/LAS MARAS, LA MIGRACIÓN Y EL BIPARTIDISMO POLÍTICO: ENTREVISTA CON EL PADRE ISMAEL MORENO

LAS MARAS, LA MIGRACIÓN Y EL BIPARTIDISMO POLÍTICO: ENTREVISTA CON EL PADRE ISMAEL MORENO

Las pandillas son un fenómeno recurrente en Honduras, El Salvador y en Guatemala. Porque las soluciones que se han buscado desde los distintos gobiernos no han intentado resolver las causas que generan la violencia pandillera, sino el espectáculo, la pantomima represiva para establecer una política de seguridad que a la larga ha demostrado ser ineficiente y solo estigmatiza, aún más, a los jóvenes pobres de las principales ciudades del norte de Centro América.

En 2005 el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de la Compañía de Jesus en El Progreso, Yoro, publicó el libro Maras y pandillas en Honduras (Editorial Guaymuras, 2005), una investigación que data de 1999 y que, viendo el incremento de  la violencia oficial en contra de las pandillas (que ha llegado a declararse «guerra» en El Salvador) consideramos que vale la pena rescatar como elemento bibliográfico para comprender un fenómeno que no desaparecerá, mientras las condiciones sociales y estructurales que lo originan no cambien.

La investigación con la cual el ERIC hizo el libro Maras y pandillas en Honduras, tuvo cuatro etapas que corresponden con cuatro contenidos de investigación, según nos explicó el padre Melo en su oficina en El Progreso: 

La primera etapa tiene que ver con la investigación del fenómeno de las maras y pandillas, vistas por ellas desde ellas mismas, qué piensan y qué dicen los pandilleros sobre sus opciones y sobre su situación.

La segunda etapa es las pandillas, el fenómeno de las maras y pandillas vistas desde el entorno. Qué dice la sociedad sobre las pandillas, cuáles son los factores articulados entre sí. De esa segunda fase, nos cuenta el padre Ismael Moreno del ERIC, fue enriquecedor el tema del hacinamiento, la falta de salud y educación, la desconfianza hacia los organismos del estado y lo que tiene que ver con la marginalidad y lo que significa en la juventud el sentirse marginado.

La tercera fase de la investigación es qué respuestas se dan al fenómeno de las maras y pandillas, cuáles son las políticas públicas en relación a la problemática. La priorización a la respuesta represiva como política pública y no tanto a la prevención. Una tendencia a la criminalización de la juventud, especialmente la que tiene que ver con maras y pandillas.

Y la cuarta fase que tiene que ver con las respuestas alternativas por parte de la sociedad al fenómeno de las maras y pandillas. Qué están haciendo los organismos no gubernamentales, las Iglesias y en general la sociedad. ¿Hacia dónde orientan la respuesta de conjunto articulando las políticas públicas con las políticas de la sociedad en relación a las maras y pandillas?

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Padre Ismael Moreno

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El Padre Ismael Moreno me cuenta que las maras y pandillas son el fenómeno que le sigue al conflicto político que en Centro América se vivió en la década de los ochenta y que culminó con los acuerdos de Paz de El Salvador y Guatemala, por momento parece estar viendo aún esas imágenes que para la mayoría de nosotros son tan solo cuentos de viejos. De masacres políticas y ataques guerrilleros.

«A comienzos de los noventa en Centro América -me dice Moreno-, de algún modo quedamos insertos en lo que podríamos llamar una cultura de violencia. Con el conflicto político y civil que vivimos en este período creamos una cultura que es vinculada con el uso de armas para resolver los conflictos, con la vía de la eliminación del adversario y que también esta vinculado con carencias sociales y económicas, falta de empleo, falta de vivienda, déficit en la atención de parte del Estado a las demandas sociales de la ciudadanía».

«Otro factor es el que tiene que ver con la migración de Centro América a Estados Unidos y de México a Estados Unidos. Los investigadores nuestros lograron identificar que el origen propiamente de lo que llamamos maras o pandillas tiene que ver con un tipo de relación mas bien de convivencia, con la agrupación de jóvenes alrededor del paseo, alrededor de los juegos, alrededor de tareas informales».

El conflicto en El Salvador generó una enorme migración de jóvenes hacia los Estados Unidos, según lo confirma el ERIC en su investigación, particularmente hacia el oeste de los Estados Unidos, a Los Ángeles, en donde ya la juventud de México había emigrado y había ocupado los barrios marginalizados de los Ángeles.

«En la medida que los Salvadoreños fueron emigrando hacia los Estados Unidos los chicanos fueron sintiéndose amenazados en sus propios espacios territoriales y al ser amenazados comenzaron a atacar los grupos de jóvenes que llegaban de El Salvador -nos dice Ismael Moreno-, recuerde que de El Salvador venían con la experiencia de la guerra, venían con la experiencia del conflicto, de la violencia, entonces los jóvenes salvadoreños se fueron agrupando en lo que antiguamente eran maras, ya no solo para la convivencia sino también para defenderse de los ataques de los jóvenes chicanos, que los atacaban justamente porque se sentían ofendidos, amenazados en sus espacios allá naturales».

Así tienen origen las maras y pandillas, para defenderse de aquellos grupos que los atacaban, que los amenazaban.

«Luego fueron deportados de los Estados Unidos y se vienen al Salvador, -recuerda el padre Moreno-. Vienen con mucha carga de resentimiento y con mucha experiencia en la violencia, organizan las maras en El Salvador, ya no con el concepto antiguo de la convivencia, del paseo, si no también entorno a la violencia y entorno a defender territorio».

¿Entonces la defensa de territorio en los Ángeles pasa a la defensa de territorio en El Salvador? -le pregunto.

«En los Ángeles ya no solo viven Salvadoreños y Mexicanos sino también Hondureños y Nicaragüenses y Guatemaltecos, ahí esta el origen de la internacionalización del fenómeno de las maras y pandillas. Así va surgiendo la defensa de la calle 18, la defensa de la calle 13, la mara Salvatrucha»

«Hay un tercer factor que quiero decirle y es el factor de la marginalización del joven. El joven que crece en una situación de hacinamiento que de por sí ya es violencia en el hogar, se siente excluido por parte de la sociedad y entonces va creciendo una sensación de resentimiento. Van buscando una manera de hacer sentir, su identidad se va afirmando atacando aquellos sectores que siente que los han marginalizado, entonces la marginalización, la defensa del territorio contra los que me están atacando y la cultura de violencia que se organizó en el conflicto armado de la década de los ochenta, son los factores que originan el fenómeno de lo que son llamados maras o pandillas».

¿Porque en Honduras se da con tanta fuerza a finales de los noventa el fenómeno de las pandillas? -Le pregunto.

«Por el desarrollo de los rasgos de la marginación y de la exclusión social en el país. Por el aumento de migración en el campo a las ciudades jóvenes que no encuentran empleo ni en San Pedro Sula ni en Tegucigalpa ni en El Progreso, que es donde más se han desarrollado las maras. Por otro lado, la influencia de los Estados Unidos, de quienes han sido deportados y el huracán Mitch a finales de 1998. Después del huracán Mitch, hasta quinientos jóvenes trataban de cruzar diariamente la frontera de Honduras con Guatemala, ese tipo de factores contribuyeron a que a partir de 1999 el fenómeno de las maras fuera un fenómeno masivo, especialmente en la costa norte Hondureña y en Tegucigalpa».

En este contexto entra entonces el gobierno de Maduro con la política antimaras.

«La ley anti maras se le llama a la reforma del articulo 332 del código penal y que digamos en términos directos lo que quiere decir es que se convierte en delito el solo hecho de la organización en maras o pandillas. Es la reforma a un artículo que da por entendido que el solo hecho de que un joven se organice en maras o pandillas ya es un delito, es decir, se persigue no al que ha cometido delito sino que se convierte en delito la propia organización de quien esta participando en maras o pandillas. La llamada ley antimaras, que es la reforma al articulo 332, es la actualización de lo que en la década de los ochenta fue lo que se llamo la ley antiterrorista».

¿O en los treinta la Ley Fernanda, no?, intervengo.

«Efectivamente, que era de algún modo la criminalización del opositor político. Aquí es la criminalización de quien ya pertenece a la mara o pandilla, antes de incluso cometer un delito. Es una ley inconstitucional porque se antepone a la constitución de la República y en definitiva criminaliza al joven, por el hecho mismo de agruparse en maras o pandillas, no tanto perseguir al delito que ha cometido, aquí la acción delictiva es el pertenece a una organización».

La ley antimaras cambió la forma de actuar de las pandillas. Eso ahora nadie lo puede negar. La mara ya no solamente se organiza para defender el territorio de otras pandillas, sino también para defenderse del Estado que los persigue y por lo tanto comienza una clase de organización clandestina que va estableciendo sus hilos a través de todo el territorio y a través de la región Centroamericana, de México y de Estados Unidos. De estar en un territorio, la mara comienza a tener un proceso de movilización por distintas áreas o territorios centroamericano, creando en ese sentido una red clandestina que se define, no por el establecimiento en un territorio sino por la movilidad por distintos territorios. De El Salvador pasan a Honduras cuando la situación allá se pone difícil, de Honduras se mueven a Guatemala o México. No hay fronteras para la pandilla.

«El otro factor es el involucramiento de los poderes ocultos con la pandilla, llámese narcotráfico, llámese carteles, es la expresión mas dramática de la utilización o del aprovechamiento de la organización de las maras o pandillas. Las maras o pandillas de ahora no son las misma de 1999, ni el 2000, porque han sido muchas de ellas penetradas por el crimen organizado y sus líderes, algunos de ellos, están formando parte de estas redes subterráneas del crimen organizado que de algún modo han adulterado aquella primera oleada del fenómeno de maras o pandillas».

¿Podríamos llamarle narco pandillas entonces?, pregunto.

«En parte, sobre todo porque en las maras o pandillas, el crimen organizado o los carteles de la droga encuentran un espacio para poder extender sus tentáculos al interior de los barrios y para poder canalizar y premiar la sociedad a través de la droga».

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En 2008 trabajé en el documental El Porvenir con el productor Servio Tulio Mateo. Buscábamos contar la historia de la masacre de la granja penal de El Porvenir en la ciudad de la Ceiba, en donde fueron asesinados casi setenta personas, la mayoría de ellos miembros de la pandilla 18. No podía desaprovechar la oportunidad de preguntarle al padre Melo por estas masacres: La del Porvenir en abril de 2003, la de San Pedro Sula en mayo de 2004, la de Chamelecón en diciembre de 2004. ¿Qué paso en estas masacres?

«Si usted se da cuenta esta hablando de dos masacres dentro de dentro de las cárceles y una masacre en una calle de y en un barrio de San Pedro Sula, en Chamelecón. Son relativamente distintas, tres dentro de una institución que esta bajo la responsabilidad estricta y directa del estado y luego, estamos hablando de una masacre que se da en la vía pública, donde no es una responsabilidad inmediata del Estado hondureño. La masacre del Porvenir el 5 de abril y la masacre del 17 de mayo del 2004 en San Pedro Sula, son masacres que están vinculadas con el fenómeno de las maras o pandillas. En la Ceiba aparece como un enfrentamiento entre las maras y la otra aparece como un incendio; sin embargo hay todos los indicios en estas dos masacre de la alta responsabilidad de los órganos del Estado, particularmente de la policía. En la primera, directamente vinculada, incluso hubo una preparación previa de la matanza que quiso aparecerse como un enfrentamiento, pero fue una matanza provocada contra una mara o pandilla; y en San Pedro Sula aparece como que fue un incendio provocado, hay indicios de que fue orientado el incendio hacia una determinada celda copada por pandilleros y que incluso hay datos como el siguiente: que allí todo el tiempo está dotada una pila de agua y en esa oportunidad, curiosamente, la pila estaba vacía, no tenia agua».

Moreno me explica que hay indicios racionales para decir que hay involucramiento de organismos del Estado, concretamente de la policía, en la ejecución de estas masacres en el centro penal de San Pedro Sula de ciento cinco personas, y sesenta y nueve personas en La Ceiba. Este último caso judicializado más adelante, con fuertes condenas en contra de los oficiales responsables de la seguridad del penal.

«En las dos matanzas [de las cárceles] hay un elemento común y es la vinculación de la policía y la negligencia de los órganos del estado para cumplir con la responsabilidad de dar seguridad a quienes están privados de libertad y que están bajo la protección estricta y directa del Estado hondureño. En cambio la masacre del 23 es de diciembre de 2004 en Chamelecón, en donde pierden la vida 23 personas, es una masacre en donde aparece, no una matanza provocada entre las pandillas, sino por el crimen organizado. Aparecen al menos tres actores, uno es el crimen organizado, dos la policía y tres algunos dirigentes de maras. La publicidad y los medios de comunicación orientaron a enfocar todo en las maras o pandillas, porque no se desarrolló un proceso de investigación para ver hasta dónde hay vinculación de la policía y hasta dónde hay vinculación con el crimen organizado, pero nosotros tenemos información fidedigna de que en la matanza de Chamelecón hubo una planificación fría, calculada y aterradora en la que estuvieron involucrados grupos políticos para generar ambiente de terror capitalizados a favor de determinados grupos políticos y de el crimen organizado».

Para finalizar le pregunto al padre Moreno por un concepto que plantea en el libro del ERIC, que es la evolución del crimen. ¿como ocurre esa evolución del crimen dentro de las pandillas?

«Las maras se organizan para defender su territorio de otro grupo, primero los chicanos y luego de otras maras. En esa defensa del territorio la mara está orientada a eliminar al contrincante y en esa eliminación del contrincante se va perdiendo el valor de la vida, de manera que la eliminación aparece casi como algo normal y natural e incluso adentro de la mara. La eliminación por faltas internas, ya sea porque no cumplió con determinadas tareas o porque le quitó la compañera a otro marero o porque quiso desertar de la mara, es frecuente. Entonces el crimen aparece como parte, como un proceso normal al interior de las maras o pandillas, es decir la pérdida del valor de la vida comienza a ser un factor muy importante. Otro elemento importante es que normalmente, ya sea en los conflictos políticos o en los conflictos delincuenciales, hay unos límites y defender la vida para sí mismo es uno de ellos. En las maras se supera ese limite, ya no es la defensa de la vida, lo que importa es la eliminación del contrincante incluso sin preocuparse por defender la propia vida. O sea, en ese sentido el crimen al interior de la mara aparece como un factor que cada ves más va siendo como natural dentro del proceso de eliminación del contrincante, que a veces acaba incluso por perder el sentido de la vida para el propio miembro de la mara».

«El fenómeno de las maras o pandillas expresa el fracaso de la sociedad -concluye el padre Melo en esta entrevista-, el fracaso de los adultos de la sociedad y la solución, la respuestas de fondo al fenómeno de las maras o pandillas, no está jamás en atacar a la mara o pandilla, sino está en repensar la sociedad desde todos sus factores internos. Hay que repensar la política, hay que repensar el desarrollo, hay que repensar el papel de los padres y las madres, hay que repensar el papel de la familia. Porque si la violencia juvenil expresa el fracaso de una sociedad, hay que repensar toda la sociedad para que podamos, entonces, avanzar a una sociedad reconciliada con ella misma».

                         

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.