Honduras

Isis Obed Murillo Mencías, el mártir bandera.

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Isis Obed murió el 5 de julio de 2009 frente a la pista de aterrizaje del aeropuerto Toncontín de Tegucigalpa. Tenía 19 años, era de Olancho y vivía en la colonia Venezuela. Su madre, Silvia  Mencias de Murillo, lo describe como un joven amable y cariñoso.

«Recuerdo un día, cuando él estaba pequeño —cuenta Silvia, madre de Isis afuera de su humilde casa en Guayape, Olancho—, fueron a sacar el maíz, mi esposo con Cristian, mi hijo mayor, estaban cargando el caballo. Isis se sentó cerca de donde estaban, cuando el caballo dijo a caminar y él corrió y lo agarró del mecate, para que no se fuera. Entonces el caballo le agarró una oreja y se la cortó. Isis no tenía por eso una oreja. Otro día venia de la casa en el carro. Una mujer iba con una carga de leña en la cabeza y andaban unos burros por allí y los burros la empezaron a agarrar a patadas a la mujer. Todo mundo corrió y se metió a las casas, Isis venia en la paila de un carro y se tiró, estaba bien pequeño, se tiró y agarró a pedradas a los burros. Esa mujer, cuando él murió, lloraba porque ella decía que él fue su héroe.  «fue un héroe para mí,—decía la mujer—, él me defendió de la muerte, él me libró de la muerte».

El golpe de Estado del 28 de junio movilizó a un gran sector de la población de Honduras. De todos lados fueron llegando personas de todos los estratos sociales, todos a sumarse a la demanda del retorno al orden constitucional. En esos tiempos, pensamos que el golpe podía revertirse si el pueblo se movilizaba. Durante esa semana, las calles vieron circular a un mar de gente. Entre ese mar iba Isis Obed.

«Se fueron para el aeropuerto a recibir al presidente Zelaya —cuenta la madre de Isis Obed— Andaba Isis con sus hermanos: Bayron, Rebeca y Cristian. Ellos andaban con la Resistencia. «Venite —le dijo Cristian—, mira que andamos bastantes». Nosotros nos quedamos en casa porque teníamos que celebrar el día del culto, los domingos hacemos dominical. Mi esposo se vino después de la dominical a donde mi otra hija, Genaria y se encontró en el molote…»

David Murillo en su programa religioso de radio. Atrás de él su esposa Silvia Mencías, ambos padres de Isis Obed.

David Murillo en su programa religioso de radio. Atrás de él su esposa Silvia Mencías, ambos padres de Isis Obed.

David Murillo, padre de Isis, es pastor de la iglesia Pentecostal. Su congregación está dispersa entre Guayape, Olancho y Tegucigalpa. Ese 5 de julio terminó el servicio dominical y se sumó a los miles de manifestantes que avanzaban rumbo al aeropuerto Toncontín. El presidente Zelaya había tomado un avión y se disponía a aterrizar para liderar, junto a los manifestantes, el proceso que lo devolviera a la presidencia. Pero los militares colocaron tanques y camiones en la pista haciendo imposible la maniobra. Las horas corrían, la gente se desesperaba. Todos vimos cuando el avión que traía a Zelaya dio varias vueltas en la pista y desapareció. Los manifestantes entonces comenzaron a presionar sobre la verja de seguridad del aeropuerto. Su idea, quizás, era tomar el Toncontín como dos semanas antes hicieron con la base de la Fuerza Aérea, cuando Zelaya en persona rescató bajo la lluvia las urnas de cartón que serían usadas para la consulta popular. Los manifestantes sacaron las tenazas y comenzaron los disparos.

«Ahí andaban cinco hijos míos y andaban mis dos hijas mujeres. Andábamos ocho con mi persona. Cuando yo estaba en el lado de arriba donde está el parquecito, empezaron a disparar. Mi hijo cayo acá por donde están aquellos Burger. Cuando yo me di cuenta fue porque los del Colprosuma dieron el aviso por el alta voz. Yo me acerqué, ya a mi hijo se lo habían llevado. Yo no sabía quién era, hasta que Cristian me llamó» —cuenta el padre de Isis Obed.

Silvia Mencías, madre de Isis Obed, muestra el retrato de su hijo muerto el 5 de julio de 2009.

Silvia Mencías, madre de Isis Obed, muestra el retrato de su hijo muerto el 5 de julio de 2009.

«Cuando matan a mi hijo yo estoy sola en mi casa con una de mis hijas, la menor. Prendí el televisor y escuché cuando dijeron que había un muerto. Yo le dije a mi hija: «ay no, hay un muerto», le dije, «¿quién será?» y empecé a llamar a mis hijos. Llamé a Cristian y no me contestaba. Llamé a mi esposo y tampoco me contestaba. Llamé a Isis… solo timbraba y timbraba…. yo decía, «¿Por qué no me contestan?» Estaba desesperada. Por fin me contestó Cristian y yo entendí que Cristian estaba llorando. «¿Qué te pasó? —le digo yo— ¿estas herido?»  «Cristian estás herido?»,  —le pregunté…»

El diario La Prensa hizo circular ese una fotografía arreglada en la que fue eliminado el chorro de sangre que brotaba de la cabeza de Obed, presentaba el cuerpo del joven siendo llevado, como en estado de desmayo, por dos compañeros. Según ellos, todos nos calmaríamos con eso. Pero la sangre estaba en el pavimento. Los manifestantes comenzaron a cantar el himno nacional alrededor del charco rojo. «Serán muchos oh Honduras tus muertos…»

«Fueron los militares», asegura Bertha Oliva del Cofadeh. Para ella, el General Romeo Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor es quien ordenó abrir fuego contra la población.

A la izquierda, la imagen original. A la derecha, la imagen retocada por diario La Prensa.

A la izquierda, la imagen original. A la derecha, la imagen retocada por diario La Prensa.

«Por el caso de Isis Obed no tiene idea cuánto hemos hecho para que se castigue a los responsable —explica Bertha Oliva—, para que se castigue de ese hecho a los que dieron la orden de disparar. Es fácil deducir quién dio la orden. Para que se haga un requerimiento a los autores intelectuales, pero ha sido imposible».

Según la defensora de los Derechos Humanos, el argumento de Ministerio Público en el caso, es que se tienen que requisar todas las armas del batallón que participó en la operación, para hacer el estudio balístico, y que se requieren entre un millón y dos millones de lempiras para eso.

El Comisionado de los Derechos Humano, Ramón Custodio López, dijo que a la prensa que el ejército utilizó «balas de goma» para «dispersar a los manifestantes». Desde entonces y para la historia a Custodio se le conoce como «Bala de gola».

El argumento de Custodio es revertido por los casquillos de bala de fusil M16 que fueron recogidos por los manifestantes, y presentados como evidencia a las autoridades policiales y fiscales. La Fiscalía de Derechos Humanos manifiesta que ese día recolectaron en el lugar de los hechos, «cientos de casquillos de bala de uso militar».

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Manda conmemorativa a Isis Obed usada durante los eventos de la Resistencia contra el golpe de Estado en 2009.

«Batallones militares se acantonaron en el aeropuerto —continúa Bertha Oliva—, y fue de ahí de donde vinieron las balas que mataron a Isis Obed. El Ministerio Público no continúa con el caso, porque quieren castigar al autor material y no a los autores intelectuales,  que de sobra es conocido quiénes son los que daban las órdenes».

Pero el sufrimiento apenas comenzaba para la familia Murillo Mencías. Con el dolor de perder a su hijo, aquel mar de gente les dejó solos en la morgue. Su pobreza era tal, que no tenían para comprar el ataúd y velarlo. Según lo manifestado al interior de la Fiscalía de Derechos Humanos, la noche que Isis Obed yacía en la morgue, contactaron a Rafael Alegría, presidente de Vía Campesina —ahora diputado del partido Libre—, para pedirle colaboración económica en el costo del ataúd del joven mártir. Pero Alegría se negó a cooperar, argumentando que el toque de queda le impedía movilizarse. Fue gracias a la ayuda del alcalde Ricardo Álvarez —ironías de esta tierra— que se pudo comprar el féretro para Isis Obed y entregarlo a su familia.

«Lo velamos allá en la Villeda Morales, luego nos venimos y lo velamos otra noche aquí en Olancho —cuenta Silvia  Mencias—. El día que lo enterramos nos cae una llamada para mi esposo. Los fiscales querían que diera unas declaraciones y bueno, les dicen que si mi esposo va para Tegucigalpa. «Tené cuidado —le dije— deciles que no». «Voy a decirles que sí, —me dice él— que los veré en Cofadeh».

David Murillo fue a Cofadeh a declarar ante la fiscalía por el asesinato de su hijo. Como él se imaginó en algún momento, al solo salir lo tomaron y se lo llevaron preso, desempolvando viejas denuncias interpuestas durante la lucha por la defensa de los bosques que lideró junto al padre Andrés Tamayo.

Tumba de Isis Obed Murillo en Guayape, Olancho.

Tumba de Isis Obed Murillo en Guayape, Olancho. La placa fue donada por el doctor Nelson Ávila que lidera el movimiento interno de Libre, 5 de julio.

«Después de que estuve los 26 días preso comenzaron con el acoso. Ellos bajaban el helicóptero Halcón 1 de la policía preventiva frente a mi casa. Lo bajaban y lo ponían de lado para verme. Mi esposa me decía «amor metete adentro que es a vos que te andan buscando» —cuenta David Murillo.

«Alquilábamos la casa de Elder Madrid, un coronel. El les dejaba que en la noche entraran carros y rodearan la casa y luego volvían a salir. Aquello era todas las noches, toda la noche. Por eso mi esposo no se quedó allí si no que se vino para acá, a Olancho».

«A mis hijos también los acosaron» —continúa relatando David Murillo. Él nos nos contó como Cristian, el hermano mayor de Isis Obed, tuvo que irse mojado a los Estados Unidos luego de no poder encontrar trabajo en el país. «Este sistema les cerró las puertas, hasta en los trabajos en Tegucigalpa. En cualquier trabajo que iban, la empresa solo miraban el apellido Murillo y ya lo marginaban. Toda mi familia hemos sufrido persecución».

Decididos a ponerse a salvo de la persecución de la que estaban siendo objeto y mientras iniciaba el Gobierno de la Unidad Nacional de Porfirio Lobo Sosa, en 2010 David Murillo y su esposa decidieron responder a la invitación que les extendió Cofadeh y se fueron un tiempo a la Argentina de Cristina Fernandez. De donde volvieron luego para sumarse a la campaña de Xiomara Castro en Olancho.

David Murillo decidió integrar la planilla de Rosel Tomé, como precandidato a diputado, pero no salió electo.

«Tuve la osadía de correr para precandidato a diputado del departamento de Olancho por el movimiento  de Rasel Tomé» —dice Murillo, recordando cómo, lejos de recibir apoyo por parte del partido Libre, fue objeto de desprecio.

Isis Obed Murillo Mencías, nació 1990, murió el 5 de julio de 2009.

Isis Obed Murillo Mencías, nació 1990, murió el 5 de julio de 2009.

«¿Sabe qué me dijo una muchacha que es la que está ahí en la sede del partido? Tiene un nombre bien feo: Marciana, no sé cómo le dicen a esa mujer, mire, ¿sabe que me dijo en mi propia cara? Y yo desde esa vez no volví ahí a la sede del partido. Es una regidora de Mel, bien cerquita de él, ¿sabe qué me dijo? «Usted no puede andarse poniendo atrás cuando le toman fotografías al comandante», me dijo. «¿Por qué?», le pregunté. «Por que usted lo que anda es buscando figurar». Esa fue la primera vez que se me oye una mala palabra a mí, la primera vez que sale una mala palabra de mi boca y no es digno repetir. Desde ese tiempo David Murillo no ha vuelto a la sede del partido».

Al entrar a la sede de Libre, pueden verse los cuadros de los mártires del golpe de Estado, sobre los cuales fue construido el partido. Entre ellos y en un lugar importante está el retrato del joven Isis Obed Murillo.

«No es fácil para nosotros —dice Silvia  Mencias, madre de Isis Obed—, no es fácil para mí como madre ni para mis hijos como hermanos ni para mi esposo como padre, saber que solo se levantan banderas y que la familia estamos en la misma dificultad de siempre. No es fácil saber estas cosas y vivirlas. Los que ya están ahí en los puestos, pues que recuerden que Isis se convirtió en un mártir para que hoy Libre esté como está, porque de ahí nació Libre, de ahí empezamos a mirar las cosas y a los que se dedicaron o se prestaron para que haya sido derramada la sangre, no solo de Isis, porque yo puedo recordar muchos mártires en las calles, yo puedo recordar esa sangre de esos hermanos hondureños. No es fácil, yo sé que para las madres, para la familia, para los hijos, porque hay personas que dejaron hijos y para esos hijos no es fácil recordar donde sufrió, donde corrió la sangre de su padre, de su madre o de su hermano, o de su hijo. No, no es fácil, porque el dolor no se termina. Yo como madre no puedo decir, «hoy no recuerdo a mi hijo». A veces estoy en mi cocina y lo recuerdo, porque cualquier cosa a uno le recuerda a los hijos. En todo momento uno está recordándolos, por una palabra «¡ah esto decía mi hijo!», o «esto le gustaba a mi hijo», todas esas cosas, una las recuerda. Allí es donde corren las lágrimas de la familia. Que esas personas que hoy están disfrutando, que recuerden que nosotros estamos sufriendo y que sufrimos un dolor y que no solo como madre de Isis Obed, sino un montón que saben dónde quedó la sangre de Isiss Obed, o saben dónde quedo la sangre de muchos mártires, y los que se han encargado que esa sangre corra, recuerden que hay un Dios y que un día esa sangre va a pedir justicia por ellos, porque justicia no se ha hecho. Yo siempre sigo clamando justicia».

Padres y abuelo de Isis Obed Murillo.

Padres y abuelo de Isis Obed Murillo.

«Lo que nos duele a nosotros como padre de Isis Obed —afirma David Murillo—, es que los políticos quiere arreglar sus casos políticos y se han olvidado para siempre de los mártires de este país. A ellos les interesa su cargo político, su rodaje político y los mártires se han muerto. Por ejemplo mi hijo, dos horas antes de que lo me lo mataran, un cuñado de él le dijo «cuñado vamos a comer» y mi hijo le dijo que no. «Yo no me voy de aquí hasta que mire caer a mi presidente en ese avión, no me voy de aquí», le dijo. Mi hijo tenía una pasión por los principio. Era bueno, porque yo lo crié, lo instruí, porque no estoy de acuerdo en la explotación del hombre por el hombre. Creíamos ciegamente en Manuel Zelaya Rosales y por él dijo «no me voy, hasta que mire caer a mi presidente» y así fue cuando me lo mataron».

Acerca Oscar Estrada

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.

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