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LA APOROFOBIA, EL RECHAZO A LOS QUE MENOS TIENEN, ES MOTOR DEL AUGE DEL POPULISMO EN EL MUNDO

Dice Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Premio Nacional de Ensayo en el 2014, ahora publicada en el libro Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia (Paidós), que laporofobia es el nuevo mal de nuestro tiempo, que la ola de xenofobia que afecta Europa y los Estados Unidos tiene su origen en el rechazo al pobre, ese que parece que no puede ofrecernos nada bueno. De la tesis de esta catedrática de ética, nace este término recién abrazado por la RAE, un vocablo con el que la filósofa se esfuerza por diferenciar la actitud de rechazo al miserable frente a la xenofobia o el racismo.

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Pero, ¿existe realmente la aporofobia, un odio concreto hacia los pobres?

Existe, vaya si existe. El mes pasado, Flor, de 85 años, sin techo ni bienes ni familia, fue atacada brutalmente por cuatro jóvenes en la madrileña calle de Fuencarral, donde pasaba la noche a la intemperie. Los agresores, que la golpearon en la cara y en el estómago, la dejaron semiincosciente. En enero, otros cuatro menores la emprendieron a golpes con un sintecho portugués en La Línea, Cádiz. Le arrojaron piedras, botellas de cristal. Le arrastraron por el suelo, le obligaron a desnudarse y le robaron la documentación. En junio, un hombre fue detenido por la Guardia Civil de Murcia después de haber quemado vivo a un mendigo en una casa de Beniaján. En el 2005, tres chavales de la zona alta de Barcelona le prendieron fuego a una indigente en un cajero por pura diversión. María Rosario Endrinal, Charo, que así se llamaba, falleció.

Según el Observatorio Hatento, que contabiliza los delitos de odio sufridos por personas sin hogar (en Europa), el 47 % de los sintecho segura haber sufrido un incidente o delito de odio, y casi un 25 % dicen haber sido víctimas de agresiones de carácter físico basadas en la intolerancia hacia su situación de exclusión. En un 28,4 % de las experiencias analizadas por esta organización, los agresores fueron chicos jóvenes.

Aporofobia es rechazo al pobre, pero lo más frecuente es la indiferencia.

Pero la indiferencia es una forma de rechazo. No hacer caso a una persona que está en estado de necesidad es rechazarla. También es aporofobia.

Nunca se habla de este tema.

De ahí la necesidad del libro, Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia, de poner un nombre a una realidad social que no lo tenía, porque los pobres ni siquiera se lo merecían. Lo primero que había que hacer es ponérselo para reconocer que el rechazo al pobre existe.

¿Por qué molestan los pobres?

El pobre parece que solo te puede dar problemas. Se dice que son terroristas, que nos van a quitar el trabajo, la seguridad social, da la sensación de que nos van a crear problemas y los seres humanos tratamos de rehuirlos y conformamos con los que tenemos.

Pero esa explicación sirve para los refugiados, pero también se rechaza al pobre autóctono, a los mendigos, que no pueden quitarnos absolutamente nada.

Efectivamente. En el libro también reflexiono sobre la relación con la gente que está mal situada, aunque sean de la propia familia. Desde luego hay casos de maltrato a los mendigos por el hecho de serlo, que están tipificados como delito de aporofobia. Lo que me pregunto es por qué el ensañamiento contra alguien que está en situación de vulnerabilidad extrema.

¿Influye la aporofobia en el auge de los populismos?

La aporofobia está siendo una de las razones del auge de los populismos y, además, elevada a la enésima potencia. Hay políticos que están manejando ese miedo a los de fuera y están consiguiendo grandes éxitos. Trump logró que le votaran los norteamericanos de clase media baja porque prometió que iba a frenar a los mexicanos. Ganó las elecciones con un discurso aporófobo, no xenófobo. No atacaba a los extranjeros en general sino a los mexicanos pobres. Lo mismo que Le Pen, que dice que va a cerrar el paso a todos los que vengan de fuera, pero se refiere a los refugiados y a los inmigrantes pobres porque no creo que quiera restringir el turismo. Trump y Le Pen atacan a los extranjeros que son pobres.

Sin embargo, muchos pobres los votan.

Los pobres están en contra de los que son más pobres, es a los que más miedo les dan los que vienen de fuera porque les dicen que les van a quitar el trabajo, cuando la realidad es que hacen el trabajo que no quiere nadie. Se va extendiendo el miedo y el que está en una situación difícil vota en contra de eso y a favor de un señor que ha tenido éxito en los negocios, que ha triunfado. Los esquemas populistas son muy simples. La aporofobia está siendo un motor de los populismos.

¿Es partidaria de la renta básica universal?

Sí. Todo ciudadano tiene derecho a una renta digna, a la supervivencia. Lo que me parece increíble es que haya mecanismos y no se pongan en marcha. Dicen que no hay dinero, pero sí que lo hay y sí que es posible y que no se haga me parece indignante.

«Hay una tendencia en el cerebro a la aporofobia que se ha ido gestando a través de la evolución y consiste en apartar, abandonar e invisibilizar todo aquello que nos molesta. Pero el cerebro es muy plástico y se puede moldear», afirma Cortina.

¿La aporofobia se cura?

Es lo que pretendo en el libro. Asumir que es una tendencia que va contra la dignidad de las personas, que todo el mundo tiene algo que devolver a cambio, que todos son dignos de ser incluidos en la sociedad. Y si estamos convencidos de ello, hay que actuar. Por una parte, a través de la educación, en la familia y en la escuela. Luego tomarse en serio las políticas sociales. Hay que reclamar que todo el mundo tenga un hogar, que nadie se vea obligado a mendigar, erradicar la pobreza y reducir la desigualdad.

¿Avanzamos o retrocedemos?

A nivel mundial se ha avanzado en reducir la pobreza, pero han crecido las desigualdades entre países y, sobre todo, dentro de cada país. En una sociedad que pretende ser democrática, en la que libertad e igualdad son los valores fundamentales, si hay desigualdades tan radicales no podemos decir que todos seamos iguales.

Las políticas neoliberales que se han impuesto en el mundo van en sentido contrario a la igualdad.

Pues por eso hay que acabar con las políticas neoliberales, porque se dan de bruces con la Constitución española, que dice que somos un Estado social de derecho, y con la Europa social que consagra la UE, que no es neoliberal, sino socialdemócrata. Nuestras señas de identidad son que haya una intervención del Estado para evitar que las personas vean vulnerados sus derechos más básicos.

Los datos referidos a España dicen que hay 2,6 millones de personas en pobreza severa.

Es en lo que deberían estar todos los gobiernos y los partidos, en cómo erradicamos la pobreza y reducimos la desigualdad. Pero no están en eso y es lo deprimente. Luego dicen que por qué hay desafección. ¿Cómo no va a haberla si da la sensación de que están a lo suyo y no a lo nuestro?. Entre la corrupción y los enfrentamientos partidistas nadie se preocupa de los ciudadanos. En el fondo, todos estamos dejando de lado a los pobres.

Fuente: La voz de Galicia.