Honduras

La Reforma Inconclusa

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Por Lester Ramírez Irías

El voto en línea continua y la tiranía de la mayoría de Tocqueville

¿Qué implica realmente votar en línea a los candidatos a diputados? ¿Realmente implica ayudar al Ejecutivo implementar sus políticas y programas? ¿Cuál es el precio que pagamos los ciudadanos y la democracia? Estas son preguntas que nos debemos hacer todos al momento de ejercer nuestro voto informado.

Alexis de Tocqueville fue un francés que allá por 1830 estudió la incipiente nación de los Estados Unidos de América, en un viaje de varios meses por los entonces 24 estados que tenía la unión americana en ese entonces. Básicamente fue la primera persona que observó la necesidad de tener limitaciones al poder del voto popular, para evitar llegar a autoritarismos o dictaduras legitimadas por el mismo pueblo.

A esto, Tocqueville lo llamo la “tiranía de la mayoría” y sucede frecuentemente en contextos de populismo y clientelismo político.

Extrapolando el planteamiento de Tocqueville al contexto político y las actuales relaciones de poder en Honduras, votar en línea continua aseguraría un poder altamente concentrado, donde un mismo partido político tendría la decisión final sobre el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sin ningún contrapeso político partidista o institucional. La historia reciente nos muestra tres consecuencias comprobadas que tiene la concentración del poder en Honduras y que están causando perjuicios y mayormente, desigualdad social.

• Manejo del presupuesto de la República.

Desde el 2010 al 2017, el presupuesto de Honduras prácticamente se ha duplicado de 121,990 millones a 228,688 millones de lempiras. La gran parte de este incremento se ha costeada a través de prestamos con la banco privada nacional y organismos multilaterales, porque lo que recauda en impuestos apenas llega al 60% de lo que se gasta. El propósito de un Congreso de diputados, además de legislar, es fiscalizar al Ejecutivo.

Trágicamente los diputados no han tenido la práctica –o capacidad- de revisar el presupuesto o los resultados del gasto público, y más bien se han dedicado a “negociar” puestos para sus afines y esperar su cuota departamental.

Actualmente hay miles de millones de lempiras manejados por fideicomisos y líneas confidenciales que nadie sabe cómo se gasta y qué resultados tienen. La concentración del poder en el manejo del presupuesto, llevaría a más opacidad, discrecionalidad y desigualdad en su asignación, por la simple razón que habría menos diputados que cuestionarían el trabajo del Ejecutivo.

• Desarrollo social y económico del país.

El problema del clientelismo político es que produce desigualdad social al discriminar la entrega de servicios públicos entre los afines políticos y los que no comulgan. Una relación clientelar, no solamente sucede entre un político y el ciudadano, también con empresas y hasta territorios completos.

Está bien documentado cómo diferentes políticos premian a sus focos electorales con proyectos, programas e inversión, no solo como retribución por los votos; sino también, para lograr mantener el electorado cautivo para el próximo ciclo electoral.

La concentración del poder, reproduce la cultura del clientelismo, lo cual produce inequidad y conflicto social; asimismo, se mercantiliza con la pobreza donde el voto popular es más fácil transar producto de la necesidad de las personas.

• Derechos humanos y libertades ciudadanas.

La crisis de seguridad ciudadana produjo dos reacciones. La primera, la militarización del Estado ante una institucionalidad civil débil y una clase política incapaz de atender los factores socioeconómicos de la violencia. La segunda reacción, fue la promulgación de legislación que reduce las libertades ciudadanas, a cambio de mayor poder discrecional de los políticos. A medida que la concentración del poder incremente, no habrá necesidad de consultar a la población o ponderar el impacto que tendrá una ley o medida gubernamental en la ciudadanía.

Entre los ejemplos más claros a la fecha, está la Ley de Secretos que mantiene en la opacidad la Tasa de Seguridad –a pesar que fue diseñada para la prevención de la violencia- y la infame reforma al artículo 335-B del Código Penal que propuso el diputado Oscar Álvarez para que haya pena de cárcel para periodistas.

Entiendo que algunas personas puedan pensar que tener por lo menos una mayoría simple en el Congreso garantizaría “gobernabilidad” y que las leyes podrían pasar con mayor facilidad o que se podría escoger más rápidamente a un alto cargo público, como un fiscal general –sin necesidad de mucho “ti-lin ti-lin”.

Todos estos argumentos son válidos, especialmente si no nos importa el imperio de la ley, el respeto a las minorías democráticas o la justicia social. Sin embargo, la democracia no está diseñada para ser rápida y fácil; sino, para mitigar el conflicto social y encausar los diferentes intereses ciudadanos, lo que la hace compleja y obliga a las partes a tener que negociar y pactar.

Como electorado tenemos una oportunidad que solo se nos da cada cuatro años. Es por eso que debemos entender que nuestro voto traerá consecuencias permanentes en el país que afectará nuestra calidad de vida y el desarrollo del país.

Queda en nosotros determinar si darle más poder a unos pocos, nos resolverá los problemas profundos que tenemos como pobreza, violencia o corrupción.

“Lo más importante para la democracia es que no existan grandes fortunas en manos de pocos.”

― Alexis de Tocqueville

Acerca Invitado

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.

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