/«LA HISTORIA LE HA HECHO JUSTICIA A CLEMENTINA SUÁREZ». ENTREVISTA CON JANET GOLD

«LA HISTORIA LE HA HECHO JUSTICIA A CLEMENTINA SUÁREZ». ENTREVISTA CON JANET GOLD

Janet Gold llegó a Honduras por primera vez en el año 1971. Según nos cuenta en esta entrevista, era recién graduada de la Universidad, «en esos años de hippie y mochileros», cuando vio un cartel que terminó siendo un contrato de un año con la Escuela Americana en Tegucigalpa. Un año antes Clementina Suárez había recibido el Premio Nacional de Literatura «Ramón Rosa» que otorga el Congreso Nacional en reconocimiento de su labor cultural. Ambas mujeres no se conocían aún, pasarían casi dos décadas para que Gold volviera al país y escribiera El retrato en el espejo (Guaymuras, 2001), la biografía más completa de la poeta Clementina Suárez.

Cuando supe que Janet Gold venía a Honduras para el Festival de Poesía de los Confines, en Gracias, no dudé en aceptar la invitación de Salvador Madrid. Preparé mis maletas y viajé las cinco horas que lleva ir de Tegucigalpa a Gracias. Conocer a Janet valía la pena.

La biografía de Clementina Suárez “El retrato en el espejo”, escrita por Janet Gold, es quizás el acercamiento más honesto sobre la vida y obra de la poeta.

Sabía del aporte invaluable a la literatura nacional que nos otorgó Janet Gold con su libro sobre Clementina Suárez. Lo leí para poder entender la magnitud de aquella mujer que sigue siendo un misterio. En 1998 publicó Volver a imaginarlas: relatos de escritoras centroamericanas; en 2009 Culture and Customs of Honduras y recientemente presentó Crónica de una cercanía. Escritos sobre literatura hondureña, Honduras, y la poesía escrita por mujeres, ha estado presente en la carrera de Janet Gold, quien es además profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de New Hampshire en Durham, Estados Unidos.

«Me mandaron un telegrama que decía “oferta, quinto grado Escuela Americana, Tegucigalpa Honduras, 4,000 dólares salario anual”», cuenta Janet cuando le pregunto cómo llegó al país en 1971. «Yo feliz claro, voy a mi casa y saco el Atlas para ver dónde está Honduras. Llegué, pasé un año muy feliz, yo vivía en la Leona, en la colonia Walter, alquilé un apartamento con otra maestra de la escuela y la pasamos muy bien.»

Janet era muy joven en ese tiempo, en sus veintes enseñaba quinto grado en la Escuela Americana. Fue a su regreso a Estados Unidos que decidió estudiar Literatura, «pero a la hora de querer volver a estudiar y sacar un doctorado para enseñar a nivel universitario y a la hora de tener que seleccionar un tema para la disertación yo ya sabía que quería hacer algo con mujeres escritoras, pero no sabía qué», explica.

«Un día en busca de inspiración estoy pasando en la biblioteca y miro los estantes y veo un libro que dice La mujer en América escribe, lo saco y hojeando el libro veo el índice por país. En Honduras, Clementina Suarez era el único nombre y yo hace años que ni pensaba en Honduras, porque estaba trabajando con niños puertorriqueños en el programa bilingüe. Recordé mi año en Honduras y no sabía quien era Clementina, me di cuenta que yo no sabía nada de la literatura, en aquel tiempo solamente daba clases y viajaba para conocer el paisaje y todo pero no sabía nada de la literatura.»

«Me quedé fascinada por la figura de Clementina  Suárez, por la semblanza que leí en ese libro, porque eran ensayos cortos, como ensayos medio biográficos sobre diferentes escritoras de América Latina, entonces yo dije “no pues, a lo mejor aquí hay algo de interés, voy a investigar a ver que aprendo de esta Clementina”. En algún momento yo dije “a ver si está viva todavía”, porque eso fue en el año 1987 y aprendí que ella había nacido en el año 1902; suponía que ya no estaba viva, pero empecé a escribir cartas y escribí una carta a la Agregada Cultural de la Embajada Americana, Dana Rojinski. Ella hizo algo de investigación y me dijo “fíjate que sí, la Clementina Suárez todavía está viva” y me mandó su dirección y un recorte de un periódico. “Hay, esa señora todavía está viva y tiene una galería de arte!”, me dije, entonces le escribí una carta a Clementina expresando mi interés en estudiarla y me contestó. Le pregunté si yo podía venir a conocerla en persona y si me permite una entrevista y me dice que “sí, sería un honor que vinieras”. Entonces volví a Tegucigalpa.»

«Creo que fue en enero de 1988. La conocí, me quedé una o dos semanas y empecé la investigación. La entrevisté varias veces y ahí tome la decisión de que eso iba a ser mi disertación y que quería no solamente estudiar su obra si no también su vida. Ahí nació mi interés en ese género de biografía literaria que me fascina, esa combinación de estudiar la vida y el contexto de la vida y buscar la manera de tejer la obra con la vida».

Además del estudio de la literatura de mujeres en Honduras, Janet Gold ha colaborado también como traductora de poesía. En la foto, Gold con la antología editada por Leti Elvir y María Roof. (Casasola 2015)

—Supongo que es imposible que no haya relación entre la vida y la obra, interrumpo en el relato de Janet.

«Pero yo estaba haciendo eso en un momento cuando la teoría predominante en las letras era “el texto debe hablar por sí solo, el escritor no importa.” Yo me oponía, yo resistía eso porque yo quería mezclarlas, quería integrar la vida y la obra, entonces busque una mentora, una asesora en la universidad en mi departamento que estuviera de acuerdo conmigo, que me apoyara. Pedí una beca Fulbright y me la dieron. Eso me permitió volver  a Honduras en aquel año en septiembre del 1988.»

«Me quedé ocho meses, alquilé un departamento en el barrio San Rafael que quedaba cerca (de la casa de Clementina Suárez) y casi todos los días llegaba caminando para convivir con ella, para platicar, hacerle preguntas. Conseguí toda su obra, me mencionaba amigos y familiares y poco a poco iba entrevistando a todo mundo.»

—En Honduras se conoce más el mito sobre la vida de Clementina Suárez, no ha sido una persona que ha sido muy estudiada en Honduras, mucho menos su obra. ¿Qué tiene de trascendental la obra de Clementina Suárez?

«Te voy a contar que eso fue como uno de los más grandes desafíos al describir la biografía literaria, porque todo el mundo me quería contar anécdotas  y separar la leyenda de la realidad y ver, en toda esa leyenda y chismes, todo eso ¿dónde queda la obra? Como la conocí personalmente y pasé tanto tiempo con ella y escuché tantas anécdotas, me fue difícil desconectarme, y yo digo eso explícitamente en el libro, que yo confieso que eso no es puramente objetivo, eso es una mezcla de sentimientos y de amistad y a veces me caía bien y a veces me caía mal, y eso afecta la lectura, eso afecta la recepción del lector, de cualquier lector crítico.»

—Porque era una mujer complicada Clementina.

«Súper complicada, hace unos meses, porque ahora estoy metida en otro proyecto de literatura de mujeres, yo volví a leer su poesía después de un lapso de mucho tiempo y dije “pues fíjate que eso si es buena poesía,” porque a veces dudaba. Es difícil no ser afectada por la opinión ajena y alguna gente especialmente los hombres decían “hay no, pero no es tan buena poesía”. Empecé a entender que la recepción de la poesía es una cosa tan complicada, tan personal y puede diferir tanto entre lector y lectura».

—¿O en el mismo lector dependiendo de épocas también, no?

«¡Exacto! Estoy enredándome aquí, pero ahora mismo empecé en Noviembre a trabajar en un proyecto colectivo con mujeres de Centroamérica, estamos trabajando montando un libro que se va a llamar algo muy simple como Historia de la Literatura de mujeres de Centroamérica, y a cada una nos toca un capitulo. A mí me toca Honduras. Entonces al ir tratando de narrar, buscar una narración para las mujeres de Honduras, Clementina vuelve y vuelve, y vuelve, y era realmente pionera. O sea, ella empezó a escribir cosas cuando las otras mujeres no estaban escribiendo esas cosas, quizás en otros países, quizás Juana de Barburo, quizás Agustina…»

—Pero Clementina coincide con Lucila Gamero, por ejemplo, le dije.

«Pero Lucila era novelista y también poeta, lo que Clementina tienen de importante en el contexto de honduras es que es una mujer que se vio como poeta profesional, se dedicó a la poesía, se identificó como poeta y la mayoría de las otras escritoras contemporáneas escribieron sus poemas, publicaron en revistas quizá, uno que otro poemario, pero muchas de ellas se dedicaban al periodismo o a su activismo político, o a su casa, a sus hijos. Pero para ella la poesía era central en su vida y como era tan consiente de su auto identificación como poeta, fue evolucionando su poesía, no es estática. Clementina, por lo menos en el contexto de Honduras, en mi opinión sigue siendo una pieza clave.»

Janet Gold en el Festival de poesía Los Confines, en la ciudad de Gracias, Lempira. Foto Emilio Flores, El Heraldo.

—¿Tú crees que Honduras le ha rendido justicia a Clementina Suárez a 25 años de su muerte?

«Yo creo que sí, porque cuando yo estaba trabajando y conociendo gente, eso fue hace ¿qué? ¿treinta años? La gente sabía quién era Clementina, pero lo que sabían era las anécdotas, los escándalos de ser madre soltera sin estar casada, de dejar a sus hijas con la vecina, de  esas cuestiones hay un montón de anécdotas, no sé cuántas. Ahora la gente ha leído más su obra y yo creo que entre las poetas jóvenes, de otras generaciones, la ven como ejemplo, la ven como pionera, la celebran. Yo he visto muchas referencias a Clementina entre mujeres escritoras actuales, por ejemplo alguien como Anarella Vélez,  que hace tanto para celebrar la literatura de mujeres Hondureñas, siempre la menciona, escribió un poema sobre ella, le dedican cosas a ella, yo creo que sí y recuerdo que en una investigación que hice hace unos cinco años para una ponencia que di en un congreso, un grupo de jóvenes hicieron algo como poesía en las calles, no sé qué, pero pegaron carteles en las paredes honrando algunas mujeres pioneras, Amanda Castro, Juana Pavón, Clementina.»

—En tu libro de volver a imaginar escoges…

«Quiero aclarar que yo fui la copiladora de este libro, fue mi idea, yo busqué colaboradoras pero les di la libertad de escoger a las escritoras que querían estudiar. Yo no insistí en nada en particular. Eso para mí es la riqueza del libro. De Honduras son tres las que aparecen. Yo creo que todas las mujeres de Honduras o de Centro América han tenido que enfrentar cosas similares, el patriarcado, el machismo, esa idea que la literatura es una actividad masculina,  que los hombres formaban los círculos literarios sus tertulias, tuvieron sus editoriales, sus amigos a quienes apoyaban y la mujer era vista, no tanto en su capacidad expresiva o creativa sino por su feminidad. Clementina, en un principio fue aceptada en las tertulias porque fue vista como algo raro. ¡Hay que ver a esta mujer aquí que nos quiere leer sus poemas, que quiere sentarse a tomar un trago con nosotros y hablar de poesía y hablar en nuestras conversaciones!, porque eso era raro.»

—Ahora, ¿la realidad que enfrentan las mujeres es todavía parecida o ha cambiado algo para las mujeres poetas, las mujeres escritoras?

«A mí me parece interesante que en este festival hay mucha conciencia, se está tratando de incluir más y más mujeres, sin embargo ese es un detalle que uno observa. Anoche fue “palabra de mujer”, o sea en ese evento se celebra la mujer; eso para mí significa que todavía la mujer es vista como algo separado, algo que vamos a tener que reconocerla, pero realmente no es parte de nuestro mundo. O sea, si forma parte, pero la vemos como algo aparte, ¿me explico?»

—Sí. Y dentro de esa misma lógica ¿cómo interpretamos que las mujeres sigan teniendo sus propias antologías? ¿Hay rigor en las antologías de mujeres poetas?

«No es que sigan, es que empiezan a tener. Para contestar esa pregunta tendremos que entrar en áreas teóricas, políticas sociales etc., porque eso para mí es algo súper interesante pero muy problemático, hablar de rigor y calidad porque estos son términos que los hombres han inventado para hablar de lo que se llama “la buena poesía”.

En mi opinión la poesía es una forma literaria muy diferente de la narrativa del ensayo, la poesía para mí es algo multiforme, multifacético que tiene muchas caras diferentes y la gente se expresa a través de la poesía por muchas motivaciones diferentes y para yo decir ese es un buen poema, la verdad es que ya no soy capaz de decir ese es un buen poema, porque lo que yo reconozco y lo que yo acepto es que este poema quizás me llega a mí de manera muy profunda por cierta conexión que se establece, esa creación lingüística, mi experiencia y mi receptividad, lo que yo rechazo por ciertas razones, lo que me gusta lo que me habla que me llega que puede ser algo totalmente diferente para ti. Yo tengo años dando clases de poesía a estudiantes y siempre les digo “ya no vamos a decir ese es un buen poema, vamos a decir a mí me gusta y eso es porque me gusta, esas son las razones, eso es lo que yo observo, eso es lo que me mueve lo que me conmueve”.

Entiendo que hay una larga tradición en parte clásica que dice que hay reglas que hemos establecido, que hay formas, que hay criterio, pero yo sigo creyendo que esos son invenciones de hombres que no necesariamente las mujeres que escriben o que quieren utilizar la poesía como su manera de expresarse necesariamente lo sentimos y lo digo como poeta también porque yo también he escrito.

Como voy explorando mi libertad de expresión yo no quiero meterme en esas cajas fuertes de esos criterios, entonces yo me aparto de esas discusiones. Yo no voy a decir, en la antología de Lety (Elvir) por ejemplo,  yo no voy a decir “a pues este es más bueno pero ese es malo”, porque lo que Lety ha tenido la valentía, el coraje de incluir en su antología son poemas de gente que jamás habían publicado poemas, pero que sintieron la necesidad de expresarse a través de la poesía por los hondos sentimientos que experimentaron participando en el golpe y yo admiro eso, eso para mí es poesía y yo no lo califico de bueno o malo, eso es poesía porque es fuerte, es libre, es necesario».

—¿Cuál es el reto ahora de las mujeres poetas en Honduras?

«Algo que se me ocurre cuando me haces esa pregunta es que mi investigación actual, parte de la investigación era que yo quería saber quiénes son las jóvenes que están escribiendo, pero yo no estoy en Honduras, yo no formo parte del círculo de amigas, entonces yo he tenido que valerme del Internet, de Facebook, de blog, de Google, de todas esa herramientas que todos usamos ahora.

Una joven que no quiere ser mediática, digamos que no quiere entrar, que no quiere publicar sus poemas en su página en Facebook o no quiere hacer un blog, le va  a ser mas difícil, yo creo.

Y quizás vamos formando dos círculos, dos mundos, las mujeres que se sienten cómodas escribiendo sus poemas y quizás no compartiendo, o que quieren compartir sus poemas sus obras con un grupo de amigos o con un taller donde se siente cómoda porque, eso es difícil para cualquier escritor, encontrar el lugar en donde te sientes cómoda para compartir tu obra y al compartirlo en el mundo del internet te expones a mucha crítica y para mí eso es un reto.»

—¿Pero no fue así siempre? Por ejemplo, autoras como Clementina allá por 1920 cuando estaba comenzando su trabajo, tuvo que tomar el reto de sacarlo.

«Claro, pero una diferencia es que ahora si te expones en el internet ahí estas y todo el mundo tiene acceso a eso, es más intimidante, porque por ejemplo una mujer de principios de siglo que escribe sus versos y que un amigo que tiene su revistita o que trabaja en un periódico en Comayagua le publica su poema, si se expone a un mundo, pero una mujer que decide ahora poner su poema en Facebook se expone al Mundo.»

«Otra cosa que es diferente ahora, como es tan fácil poner tus ideas en los medios, es más fácil que la gente te olvide porque tienes mucha competencia, tu vos no es tan única, esa es otra realidad.»

***

El tiempo voló en aquella agradable conversación con Janet Gold, poco a poco la gente fue llegando al hotel en donde estábamos en Gracias y tomando los asientos para la conferencia que ella daría esa mañana como parte del festival de poesía. Tuve que parar aquí la entrevista, habría seguido de poder hacerlo. Pero hay formas de seguir conversando con su trabajo.

El estudio que Janet Gold ha hecho de la Literatura hondureña la mantienen presente en el país, aunque viva a medio planeta de distancia.

Siempre será la mediadora de Clementina Suárez, para que podamos comprender su saludo a las generaciones futuras.

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.