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LA CARAVANA DE MIGRANTES QUE UNIÓ A TRUMP A LA ALIANZA DE OPOSICIÓN

La caravana de migrantes que se dirigía hacia la frontera estadounidense comenzó a disolverse este martes en el estado mexicano de Oaxaca, un día luego de que el gobierno de México le negara protección en su cruce y le explicara a los más de 1,000 caminantes que debían devolverse a sus países.

Durante varios días, cientos de centroamericanos, niños, mujeres y hombres, la mayoría de ellos hondureños, cruzaron audazmente los puestos de control de inmigración, las bases militares y la policía en una marcha, a veces caótica, hacia los Estados Unidos.

A pesar de estar en México sin autorización, nadie había hecho ningún esfuerzo para detenerlos.

Foto El Heraldo.
Foto El Heraldo.

Organizada por un grupo de voluntarios llamado Pueblos Sin Fronteras, y apoyados en Honduras por la orden Jesuita de la Iglesia Católica, que tiene su espacio de acción en la zona norte del país, la caravana llamada “Vía crucis del Migrante” se hace cada año como forma de recordar las condiciones que viven los migrantes que van rumbo a Estados Unidos. 

Esta vez, organizadores del Via Crusis del migrante reconocer recibieron muchas más personas de las que habían recibido años anteriores.

“No sabíamos que iba a haber este número de migrantes”, dijo Irineo Mujica, líder del grupo que organiza la caravana anua durante una entrevista en Facebook Live con el corresponsal de Univision Noticias Alejandro Madrigal.  “La cantidad masiva de participantes complicó el evento, pues este año se presentaron cinco veces más personas que las que participaron en la caravana de 2017.”

Ese aumento en la participación se da en gran medida al manejo político de la caravana. 80% de los participantes son hondureños movidos por la orden jesuita que dirige el padre Ismael Moreno, director además de Radio Progreso, que jugó un papel importante en la crisis post electoral de diciembre pasado como parte del a Convergencia contra la Dictadura. El aumento en 500% de participantes en la caravana no se da por combustión espontánea, como quiere hacer ver la oposición al gobierno a través de sus perfiles públicos.

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Sabemos que en política está permitido todo aquello que sirva para debilitar al contrincante. Pero desconocer que la migración hondureña a Estados Unidos tiene causas estructurales, que trascienden la crisis post electoral y hacerla ver como algo nuevo e inédito en la realidad hondureña, es cuando menos, hipócrita.

La migración, como la conocemos hoy en día, es un fenómeno que viene dándose por lo menos desde la década de los ochenta y se intensifica después del huracán Mitch. La violencia, las maras, el narcotráfico, la corrupción, la falta de empleo, la pobreza, la falta de oportunidades para la población, sí la intensifican durante el siglo XXI, pero esas problemáticas han sido constantes en todos los gobiernos del país, responsabilidad de todos los gobernantes que no han sabido dar respuestas a los problemas hondureños.  Desconocer eso, es desconocer la razón por la cual se organiza el vía crucis del migrante.

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Otra verdad a medias de Nasralla. Las más de mil personas que van en la Caravana de los Migrantes, como lo llamó el presidente Donald Trump para sus propios objetivos, no son, como dice el ex candidato de la Alianza, “personas de toda condición económica que huyen de la Dictadura”, son activistas ligados a la iglesia Católica que hacen una acción CADA AÑO, para recordar a los gobiernos de México y Estados Unidos, la realidad que sufren los migrantes centroamericanos que viajan rumbo al norte.

Como activistas, no busca entrar a Estados Unidos (no todos). Eso lo han dejado claro los organizadores de la acción, si bien algunos de los migrantes han solicitado asilo en México, lo hacen huyendo de la violencia de las comunidades que sigue siendo un problema real, no huyen de “la dictadura” a la que se refiere el señor Nasralla y si huyen de la crisis post electoral, lo hacen de los disturbios políticos y la violencia que siguió a las elecciones y se mantuvo hasta la toma de posesión del presidente hondureño Juan Orlando Hernández, algo de lo que la oposición también es responsable.

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Desde el principio, el vía crucis del migrante fue calificado como “Caravana” por Donald Trump, para crear la imagen en los medios norteamericanos de una invasión de mojados al país del norte. Eso le sirvió para presionar a México en torno del tratado de Libre Comercio y al Congreso de Estados Unidos en torno del DACA y pedir nuevamente por el muro.

 La noticia sobre la caravana motivó a Trump a decir que “estos grandes flujos de personas están tratando de aprovechar el DACA“, el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés). Sin embargo, el DACA no se aplica a los nuevos migrantes que cruzan la frontera en años recientes, sino a niños y jóvenes que fueron llevados a EEUU antes de 2012. Ha llegado incluso a anunciar que movilizará el ejército de los Estados Unidos para cuidar los 3,169 km de frontera con México.

El gobierno de México, por su parte, inmerso en un proceso electoral, han declarado que la intención de Trump de movilizar tropas a la frontera podría ser considerada una acción hostil. El candidato López Obrador ha llegado incluso a afirmar que se plantará en la frontera si Trump cumple su amenaza. Cada quien busca sacarle provecho a la situación.

La caravana salió de Tapachula, frontera entre México y Guatemala con destino a la frontera con Estado Unidos. Los medios anunciaron que cuando llegara al país del norte, esperarían que las autoridades de ese país les otorgaran asilo cuando intenten cruzar la frontera ilegalmente. Esa información trascendió, independientemente de si era objetivo o no del vía crucis, con el propósito de atacar el sistema de protección a asilados y refugiados en Estados Unidos, un programa que ha estado bajo ataque desde el inicio de la administración Trump y que una caravana de este tipo podría crear las condiciones mediáticas para reducirlo a su mínima expresión. 

La caravana ha estado varada en la ciudad de Matías Romero, en Oaxaca (sureste del país), por varios días. Según Mujica, la idea es seguir caminando hacia la última parada que tenían pautada en Puebla, donde los migrantes recibirán talleres sobre sus derechos entre el 5 y el 8 de abril.

Luego de eso, algunos han decidido salir hacia Ciudad de México para solicitar asilo, mientras que otros se quedarían en otras partes de México junto a familiares. Por otro lado, un grupo de los caminantes se separó de la caravana para subirse al tren conocido como La Bestia y alcanzar la frontera estadounidense, según reportó la agencia The Associated Press.

Las autoridades mexicanas solo han concedido refugio un número muy bajo de centroamericanos que lo solicitan.