/EL FIN DEL MUNDO EN TEGUCIGALPA

EL FIN DEL MUNDO EN TEGUCIGALPA

Fragmento del libro Astillas de la Historia de Víctor Cáceres Lara.

En nuestro comentario relativo al primer cinematógrafo que operó en Tegucigalpa en el mes de diciembre de 1899, dijimos que en el mes anterior de ese año se experimentaron temores sobre le cumplimiento de los vaticinios hechos por un científico austríaco, quien había asegurado la terminación del mundo para el día 13 de noviembre.

La predicción sobrecogedora había sido hecha por el sabio Rodolfo Falb, quien  anticipó que el 13 de noviembre de 1899 nuestro planeta chocaría contra la gigantesca cola del cometa Biela, descubierto en el año de 1866, resultando de tan poderoso impacto una lluvia de fuego que caería sobre la Tierra, calcinándola.

Como ocurre siempre en casos como el que estamos reseñando, surgieron voces de cordura y de gran autoridad científica que se preocuparon en demostrar la falsedad de los pronósticos y la imposibilidad de que la Tierra pudiera llegar a una muerte prematura, aun en el caso de que chocara con la cola del cometa; pero la imaginación enfebrecida de las gentes trabajaba por su cuenta y transformaba en pánico lo que en su espíritu se abría campo inicial a título de simple curiosidad. En Polonia y Rusia, sobre todo, el miedo se posesionó de las gentes sencillas que abandonaban sus trabajos e iniciaban un éxodo sin norte y sin brújula, animadas del deseo de juntarse con los suyos para esperar la muerte en medio del sonido estridente de las trompetas del juicio final.

En Tegucigalpa, vale decirlo, la prensa publicó los pronósticos sin mayores alharacas y no llegó a producirse el pánico, aunque es seguro que las personas devotas, de preferencia las beatas, llenaron las iglesias con su presencia y levantaron escobillas y charamuscas con el guarda polvo de sus faldas, en sus carrera hacia el templo más próximo para poner al día sus cuentas con Dios. Ya los viejos sobrevivientes habían contados los sustos que se llevaron en el famoso año del polvo -1835- cuando en resumidas cuentas todo pasó sin que pasara nada, y tales relatos, sin duda alguna, templaron el ánimo de la mayoría de las gentes que se dispusieron a esperar los sucesos, animadas del más allá encomiable de los fatalismos.

En algunos lugares hondureños sí se tomaron en serio los sombríos vaticinios del compatriota de Johan Strauss, como puede comprobarse con el telegrama que copiamos y que fue enviado a Diario de Honduras  desde la ciudad de Nacaome, ardiente cabecera del departamento de Valle. El telegrama decía así: Nacaome, 7 de noviembre de 1899. Diario de Honduras. Tegucigalpa. Al occidente aparece un cometa. Habitantes consternados y hacen rogativas. El cura se ríe y hace negocio. El Corresponsal.

Para evitar que el temor se fuera a posesionar de las gentes, la prensa metropolitana se ocupaba del asunto y reproducía opiniones autorizadas de científicos de renombre. Entre las opiniones divulgadas figuró la del doctorGuillermo Forestes, Director del Observatorio de Berlín, quien aseveraba: Por causa de las aserciones imprudentes y mal interpretadas, ha creído el público que el 13 de noviembre de 1899, será el fin del mundo. Lo que ha  dado lugar a este error es el hecho de que la Tierra pasará, en noviembre de 1899, a través de un enjambre de pequeños asteroides, como sucedió en 1866, y antes en 1833 y 1779.

Este fenómeno no debe inspirar ninguna inquietud.

El astrónomo alemán Breuner se refirió humorísticamente al asunto como si el miedo de las masas ignaras entendiera de frases de doble sentido y de ocurrencias más o menos felices. Dijo Breuner: Un tenedor de fondos y turcos a quien le cayera el premio gordo, tendría más posibilidades de recibir su dinero completo, que nosotros peligro de temer del encuentro con un cometa. 

Los días nueve y diez de noviembre del año fatídico se inició en toda la República un fuerte chubasco que en la zona norte hizo subir las aguas de los ríos cuya furia destruyó los puentes del único ferrocarril existente entre Pimienta y Puerto Cortés. Una tremenda ola fría castigaba todo el territorio nacional a extremo de que en la ciudad de La Esperanza el termómetro bajó a dos grados centígrados. La cara del sol no se veía por ninguna parte y nubes arremolinadas, desplazándose como locas en el espacio, producían embestidas muy fuertes de viento que sobrecogían a los timoratos.

Aquí en Tegucigalpa, dos sucesos desviaron un tanto la atención de las gentes del fenómeno que se esperaba. Tales sucesos fueron, la muerte del estimado doctor Juan Manuel Fiallos, elemento muy destacado de la sociedad metropolitana que entregó su alma al Creador a las diez de la mañana del día 10 de noviembre, y el matrimonio civil y religioso del artista alemán don Carlos Hartling y su señora Lupe Ferrari Guardiola, sucesos acontecidos la noche del nueve y la mañana del diez, respectivamente.

El propio 13 de noviembre Diario de Honduras hizo un comentario destinado a obtener la tranquilidad de espíritu de la población de las dos ciudades, cual si distribuyera a cada persona una dosis de tintura de valeriana. EN el comentario en referencia trataba Juan Ramón Molina de probar que era prácticamente imposible que alto tan importante como el mundo en que vivimos se destruyera por el simple choque con la cauda luminosa de un comenta loco que andaba viajando sin rumbo ni destino por el espacio sin límite. El comentario citaba una autorizada oponión emitida por el New York Herald de la futura Babel de Hierro, la cual aseguraba, como dos y dos son cuatro, que el final de nuestro mundo solo podría producirse por los siguientes hechos:

1- Por la disminución diaria de la superficie de la Tierra.

2- Por la pérdida del equilibrio terrestre a causa de la aglomeración de hielo en los polos.

3- Por insensible aproximación de la Tierra al Sol.

4- Por falta absoluta de agua.

5- Por la extinción del sol, y,

6- Porque a partir del año 3,000 la raza se irá degenerando y el hombre, llegado al tamaño de una mosca, terminará por evaporarse en lo infinitamente pequeño.

No hemos podido encontrar noticia alguna sobre si se contempló en Honduras algún fenómeno celeste el tantas veces mencionado día 13 de noviembre de 1899, pero el periódico El Reportero de la ciudad de Manzanillo, México, informó sobre el curioso suceso acaecido en la fecha anunciada por Falb, en los términos que copiamos:

FENÓMENO ATMOSFÉRICO

Hoy se ha observado en esta localidad un extraño fenómeno en la bóveda celeste, el cual excitó la curiosidad pública, que desde hace días venía aguardando con impaciencia la anunciada lluvia de estrellas, que algunos creían era precursora de la terminación de nuestro planeta. 

Nosotros creemos, que ese fenómeno no sea otro que el que se esperaba, a pesar de las diversas opiniones que hemos oído; y el cual debió iniciarse en las tempranas horas en la mañana, por que se vio más claro desde las 10 hasta las 12 del día, escaseando luego los desprendimientos. 

Miles de miles de meteoritos atravesaban la bóveda celeste, en todas direcciones, principalmente de Este a Oeste, cambiando, alternativamente, según las corrientes; caían en imperceptibles fragmentos que parecían hilos plateados los cuales se disolvían al contacto con nuestra atmósfera. 

Notábase además el movimiento vertiginoso de las estrellas y otras de escasa lentitud que cruzaban en todos lados. 

El cielo presentaba un hermoso color azul, que llamó la atención y facilitaba que se viesen vagar los meteoritos.

No tendría nada de particular que se repita dicho panorama, como dice el ilustre Jover; pues según asegura ha ocurrido así en el observado año de 1886; aunque con menos intensidad que el primero. 

Algunos han observado varios cuerpos raros y entre estos unas estrellas grandes, que arrojaban luces verdes y azules; los cuales parecían explotar en el espacio, y tras de ellos se sucedían unos hilos largos, que muchos han tenido en sus manos figurando como telas de araña. 

Esperamos conocer las observaciones que se hayan hecho por las personas competentes que saben descubrir los misterios de la naturaleza. 

De buena nos escapamos -¡Gracias a Dios!- el 13 de noviembre de 1899, y que hasta los que no estábamos vivos entonces, nosotros, los del presente siglo, habríamos muerto antes de nacer. La valentía catracha, sin embargo, a pesar de que no era nada grato sucumbir sólo por el encuentro de un cuerpo opaco con uno luminoso, dejó evidencia de sus muchas veces probada valentía, de su resignación cristiana, de su integridad a toda prueba, de su determinación de sorber gota a gota el amargo cáliz del sufrimiento.

Prueba de lo que dejamos dicho la constituye el telegrama que el propio 13 de noviembre de 1899 dirigió a las autoridades y a Diario de Honduras, una persona no identificada, posiblemente aficionada a la astronomía, desde el histórico pueblo de Cantarranas, cuyos términos heroicos eran los siguientes:

Cantarranas, noviembre 13 de 1899. Aparatos listos para observar fenómeno. Avisaré cuando muramos.

 

 

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.