EN CARAVANA HUYEN MILES DE HONDUREÑOS DEL DESEMPLEO Y VIOLENCIA

Por Joan Suazo. A eso de las cinco de la tarde del pasado viernes 12 de octubre se viralizó la noticia que unos 300 hondureños se encontraban en la Gran Terminal de Buses de San Pedro Sula para salir al día siguiente en una caravana rumbo a Estados Unidos e implorar una visa humanitaria. A las 12:30 de la noche ya del sábado, un mar de gente esperaba en el costado del edificio que sirve...
Invitadooctubre 15, 2018

Por Joan Suazo.

A eso de las cinco de la tarde del pasado viernes 12 de octubre se viralizó la noticia que unos 300 hondureños se encontraban en la Gran Terminal de Buses de San Pedro Sula para salir al día siguiente en una caravana rumbo a Estados Unidos e implorar una visa humanitaria.

A las 12:30 de la noche ya del sábado, un mar de gente esperaba en el costado del edificio que sirve como terminal de buses a todas las personas que llegan o se van de San Pedro Sula, un número cercano al millar de hombres, mujeres y niños, en un 90 por ciento autoconvocada al escuchar sobre la caravana en las noticias y redes sociales, se preparaban para arrancar en una odisea de casi 2500 kilómetros que los separan de la frontera sur de los Estados Unidos.

Una mujer con un chaleco verde, miembro de una fundación se acercaba a los grupos para darles consejos y concientizarles sobre los riesgos del viaje, les decía “tienen que estarse todos juntos con sus familias, especialmente los niños, no los pueden perder de vista, nosotros entendemos que se van, todos los hondureños estamos padeciendo, nos robaron el seguro, nos robaron el hospital, si usted lleva a su hijo grave es probable que se le muere, duele que se vayan, juntos pueden hacer que los escuchen (en Estados Unidos), tienen que seguir como grupo, únanse, váyanse todos, no es lo mismo que presione uno a que presionen todos”.

Un hombre con un acento mexicano refutó lo que la mujer decía expresando “la mandó el Gobierno para meternos miedo, llegamos porque llegamos, no le paren bola”, luego comentó que vivió 12 años en Estados Unidos y fue deportado hace cinco y se va a regresar porque “no aguanto la extorsión, yo tengo mi negocio en Choloma pero solo trabajo para la pandilla, cuando me atraso me dicen que me van a matar y después se van a quedar con mi casa, me tengo que ir”.

Las historias son trágicas, cada vez que alguien cuenta su realidad se entiende por que huye, las causas principales son el desempleo y la violencia, el gobierno defiende a capa y espada sus logros, entre ellos una reducción del 0.9 por ciento en el desempleo quedando en sólo un 7.4 por ciento a nivel nacional, mientras también celebra una reducción en la tasa de homicidios de un 12 por ciento comparada con el año pasado y de más del 50 por ciento al momento en que Honduras encabezó la lista de países más violentos del mundo.

Una mujer con el pelo pintado en rubio viaja con su esposo y sus tres hijos de ocho y doce años y una bebé de 14 meses que sostiene en sus brazos explicando que se va ya que su vida corre peligro, detalla que vive en Aldea El Coco en Choloma, Cortés y que “los mareros me han matado dos hermanos y a uno lo fueron a sacar de la casa en enero y está desaparecido, el único hermano que me queda se fue huyendo porque si no lo mataban, él está detenido en Estados Unidos desde hace un mes, pero no sabemos dónde, yo no me voy caminando, tengo un dinero para pagar bus, no podría llegar a pie por el bebé”.

En una esquina, sentados solos y lejos del grupo se encontraba una joven pareja, el hombre de unos 20 años, delgado pero con una contextura que denota que ha trabajado en labores que le exigen usar su fuerza y han moldeado su torso tenía una clara expresión de preocupación en su rostro, sostiene en su pecho a su hijo de apenas 90 días de nacido y una mochila en la espalda, su pareja es una joven de 18 años blanca y con facciones delicadas que estaba dando sus datos en una improvisada lista de los organizadores.

El joven expresó que se van de Honduras por la falta de oportunidades laborales, explica que estuvo trabajando en Tegucigalpa como albañil, luego fue a La Paz a trabajar cortando café, pero con el final de la temporada de cosecha se mudó a Villanueva, Cortés para buscar trabajo en las maquilas.

“De 2000 personas que intentan entrar tal vez entran unas 200 a trabajar a la maquila, no encuentro trabajo, me quedo en Villanueva donde unos tíos, ahí controla la “Mara MS” ellos le ofrecen a uno ser parte, le dan cosas buenas, tenis de marca, dinero, le ponen carros a disposición, pero eso es una muerte segura, es un compromiso de por vida y mejor irse, yo siempre he trabajado ya sea cortando café, de ayudante de albañil, en maquilas, vimos en las noticias a las cinco de la tarde que salía esta caravana y nos venimos con lo que teníamos, solo unos pañales y la ropita”.

Lo que tienen en común todos los presentes es que son los olvidados, los que quedaron fuera del sistema, sin oportunidades y sin nada que perder, la escena recuerda al éxodo de los judíos narrado en el antiguo testamento, el pueblo elegido huyendo del faraón bajo la promesa de Moisés.

No está claro quién es ese Moisés, hay grupos de mujeres levantando listas con los datos de los migrantes, pero ninguna acepta ser parte de una organización y dicen ser espontáneas en su tarea de sistematización.

A las cinco de la mañana de forma puntual salieron a pie, a esa hora la cantidad de viajantes se había multiplicado o triplicado y ocupaban unos cuatro kilómetros del bulevard del norte en San Pedro Sula, con la difusión de la noticia miles aprovecharon para unirse en la intentona, otros reclamaban que no se había avisado con antelación del viaje y que parientes y amigos de todo el país se iban a sumar en las siguientes horas y días.

Luego de unas cinco horas de caminata avanzaron los cuarenta kilómetros que separan San Pedro Sula hasta Cofradía Cortés, donde hicieron la primera parada.

Quien más se podría parecer al profeta Moisés es el exdiputado de Libertad y Refundación Bartolo Fuentes, un luchador social quien de alguna forma ha trabajado como vocero del grupo, lo encontramos en una cancha de fútbol rodeada de acacias que daban sombra mientras este les hablaba de como se realizaría la movilización, luego explicó un poco sobre esta caravana.

“El plan es llegar a Tapachula en México y ahí pedir protección a las autoridades americanas, este no es el primer caso de una salida masiva, en mayo salió un grupo de 800 personas de la misma forma, pero no se dieron cuenta los medios, a diferencia de esta vez”, expresó Fuentes.

El exdiputado se refiere a la movilización que organiza Pueblo Sin Fronteras, una caravana humanitaria que comenzó en el año 2010, la de este año llamó más la atención e incluso el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se refirió a ella a través de sus redes sociales, lo más destacable es que la mayoría de los participantes este año eran de Honduras, los migrantes expresaban que “huyen de la violencia extendida de las pandillas, la violencia doméstica, la pobreza, la represión política después de una elección presidencial muy disputada y la discriminación contra la comunidad transgénero”.

Fuentes continúa detallando que “originalmente se iban unas 160 personas que venían en grupos desde Colón, La Ceiba, San Pedro y Tegucigalpa, de esos ya sabíamos y les íbamos a dar acompañamiento como defensores de Derechos Humanos, cuando la noticia sale en los medios, la gente se empieza a venir, pero no hay que alarmarse, este es el acumulado de una semana de migrantes, pero salen solos, ahora impacta porque lo hacen en grupo e informan los medios”.

Sor Lidia Mara Silva de Souza miembro de la Pastoral de Movilidad Humana en Honduras detalla que cada día se van unos 300 hondureños del país buscando llegar a Estados Unidos, esta alarmante cifra equivale a 13 personas por hora, por lo que la cifra que expone Fuentes no es alejada de la realidad.

Fuentes considera que la caravana debe de tener éxito y justifica la salida de los viajeros porque “estas personas son víctimas de la violencia, incluso el que va a pedir empleo y no lo contratan porque vive en La Satélite, La Planeta, son marginados, Estados Unidos está obligado a recibirlos y darles asilo”.

Durante la Segunda Conferencia sobre la Prosperidad y la Seguridad en Centroamérica el pasado 11 de octubre, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence llamó la atención a los gobiernos de los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) por desatender las necesidades de empleo y seguridad de la población, con los que alientan la migración hacia Norteamérica y detalló que en lo que va del 2018 la migración de guatemaltecos aumentó en un 75 por ciento y de hondureños aumentó en un 61 por ciento.


La masiva caravana se interpreta como una bofetada para Pence, quien dio a los presidentes de Honduras y Guatemala la misión de transmitir a sus compatriotas el siguiente mensaje “si no tienen condiciones de entrar legalmente a Estados Unidos no vengan… si les dicen que pueden llevar a sus hijos a Estados Unidos, no les crean”.

La respuesta de Guatemala y México ha sido a través de comunicados, expresando que no permitirán el ingreso a sus territorios a personas que se dirijan a Estados Unidos en caso que no cumplan con los requisitos migratorios que ellos exigen.

Por su parte, el Gobierno de Honduras denuncia que es una situación política, sustentando con estadísticas la mejora de las condiciones de vida ha acusado a la oposición de ejecutar un plan para desestabilizar su labor y llevar a este grupo de personas con mentiras y falsas promesas, de las consultas realizadas, ninguna persona expresó que le cobraban o le prometían ingresar a Estados Unidos, aunque si se debe resaltar que muchos no son conscientes del difícil trayecto y las ínfimas posibilidades de ser recibidos por el gobierno de Trump.

Una parte de los migrantes logró pagar el transporte hasta la frontera, pero la gran mayoría irá caminando y muchos otros pedirá jalón, así dejaron Cofradía, subiendo frenéticamente a los vehículos de paila, camiones y un par de buses que se apiadaron del mar de gente que abandona su patria, no en busca del “sueño americano”, sino en busca de salvar su vida.

Detrás de los viajeros solo quedó un mar de basura compuesto por bolsas plásticas que contenían agua en la cancha de tierra de Cofradía Cortés.

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