/EL INTELECTUAL EN LA POLÍTICA HONDUREÑA

EL INTELECTUAL EN LA POLÍTICA HONDUREÑA

Por Óscar Esquivel

El intelectual está guiado por intereses que responden a las mayorías de una población históricamente explotada. Está por encima de intereses político-partidarios, sin excluir su participación activa en algún partido. El intelectual persigue el norte de la ideología comunitaria afín a la dignidad humana, al que todos tienen derecho. Aplaude cuando un individuo busca sumar a la causa de los pobres carentes de pan, educación y salud. Tiene plena consciencia que no es el color de una bandera la que separa a los unos de los otros, sino un sistema económico y político que los divide en ricos y pobres, siendo los últimos la mayor parte de la población. Ataca sin piedad aquellas  falsas personas que, arropadas bajo luchas originarias, se enriquecen, extorsionan y comulgan con los explotadores de antaño.

Un intelectual no persigue quimeras materializadas en elogios o puestos públicos, sino en valores que buscan enaltecer la condición humana, viviendo a tono con la naturaleza. Un verdadero intelectual está consciente de que es uno más en la construcción de un mundo donde quepan todos y todas. Es un obrero más que busca dignificar la especie humana. Está en la obligación de censurar al líder partidario que traiciona con su accionar principios de la organización que busca el bienestar de la colectividad. No tolera el servilismo, es ajeno a la mediocridad; no es uno más de los simples militantes que es engañado por la retórica tradicional. Es un militante de la causa humana, que está por encima de banderas ultrajadas en los últimos tiempos.

Su pintura, sus escritos, sus conocimientos son creados y divulgados pensando en una especie más igualitaria, respetando sus diferencias. Identifica aquellas falsas doctrinas que en nombre de la igualdad crean aún más división en la especie, siendo verdaderos instrumentos de distracción de la clase dominante para continuar sometiendo las mayorías.  El intelectual hondureño está obligado a participar en las actividades políticas no necesariamente partidarias que aceleren los cambios que conduzcan hacia una sociedad más equitativa.

El intelectual no es raza aparte, debe de bajar de su torre de marfil, llenarse de estiércol junto a las mayorías. Defiende principios soberanos no porque crea que deban de existir fronteras sino porque cree que estamos frente a intereses imperiales que saquean recursos que pertenecen a las mayorías para repartírselos a unos pocos, dejando miserias a su paso. El intelectual sabe que  la patria es la humanidad, pero también es realista y sabe que el actual régimen neoliberal privatiza ganancias y socializa pérdidas.

El intelectual sabe que sus conocimientos y sus capacidades deben ser puestas al servicio de la población históricamente explotada. La solidaridad es su filosofía de vida, un compromiso del día a día por ser un  mejor ser humano. El intelectual sabe que es uno con la naturaleza y que el saqueo desmedido de los recursos naturales es un daño a sí mismo, un abuso al hogar de todos y todas. Un intelectual está consciente de las consecuencias que acarrea colocarse de lado de los pobres y, lo asume.

El intelectual hondureño debe de estar por encima de esta falsa bandera política hondureña y construir una nueva forma del quehacer de la ciencia política. La actual forma de hacer política es utilizada para saquear recursos comunes, empobreciendo a toda una población y colocándola en el último escalón de la pirámide de derechos humanos. El intelectual hondureño no debe patrocinar líderes que utilizan banderas político partidarias para comprar y tranzar con la impunidad. El intelectual hondureño debe ser un soñador, un idealista con los pies bien puestos en el fango en el que hoy se encuentra Honduras, para desde ahí construir la República de todos y no de unos pocos.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.