Honduras

El poder de las minorías políticas

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Estamos a punto de embarcarnos en un incesante mundo plagado de fraseología y metalenguajes de cuanto grupo en contra o en pro de alguna teoría o ideología no madurada en los centros de la razón exista. El poder de las minorías políticas, y los posibles abusos que se cometen defendiendo una forma de pensar en detrimento de otras que son silenciadas por los gritos de una lucha que -muchas veces no entiende de razones-, se convierte poco a poco en una dictadura social de baja intensidad.

Llevar la contraria a un grupo social políticamente adoctrinado es un conflicto de poderes que termina por desgastar el uso de la razón por una histeria colectica que arrasa con todo lo que tenga tufo a oposición, sin ser en realidad una salida alterna a una crisis. El ejemplo de las minorías políticas y el abuso que también ejercen en contra de sectores -digamos- neutrales, aleja la iniciativa social de una posibilidad real de logro o concatenación contra el sistema tipo Big Brother, que no tiene un rostro pero juega al topo y a la serpiente.

El ideario político está estancado, la evolución de la lucha social aplasta al contrario aunque -irónicamente- ese contrario este dentro del movimiento y haga uso del método de la critica constructiva razonada sin más interés que buscar mejorar. La reconstrucción ideológica sin fundamentar las acciones en una evolución real de procesos sociales que ayuden al cambio es una utópica forma de quedarse en el closet de la renovación, un ejemplo puede ser el grupo de estudiantes del Movimiento Estudiantil Universitario (MEU), con las tomas -a la fuerza- de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Justifican una disputa colectiva en pro de los estudiantes, se expresan como portavoces de todos los estudiantes y con la excusa de mejorar la educación pública de un país al que poco le importa mejorar y menos en contextos como la educación, terminan por coaccionar y cooperar con un sistema que empuja a los pocos que buscan mejorar sus condiciones y aumentar un poco la calidad de vida, a un abismo de protestas sin un sentido orgánico establecido, las justificaciones son defendidas por organismos de Derechos Humanos que protegen las acciones del MEU pero, y los derechos humanos de los estudiantes ¿dónde quedan y por que no defienden esto los defensores de esos derechos? Una pregunta al aire de la indiferencia y la arrogancia ideológica.

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Estatua de José Trinidad Reyes en la UNAH. Foto: diario laprensa.hn

La intolerancia como punto de inflexión en las actuaciones del MEU

Cualquier individuo que se atreva a cuestionar sus métodos es enemigo público, aliado del partido gobernante, o empleado del bautizado Julietismo, la neutralidad suele no ser buena, pero el borreguismo ideológico es peor, porque con disfraces de pastores los lobos conducen al rebaño a abismos sistémicos de donde es muy difícil salir. Un ejemplo con el que muchos van a tragar la bilis o a escupirla -dependiendo de la persona- es el de Mario Vargas Llosa, otrora defensor de las revoluciones y personaje de izquierda, vivió la revolución cubana, pero no observó un proceso de cambio social favorable, solo un cambio de régimen y de ideas. Es cierto que Cuba tiene muchos avances en los contextos de la medicina y la prevención, pero la idea de la democracia sigue sin existir, sustituyeron la dictadura de Batista con la bandera del cambio, pero se convirtió en una seudo monarquía, la de los hermanos Castro, una gerontocracia, como dijo Joaquín Sabina y José Saramago, que llegó a las mismas conclusiones: Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda.” Jornada del ciclo Lecciones y maestros. Santillana del Mar, España. 14 de junio 2007.

Los procesos y los que batallan por causas indefinidas olvidan en el camino del recorrido epistemológico una lógica de revolución evolutiva, tanto en fondo como en forma de procesos políticos incluyentes, la izquierda parece habitar infinitamente, -no toda la izquierda, sus lideres- en el mito de la caverna, hasta que un interés los hace salir de su ostracismo para abandonar los movimientos por un precio, esas explosiones, como decía Zygmunt Bauman, que no van más allá del estallido inicial y la explosión momentánea de un cambio en forma de gobierno.

El poder carece de cuerpo propio, la biopolitica los convierte en adeptos, en soldados de batallas desconocidas que pelean y defienden demandas o exigencias sin el uso de una filosofía de clasificación de ideas para manejarse correctamente y utilizar una fórmula de política que desgaste el sistema; no, al contrario, una batalla frontal contra el aparato estatal que contraataca con la fuerza de todo su poder, hasta que llega el momento del clímax en la confrontación y se usa la victimización como elemento mediático para garantizar la seguridad física de los miembros afines, los demás, lo que no están o no han escogido un bando, pueden tratar de salvarse, por un lado de los golpes de la fuerza armada y por el otro de la indiferencia de quienes enarbolan banderas políticas en representación suya, pero no los protegen. Este patrón se repite desde movimientos sociales fuertes, convertidos en partidos políticos, hasta movimientos espontáneos (la primavera árabe, movimientos de indignados o las antorchas) que se perdieron por un costo relativamente bajo en comparación con lo que prometieron lograr. La incertidumbre y la necesidad de la aplicación de la justicia sin filtros lleva a muchos grupos antisistémicos a ser activistas o voceros del sistema. Dejando a una masa activada pero acéfala y sin rumbo.

Casos de grupos considerados minorías pero con un poder más allá del pragmático cometen abusos y la impunidad que los ampara es la correcta, porque no se puede atacar a un grupo que se está consolidando como social y de ayuda a un sector. En todos los casos se busca la justicia para castigar al político corrupto, al ladrón de cuello blanco, pero si la justicia es aplicada a un miembro de los grupos opositores, no es justicia es persecución política.

Es el caso de este medio, al publicarse dos notas -con pruebas proporcionadas por la fuente- con referencia al Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y Similares (STIBYS), la Coca Cola y la separación de está de la Cervecería Hondureña S.A.; dichas notas causaron tal incomodidad que solicitaron el derecho a réplica para explicar o aclarar el contenido de las notas y evitar una confusión entre los trabajadores, porque podría ser aprovechada por las transnacionales ABinBev y Coca Cola Company, ya que es un mensaje pesimista y derrotista. Finalizaba la carta de Carlos H. Reyes dirigida a El Pulso.

De cierta forma, ser rebelde -aunque sin un claro fundamento- se ha convertido en una moda, un enunciado dentro de los nuevos valores de la revolución postmoderna y neo escatológica, el claro ejemplo de esto es la crisis de la UNAH, ambos bando se atrincheran en la arrogancia de su forma de pensar y defienden sus acciones afectando a una mayoría pisoteada por las minorías que tienen el poder y el abuso del mismo -en nombre de las mayorías invisibilizadas. Hablar de este tema es delicado, y separar la semántica por grupos y minorías, es como jugar fútbol con una pelota rellena de nitroglicerina, porque se ha convertido en un tabú -socialmente penado- señalar las equivocaciones de un sector opositor al oficialismo. El tema de la victimización de los miembros de estos grupos -no todos los miembros, y no todos los grupos- es contradictorio a sus enunciados de participación y cambio social.

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Miembros del MEU en huelga de hambre. Foto: Google.

Estos grupos gozan de poder social, económico, político y de una especie de inmunidad oenegera. Muchas veces el poder se queda en subgrupos paridos al interior de la institución que representan, el ciclo de vida de un movimiento social es tan corto como un yogurt natural, comienza con la llama de indignación, continua con acciones de protesta antisistema (la llama se ha esparcido), sigue la reivindicación y el llamado a la protesta y desobediencia civil, en este caso los jóvenes del MEU han estado en un proceso de lucha con variantes; toma de edificios y huelga de hambre, a medida la conmoción causada por estas acciones fue tomando un papel más mediático y de relevancia las organizaciones sindicales -silenciadas hasta el momento- expresaron su deseo de participar -desde lejos- pero más por un rol protagónico:

“El secretario general de la Central de Trabajadores de Honduras (CTH), Hilario Espinoza, anunció que a partir de esta semana las centrales obreras apoyarán las acciones de los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), para sacar a la rectora Julieta Castellanos”.

La crisis de la UNAH no solo es por la rectora.

Los universitarios han estado solos, sigue el diagrama de flujo: protestas, movilizaciones de las antorchas, nuevos caudillos se proclaman líderes del movimiento, nuevos políticos hablando el mismo lenguaje de siempre; hablando de un pueblo que no conocen. La censura también es un factor a tomar en cuenta, aún estas minorías políticas no logran romper del todo un muro mediático muy bien construido, se podría señalar que no han tenido la capacidad de crear sus medios. La disputa por un poder que no se entiende se considera la justificación adecuada que abala cualquier acción, aquí entra nuevamente la victimización al no tener un canal de desahogo, un medio donde expresar y hablar abiertamente, porque los que existen han personalizado y condicionado su participación y apertura por problemas u intereses ajenos. El caso de Radio Globo vrs Manuel Zelaya Rosales.

«Aquí se vuelven manifiestos los ordenamientos y las ubicaciones de la convivencia humana. Familia, clan, estirpe y estamento, los modos de propiedad y de vecindad, pero también las formas de poder y de dominio se vuelven aquí públicamente visibles».

La salvación de lo bello. Byung-Chul Han.

¿Deberían existir controles a la libertad? Una autocensura en un momento histórico, la libertad como derecho inalienable y fundamental, ¿pero se justifica con la libertad que está exceda los límites y también promueva la violación de libertades a los demás? Las minorías son los grupos que han sufrido (o sufren) discriminación, sometimiento y violencia, y que siguen siendo segregados o recibiendo un trato desigual para acceder a los derechos básicos y desarrollar sus capacidades en la sociedad. Una condición de vulnerabilidad y es el gobierno el que debe garantizar su protección.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre las Minorías, aprobada por consenso en 1992, se refiere en su artículo 1 a las minorías sobre la base de su identidad nacional o étnica, cultural, religiosa y lingüística, y dispone que los Estados protejan su existencia.

Los grupos minoritarios políticos cuentan con varios periodistas activistas que juegan el mismo rol que sus opositores de derecha pero, desde la izquierda; las mismas prácticas, mismas cortinas de humo y bastante activismo de redes sociales: fotos, críticas, más selfies, videos, en fin pero, no solo los periodistas, también los aspirantes a cargos de elección popular ahora nos cuentan hasta en la casa de cuál activista están comiendo y qué. ¿Cambiamos una derecha conocida por una izquierda por conocer? El adoctrinamiento político está contaminando el nombre minorías y etimológicamente se está perdiendo el significado de este término que ahora es de uso común en la política práctica de izquierda.

Fuentes:

https://criterio.hn/2017/07/18/centrales-obreras-apoyaran-estudiantes-la-unah/

http://www.ohchr.org/Documents/Publications/MinorityRights_sp.pdf

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