/“ELLAS SON LAS CULPABLES DE QUE LAS VIOLEN Y LAS MATEN”

“ELLAS SON LAS CULPABLES DE QUE LAS VIOLEN Y LAS MATEN”

Por Óscar Esquivel

Es muy normal que en sociedades decadentes la victima sea “culpable”. En Honduras se investiga al que asesinaron y no al victimario, se investiga al que denuncia y no al corrupto. Y en el caso de la mujer;  víctima de acoso, violación e incluso asesinato, no es la excepción.

Los antivalores imperan hoy en día en nuestra sociedad y no hablo de esa sociedad donde la diferencia la hace el dinero, sino de la comunidad en su conjunto. Los valores ya no son inculcados en los hogares, centros de educación, en las iglesias y mucho menos desde el gobierno. Su lugar ha sido ocupado por la deshonestidad, la competencia desleal, la acumulación de riqueza material. Ya no hay respeto, no hay solidaridad. Y, las mujeres en sociedades decadentes son las principales víctimas.

Es muy recurrente escuchar ante la violación o asesinato de una mujer: “Ella tiene la culpa”. Agregando, fue “por su forma de vestir”, “por quita marido” o, “a saber en que andaba”. Y tantas frases que se escuchan por ahí, pretendiendo defender lo indefendible.  Desde temprana edad se le inocula al niño a someter y, a la niña a obedecer o resistir. Se le enseña al varón  que él es el fuerte y  que la hembra es la débil.  Desde la niñez se les incrusta que alguien debe servir y el otro ser servido. 

Desde la infancia se les daña el cerebro diciéndoles que deben de estar en pelea permanente. A la niña le enseñan que su única fortaleza es su cuerpo y no los valores o los conocimientos que pueda adquirir. Y al varón le dicen que su fortaleza está en su fuerza física y que ésta deber ser utilizada para someter y no para tender la mano solidaria a quien la necesite.

La violencia contra la mujer se manifiesta desde diferentes formas: Va por la calle y tiene que ir a la defensiva porque seguro encontrará con alguien que la quiera tocar, sin mencionar las frases obscenas o miradas de enfermos mentales; quiere buscar un empleo y ya se sabe lo que tendría  que hacer para poder entrar; quiere ascender en un puesto de trabajo ya se sabe lo que debería de hacer; quiere meterse a política deberá de saber que tiene que “pasar” por el “líder” primero; no  puede ser la mejor en una clase porque “fijo” se acostó con el catedrático.

No hemos aprendido que sí la mujer desea andar con la ropa que quiera en la calle es su decisión y no por ello deber ser violentada de ninguna forma. Que sí logró algún ascenso se debió a sus capacidades. 

La indefensión en la que se encuentran las mujeres, niños y adultos mayores en esta sociedad violenta es trágica.

Antivalores promovidos e incentivados desde algunos hogares, desde las iglesias, desde el mismo Estado al no educar al hombre y mujer en valores fomentando sus capacidades. Entendiendo que las diferencias que existen entre el hombre y mujer son estrictamente físicas y que las mismas son para fortalecerse, ayudarse y no para competir entre ambos, por quien somete a quien, sino para vivir en armonía.

Ya no se puede seguir permitiendo e incluso incentivando o justificando la violencia de ningún tipo. Tantos hombres como mujeres deberán de saber que hay enemigos internos y externos que aplauden que vivan en confrontación permanente, porque de esa forma, nos saquean y nos roban nuestros derechos más elementales, que nos alejan de nuestro objetivo principal de vida que es ser FELICES.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.