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LA EVIDENCIA NOS RECUERDA POR QUE NO OLVIDAR EL 25 DE NOVIEMBRE

Tegucigalpa, Honduras 

El 25 de noviembre de 1960 las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por oponerse al dictador Rafael Leónidas Trujillo. Desde 1981, el  movimiento feminista latinoamericano conmemora en honor a las hermanas Mirabal cada 25 de noviembre el día contra la violencia de género. En 1999, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reivindica y declara el 25 de noviembre, el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Las personas difícilmente encuentran una relación directa entre el género y la violencia contra las mujeres. La realidad es que buena parte de las acciones que emprendemos las activistas están encaminadas a lograr que las mujeres podamos disfrutar de una vida libre de violencias. El 25 de noviembre sirve de marco ideal para que abramos una discusión de las violencias que sufren las mujeres y niñas hondureñas.

La violencia es tan común en nuestra sociedad que, según Oxfam, el 56% de las jóvenes tienen una conocida en su círculo más cercano que ha sufrido violencia física o sexual. En edad adolescente, el 65% de las personas considera que está bien que un hombre ebrio sea violento con una mujer y el 72% considera que está bien que una mujer sufra una agresión por la ropa que usaba.

Es tan grave la situación que el Estado reconoció que este año entre enero y julio habían muerto 218 mujeres de manera violenta. Según organizaciones feministas, el 30% de esas muertes sucedieron a manos de sus parejas o exparejas mientras que el 70% era por riñas de pandillas. Uno de los principales problemas, como señalamos constantemente las organizaciones que defendemos los derechos de las mujeres, es que el 90% de los casos quedan en la impunidad: los hombres creen que pueden matar mujeres y nada les va a pasar.

En ese contexto también vale la pena hablar de violencia sexual. De acuerdo con el Observatorio de Derechos Humanos de las Mujeres de Honduras, las niñas y adolescentes concentran el 83% de los casos de violencia sexual reportada en el país, esto es 2.212 de los 2.664 casos de violencia sexual contra mujeres que hubo en 2017. La violencia sexual se expresa en varios delitos, violación es el más común, concentra la mitad de los casos reportados, mientras que los actos de lujuria, el estupro, el rapto, el hostigamiento y el tráfico de personas concentran casi la otra mitad.

Las consecuencias de la violencia sexual son múltiples, tal vez la más angustiante es el embarazo temprano. La maternidad y la paternidad temprana en Honduras es terriblemente común: cada día 58 menores de edad tienen un hijo o una hija en nuestro país. Esto quiere decir que el año pasado 21.150 niñas y adolescentes entre 10 y 18 años tuvieron un parto. A pesar de que un tercio de los casos suceden cuando las adolescentes tienen 18 años, en 2017 hubo 25 niñas de 10 años que tuvieron un parto, 20 de 11 años, 42 de 12 años y 127 de 13 años, todas víctimas de violencia sexual y que en lugar de estar jugando han enfrentado embarazos forzados.

Frente a esta realidad el Estado aún no ha sido capaz de validar e implementar el primer protocolo de atención para sobrevivientes de violencia sexual en Honduras. Una mesa técnica especializada en el tema entregó un documento completo a la Secretaría de Salud, resaltando la urgencia de incluir Anticoncepción de Emergencia para la prevención del embarazo en las sobrevivientes de violencia sexual y advirtiendo que no incluir la Anticoncepción de Emergencia resultará con un impacto negativo en la respuesta de la violencia por parte de del gobierno y el Estado de Honduras a través del uso e implementación de un protocolo incompleto dirigido a sobrevivientes de violencia sexual, con consecuencias irreversibles para las víctimas.

Hasta ahora la Secretaría de Salud hondureña no ha brindado una respuesta concreta sobre la decisión de incluir métodos de prevención del embarazo para las sobrevivientes de violación en el protocolo, pese a las recomendaciones hechas por la mesa técnica y la evidencia científica entregada al Ministro de Salud Dr. Octavio Sánchez.

Regina Fonseca

Centro de Derechos de Mujeres (CDM)

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.