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Guerra Santa de Narcotraficantes en Brasil

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Líderes de pandillas en Brasil aseguran que están en un Guerra Santa, la intolerancia religiosa se convierte en una batalla en los territorios controlados por las organizaciones criminales.

Brasil, un país mayoritariamente católica debido a la herencia cultural portuguesa, es además un centro de sincretismo cultural muy importante, en donde convergen las culturas indígenas, europeas y africanas. Ese sincretismo histórico se ve amenazado por el reciente crecimiento del protestantismo evangélico, que ha llegado a los círculos del narco tráfico que controlan las pandillas. La normalización del narcotráfico en las sociedades lleva a la reconstrucción de los nichos socialmente aceptados hasta penetrar en la ideología.

La expresión “narcotraficante evangélico,” según un artículo de insightcrime.org, es ahora más común en Río de Janeiro.

Lo que se llama el protestantismo está tan difundido que hasta algunos líderes criminales son ahora protestante, y difunden esa doctrina, un poco contradictorio dada la naturaleza de su ocupación.

En un país con una población de la cual el 57% católica, solamente le 28% es protestante, es de resaltar cómo esta facción del cristianismo esta captando adeptos y adaptando sus practicas a sus negocios. Las Iglesias Pentecostal y Neopentecostal son las de más aceptación tienen entre los brasileños.

Estas nuevas adaptaciones de la vida delincuencia a la religiosidad en Brasil y en especial al protestantismo también han desatado una denominada Guerra Santa en contra de los fieles de otras creencias como las autóctonas, aumentando la intolerancia y la violencia propia de los carteles.

“Para los predicadores que defienden una cosmovisión espiritual binaria, los cristianos “buenos” deben librar una guerra santa contra los practicantes “malos” del Candomblé y la Umbanda”.

La vida fuera de los templos ha llegado a la política; 85 de los 513 escaños en la cámara de representantes los tienen legisladores de corte evangélico fundamentalistas. Analistas opinan que la derecha religiosa está influyendo en el debate nacional y en temas polémicos como: comunidad LGTBI, igualdad de género, educación reproductiva de las mujeres y en temas del ámbito social.

“Si bien las estadísticas que confirman esta nueva tendencia son aún deficientes, el aumento de los crímenes de odio religioso parece coincidir con la propagación del protestantismo evangélico en Brasil,” afirma la publicación del portal The Conversation.

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Esta interpretación teológica tiene sus consecuencias en la emoción de los nuevos adeptos y mayor en los capos que controlan algunas favelas de la ciudad, lo que consideran estar obedeciendo el llamado a la guerra, una guerra santa:

“Para estos criminales evangélicos, el Candomblé y la Umbanda son obra de Satanás y deben ser erradicados terreiro tras terreiro,” afirma la publicación de InSight Crime.

Fernandinho Guarabu, es un capo de 38 años de edad de la pandilla Terceiro Comando Puro, de Río de Janeiro. Se ha vuelto famoso por “limpiar” violentamente a su comunidad -la favela Morro do Dendê- de los practicantes de las religiones afrobrasileñas.

¿Aprovechamiento de una situación, o simplemente fanatismo? De la forma en que lo estén interpretando la situación para los practicantes de las creencias afrodescendientes no es buena, puesto que el solo vestir atuendos propios de Candomblé y la Umbanda es o puede ser motivo para una expulsión de sus hogares, un desplazamiento forzado a consecuencia de una guerra santa, o enfrentan la prohibición de practicar sus rituales y el acoso.

Según informes de la recién creada Comisión de Lucha contra la Intolerancia Religiosa, los narcotraficantes son responsables de un número considerable de estos casos.

Lo que se ha denominado como cristianismo carismático no solo aumenta en número de seguidores y en un aparente descontrol urbano, como consecuencia directa de una lucha contra el narcotráfico las prisiones de Brasil están hacinadas y es un lugar de cultivo para nuevo creyentes.

Las iglesias que pregonan el cristianismo carismático son ahora las encargadas de los programas sociales, de las 100 organizaciones que los ejecutan en  prisiones 81 son iglesias evangélicas.

Esto ha causado un fenómeno de exclusión social carcelario:

“Los reclusos conversos suelen ser alojados en secciones separadas que sobresalen por su orden y limpieza. Algunos incluso han establecido sus propios cultos dentro de las cárceles”.

También les sirve para aumentar en la escala social, de lumpens a evangelistas protegidos no solo por sus lugartenientes sino por sus fieles. Un adoctrinamiento con base en una religión y el acercamiento de los pastores a los capos locales les puede da un poder al salir de prisión.

Baixada Fluminense es una especie de ciudad santa para el tráfico de drogas, es un conjunto de municipios en la parte norte de Rio en la zona actualmente existen 253 terreiros Candomblé y Umbanda.

La creación de una fuerza de tareas dedicada a la a la lucha contra los crímenes raciales y la intolerancia tiene como objeto trazar un mapa de la violencia religiosa incluidos los casos que involucran a narcoevangélicos.

Fuente:

 www.insightcrime.org

Originalmente publicado:

 theconversation.com

Acerca Redacción

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