/EL EXTERMINIO DEL CLAN DEL GATO NEGRO

EL EXTERMINIO DEL CLAN DEL GATO NEGRO

El primer día de 2019 la vida se le acabó a Silvia Elizabeth Raudales, murió apuñalada en la colonia Linconl de Comayagüela, mientras su hijo de dos años miraba. Murió degollada en una cuneta, sus metas no llegaron el ver el final del primer día de 2019. La primer muerte del año fue una mujer que las calles de Comayagüela no lloraron. Ese feminicidio fue la muestra de lo que seria el 2019. Un año que inició mal y que se ha desarrollado con muchos muertos en muchas masacres. Un año que a la mitad de su tiempo ya había superado las cifras de muertes violentas de los 365 días de 2018.

Desde enero hasta agosto de 2019 han habido 42 masacres, 143 muertes. En 2018 hubo 39 masacres.

Según estadísticas del Sistema Estadístico Policial en Línea (SEPOL) desde el 2011 hasta el 2019 aproximadamente 46 mil personas han muerto. 46 mil muertos que no parecen ser tantos porque caben en 12 caracteres.

Honduras es un país de cifras, se cuenta a los muertos y se etiquetan con un número, así el trago de saliva no es tan amargo y el suspiro no es tan alarmante ni tan apurado. El 2018 cerró con 3,732 muertes, pero el tiempo no ajustó y las muertes reiniciaron el 1 de enero con Silvia Elizabeth Raudales.

La mayoría de estas muertes están vinculadas al narcotráfico, narcomenudeo, pelea de plazas y venganzas.

Una de estas es la historia de la venganza o el exterminio de la familia de Héctor Portillo o Juan Osorto o El Gato Negro, un narcotráficante que controló la zona de los mercados de Comayagüela y quien 10 años después vuelve a tener relevancia en el mapa del narco por diez muertes que estarían relacionadas a el. Una venganza póstuma.

La narrativa del narcotráfico es extensa, abarcable con mucho tiempo, paciencia y uniendo cientos de hilos que conducen al mismo lugar: muerte, venganzas y los muertos que recuerdan el precio a pagar por una corta vida de lujos y excesos.

La muerte o la extradición a los Estados Unidos, lejos de la libertad e impunidad que pudieron -durante un tiempo comprar-, son las opciones que tienen los narcos, al terminar ese tiempo se
aferran a la vida gastando las uñas en torpes intentos por no ser atrapados o asesinados. Muerto el patriarca, la familia queda navegando en un espacio incierto en donde se exponen al destierro o al exterminio, lo que llegue antes.

Es lo que ha pasado y sigue pasando con la familia de uno de los narcos más conocidos en la historia criminal de Honduras, el irónicamente discreto, Gato Negro conocido por referencias y temido por sus actos.

Su muerte en 2010 contribuyó a la formación de nuevas disputas por la plaza de los mercados de Comayagüela y la formación de la banda Los Chirizos.

Entre la noche del domingo 18 de abril y la madrugada del lunes 19 de abril de 2010 fue asesinado Juan Osorto o Héctor Portillo, alias El Gato Negro y su socio y primo, Fredy Alexis Osorto, junto a seis personas de su seguridad.

Según la información de los periódicos, todo inició el domingo 18 en la noche cuando en un falso operativo asesinaron a Alexis Osorto en la colonia Las Hadas de Comayagüela. Tenía 16 disparos en el cuerpo. Las informaciones de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) dicen que el vehículo de Osorto fue interceptado por al menos tres carros.

A las 9 de la noche en la colonia Cerro Grande se encontró otro cadáver, se presumía que era el del El Gato Negro, pero no era el. Fue hasta las 11 de la noche cuando en el sector de La Montañita, infame y famoso botadero de muertos, se reportó que se habían encontrado seis cuerpos con “señales de muerte por venganza”: manos atadas y los cuerpos en fila, ejecución. La seguridad de El Gato Negro, fueron llevados al lugar y ahí asesinados.

La muerte de El Gato Negro representó la brutalidad del narco, fue raptado, torturado y asesinado. Su cuerpo fue encontrado en un precipicio de unos 150 metros de profundidad en la zona de Los Plátanos a unos kilómetros de Danlí, El Paraíso, tenía heridas de machete, sus pies estaban amarrados con un cordón de zapatos de color verde y el cuerpo estaba perforado a balazos y tenía un pañuelo en la boca. El hombre que había inspirado -o pagado- narcocorridos, un disco con 20 canciones, había sido asesinado simultaneamente junto a un socio y a seis guardias de seguridad, todo su poder cayó en una noche.

Originario de Orocuina, Choluteca fue un narcotráficante importante en la configuración urbana del narcotráfico en el Distrito Central, una especie de Joaquín Guzmán Loera cuando este comenzaba en el negocio del narcotráfico en Sinaloa y era un empleado más, violento y sin raciocinio.

El Gato Negro operaba en la zona de los mercados de Comayagüela, era conocido por ser un hombre campechano, apegado -a pesar de todo- a sus costumbres, vestía con sombrero, botas de cuero, jeans, reloj de oro, hebillas de oro, cadenas de oro y una pistola colgada en la cintura. Los excesos que permite el narcotráfico.

Según información del diario El Heraldo (6 agosto 2019)*, el Gato Negro habría sobornado a varios oficiales de la Policía Nacional con alto rango dentro de la Secretaria de Seguridad para garantizar sus operaciones y su inmunidad.

Después de la muerte de El Gato Negro sus colaboradores se desintegraron para formar la banda Los Chirizos y para comenzar una guerra por la plaza de los mercados enfrentadose a la pandilla 18 y a la Mara Salvatruchas y con otras bandas promedio de la zona que buscaban controlar, sino toda la plaza al menos un reducto que les permitiera ampliar sus dominios.

Los Chirizos eran los niños que le servían como bandera a El Gato Negro, también se encargaban de dar seguridad y distribuir la droga. Operaban en la séptima avenida de Comayagüela centro de las operación de Héctor Portillo.

Al morir El Gato Negro, quien era el protector de este grupo de entonces niños, comenzaron a organizarse y al no tener un protector su mejor plan fue renacer como una organización criminal independiente: Los Chirizos quienes para hacer crecer su grupo permiteron que exmiembros de la Mara Salvatrucha y la Pandilla 18 se sumaran para nutrir al grupo.

El 20 de abril de 2010 nueve personas fueron asesinadas en la colonia Cantarero López de Comayagüela, el 22 de abril tres mujeres relacionadas con esos nueve fallecidos también fueron asesinadas en la misma colonia, en la misma cuadra y -otra vez- por personas con uniformes de la Policía Nacional.

“Los indicios que tenemos hasta el momento nos hacen indicar que es un pleito entre territorios y que hay dos bandas delincuenciales conocidas como maras involucradas en el hecho, esta era una familia que prácticamente manejaba dos cuadras en el sector”, explicó el entonces viceministro de Seguridad, Armando Calidonio.

El 7 de marzo de 2014, cuatro años después de la muerte de Héctor Portillo y a las siete de la noche, uno de sus lugartenientes y en el que aparentemente recayó el mando de la banda criminal, Laureano Sánchez Molina, alias El Cabo Molina también fue asesinado, este en Choluteca en la residencial Villa Bertilia. Tenía 49 años. La reconstrucción de los hechos indican que El Cabo Molina administraba una pulpería en su casa y salió para ver unos mangos que le ofrecían para ponerlos a la venta, dos personas lo atacaron con rifles AK-47 ninguno de sus cinco guardaespaldas estaba con el.

El mismo día el lunes 7 de marzo de 2014 -nueve horas antes de asesinar a El Cabo Molina– en la colonia El Pedregalito, Comayagüela asesinaron a Bessy Lorena Canales Martínez (16) era sobrina de El Cabo Molina, junto a ella murieron cuatro personas más; Rubén Asdrúbal Barahona (conductor), una persona que vestía como policía identificado con el nombre de Germán Geovany Amador, Johny Edenías Salgado Rodríguez y María Magdalena Durón quien no tenía nada que ver con la venganza, pero transitaba por el lugar junto a su esposo y e hija.

El lunes 4 de enero de 2016, Fausto Corrales Portillo, sobrino de El Gato Negro fue acribillado en El Hatillo, Tegucigalpa, los tiradores usaron dos motos para hacer el atentado, Corrales Portillo murió 6 años después de su tío, en circunstancias normales, o las que la normalidad de la venganza del narcotráfico permite, seguían las muertes, ahora con la sombra de El Gato Negro como un eco en cada bala que mataba a quien estuviera vinculado a su reinado.

El domingo 4 de agosto de 2019 el nombre de Héctor Portillo volvió a sonar y otra vez en la detonación de una arma, esa sombra incomoda del pasado regresaba a este presente en el que el Gato Negro era un eco tenue a traves de su hijo.

Otra vez en un falso operativo el 4 de agosto de 2019 asesinaron a Marlon David Amador Portillo, hijo de El Gato Negro. Cuatro personas vestidas como policías detuvieron su carro, le pidieron bajar y lo ejecutaron todo esto en las cercanías de la colonia Brisas de Expocentro, en San Pedro Sula.

Dos días después durante el entierro de David Amador Portillo, en el cementerio Jardines del Recuerdo al menos ocho personas asesinaron a cuatro personas: Eduardo Daniel Amador Osorto (19), hermano de David Amador Portillo y los primos; Génesis Portillo, Eduard Alejandro Portillo y Oneyda Portillo familiares de El Gato Negro.

La venganza no se podía esconder, el exterminio era claro y los blancos también, la Policía Nacional no aún no dice que se trate de una venganza, han dicho que podría ser por pleito del mercado de la droga y culpa a Mara Salvatrucha por esta guerra postuma contra los familiares de El Gato Negro.

El miércoles 14 de agosto -otra vez- ocho personas en un falso operativo en la colonia Jardines del Valle de San Pedro Sula mataron a tres personas, un productor musical un cantante de regaeton y el manager de este último: Gabriel Amaya (productor), Ángel Edgardo Sabillón (cantante), y Omar García (manager), este caso llama la atención porque, 1 sucedió a pocos metros de las nuevas instalaciones de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (FUSINA) y 2 porque luego de disparar y matar a las tres personas abrieron el carro y bajaron “algunos” paquetes detalla diario El Heraldo (15 de agosto, página 47, sucesos).

Según testigos el ruido de la balacera y la muerte duró entre dos y cinco minutos, los cuerpos quedaron tirados en la calle, la escena típica de una masacre en Honduras: tarde soleada, calle solitaria, tres carros interceptan otro, bajan varios hombres vestidos de policías y comienzan a disparar, las víctimas intentan escapar, salen del carro a respirar apurados el último aliento, caen, intentan vivir, mueren, llega la policía, pone la cinta amarilla, números negros en unos marcadores amarillos que sirven para contar como evidencia los casquillos regados en el lugar y personal con traje de laboratorio para no contaminar la escena, periodistas, otro suceso, varios muertos.

Un día después, el viernes 16 de agosto la Policía Nacional reconoció que las muertes de las tres personas dos días antes podrían estar relacionadas tanto a la muerte de Marlon David amador Portillo, hijo de El Gato Negro y las cuatro personas en el cementerio Jardines del Valle y todo sería por un tumbe de droga a la Mara Salvatrucha.

Esto lo confirmaría el acto de los asesinos quienes después de matar al productor y al manager del cantante, Ángel Edgardo Sabillón sacaron de la camioneta de estos un maletín, según la publicación de diario El Heraldo del viernes 15 de agosto: “Las indagaciones de la Policía establecen que los crímenes de los parientes de El Gato Negro y los regetoneros tienen como motivo una guerra entre la MS y el grupo de los parientes del victimado capo por el control de la venta de droga. (…) Conforme a las pesquisas de los cuerpos de inteligencia y antidrogas de la Policía, el grupo de los familiares de El Gato Negro ha hecho una alianza con el cartel de un capo del narcotrafico que está preso y es pedido en extradición por Estados Unidos”.*

Sin dar más detalles la Policía reconoce una venganza y una guerra póstuma abierta por el control de la droga y en contra de la familia y allegados de El Gato Negro.

También el miércoles 15 de agosto, casi siete horas después del asesinato de tres personas en San Pedro Sula, en la colonia Betania de Comayagüela dos personas vinculadas a El Gato Negro fueron asesinadas, según el relato: dos hombres en moto llegaron al negocio de Cristino Portillo Osorto (46) y comenzaron a dispararle y a Pío Levith Portillo Osorto (35) ambos murieron en el trayecto al hospital. Estas han sido las últimas muertes reportadas relacionadas a El Gato Negro.

 

Son tiempos difíciles para ser familiar o conocido de El Gato Negro, haber tenido relaciones con alguien que lo conociera o estar en el momento y lugar equivocados en un país de cifras rojas.

* El ‘Gato Negro’, el capo por el que aún se derrama sangre en Honduras

* Indagan ‘quite’ de droga en crimen de cantante de reguetón