Honduras

Elecciones primarias: crónica de un colorido fraude

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Las denuncias de fraude en el pasado proceso electoral interno de Honduras han estado a la orden del día en todos los partidos en contienda. No obstante, fuera de las múltiples acusaciones hechas por parte de los militantes y contendores de la oposición, sobre la gran cantidad de dineros invertidos por el oficialista Partido Nacional para aumentar ilegalmente el número de votos a favor de sus precandidatos, en los días posteriores a los comicios una nueva y casi inesperada situación se ha presentado: las airadas denuncias de algunos de los precandidatos del opositor Partido Libertad y Refundación (LIBRE) con respecto al fraude interno electoral del que están siendo víctima por parte de sus propios correligionarios.

Tal como lo habían vaticinado la mayoría de medios independientes y algunos tradicionales, las posibilidades de actos fraudulentos e ilegales por parte de la clase política nacional —particularmente la más conservadora ligada al oficialismo— era muy grande, no sólo por los extensos antecedentes de acciones fraudulentas registradas en los comicios electorales de Honduras a lo largo de nuestra historia, sino —esto según  críticos de la oposición— por el gran desgastamiento y descrédito en el que ha incurrido el Partido Nacional por sus diversos actos de corrupción, sus supuestos vínculos con el crimen organizado y el narcotráfico, y por todas las medidas y políticas públicas emprendidas desde el Ejecutivo con las que gran parte de la población se ha manifestado inconforme.

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Foto de Delmer Membreño

La vetusta exclamación «elecciones estilo Honduras», acuñada desde el siglo pasado para referirse a los inusuales y siempre corrompidos procesos electorales del país, lejos de quedar en el pasado, parece retomar una nueva validez y nueva fuerza. Pero los actos de corrupción y denuncias de fraude en la política nacional son asunto de siempre, lo que no significa que los mismos deban permanecer en los imaginarios nacionales y en las prácticas proselitistas, y al contrario de ello son y han sido una de las mayores dificultades en el avance y construcción de una cultura democrática que vaya más allá de los partidos políticos, el voto ciudadano y la rotación de los gobiernos.

Sí algo ha quedado claro a lo largo de la historia nacional, es que, muy distante de lo que se cree, el pueblo hondureño —nos referimos al votante promedio— no participa de la política: participa de las elecciones. No más.

Muchos son los eventos en que esta teoría ha quedado demostrada, y quizá algunos de los más relevantes y recordados hayan sido las guerras civiles desatadas en 1919 y 1924 por causa de los conflictos internos de los caudillos políticos que utilizaban —casi como hoy— a sus seguidores y militantes para conseguir un voto que luego se disputaban con ferocidad, poniendo y quitando sufragios a su conveniencia. Quien no lograba su cometido electoral, declaraba la guerra a su contrincante. De ese modo, el votante dejaba de serlo para convertirse en soldado.

¿En qué han cambiado los procesos políticos y electorales desde entonces?, ¿qué cambió y qué permanece en las actividades y actitudes de la clase política hondureña?, las respuestas a estas interrogantes son desalentadoras: poco o nada.

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Foto de Delmer Membreño

Las denuncias y quejas interpuestas públicamente a través de procedimientos jurídicos correspondientes comenzaron el lunes 13 de marzo, aunque muchas de las quejas y los cuestionamientos a la transparencia del proceso comenzó como una ebullición en las distintas redes y sociales. Los Miembros de las Mesas Electorales (MER), los custodios, los militares y muchos de los políticos contendientes comenzaron a ser cuestionados por los medios de comunicación, sus adversarios políticos, e incluso, casi de forma insólita, por sus propios compañeros de partido.

En todos estos día, los casi tres que ha durado el conteo de los votos, El Pulso ha realizado un trabajo veedor, de reporte y de constante crítica a las anomalías, como corresponde a un medio periodístico que entiende su labor más allá de las razones del poder, de pugnas políticas e intereses partidarios de ninguna índole. He aquí otro punto de quiebre: el fraude revelado en los tres días del conteo de los votos no ha sido revelado por ningún medio, sino por las actas escrutadas  anómalas y muchos de los candidatos involucrados.

El fraude fue colorido y diverso. Así lo manifestaron por lo menos algunos precandidatos consultados por El Pulso, como el Diputado al Congreso nacional y aspirante a la reelección en su cargo, Gilberto Ríos, quien declaró que:

«Quien sea que quiera decir que el fraude es una política del partido (LIBRE) está equivocado, se trata de algunos dirigentes que ha querido pasarse de listos y han mandado a ser fraude en actas de algunas urnas, y lastimosamente esos dirigentes de base se han prestado para ello. Así que lo que nosotros queremos es individualizar la responsabilidad de estos delitos…Nos preocupa que en el interior del partido estés estas personas que arrastran esos vicios del tradicionalismo…Las personas que hacen ese tipo de cosas está viendo por su intereses personales, porque este proyecto lo fundamos para luchar por los derechos del pueblo y no para buscar prebendas, puesto que repetimos lo que han hecho los tradicionalistas sólo repetiremos la historia».

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Foto de Delmer Membreño

Por su parte, el también precandidato a Diputado por LIBRE, Eric  Pérez Sorto, quien dijo: «Nosotros teníamos grandes expectativas sobre el proceso electoral, sospechábamos que podían haber algunas urnas infladas por algunas cosas que habíamos visto, pero no podíamos trabajar bajo supuestos. Pero ahora que estamos viendo los resultados sí vemos que hay muchas personas que se han visto perjudicadas porque les han quitado votos, y algunas irregularidades, como algunas urnas donde solo han votado poco más de cuatrocientos personas y parecen más ochocientos; eso es incongruente, y está clara que ha existido fraude».

Además de éstos, se han manifestado otros precandidatos de la misma institución política, como los jóvenes Miguel Briceño, Melixa Martínez Tercero y Pedro Amador Escalante, quien incluso llamó al Presidente de ese partido, José Manuel Zelaya, para que intervenga en el orden del conteo de votos en el que se siente especialmente perjudicado. «Si él no interviene —dijo, refiriéndose a Zelaya— también es parte de este fraude».

Por su parte, Melixa Martínez expresó: «Estas prácticas en libre se dan porque desgraciadamente son costumbres que se vienen arrastrando desde otros partidos. Por otra parte, la no sanción de este tipo de acciones quedan en la impunidad y al no haber precedentes se sanción, se siguen repitiendo proceso tras proceso. En libre, a diferencia del Partido Nacional, esto no constituye una estrategia partidaria. Ese tipo de actos nos perjudica a todos, directa e indirectamente, porque la imagen institucional es perjudicada, así como la credibilidad del partido».

Una de las cosas que más ha sorprendido sobre esto —tomando en cuenta que LIBRE es un partido que “lucha” contra la corrupción—, son las declaraciones de su militante Aurora Pineda, quien ha declarado abiertamente: «Lo voy a decir de una vez: a mí me ofrecieron ser parte de este grupo de defraudadores, pagando Lps. 30,000 por mesa, por sector. Allí me di cuenta de lo que tramaban, así que hace un mes puse mi renuncia».

Fotografía de Delmer Membreño.

Fotografía de Delmer Membreño.

Pero no es LIBRE el partido donde se han cometido las mayores lesiones al proceso electivo, ese señalamiento le corresponde al cuestionadísimo Partido Nacional de Honduras, que entre otras cosas llegó a estos comicios en medio de un mar de acusaciones por las declaraciones vertidas por uno de los integrantes de la banda criminal “Los Cachiros”— otrora amos del narcotráfico en Honduras y ahora presos en los Estados Unidos—, quien ha coludido a miembros y altos funcionarios públicos del PN con el narcotráfico, específicamente con actividades que ellos (Los Cachiros) realizaban en el país.

En el Partido Nacional las acusaciones de fraude las encabeza el actual mandatario del país  y aspirante a la reelección, Juan Orlando Hernández. Las acusaciones comenzaron en día de las elecciones, cuando se reportaron muchos casos —algunos sin pruebas y otros con pruebas contundentes— de activistas y líderes nacionalista que pagaban entre 300y 800 lempiras, además de otras prebendas, a quienes votaran por el partido de gobierno. Otros, como el caso del actual Diputado David Chávez Madison, quien aspira de nuevo a un curul del Congreso, han sido señalados de cometer fraude electoral a través de la “inflación” de actas en distintas urnas del Departamento de Francisco Morazán.

En general, los cuestionamientos a los procedimientos del partido oficialista provienen del resto de los partidos en contienda, analistas y diversos sectores de la sociedad. Aún más, esos cuestionamientos se ha elevado al saberse de primera mano, de la boca del actual Presidente Hernández, que ni él ni sus Ministros de Gabinete renunciarán a sus puesto, tal como lo exige la oposición y algunos de entendidos del derecho constitucional como el notable jurista y ex-Canciller de la República Edmundo Orellana.

Según Hernández y la militancia de su partido, «no hay ninguna disposición jurídica en la Constitución de la República que contemple o que lo obligue a renunciar a su cargo», pero que él mismo (Hernández) «se dispone a enviar al legislativo un proyecto de Ley sobre el tema, para que en el futuro ningún Presidente que busque la reelección abuse de la Ley». Todo ello pone en vilo la seguridad jurídica y ciudadana, así como el Estado de Derecho, ya de por sí fragmentado. Sobre las nuevas acusaciones de fraude —ya antes los han acusado en repetidas veces— los representantes del PN se han llamado al silencio.

Foto: Delmer Membreño

Foto: Delmer Membreño

En el Partido Liberal no ha sido distinto. Las acusaciones de fraude y las quejas de muchos de sus precandidatos, principalmente del movimiento que lidera Luis Zelaya, se han hecho sentir. Ese es el caso de del precandidato a Alcalde del Municipio de Langue, Valle, el señor Luis Guerra, quien manifestó a El Pulso porque supuestamente el coordinador del Movimiento de Luis Zelaya en Valle, José Alfredo Saavedra, lo amenazó con quitarle la victoria y la candidatura; o la aspirante a diputada Miriam mejía, quien se queja de que en ese movimiento liberal de Zelaya están desplazando de manera ilegal y sospechosa a varias personas que estaban logrando la candidatura con los votos obtenidos.

Así está el panorama electoral primario de Honduras, donde las malas prácticas y el fraude se presentan en todos los partidos contendientes. Con repecto a ello, los Magistrados del TSE han dicho que impugnarán las actas “infladas”. Pero eso no es justica, justicia sería que descalificaran a todo aquel que es encontrado culpable de cometer ese delito, e investigar a fondo a los candidatos que ese fraude beneficia.

 

Acerca Redacción

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