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LA VIGENCIA DEL DISCURSO FEMINISTA

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 Por Julia Herrera.

En un discurso emblemático, Emma Watson, Embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres, en un evento especial de la campaña “HeForShe”, en la sede de las Naciones Unidas dado en Nueva York, el 20 de septiembre de 2014, articulaba las siguientes palabras: «Para que conste, la definición de feminismo es: “La creencia de que los hombres y las mujeres deben tener derechos y oportunidades iguales. Es la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos». ¿Y porque hacía esta aclaración? Porque desde hace algunos años, muchos creen firmemente en que el feminismo lejos de ser una teoría, política y movimiento sobre igualdad de derechos es algo que pretende anteponer a las mujeres por sobre los hombres. Una idea por demás equivocada.

Madonna al ser declarada Mujer del Año en 2016, dijo ser una «mala feminista» por ser acusada, por la academia, de cosificar su cuerpo y representar un atraso en el movimiento feminista. Según El Diario chileno El Mostrador, la Reina del pop también destacó cómo son vistas las mujeres en la industria musical: “Si eres una chica, tienes que seguir el juego. Te está permitido ser guapa y simpática y sexy. Pero no seas demasiado inteligente. Y por supuesto no tengas una opinión que no reafirme el statu quo. Puedes convertirte en un objeto para los hombres y vestir provocativamente, pero no te apoderes de tu sexualidad. Y ni se te ocurra, pero ni se te ocurra, compartir con el mundo tus fantasías sexuales”.

A pesar de que estos discursos causaron controversia y atención en las redes sociales y otros medios de comunicación, el reconocimiento de las mujeres sigue quedando rezagado en la segunda década del siglo XXI aunque muchos han sido los logros en todos los campos de trabajo y estudio de la humanidad. Según el Diario español La Vanguardia solo 49 mujeres han sido galardonadas con el Premio Novel frente a 833 hombres a la fecha. El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se realizó un paro de mujeres a nivel internacional donde el tema principal, sin duda, era el cese a la violencia contra las mujeres en todas sus formas. Acoso sexual, femicidios, violaciones físicas y psicológicas a mujeres y niñas, son algunas de las crecientes preocupaciones de la agenda feminista latinoamericana.

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Las tres olas feministas: discursos diversos. 

En el artículo Feminismo: historia y corrientes escrito por Susana Gamba, la autora explica que «la lucha de la mujer comienza a tener finalidades precisas a partir de la Revolución Francesa, ligada a la ideología igualitaria y racionalista del Iluminismo, y a las nuevas condiciones de trabajo surgidas a partir de la Revolución Industrial».  En el mismo artículo se menciona que en 1792 Mary Wollstonecraft escribe la “Vindicación de los derechos de la mujer”, planteando demandas inusitadas para la época: igualdad de derechos civiles, políticos, laborales y educativos, y derecho al divorcio como libre decisión de las partes; y que en siglo XIX Flora Tristán vincula las reivindicaciones de la mujer con las luchas obreras publicando La Unión Obrera en 1842, donde presenta el primer proyecto de una Internacional de trabajadores, y expresa “la mujer es la proletaria del proletariado […] hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer”.  Estas manifestaciones acompañan a la llamada primera ola feminista.

Según algunas autoras/es la producción teórica más importante ha tenido lugar en las dos últimas décadas, sin estar acompañada por un movimiento social pujante. El feminismo consiguió colocar la cuestión de la emancipación de las mujeres en la agenda pública desde mediados de los setenta, para comenzar a desarticularse y perder fuerza como movimiento social años después. Se produce una importante institucionalización del movimiento con la proliferación de ONGs, la participación de feministas en los gobiernos y organismos internacionales, y la creación de ámbitos específicos en el Estado. Desde su espacio en las universidades el feminismo aumentó la investigación y la construcción de tesis, profundizando y complejizando sus reflexiones con mayor rigor académico. Se abrió notablemente el abanico de escuelas y propuestas, incluidas las referentes a la discusión estratégica sobre los procesos de emancipación. Esto vendría dándose al final de la segunda ola feminista.

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En “Historia de la Mujeres en América Latina, Volumen 1” de Juan Andreo García, el autor explica que entre los ensayos existentes sobre la definición de la categoría género, resalta el ensayo escrito por la historiadora Joan W. Scott: “El género una categoría para el análisis histórico”. En donde además de aportar varias calificaciones del género explica como la búsqueda de la «legitimidad académica» llevó a las estudiosas feministas de los ochentas a sustituir la palabra mujeres por género. Este tipo de acciones lejos de aclarar las bases de la teoría feminista en relación a la igualdad confundió al común de las personas que empezaban a sentir la notoriedad de los cambios realizados por todos los feminismos, que llevaban luchando más de un siglo por los derechos de las mujeres. Es así como comienza la tercera ola feminista.

En la actualidad las luchas feministas son tan variadas como lo son sus populares discursos en la voz de conocidas celebridades. Están también las defensoras de derechos humanos feministas que cada vez más se involucran en temas progresistas como la diversidad sexual y el cambio climático. Muertes impunes como la de Berta Cáceres, ganadora del premio Goldman, son bandera de las manifestaciones feministas en diversos países. Se habla de interseccionalidad, un concepto que abre fronteras, no discrimina razas, religiones y/o clases, y unifica un movimiento feminista inclusivo con todo tipo de mujeres, adjuntas las transgenero.

Las más jóvenes luchan contra la hipersexualización de sus cuerpos con los llamados “tetazos” en Ciudad de México o Santiago de Chile. Y estos mismos hemisferios muchos y muchas detractorxs del feminismo (o más bien confundidos), acuñan el termino «feminazi», para nombrar una amenaza que pretende hablar de un sexo superior, la mujer.

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¿Post feminismo o el fin del feminismo?

Pablo Raúl Bonorio Ramírez, catedrático de la Universidad de Vigo a través de su blog publicó un texto en donde presupone que el postfeminismo plantea que «el feminismo como movimiento político ha sido exitoso, logrando cambios importantes que otorgaron a las mujeres libertad de elección e igualdad respecto a los hombres. Pero que conseguidos sus objetivos el activismo feminista característico de los setenta ya no es necesario». Entonces, lo que acontece al feminismo implica reconocer su importancia, pero certificando su “defunción política” al mismo tiempo. Según el catedrático la clave es determinar qué tipo de feminismo es perpetuado, pero el postfeminismo es un discurso extremadamente versátil, capaz de albergar múltiples posiciones (incluso contradictorias entre sí). Bolonio Ramírez cita a la autora Sarah Projansky para distinguir  cinco categorías de discursos postfeministas.
1. El postfeminismo linear, que se considera el punto culminante de una trayectoria. De esta manera feminismo y postfeminismo no pueden coexistir, pues éste último ha suplantado a la etapa previa que ya forma parte de la historia.

2. El postfeminismo del contragolpe, no se conforma con anunciar el fin del feminismo, sino que considera importante reaccionar violentamente contra las posiciones feministas a las que considera equivocadas.

Estas dos posiciones representan al feminismo como algo negativo que hay que superar. Algo que no comparten las versiones restantes.

3. El postfeminismo de la igualdad y la elección sostiene que el feminismo tuvo éxito al conseguir que la mujer lograra igualdad de género y libertad de elección. Por lo tanto, las mujeres pueden disfrutar de sus conquistas y ya no necesitan al feminismo para hacerlo.

4. El postfeminismo positivo frente al sexo, el cual defiende la lucha feminista por la independencia de las mujeres pero rechaza sus críticas al sexo heterosexual como estructura de reproducción de la ideología patriarcal. Las mujeres pueden elegir incluso modelos de relación heterosexuales tradicionales sin renunciar por ello a sus conquistas.

5. Por último, el posfeminismo que incluye al hombre afirma que lograda la igualdad de género, nada impide considerar a algunos hombres feministas —incluso mejores feministas que muchas mujeres.

De esta forma el posfeminismo resulta un discurso complejo, capaz de adaptarse a las expectativas de auditorios distintos. Ello explica que se haya extendido de forma generalizada en la cultura popular de los últimos años. Permite absorber el feminismo y declararlo muerto al mismo tiempo.

Emma Watson. Foto elsol.com

Emma Watson. Foto elsol.com

La vigencia del discurso…

Sin embargo y “a pesar de”,  Emma Watson, quien nació en  Gran Bretaña, en el discurso al inicio citado, considera que lo correcto, a poco más de dos años atrás, es que a una mujer le paguen lo mismo que a sus compañeros hombres. Cree que está bien que una mujer pueda tomar decisiones sobre su propio cuerpo. Cree que es correcto que haya mujeres que representen a otras en la elaboración de políticas y la toma de decisiones en sus países. Cree que socialmente las mujeres deben ser tratadas con el mismo respeto que a los hombres. Pero afirma que por desgracia no hay ningún país del mundo en el que todas las mujeres puedan esperar que se les reconozcan estos derechos. «Por el momento, ningún país del mundo puede decir que ha alcanzado la igualdad de género» declaró la actual protagonista de la nueva película de Disney “La Bella y La Bestia”.

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