/LA BARONESA DE WILSON (1833-1922)
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LA BARONESA DE WILSON (1833-1922)

Hace algunos años supe de Emilia Serrano, conocida en su tiempo como la Baronesa de Wilson. La conocí a través de un libro de Historia centroamericana que hacía referencia a la ilustre escritora, quien en uno de sus muchos viajes por el continente americano pasó por Nicaragua en 1895 y entrevistó a don Francisco Morazán Moncada, hijo del general Francisco Morazán, y éste le relató desde su visión de niño las últimas campañas de su padre, los momentos del sitio en el cuartel de San José y la captura final junto a Vicente Villaseñor con su posterior fusilamiento. No recuerdo ya el nombre del libro, quedo en deuda con esa interesante entrevista. Aunque quizás su destino no era contarme la historia de Francisco Morazán, sino el de descubrirme a esta mujer, pionera de las letras, amante de la libertad de las razas y  del pueblo americano.

La Baronesa de Wilson

Colaboraciones en La ilustración Artística de Barcelona

… Por Rocío Charques Gámez

«Su labor no ha sido la del geógrafo o historiador teórico, que sólo se inspira en los escritos de otros autores. Ella […] ha realizado peligrosos viajes, como el de remontar la corriente del Plata y hacer las ascensiones de los ásperos flancos del Tandil, del Aroncagua, el Misti, el Chimborazo, etc. […] estos viajes no han sido de turista; han sido de mujer estudiosa, laboriosa, que ha trabajado incansable» (BURGOS, Carmen de, «Granadinos olvidados. La baronesa de Wilson», La alhambra (Granada), XIV, n.o 313, 31 de marzo de 1911, p. 123).

El presente monográfico pretende redescubrir escritores olvidados y dar a conocer otros raros. En nuestro caso, Emilia Serrano, conocida como la Baronesa de Wilson, despierta nuestra curiosidad por su vida novelesca y su fructífera actividad literaria. ¿Cómo iba a ser de otra manera si tenemos en cuenta que, rozando los cuarenta años de edad, Emilia Serrano emprende sus viajes por el Nuevo Mundo, donde alcanza notoriedad por sus escritos y se relaciona con relevantes figuras de la época? Resulta indispensable realizar un breve recorrido por la apasionante biografía de esta escritora granadina enamorada de América.

Emilia Serrano nace en Granada, en 1833 ó 1834, según deduce Amelina Correa del acta de defunción de la autora, donde se consigna la edad de la autora (ochenta y nueve), lo que adelanta la fecha de nacimiento. Con cinco años se traslada, junto a sus padres, el notario Ramón Serrano y María García, a París. Conocidos literatos frecuentan la casa parisina (como Alejandro Dumas hijo y Lamartine). Desde su más tierna edad, nuestra autora demuestra un interés especial por la lectura, lo que llevaría a sus compañeras a llamarla madame minerva. Su conocimiento de lenguas como el inglés, el italiano o el francés, se vincula con sus viajes por estas tierras en compañía de su familia. En París conoce a su futuro marido, un aristócrata inglés, el barón de Wilson, con quien contrae matrimonio antes de cumplir quince años. Pero su vida sufre un duro embate al perder a su esposo un par de años más tarde, y a la hija de ambos, poco después.

Sus obras escritas pertenecen a géneros literarios tan diversos como las leyendas históricas, los poemas, las novelas, los ensayos pedagógicos, los libros de viajes o los cuentos. Algunos títulos que podemos mencionar son Almacén de señoritas (1860), ensayo educativo dirigido a las jóvenes; su libro de viajes Manual, o sea guía de los viajeros en Francia y Bélgica (1869); el poemario El camino de la cruz (1858); y las novelas La familia de Gaspar (1867), Los pordioseros del frac (1875) y la novela histórica Cuatemoc o el mártir de Izancanac (s.f.). Incluso desarrolla una actividad como traductora, en especial de escritores franceses.

Sus colaboraciones en prensa son innumerables y están pendientes de una recopilación. Colabora en la revista La guirnalda, de Madrid, y en La ilustración artística, de Barcelona. Otras revistas en las que aparece su firma son el Eco Ferrolano, el Último figurín, el correo de la moda, Las Hijas del Sol, La Primera edad, el gato Negro y Álbum Salón. Además de colaborar en diferentes publicaciones periódicas, es directora del Semanario del Pacífico (1876) de Lima. En México, Emilia Serrano funda y redacta El continente americano. Asimismo, dirige, en la capital de España, La caprichosa y La Nueva caprichosa. Es la fundadora de La revista del Nuevo mundo, en París, que se publica en los dos lados del Atlántico y en la que colaboran conocidos escritores como Alejandro Dumas y Alfonso Lamartine.

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Su primer viaje a América se fecha cuando está a punto de cumplir los cuarenta años de edad, y a este siguen otros en los que recorre las tierras americanas de norte a sur. La gran fascinación por América nace de las lecturas juveniles de los libros de la biblioteca de don Máximo, que veranea cerca de la casa familiar situada en el Lago Como, en Italia. Su conocimiento y amor por esta tierra se vierte en numerosos trabajos, como La ley del progreso (1880), Una página en américa (1880), Americanos célebres (1888), América y sus mujeres (1890), De Barcelona a México (1891), América en fin de siglo (1897), Bocetos biográficos. Mujeres ilustres de América (1899), El mundo literario americano (1903) o Maravillas americanas (1910). Sin duda, hay que reconocer el mérito que supone ser la autora de la primera antología de escritores y escritoras americanos, El mundo literario americano (1903), así como de su aventura viajera, excepcional entre las españolas de entonces. Leona Martín (2002) nos cuenta que Emilia Serrano sabe utilizar sus influencias cuando va a poner el pie en un nuevo país hispanoamericano. En efecto, suele emplear cartas de introducción dirigidas a importantes personalidades del lugar, así como artículos de promoción.

Como explica Leona Martín (2002), el olvido en el que se encuentra la figura de Emilia Serrano no es extraño, pues su situación «resultaba especialmente precaria ya que, al residir y al publicar sus obras en tantas repúblicas del mundo hispanohablante, no estableció los imprescindibles lazos profesionales para insertarse firmemente dentro de la tradición cultural nacional de algún país específico».

En 1873 desplaza su residencia a Madrid, donde colabora en La guirnalda. Sus viajes por América y Europa siguen alternándose y su creación literaria y vida social no cesan un instante. Por ejemplo, podemos citar que es socia de honor en la Sociedad de Escritores y Artistas de Madrid, en la Casa de América de Barcelona y en el Ateneo de Lima. Se le otorga también la Medalla de Oro de la Cruz Roja y la distinción de Comendadora de la Orden del Libertador Bolívar, en Venezuela.

A finales del siglo XIX parece que fija su residencia en Barcelona, donde colabora en la revista La ilustración artística. El 1 de enero de 1923 fallece a la edad de ochenta y nueve años esta incansable viajera amante de las letras.

En el presente artículo, analizamos y citamos en un índice las colaboraciones de la Baronesa de Wilson en La ilustración artística de Barcelona. Eduardo Ruiz-Ocaña Dueñas declara que Emilia Serrano publica en la revista entre 1887 y 1904 de forma asidua, y hasta el cierre de esta, de manera más pausada. Después de nuestra búsqueda de estas colaboraciones, podemos concluir que durante 1887 y 1888 aparecen gran número de textos de la autora (dieciocho de treinta y nueve). En esos dos años, encontramos casi la mitad de sus colaboraciones en la revista de Barcelona. A partir de esta fecha, podemos hablar de una colaboración menos continua. Hasta 1895 no aparece ningún escrito de Emilia Serrano en la revista. En ese año se incluyen cuatro colaboraciones suyas. En 1896, solamente se localiza un texto, mientras que el año siguiente la firma de la escritora granadina se encuentra en cuatro ocasiones. Hasta 1900, no hallamos ningún escrito de la Baronesa de Wilson, que publica, en este año, una semblanza sobre Manuel Pardo y Aliaga. Prácticamente, a partir de entonces, la escritora publica anualmente un texto en La ilustración artística, hasta el cierre de la revista. En 1901, leemos dos textos de la autora; uno en 1904, en 1905 y en 1906; también uno en 1909, en 1912, 1914 y 1915; y dos en 1916. A partir de 1895, los textos de la Baronesa de Wilson van acompañados de una ilustración (excepto en dos ocasiones: en «Una bala vengadora» y «Un girón de gloria»).

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En total, la Baronesa de Wilson publica treinta y nueve escritos en La ilustración artística de Barcelona, entre 1887 y 1916. Dominan los relatos de temática americanista. En primer término, se sitúan aquellos que forman la serie «El mundo americano», todos ellos de 1887. Ocho escritos integran este grupo: «El tesoro de los incas» (28 de marzo), «La india de Puno» (11 de abril), «El Bohío del manglar» (25 de abril), «El puñal de Antuco» (16 de mayo), «Misterios del corazón. Episodio de la vida real» (18 de julio), «El ramillete de Popotla» (3 de octubre), «El juramento. Episodios de la guerra del Perú» (7 de noviembre) y «La diadema de doña Inés. Anécdota» (21 de noviembre). En realidad, en este grupo tenemos que incluir el resto de narraciones que leemos entre 1887 y 1888, que no llevan este marbete pues presentan las mismas características que los anteriores: son textos de tema americanista, donde la autora suele introducir anécdotas de sus viajes por el Nuevo Mundo o historias que va aprendiendo en sus visitas a América. Todas ellas están divididas en varios apartados y suelen introducir algún término desconocido en España, por lo que se agrega una traducción en nota a pie de página. En 1901, tenemos otros dos relatos que cumplen estas características («La Motezuma. Episodio nacional chileno» y «Nobleza obliga»), al igual que un texto de 1905 («En la brecha. Episodio nacional mexicano»), uno de 1906 («La bala vengadora. Episodio histórico venezolano») y otro de 1909 («Un girón de gloria. Episodio histórico peruano»).

En los escritos del primer grupo, son relevantes los datos biográficos aportados por la misma autora. De este modo, conocemos diversa información sobre sus viajes a América. En «La india de Puno», recuerda el canto de una gitana que encuentra en un viaje por Hungría, cuando oye un yaraví de labios de un pobre hombre, en Perú. En distintas ocasiones, Emilia Serrano realiza comparaciones que demuestran sus conocimientos de otras culturas y tradiciones, aprendidos, sobre todo, gracias a sus numerosos viajes. La música que escucha entonces también es comparada con los tonitos ecuatorianos, el bambuco colombiano y los tristes de Argentina. En este relato, conocemos el recorrido que Emilia Serrano hace por estos territorios. Sus viajes no eran los típicos de una turista, sino que los aprovechaba para ampliar sus conocimientos, vivir nuevas experiencias, así como recopilar tanto materiales orales (que luego recoge en sus escritos) u objetos que tienen interés para ella. Así, comenta que sale de la ciudad de Puno hacia el cerro de Silustani, donde hay monumentos antiguos, para investigar sus ruinas y sepulcros. A lo largo del discurso, se citan varios lugares en los que ha estado nuestra autora: el lago Humayo, Puno, el lago Titicaca. Estas tierras son descritas con exactitud: «Cerca de Puno, a la derecha y a poca distancia de la línea del ferrocarril, hay una colina desde la cual se extiende la vista por el famoso lago Titicaca, situado en la mesa que forman las dos ramas de la cordillera andina y a una altura de 914 metros sobre el nivel del mar» (p. 115).

En «El Bohío del manglar», de 1887, recuerda su viaje a Panamá, en 1881. En su recorrido le acompañan, entre otras personas, el presidente general Cervera y su esposa. Muchos de los relatos, como este, rememoran hechos históricos ligados con las guerras de independencia y las civiles. En este texto, se menciona el asesinato del presidente Santiago de la Guardia, ocurrido en el Río Chico, en 1862. En 1901, en «Nobleza obliga», Emilia Serrano anota que, en su primera visita a Venezuela, contempla los valles de Aragna junto a su amigo Justo Arosemera, ministro de Colombia. El anciano de la casa donde se hospedan le narra la historia de los jóvenes que hay en unos retratos, que sucede en la época de las luchas entre realistas y republicanos en Venezuela, en la Nueva Granada, en Ecuador y Perú.

También por otro de sus escritos, «El puñal de Antuco» (1887), sabemos la fecha de su recorrido de Chile: 1876. Allí conoce los establecimientos mineros del señor Muñoz, de donde se lleva de recuerdo algunos minerales. Va descubriendo todo el país, desde sus ciudades, hasta sus pueblos y aldeas. Tanto los ciudadanos como las autoridades la reciben con los brazos abiertos. Llega a las playas de Coquimbo, desde Valparaíso, con el vapor Atacama. En la ciudad de la Serena, Benjamín Vicuña Solar y Pedro Herreros la llevan a los establecimientos mineros, donde conoce la historia de Andrés.

Su recuerdo del Chimborazo queda patente en su relato «El tambo de Chuguipogio», en el que evoca su viaje a Ecuador. La impresión causada ante la vista del coloso la deja perpleja: «La magnificencia del espectáculo me sobrecogió de admiración» (p. 147). E introduce una serie de reflexiones filosóficas (producidas ante la visión de la grandiosa naturaleza) poco frecuentes en estos artículos:

¿Qué es la criatura humana, al compararse con la grandiosa obra del Ser supremo? Una hormiga. ¿Qué es la gloria por la que tanto se afana una gran parte de la humanidad? Humo y vano empeño, al ponerla en parangón con esas maravillas que siglos y siglos y eternamente, se levantan colosales, mirando desdeñosamente al hombre, al pigmeo que apenas puede alcanzarlas con la vista (p. 147).

La fiebre americanista se enciende en esta época, en la que se discuten temas como la Independencia o las nuevas repúblicas, la abolición de la esclavitud o la inferioridad de América. En «Un corazón de oro», se relata una historia amorosa que sucede durante la guerra entre el Norte y el Sur de Estados Unidos. El narrador apoya a los abolicionistas y defiende la dignidad de la raza negra, además de su inteligencia. Con el fin de demostrar que los negros son seres racionales, inteligentes, cita los casos del embajador Basset, el senador Irma Revels y Abraham Petrowich, brillante en las matemáticas. Este último era tan excepcional que lo compraron en Constantinopla y fue ofrecido como obsequio al zar Pedro I. Mandó la flota rusa en el Mar Negro y alcanzó, en 1759, el puesto de general en jefe.

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El derecho a la independencia del Nuevo Mundo se defiende en estos escritos. Estos años se graban en la memoria como hechos heroicos y legendarios. El relato «En la brecha» se contextualiza en ese periodo en el que se trata de expulsar a los invasores extranjeros. La actuación de los americanos es calificada de «heroica epopeya» (p. 443), es una época «legendaria y hasta fantástica […] durante la cual el Universo contemplaba con pasmo la actitud de los patriotas mexicanos» (p. 443). Toda la población se implica en estas luchas, por lo que abundan los episodios de vidas dignos de eternizarse en la memoria colectiva. La abnegación de los habitantes por defender su patria es elogiada por Emilia Serrano: «¡Qué radiante y qué hermoso cuadro! ¡Qué manantial de episodios de abnegaciones olvidadas! ¡Cuántas individualidades sucumbían sacrificando en aras de la patria familia, fortuna y porvenir, porque uno era solamente el pensamiento, una sola era la ambición!» (p. 443). Los héroes nacionales se inmortalizan. La Baronesa de Wilson compara a estos héroes con otros de épocas pretéritas. De Felipe Santiago de Salaverry, en «Un girón de gloria», se puntualiza que «semejaba a uno de los paladines de los tiempos remotos o de la era medioeval» (p. 618).

Por otro lado, podemos notar que Emilia Serrano, gracias al bagaje cultural adquirido, hace comparaciones interculturales. De hecho, en «El Bohío del manglar» contrapone la vida del pobre en Europa con la del sudamericano:

En Europa, sufre el pobre los rigores del frío: el invierno es el azote del hambriento, del que vestido de harapos carece de fuego para calentar los entumecidos miembros, de ropa con qué abrigarse, de luz tal vez, y de alimento que vigorice su decaído espíritu.

En el Sur América, jamás el hielo y el rigor del clima seca las hojas de los árboles: no se ven ateridas plantas, que inspiran tristeza y desaliento: eterna primavera cubre los campos con sus dones, y el pobre posee las riquezas de la naturaleza y el calor de un sol siempre esplendoroso (p. 18).

En «El puñal de Antuco», la Baronesa de Wilson rememora sus lecturas juveniles al acordarse de Ercilla en su paseo por Chile. La pintura que se nos ofrece del general Francisco Antonio Pinto, en «La Motezuma», parte de las crónicas. También en «El puñal de Antuco», se llevan a cabo una serie de comparaciones. Como se deduce de estos apuntes, en estos textos abundan los párrafos descriptivos. El mundo descubierto cautiva de inmediato a la artista. Su recuerdo de los trabajadores mineros se idealiza cuando apunta que formaban un cuadro propio de las creaciones de Dante y de los aguafuertes de Goya. De una de las protagonistas de «La ramilletera de Popotla», Violeta, se puntualiza que es el tipo fresco y seductor propio del pincel de Rafael, Rubens o Grenze. Tampoco olvida comparar la situación de la época de las guerras de la independencia en América con la de España. En el texto «En la brecha», recalca que la situación que vivía México en 1808 era tan desfavorable como la de España.

Sus descripciones de las ciudades y paisajes americanos vienen acompañadas, muchas veces, de notas históricas, pues se remonta a otras fechas en las que ha sucedido un acontecimiento importante en ese mismo lugar. De hecho, muchos de estos escritos llevan un subtítulo que remarca este periodo histórico: «El juramento. Episodios de la guerra del Perú», «Un corazón de oro. Episodio de la guerra de los Estados Unidos», «La Motezuma. Episodio nacional chileno», «En la brecha. Episodio nacional mexicano» y «Un girón de gloria. Episodio histórico peruano». Citamos, de manera ilustrativa, «El codicilo», donde describe la capital guatemalteca. En ese momento, recuerda, al hablar de las ruinas de la Antigua, que de la Ciudad Vieja solo quedan unos escombros, debido al torrente del volcán de agua, la noche del 11 de septiembre de 1541, por el que fallece la viuda del conquistador Alvarado, la gobernadora interina Beatriz de la Cueva. También introduce, esta vez en su relato «La ramilletera de Popotla», la razón del nombre de un árbol del pueblecito de Popotla (llamado de la noche triste, porque allí se lamentó Cortés debido al desastre provocado por Alvarado). «El juramento», por ejemplo, transcurre durante la guerra de Perú y Bolivia con Chile, y «Un corazón de oro», durante la guerra de Secesión de Estados Unidos.

En «El rancho de las cruces» volvemos a encontrarnos con las digresiones de la autora que, tras describir un paisaje, se acuerda de la imagen tan diferente del mismo en otra época. La trama transcurre en Perú. Allí, las «hondonadas y precipicios han sido mudos testigos de episodios conmovedores que podrían servir de argumento para más de un drama y llenar cumplidamente las páginas de una novela» (p. 340) –hecho que Emilia Serrano lleva a la práctica en estos textos–. El relato presente transcurre durante las luchas civiles de Perú, cuando surgen guerrillas de insurrectos y partidas de bandidos.

«El misionero» hace referencia a la historia del padre Olmo, misionero en Ecuador que muere a causa de las heridas producidas en la batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822. Una parte del episodio referido, se toma de los apuntes publicados por el coronel Manuel Antonio López. En este texto se hace una diferenciación entre los záparos y los jíbaros: los primeros son «dóciles y dispuestos a escuchar a los misioneros» (p. 367), los segundos «por su temerario arrojo, por lo altivo de su carácter y por lo indomables y amantes de su libertad, podría llamárseles los araucanos de Ecuador» (p. 367). Además, hace una descripción de los jíbaros y señala que, en la sublevación de 1599, se cruzó la raza cuando raptaron a numerosas mujeres españolas.

A las descripciones del paisaje se unen las físicas de los personajes, que ofrecen mayor colorido al relato. Destacamos la del traje nacional mejicano realizada en «La ramilletera de Popotla»:

Vestían rico y ajustado pantalón con dos hileras de botones de plata, chaqueta corta y sombrero jarano, galoneado con anchas franjas de plata y gruesos cordones de lo mismo: chapameras de piel de tigre, elegante silla con ricos estribos y revólver con artístico puño de nácar (p. 370).

El segundo grupo estaría integrado por las semblanzas de personajes ilustres, tanto escritores, como políticos, caudillos o guerreros. Contamos once colaboraciones de este tipo, aunque solamente en cinco de ellos (los publicados en 1895 y 1896) se especifica que se trata de una semblanza. Estas se escriben a partir de 1895 y se reparten del siguiente modo: cuatro en 1895 (el libertador Simón Bolívar, los escritores Ignacio Altamirano, Benjamín Vicuña Mackenna y Juana Manuela Gorriti), una en 1896 (el presidente mexicano Juárez), cuatro en 1897 (el abogado, político y guerrero chileno Manuel Rodríguez, el educacionista cubano José de la Luz Caballero, el general centroamericano Francisco Morazán y Juan Manuel Rosas, dictador argentino), una en 1900 (Manuel Pardo y Aliaga, presidente de Lima) y la última en 1904 (sobre la argentina Alvina van Praet de Sala, que fue presidenta del Consejo Nacional de Mujeres). En general, los datos que recoge en estas semblanzas provienen de sus lecturas, pero también abundan aquellas referencias que toma de primera mano –o bien porque conoce al personaje que analiza, o bien porque transmite el conocimiento que le aporta sobre el mismo otra persona–. Por ejemplo, en la semblanza de Simón Bolívar, la Baronesa de Wilson comenta su conversación con un anciano general de Bogotá, que era ayudante del Libertador. También emplea las conversaciones que mantiene, en Lima, con el escritor venezolano Simón Camacho y Bolívar. En un viaje por Nicaragua, nuestra autora conoce a uno de los hijos del general Francisco Morazán, que le relata las últimas campañas de su padre.

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Algunos de los personajes de los que se encarga en sus semblanzas los ha conocido nuestra autora personalmente. Este es el caso del escritor mexicano Ignacio Altamirano, con el que se entrevista por primera vez cuando este llega a Barcelona como cónsul general de su país. Asimismo, conoce al escritor chileno Benjamín Vicuña Mackenna, cuando este cuenta cuarenta y cinco años. De su amistad conserva un grato recuerdo. Cuando Mackenna es candidato a la presidencia, en 1876, ella viaja por primera vez a Chile, donde regresa en 1892 y visita la tumba del amigo. En algunos casos, la Baronesa de Wilson acude a los estudios de su amigo chileno para ampliar sus conocimientos sobre personalidades hispanoamericanas (como puede observarse en su semblanza sobre Manuel Rodríguez o cuando habla de Felipe Santiago de Salaverry). En otra ocasión, describe a la escritora salteña Juana Manuela Gorriti, buena amiga de Emilia Serrano. Con ella contacta primero por carta y luego tiene ocasión de conocerla personalmente en Buenos Aires.

Las últimas colaboraciones de la Baronesa de Wilson son cuentos de corte romántico, que se apartan de los otros textos por transcurrir su acción en España. Los cinco relatos cortos se publican entre 1912 y 1916. En ellos, la temática es amorosa, con final feliz. Los elementos con los que se juega son siempre los mismos, por lo que carecen de originalidad. Se presenta el amor de una pareja joven que atraviesa algún obstáculo, pero que consigue recuperar la felicidad. Abundan los misterios que se resuelven en el desenlace del cuento. A veces, se complica demasiado la trama para explicar las conexiones existentes entre los personajes, lo que frena el ritmo del relato. Los cinco cuentos van precedidos de una ilustración. El dibujo de «Entre el deber y el amor» pertenece a Tamburini. «La oración de la tarde» está ilustrado por Mas y Fondevila. El dibujo de «Lo imprevisto» es de Luis Vidal. «La doble deuda» contiene una ilustración de Carlos Vázquez, y «De la tierra al paraíso» otra de Opisso.

La escritora describe ambientes que conoce de primera mano. Las tramas de sus cuentos transcurren en Andalucía, Madrid y Cataluña, lugares en los que ha vivido. Varios personajes sufren las consecuencias de la guerra carlista. Algunos emigran a París (como en «Entre el deber y el amor», debido a la guerra, o en «La oración de la tarde», en la que la marquesa de Alcocer deja sus posesiones en Andalucía al enviudar). En «La doble deuda», también asoma el tema de la guerra carlista, pues el banquero Julio de Montellano pierde a su padre a mano del bando contrario a Isabel II. La guerra sorprende a Emilia Serrano en Cádiz. Estando nuestra escritora en el Puerto de Santa María, estalla la revolución del 68, y, poco después, visita a la reina Isabel II exiliada en París.

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En este escueto artículo, donde hemos citado muy brevemente las colaboraciones de Emilia Serrano en La ilustración artística de Barcelona, queda patente su enorme interés por las tierras americanas. De los treinta y nueve textos encontrados, solo cinco no responden a esta temática. Son cinco cuentos, aparecidos en los últimos años de la revista, que repiten, prácticamente, la misma estructura y temática. La trama se desarrolla en España y los protagonistas, jóvenes enamorados, recuperan su felicidad inicial al resolverse un misterio o superar algún obstáculo. Mucho más ricos nos parecen los relatos de la Baronesa sobre América. En ellos se advierten algunas notas autobiográficas de la autora y asoma, constantemente, su pasión por las tierras del Nuevo Mundo. Las descripciones de los parajes que descubre son coloristas, a veces objetivas y, en otras ocasiones, cargadas de tonos líricos. También se introducen descripciones de personajes típicos como las floristas mejicanas o los mineros chilenos.

Emilia Serrano suele contextualizar estos escritos en la época de las batallas por la independencia o de las luchas civiles, por lo que abundan los relatos sobre personajes históricos o las historias de personas del pueblo conocidas por la narración de los testigos. Asimismo, leemos algunas anécdotas de sus viajes y se evidencia que estos no son los de un turista, sino los de una persona que quiere aprender el máximo de esa nueva cultura, para lo que lee, estudia e investiga. Por otra parte, la Baronesa de Wilson señala, en algunos casos, las fuentes de las que ha extraído determinada información de una personalidad. Sus continuos viajes le permiten, además, comparar unos países con otros (como hace cuando indica la semejanza entre la música que escucha en Hungría, con el yaraví de Perú, los tonitos ecuatorianos, el bambuco colombiano y los tristes de Argentina).

Las semblanzas incluidas en La ilustración artística también se dedican a personalidades americanas (escritores, políticos y pensadores). A algunos de ellos los conoce la autora personalmente (como el escritor mexicano Ignacio Altamirano, el escritor chileno Benjamín Vicuña Mackenna, y la escritora argentina Juana Manuela Gorriti). La Baronesa de Wilson está bien documentada y emplea, en algunos casos, datos que le confía alguna persona cercana al personaje retratado.

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Estas colaboraciones se reparten de distinto modo entre 1887 y 1916. Podríamos hablar de una primera etapa de colaboraciones continuas (comprendida entre 1887 y 1888), en la que se publican dieciocho de los treinta y nueve textos. Después, hay un silencio de varios años, hasta que en 1895 vuelve a aparecer su firma en La ilustración artística. Sus textos ya no se publican sistemáticamente, sino que se reparten en distintos años (de 1895 a 1897 localizamos nueve textos; de 1900 a 1901, tres; de 1904 a 1906, otros tres; uno en 1909; uno en 1912; y de 1914 a 1916, cuatro cuentos).

Para cerrar este artículo podemos concluir que quienes se aproximan a la Baronesa de Wilson, no quedan impasibles. Su vida es un misterio ya que sus datos biográficos aparecen en textos escritos o autorizados por la escritora lo que no garantiza su objetividad ni la inclusión de otros datos de interés. Sus continuos viajes y sus numerosas relaciones con personalidades de la época, fueron ampliando el bagaje cultural de la autora, que, desde sus primeros años, demostró su voracidad lectora. Madame Minerva la apodaban sus compañeras. Su amor por América, tierra que recorrió de norte a sur, en varios viajes, se plasma en numerosos textos como, por ejemplo, en estos aparecidos en La ilustración artística de Barcelona. Estas sucintas notas no son más que una pequeña aportación con la que esperamos haber contribuido al conocimiento de esta apasionante mujer, incansable viajera y escritora, que dejó huella allí por donde pasó.

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**Rocío Charques Gámez Centro de Estudios sobre la Mujer Campus de Sant Vicent del Raspeig

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.