/EL PRIMER CINEMATÓGRAFO EN TEGUCIGALPA

EL PRIMER CINEMATÓGRAFO EN TEGUCIGALPA

Se aproximaba ya el fin del año de 1899 y la sociedad de Tegucigalpa y Comayagüela se animaba con uno que otro baile en el Salón de Retratos, con una que otra asoleada en Tiloarque, el Hato de en medio y otro lugar próximo, con retretas en el Parque Morazán y con los llevares y traeros de los telégrafos de oficio que no faltaban en aquella época como tampoco escasean hoy, cuando empezaron a anunciarse, como algo de maravilla, próximas funciones de cinematógrafo, fonófono y sterepticón, que tendrá verificativo en la capital hondureña a principios de la segunda quincena de Diciembre del año ya citado.

Todavía vivían en la claridad del recuerdo las funciones que, en junio y julio del mismo año, había ofrecido la compañía cómico-dramática Valero, que había desarrollado sus presentaciones en el Teatro de Dolores, luciendo un variado repertorio de dramas, comedias y zarzuelas, y no se borraban aún de la mente las noches inquietas y expectantes que se habían vivido a consecuencia de los pronósticos del pseudo sabio austríaco Falb, quien había asegurado que el fin del mundo —¡nada menos!— tendría verificativo la noche del 13 de noviembre de 1899, de modo que, según los cálculos científicos del trasnochado, el amanecer del día 14, ya no cantaría ninguna ave, se movería nuncio ser ni correría un adarme de vida en el inmenso organismo de la naturaleza.

Los desvelos y preocupaciones que lo último había producido, por fortuna, se habían ido ya al diablo, y fue así, en un estado de tranquilidad beatífica, como la población de las dos ciudades que separa el río Grande recibió la noticia de las próximas exhibiciones.

Los anuncios de la llegada a Tegucigalpa del último de los inventos, junto con los doctos comentarios de los viajeros que se hospedaban en el Hotel Americano o en el Hotel Gran Central, quienes afirmaban haber ya visto tales prodigios, hacían crecer la curiosidad de las genes sencillas o de la juventud ávida de emociones. Los hombres de letras que iban a despacharse sabrosas cenas a los restaurantes Los trasnochadores y El Progreso contaban lo que las lecturas de la prensa del extranjero les habían enseñado sobre el notable aparato de proyección; los grupos de contertulios de las farmacias La violenta y La unión, opinaban sobre inconvenientes del cinematógrafo para los ojos; los clientes de la sastrería La Última Moda o de la Santrería Francesa también se ocupaban del asunto y hasta en el momento en que el Dr. Juan Gilman hacia la extracción de una muela semi antediluviana, el cliente le preguntaba sobre la maravilla del cinematógrafo. La ciudad, en fin, estaba muy excitada por el suceso próximo y los más nerviosos tomaban el específico de moda: el Antikamnia, mientras lo shombres in fuerzas, aunque sabían que no podrían ver en la pantalla mujeres de carne y hueso, por aquello de las dudas, no olvidaban sus dosis de Específico de Clark.

Las primeras cuatro funciones fueron ofrecidas los días sábado 16, domingo 17, martes 19 t miércoles 20 de diciembre, con el mejor de los éxitos para los empresarios. El 28, 29, 30 y 31 del mismo mes tuvieron verificativo cuatro exhibiciones más, según dijo la empresa sólo para concluir el siglo XIX en esta y a pedimento de numerosas familias.

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Como es de suponerse, debido a las dimensiones de la sala utilizada para las primeras proyecciones de cine, quedaron muchas personas interesadas en que las funciones fueran ofrecidas de nuevo y atendiendo a sus reclamos, el miércoles 27 de diciembre de 1899 —el primer diciembre que pasaba el general Terencio Sierra en la presidenca— la Compañía insertaba este nuevo aviso en Diario de Honduras, dirigido por Juan Ramón Molina, el hombre del mostacho rizado a usanza de Borgoña.

FUNCIONES DE CINEMATÓGRAFO

O sean los días jueves, viernes, sábado y domingo próximo. Sólo para concluir el Siglo XIX en esta y a pedimento de numerosas familias, he dispuesto dar esas antedichas funciones. Las vistas de cada una serán nuevas y variadas y para la primera exhibirán las vistas mas escogidas, como la Sepentina, el Beso Fantástico, La vista del Brujo, la Batalla de San Juan, etc. Esta última vista ha llamado mucho la atención en los EEUU y ella por sí sola vale la entrada. A las siete y media en punto y en el ya conocido salón en casa de las señoritas Dávila.

PRECIOS DE LA ENTRADA: Los anteriores.

Pues no dejen de conocer esta última admirable maravilla que ha vencido todas las invenciones que han descubierto en el siglo que finaliza.

NOTA: hay suficientes sillas para los de 1ra clase y bancos para los de 2da. Venta de localidades: en el día en la Cantina Americana y en la tienda de don Jesús Estrada, y después, a la entrada de la casa de dichas señoritas Dávila.

Las primeras proyecciones cinematográficas realizadas en Tegucigalpa coincidieron, pues, en los festejos celebrados despidieron el Siglo. Hubo discusiones entre los hombres de pensamiento de ese tiempo sobre si el Siglo XX principiaría el primero de enero de 1900 o en la misma fecha de 1901.

Se impuso la primera tesis y fue así como el 31 de diciembre de 1899, a las doce de la noche, en los diferentes lugares de Honduras, se celebró la marcha del idolatrado de las luces y se saludó la entrada del que actualmente vivimos, mejor dicho: sobrevivimos, en medio de los más tremendos peligros y las duras angustias.

Del libro Astillas de Historia de Víctor Cáceres Lara.

En la foto: Imagen actual de Evelyn Hüllinghorst mezclada con imagen antigua del historico Café de Paris, ubicado frente al costado sur del parque central en la ubicación que actualmente corresponde al Edificio Midence Soto. (Aproximadamente 1950s).

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.