/LA RAZÓN LIBERAL DEL GOLPE DE 1963

LA RAZÓN LIBERAL DEL GOLPE DE 1963

A las tres de la madrugada del 3 de octubre de 1963, dos escuadrones de aviones caza de las Fuerzas Armadas de Honduras volaron sobre la Casa Presidencial, advirtiendo al Presidente de la República, Dr. Ramón Villeda Morales, que debía rendirse si no quería sufrir un bombardeo, mientras las tropas del ejército dominaban a la guardia civil.

Inició así el golpe de Estado de 1963.

Según reportes de la prensa de la época, a las 5 de la mañana la voz del comandante en jefe de las fuerzas armadas, coronel de la fuerza aérea Oswaldo López Arellano, proclamó por radio a la nación que las “patrióticas fuerzas armadas habían intervenido para acabar con las flagrantes violaciones de la Constitución y la evidente infiltración comunista”. Argumentaban los oficiales que actuaban en respuesta al creciente “clamor e inquietud del pueblo.” Las fuerzas armadas habían resuelto “salvar” a la patria e impedir el fraude que se preparaba para las elecciones presidenciales que debían realizarse el 13 de octubre, en donde Modesto Rodas Alvarado se presentaba como favorito para ganar la contienda.

El presidente Ramón Villeda Morales, cuyo período presidencial debía expirar ochenta días después, y Modesto Rodas Alvarado fueron llevados por la fuerza aérea al exilio en Costa Rica. Se suspendió el llamado a elecciones; se disolvió el Congreso; fue abolida la Constitución de 1957; y López se proclamó presidente provisional.

En 1957 Ramón Villeda y Morales había sido elegido presidente constitucional de Honduras, poniendo fin a una larga trayectoria de gobiernos nacionalistas, incluyendo la dictadura de Carías Andino que duró 16 años.

En 1954 se produjo la huelga bananera principalmente en la costa norte, sacudiendo las estructuras obreras en todo el país.

Durante el gobierno de Villeda Morales, Honduras entró en el Mercado Común Centroamericano e inició programas para la reforma agraria y la ampliación de la educación, una serie de proyectos moderadamente progresistas que sin embargo alarmó a algunos sectores de la élite gobernante. Fueron sin embargo las contradicciones internas del partido liberal, amplificadas por el creciente temor que desató la revolución cubana de 1959, que desató los miedos que desembocaron aquella fatídica madrugada.

Ramón Villeda Morales de visita oficial a Washington DC. Junto a él Jhon F. Kennedy.

Mario Argueta en su libro Tiburcio Carías, anatomía de una época describe las diferencias internas del partido liberal que terminaron empujando la conspiración golpista.

El Partido Liberal presentaba (varias) facciones; la más numerosa se agrupaba en torno al presidente del Congreso Nacional Modesto Rodas Alvarado, que se caracterizaba por su antimilitarismo y sectarismo. Otra, favorecida por el presidente Villeda Morales, la encabezaba el canciller Andrés Alvarado, quien adoptaba posiciones centralistas, más anuentes al reconocimiento de otras fuerzas políticas de oposición. Pero, en la convención, la mayoría favoreció a Rodas Alvarado, llamado “El León del liberalismo”, lo que alertó a las Fuerzas Armadas y al Partido Nacional. Además estimuló las ambiciones de poder del coronel López Arellano ,ya latente desde años atrás. 

Mucho se ha escrito sobre las razones que motivaron a López Arellano y a sus compañeros de armas a asaltar el poder. La documentación consultada indica que mediante el golpe se buscó,, básicamente, impedir el virtual triunfo de Modesto Rodas Alvarado quien, con su retórica antimilitarista, atemorizaba al estamento castrense. 

El régimen militar logró consolidarse tras recibir el reconocimiento diplomático del gobierno estadounidense y obtener el abierto respaldo del Partido Nacional, entonces dirigido por quien, durante varios años, fungió como asesor jurídico de las Fuerzas Armadas: Ricardo Zúñiga Agustinus, quien formó cogobierno con López Arellano.  

Ramón Villeda Morales junto a la cúpula de las Fuerzas Armadas que le darían golpe de Estado el 3 de octubre de 1963. Foto propiedad del señor Jose Luis Escobar

Desde el inicio de su gobierno en 1957 Villeda Morales tuvo astucia para comprender que su permanencia en el poder dependía de que tolerara la actitud de las Fuerzas Armadas que ese mismo año se habían garantizado la autonomía, conservando el papel de garantes de la democracia. Villeda atenuó el tono de las promesas realizadas durante su enérgica campaña, en el sentido de una rápida reorganización de la sociedad y las instituciones anacrónicas de Honduras. Introduciendo modestas medidas de bienestar social buscando la cooperación de los nacionalistas en todos los planes para llevar a cabo la reforma de las estructuras económicas, sociales y políticas.  Recomendó al Congreso que asignara a los militares la habitual cuarta parte del presupuesto nacional, sin formular preguntas respecto del modo de inversión de los fondos.

Pero era difícil gobernar con dos cabezas autónomas: el Partido Liberal y las fuerzas armadas, cada una con una visión distinta de lo que el país necesitaba.

Desde el principio los oficiales conservadores discreparon públicamente con el Presidente Villeda. En 1959 Villeda apenas logró sobrevivir a cuatro intentos de derrocarlo. El último fue obra de la policía, la que posteriormente fue disuelta para formar una nueva guardia civil de 2.500 hombres.

A medida que los jefes de las fuerzas armadas gravitaban nuevamente alrededor de su tradicional base, el Partido Nacionalista, el aprensivo Presidente y su Partido Liberal comenzaron a convertir a la guardia civil en una suerte de contrapeso.

Cuando Villeda Morales resolvió que esta última supervisara las elecciones presidenciales, la enemistad entre la guardia civil y las fuerzas armadas precipitó la crisis, pues las fuerzas armadas se habían visto privadas de una de sus habituales funciones.

Más adelante, el candidato presidencial del Partido Liberal, Modesto Rodas Alvarado, alentado por el abrumador apoyo de los campesinos, los obreros y la baja clase media, prometió acelerar el ritmo de las reformas y transformaciones. Prometió suspender la colaboración con los nacionalistas, una promesa que resonaba en la base liberal que tenía aún fresca la memoria del cariato.

Una facción de los Liberales se separó del partido y formó el Partido Republicano Ortodoxo, pero nada parecía detener el triunfo de Rodas. Cuando se señaló que las fuerzas armadas podían tomar partido si el programa provocaba resistencia de la derecha, Rodas se vanaglorió de que estaba dispuesto a poner al ejército en su lugar, además de que no ocultó su simpatía por la guardia civil.

Pero es probable que el principal factor del golpe haya sido la ambición del coronel Oswaldo López Arellano, jefe de las fuerzas armadas, el mismo hombre que doce horas antes del golpe militar dio seguridades públicas en el sentido de que no habría ningún golpe.

El coronel López había llegado al más elevado cargo de las fuerzas armadas a edad relativamente temprana, y de acuerdo con la tradición de la política hondureña aún tenía que escalar un rango en su carrera militar: la presidencia de la república.

En el portal de política de Honduras, REVISTA INTERNACIONAL (Edición 2,000) señala que el Coronel López alentó esperanzas de ser candidato a la presidencia cuando su nombre fue propuesto en la convención del Partido Liberal. Pero no podía competir con la arrasante popularidad de Rodas Alvarado. Cuando el partido no lo eligió candidato, su ambición frustrada halló expresión en el resentimiento y la cólera personales. Cuando el Partido Nacionalista, que prefería el interinato militar antes que la continuación de los liberales el poder, lo exhortó a apoderarse por las armas de lo que le había negado con el voto, la tentación fue excesivamente fuerte y no pudo resistirla.

Ramón Villeda Morales y Osvaldo López Arellano. Foto propiedad del señor Jose Luis Escobar

Señala el historiador Marvin Barahona en su libro Honduras en el siglo XX: una síntesis histórica.

Los jefes del Partido Nacionalista se creían gobernantes de Honduras por derecho propio. Antes de 1956 su partido había dominado la política nacional, y consideraban que habían demostrado suficiente magnanimidad al permitir que los liberales gozaran de seis años de usufructo del tesoro y los cargos públicos. El grave problema que afrontaban consistía en que el gobierno y el programa del presidente Villeda había convertido al Partido Liberal en la organización más popular, de modo que no había perspectivas de que los nacionalistas pudieran retornar al poder a través de elecciones libres. Por el contrario, el Partido Nacionalista y sus dirigentes encaraban la desagradable perspectiva de seis años más sin favores oficiales, sin los emolumentos de los cargos públicos y sin oportunidades de practicar el peculado… todo lo cual podía implicar la destrucción del partido y la ruina financiera y pública de su dirección. Era la perspectiva por demás desagradable, y no podía aceptarla. En su desesperación y de acuerdo con una añeja tradición, llamaron al ejército para que se ocupara de “salvar a la patria”. 

Así, la decisión de los nacionalistas de impedir a toda costa la victoria liberal selló la suerte política de Rodas y de su partido. La actitud de los nacionalistas era que los liberales ya habían tenido su oportunidad bajo el gobierno de Villeda; ya era tiempo de que el gobierno volviera a manos más responsables. Como era imposible obtener democráticamente este resultado, se exhortó a los partidarios militares del Partido Nacionalista a que apelaran a la fuerza. El golpe fue aplaudido públicamente por los políticos del Partido Nacionalista y por los grupos de comerciantes y terratenientes. 

El nuevo gobierno de Osvaldo López Arellano convocó a elecciones apara una Asamblea Nacional Constituyente, que se realizaron en febrero de 1965. El propósito esencial era constitucionalizar a López Arellano y decretar una nueva Carta Fundamental, tras quedar rota la de 1957. La represión, la intimidación y el exilio continuaron aplicándose tanto a la oposición liberal como a los grupos de izquierda.

Los comunistas y los castristas conocidos, tratados ahora como criminales y no como infractores políticos, han sido eliminados de las organizaciones estudiantiles y obreras. Señala Marvin Barahona. La guardia civil fue desarmada y disuelta. El ejército regular ha asumido el poder de policía, y ha reprimido eficazmente las demostraciones de los estudiantes y los obreros contra el gobierno. 

Lea además: El don de las coincidencias: dos Rodas, dos Golpes.

https://elpulso.hn/el-don-de-las-coincidencias-dos-rodas-dos-golpes/

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.