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FUNGIBILIDAD DE FONDOS Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL

Por Julio Raudales

Pensando un poco en la reacción de algunos de nuestros funcionarios, a las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, acerca de que el gobierno de Honduras no les ayuda y, sin embargo, “bien que se roban el dinero de la cooperación que ellos envían”. Se me ocurre ilustrar el pasaje con un par de anécdotas, a ver si así le captan al asunto:

Cierta vez, una colega economista, ministra de Finanzas de un país “no muy lejano”, recibió la visita urgente del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, quien le solicitó fondos para la compra de un par de aviones F-15, en vista de que existía amenaza de guerra con el país vecino. Mi colega le dijo que no habían fondos, pues todos habían sido ya asignados en el presupuesto. Indignado, el general quiso intimidarla colocando su pistola sobre el escritorio de mi sorprendida amiga:

“¡Necesito los aviones para disuadir al enemigo!” espetó.

Nuevamente le respondió la valiente mujer que no había dinero para ello, y que tenía claras instrucciones del presidente de equilibrar el presupuesto, atacar la inflación y evitar un alza en la tasa de interés, que es lo que provocan los gastos excesivos. Muy enojado se retiró el general, no sin antes amenazar con colgarla a ella y a sus colegas “economistas” si había guerra.

Al día siguiente, que era sábado, estando en el Club de la Fuerza Aérea, el general recibe la visita de mi amiga, la ministra, quien le dice: “Los fondos para los aviones están disponibles para su uso la próxima semana”. Muy feliz, el militar le tiende la mano, diciéndole de un modo muy jovial: “Espero que no haya tomado en serio la broma de que la colgaría en caso de una guerra, pues no querría que eso le lleve a hacer algo incorrecto”.

Muy segura de sí misma, aunque sintiéndose algo insultada, mi colega respondió: “No se preocupe mi general, esta mañana recibí un e-mail de nuestro representante en el Banco Mundial, donde me informa que se acaba de aprobar un crédito para la construcción de un hospital y 30 consultorios en el país, gasto que ya teníamos contemplado hacer con el presupuesto vigente; por tanto, se liberaron los fondos para los aviones”.

Otro cuento se refiere a la experiencia de un pequeño industrial de acá muy cerca: Una mañana, tomando el desayuno con su señora en casa, ella le manifiesta su deseo de ir de vacaciones a París, pues hace ya muchos años él se lo había prometido. El marido le responde: “Mijita, no podemos hacerlo aún. Esta crisis me tiene con la soga al cuello y a ello debemos sumar el incremento al precio de los combustibles y el aumento a los impuestos. Con la poca plata que está ingresando debo de comprar un nuevo torno. Además, los intereses están muy altos y creo que no nos conviene endeudarnos por algo tan frívolo como ir a Europa”. La señora muy molesta con su esposo le grita “pichicato” y se encierra en el baño.

A las pocas horas regresa el hombre de su oficina, más temprano de lo habitual, y cariñosamente dice a su esposa: “Mi amor, aquí tienes las reservaciones ya confirmadas para nuestras vacaciones en París, y en primera clase”. Ella muy amorosa le dice: “Espero que no hayas pensado que me había enojado tanto. Tu sabes cuánto te quiero y que pase lo que pase seré tu eficiente, leal y amante esposa, aunque no me hubieras dado el gusto de irnos a Europa”.

Algo resentido por el hecho de que su mujer hubiera pensado que él solo reaccionó a su amenaza, le contesta: “Claro que no, lo que pasó fue que al comprar el diario, vi que el gobierno anunció que en el marco del Plan “Anticrisis”, ha creado una línea de crédito muy subsidiada para la compra de bienes de capital para pequeños empresarios; con ella podré comprar una máquina nueva, liberaré los fondos para ir de vacaciones e incluso mi amor, cambiaré de auto”.

“Adivina adivinador”: ¿Qué proyecto fue financiado por el Banco Mundial: El de salud o los aviones? ¿Qué financió el crédito del “Plan Anticrisis” del gobierno: la nueva máquina o los caprichos de la señora?

El que los fondos son fungibles es una “verdad del tamaño del Titanic”,  pues no hay duda que usted destinará cualquier aumento en sus ingresos a los gastos que son menos prioritarios, y que cualquier disminución lo llevará igualmente a dejar de emprender cosas que usted considera menos importantes. El que tenga oídos, oiga.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.