de junio de 2009?, recordé que nosotros como fiscales éramos defensores del Estado de Derecho y defensores de la sociedad y lo que estaba pasando era una ruptura del estado del orden constitucional y mi obligación era estar en la calle. Inmediatamente salimos a casa presidencial. Allí había un caos, recuerdo, todo mundo esperando. Algunos habían traído hasta una cisterna de agua para entrar con ella a casa presidencial. Allí me encontré a Juan Barahona, a Berta Oliva y les pregunté que quién estaba organizando eso. Así empezó a gestarse la idea de que había que tener una mínima organización. Recuerdo que nos dividimos en comisiones, a mí me tocó con Elisa Rosales redactar el primer pronunciamiento de lo que se llamó el Frente Nacional contra el golpe de Estado.

Huelga de fiscales del Ministerio Público, Tegucigalpa 2008.

En la huelga de hambre de 2008 se produjo un fenómeno que era distinto a lo que se vio en el golpe de Estado de 2009. En la huelga de hambre usted podía ver a pastores evangélicos y a sacerdotes apoyando, podía ver a gente de derecha y a gente de izquierda, porque el discurso anticorrupción es más incluyente. Era un fenómeno sui generis. Nosotros mirábamos a jóvenes de izquierda hablando con Evelio Reyes, por ejemplo, o el padre Melo compartiendo misa con el pastor Evelio Reyes. Creo que el mayor logro de la huelga de hambre fue a nivel de consciencia. Sí logramos que se aprobara un artículo en la ley interna del Ministerio Público, para que haya un fiscal especial que investigue al fiscal general, un artículo que después fue declarado inconstitucional en el gobierno de facto de Micheletti.

Se creó una comisión desde el Congreso para investigar al Ministerio Público que llegaron después a hacer nada y dijeron que allí no habían casos engavetados, a pesar que nadie en esos tiempos era procesado por corrupción.

Si en aquellos tiempos hubiéramos podido presentar siquiera los casos que ha presentado la MACCIH con la UFECIC, yo hubiera sido feliz, porque aunque todavía es muy poco, en aquellos tiempos era cero, no se presentaba nada.

Los grupos de poder le tienen miedo al combate a la corrupción. Mirar a un presidente que apoyara a unos huelguistas que pedían desengavetar los casos de corrupción, fue para ellos mover el sistema con el peligro de que se pueda caer. Porque cuando se habla de combate a la corrupción, aquí mucha gente se preocupa.

Nosotros presentamos en ese momento varios casos de corrupción al Congreso Nacional para que se investigaran, presentamos el caso del avión que dejaron abandonado en el aeropuerto en 2006, pero al comisión que nombró Micheletti dijo que allí no había nada. Ahora siguen sacando el tema del avión como un caso de corrupción en el gobierno de Zelaya, pero nosotros lo presentamos y dijeron que no había nada.

Hay que recordar que en ese tiempo el sistema de aplicación de justicia estaba en manos de los nacionalistas: la CSJ bajo la dirección de Vilma Morales y el MP bajo Leonidas Rosa Bautista. El presidente Zelaya poco o nada hubiera podido hacer porque eran los nacionalistas los que manejaban el sistema de aplicación de justicia.

Cuando el golpe fue complicado ir a las marchas porque yo seguía siendo fiscal en funciones. Hay incluso algunas fotos en donde ando en la marcha y con corbata. Recuerdo que en alguna ocasión me tocó andar defendiendo compañeros. Una vez, por ejemplo, me llaman a mí para decirme que habían un montón de compañeros detenidos en la Universidad Pedagógica; me voy junto con otro colega, la policía no quería dejarnos entrar aun siendo fiscales. Finalmente entramos y vemos que los tenían detenidos y habían allí un montón de bombas molotov.

La policía decía que se iban a llevar preso a todos. Veo que quién dirige el proceso era mi jefa del departamento al que yo pertenecía. Yo le dije que era esa una detención ilegal y comenzamos a sacar lista de todos, y vale más que ellos habían ya denunciado que las bombas molotov se las habían quitado a un infiltrado y así se pudo salvar a esa gente porque si no todos iban por terrorismo.

Era una situación complicada para mí, porque era fiscal del ministerio público, un MP que estaba acoplado con el ejecutivo para el desarrollo del golpe de Estado y yo estaba allí, confrontando a mis propios compañeros. Al final cinco meses después yo volví a ser despedido.

El golpe de Estado se dio por temor. Temor por lo que estaba pasando en Venezuela y por el acercamiento que había tenido el presidente Zelaya con Hugo Chávez, la venida de los presidentes de izquierda a Honduras y también el oportunismo del partido Nacional que tenía perdida las elecciones con Elvin Santos y aprovecharon la coyuntura.

Yo recuerdo que cuando ya se da el golpe de Estado hice un análisis jurídico de todo los que estaba pasando y no encontré de qué forma el presidente Zelaya se podía quedar, aunque lo pensara. Uno en derecho penal no puede sustraer el pensamiento de alguien, pero si usted revisa los hechos y ve qué es lo que quería hacer el presidente Zelaya, una consulta que declararon sin lugar desde el poder judicial, cambian luego a una encuesta que no tenía la pregunta siquiera si la gente quería o no una Asamblea Nacional Constituyente sino una Cuarta Urna. Esa encuesta lo que iba a producir era un soporte a un proyecto de ley que iba a mandar el ejecutivo al CN para que se instalara una cuarta urna en noviembre, en las elecciones generales. Solo le faltaban seis meses de gobierno, tenía ya incluso en contra a toda la estructura del estado. No encontré la forma cómo el presidente Zelaya se hubiera podido quedar.

Es allí donde uno dice que aquí hubo otro factor, uno económico, a parte del factor político que le favorecía al Partido Nacional. Para junio del 2009 estábamos en 3,200 millones de deuda externa, en los seis meses del gobierno de Micheletti llegamos a 7,000 millones de dólares, sólo en seis meses. El robo que se produjo en esos seis meses fue terrible y nadie lo ha querido investigar. Muchos empresarios que apoyaron el golpe de Estado sacaron cualquier cantidad de dinero, el mismo Elvin Santos con su compañía constructora que fue contratada por casi 500 millones de lempiras. Aprovecharon la oportunidad para sustraer todo el dinero que podían.

Yo creo que el presidente Zelaya es alguien que ha roto el status quo del país. Nadie en más de cien años de Historia en el país había logrado lo que el presidente Zelaya logró. Luego de un golpe de Estado, otros se hubiera quedado en el exilio o acepta un cargo en el extranjero como hizo Ramón Villeda Morales y se queda tranquilo. Pero el presidente Zelaya se regresó a Honduras, se metió en la embajada de Brasil en donde estuvo cuatro meses, vuelve a salir al exilio y regresa a formar un partido político que rompe con más de cien años de bipartidismo.

De repente el presidente Zelaya pensó en armar su corriente interna e intentar recuperar el partido Liberal, pero la gente había sufrido demasiado en la calle con el partido liberal que mandaba a los militares a macanear a la gente y el presidente Zelaya no podía venir a decir a la base que volviera al partido, cuando ese partido al que quisieron tanto les hizo lo que les hizo. Fue más la presión popular que el interés del presidente Zelaya lo que formó el partido Libre.

Cuando el presidente Zelaya estaba en el poder, él decía que el presidente no manda nada. Hoy que estamos más cerca de él, lo repite y es cierto, aquí mandan los empresarios agrupados en la oligarquía que viven de los contratos del estado. Aquí manda la Embajada, pero el presidente lo menos que hace es mandar. El presidente que quiere durar en su cargo lo que debe hacer es obedecer a la gente que realmente manda en este país y si no obedece, lo despiden, como hicieron con Zelaya en 2009.

Recuerdo que el debate con los compañeros del FNRP sobre conformar el partido fue largo. Unos decían que no debíamos salir de las calles, que no se debía caer en el proselitismo político. Yo era de los que decía que se podía hacer ambas cosas: el FNRP uniendo todas las luchas en la calle y un partido político (porque todavía no existía Libre como partido), como brazo político de ese movimiento social, como pasa en Uruguay, en donde el Frente Amplio es el brazo político de todas las organizaciones sociales que no dejan de luchar. Allí se centró el debate.

Al final aceptamos crear Libre, lastimosamente no supimos mantener la dinámica de mantener separados lo que es la lucha social de la lucha política electoral, los luchadores sociales se convirtieron en políticos y no tuvimos esa capacidad de renunciar a los cargos del movimiento social para convertirse en políticos y con eso el movimiento popular se vino abajo.

Huelga de fiscales del Ministerio Público, Tegucigalpa 2008.

Los luchadores sociales deben mantenerse en su lucha, si quieren hacerse políticos, que renuncien a su cargo. Es parecido a lo que quieren hacer los pastores evangélicos, que quieren lanzarse a políticos desde el púlpito y les va a pasar como nos pasó a nosotros con el movimiento popular, que se van a quedar sin iglesias, van a convertir la iglesia en concentraciones políticas.

La oligarquía ha estado siempre fuerte, ellos nunca han estado en crisis. Tienen el problema que tienen allí al partido libre que les ha ganado dos veces las elecciones, pero han sabido soltearlo a travez de los fraudes electorales. Ese es el único problema que tienen. Por eso todos los ataques van hoy contra Libre.

Cuando Libre ya no les estorbe, ya no nos van a atacar y eso es lo que no quieren entender ciertos grupos populares que nos critican. Yo les digo, sí, Libre tiene miles de errores, claro, porque somos humanos, a parte que se trae muchas mañas del tradicionalismo; usted mira el proceso interno de Libre y ve las conductas de muchos candidatos y va ver que es igual a la de los candidatos de los partidos tradicionales, pero porque vienen de esa tradición y eso no se puede cambiar de la noche a la mañana. Pero aún así, con miles de errores, un partido Libre no les va a permitir que la gente esté muriendo en la lucha contra una minera; un partido Libre no les va a echar el ejército para que les violen sus derechos humanos y los asesinen; un partido Libre va a tratar de que las empresas estatales como la ENEE u Hondutel crezcan y le den un mejor servicio a un bajo precio a la población; un partido Libre va a hacer cosas diferentes a las que hace el partido Nacional o Liberal. Por muchos errores que digan que tiene Libre, va a ser mil veces mejor a que esté el Partido Nacional en el poder.

Cuando yo miro a los grupos populares atacando visceralmente al partido Libre, yo lo que veo es que están ayudando al partido Nacional, para que sigan allí (en el poder) a saber por cuánto tiempo.

Libre es un frente amplio muy diferente a los frentes Amplios que hay en sudamérica, porque se formó de un conglomerado de personas que salen a la calle a protestar en contra de un golpe de Estado y dentro de esas personas hay gente de izquierda de toda la vida, hay gente del centro, hay gente hasta de derecha en Libre. Como muchos salimos por diferentes motivos, no podemos decir que Libre es un partido de izquierda, posiblemente caminemos a convertirnos en un partido de izquierda, pero también está el otro camino que es el camino del tradicionalismo, que en vez de convertirnos en un partido de izquierda nos convirtamos en un partido tradicional, con todo esto que todo mundo quiere estar de diputado o alcalde y entonces comienzan a atacarse olvidándose de los principios de izquierda.

Pero con todo ese montón de problemas, Libre allí está a pesar de todos los ataques que han venido por todos lados, desde adentro, desde afuera, 24/7, todos los días. Nos compraron a ocho diputados en el proceso de 2013 y hoy nos hemos recuperado.

No es fácil competir con diputados y alcaldes que van por la reelección. La mayoría de nuestra gente que van de candidatos son de bajos recursos económicos y tienen difícil competir con un diputado que va por la reelección y ya es millonario por haber estado en el Congreso Nacional en donde los más pobres son los diputados de Libre. En el CN se ve gente con mucho dinero y que un candidato nuestro compita de tú a tú, no es fácil, igual en las alcaldías. Por eso no sacamos mejor número de diputados y alcaldías en las elecciones anteriores. Si no tenemos mayoría en el Congreso, difícilmente podremos impulsar cambios en nuestro país».

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.