/EL EJÉRCITO OLVIDADO DE MORAZÁN (2/2)
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EL EJÉRCITO OLVIDADO DE MORAZÁN (2/2)

“El historiador Darío Euraque sostiene que hasta principios del siglo XX regiones enteras de Honduras fueron consideradas como «regiones mulatas» fundamentalmente los departamentos de Olancho, Yoro, Atlántida y Colón. Queda por investigar en qué momento esta población comenzó a considerarse a sí misma y también por otros como mestiza”.

Por Alex Palencia

Imagen del Mural de La batalla de la Trinidad de Javier Espinal

A Tegucigalpa en el tiempo en que se llamaba Real de Minas, llegaron los primeros esclavos negros como consecuencia de la explotación de minas de oro y plata en San Juan, Ojojona, Guascorán y Santa Lucía. En Olancho, el Padre Goicoechea encontró en 1803 varias colonias de negros en la región de San Esteban, Culmí y Dulce Nombre.

Para 1821 a 1823, fechas relacionadas con la independencia de Centroamérica, la influencia de los descendientes africanos estaba muy marcada en Honduras y sobretodo en Tegucigalpa, donde para ese tiempo la gran mayoría de sus moradores eran llamados pardos o mestizos (mezcla de negro, indio y español), con gran componente de mulatos (mezcla de negro con español).

Morazán, forma parte de la primera milicia formada en Tegucigalpa en 1821 para enfrentar a la de Comayagua, en el desacuerdo de que los primeros estaban por la no anexión a México, y los segundos, que querían pertenecer al imperio de Iturbide. Es lógico pensar, que la  milicia de Tegucigalpa estaba formada en su gran mayoría por la comunidad parda.

“(e)n la zona opuesta a la plaza Mayor de la actual Tegucigalpa, existió un mercado, donde se reunían los comerciantes negros, mulatos y mestizos para intercambiar sus productos y hacer labores propias del comercio. Gracias a ello se creó el mercado «Los Dolores». Pero estas no eran las únicas formas de distribución de mercaderías; los pequeños negocios de abarrotes regentados por mulatos, zambos y negros dentro de las poblaciones mineras y en las reducciones, gozaron de buena salud gracias a que aceptaban los terrones procedentes del «rebusque», con el que luego pagaban a los comerciantes de la Villa”.

En 1827 para la batalla de La Trinidad, Morazán organiza el ejército que le hará frente a José Justo Milla con 135 nicaragüenses, 200 salvadoreños que habían quedado del escuadrón de Gregorio Zepeda, a quien había derrotado Milla en Sabanagrande el 28 de septiembre de ese año. Para este enfrentamiento, Morazán llega a Choluteca con los 135 nicaragüenses y algunos salvadoreños, se suman vecinos de Choluteca, de Cantarranas, Texiguat, San Antonio y TEGUCIGALPA. Con ellos y en desventaja numérica el ejército de Morazán, vence al ejército federal de Manuel José Arce, comandado por el hondureño Justo Milla.

Al día siguiente de la batalla ese 12 de Noviembre, Morazán llega con sus tropas a Tegucigalpa y en poco tiempo reorganiza su ejército con vecinos de esta ciudad; mientras había dejado en La Trinidad al Capitán Manuel Escobar Díaz al mando de una compañía y con el encargo de custodiar los prisioneros y los enseres de guerra que de pronto no pudieron ser llevados a Tegucigalpa, y quienes después se le sumarán en esta ciudad.

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Luego para pacificar el país, el cual había estado hostigado por fuerzas federales de Manuel José Arce, el recién estrenado comandante de las nuevas fuerzas militares, cargo al cual había renunciado Remigio Díaz el día 10 Noviembre, un día antes de la Batalla de la Trinidad, para cedérselo por méritos ganados en la gesta de este nuevo ejército al intrépido Morazán. Este manda a Remigio Díaz con 200 soldados a San Pedro Sula, a Ramón Pacheco con otros 200 hombres a Gracias; dejando al coronel José María Gutiérrez  para cuidar la ciudad de Tegucigalpa también con 200 soldados. Y así; el 26 de noviembre el mismo Morazán con un regimiento de 200 hombres se traslada a la capital Comayagua; entra a esta ciudad sin ninguna resistencia, tomando el poder político como Jefe del Consejo Representativo tal cual se le había nombrado anteriormente. El Consejo en ausencia del electo Jefe de Estado Dionisio de Herrera, hecho  prisionero el 10 de Mayo de 1827 y trasladado a Guatemala por Arce; nombra a Morazán sucesor de este, el día 27 de Noviembre de ese año, a solo un día de su entrada triunfal a la ciudad capital Comayagua.

La batalla de la Trinidad le dio la perspectiva a Morazán que en efecto el ejército federal formado en su gran mayoría por indígenas guatemaltecos y dirigidos por criollos españoles, era vulnerable ante una fuerza militar cimarrona o parda (mestizaje de gran componente negro), tal cual eran sus vecinos del barrio Abajo, Las Delicias y Los Dolores.  Con ellos Morazán reorganiza y reagrupa su ejército, con la idea de restituir el orden constitucional roto por el presidente federal Manuel José Arce, al dar un golpe de Estado a Juan Barrundía en Guatemala y a Herrera en Honduras. 

General Manuel José Arce y Fagoaga (1 enero de 1787 , San Salvador – 14 de diciembre de1847, San Salvador)
General Manuel José Arce y Fagoaga (1 enero de 1787 , San Salvador – 14 de diciembre de1847, San Salvador)

Morazán consiente de lo que le espera, enfrentar al ejército federal en su terreno (Guatemala). Este establece estratégicamente su cuartel general en Texiguat, lugar donde residía su hermano sacerdote Benito, está claro que no fue allí a reclutar un ejército, aunque bien se sumaran algunos nativos del lugar. Poco tiempo después viaja con este ejército, el 16 de junio de 1828, a El Salvador, país al cual Arce sometía a constante hostigamiento.

Morazán establece luego su centro de operaciones militares en Lolotepique. El 6 de Julio sus fuerzas son atacadas en la Hacienda de Gualcho, lugar que este había escogido por su posición estratégica, el cual quedaba a espaldas del despeñadero del rio Lempa. Siempre en desventaja numérica, el ejército de Morazán vence después de una cruenta batalla a sus enemigos, comandados por el coronel José Antonio Domínguez, encargado por Arce para tomarse el país.

Después de estos acontecimientos, Morazán se percata que las condiciones para una cruzada militar hacia ciudad Guatemala están dadas. De nuevo regresa a Tegucigalpa y reorganiza su ejército con pobladores de esa ciudad. Además de los salvadoreños que ya venían con él. Así que de ahora en adelante, se conocerá a esté contingente militar como  “El Ejercito Protector de La ley”, formado en su gran mayoría por mulatos, pardos y negros, vecinos suyos del barrio Abajo, los Dolores y el Centro de Tegucigalpa; hombres a los cuales conocía bien. Sabía de sus cualidades físicas, había jugado con ellos, de niño lo habían revolcado varias veces, ahora los veía como potenciales guerreros, pues eran hombres fuertes y altos para su tiempo. El mismo Morazán era considerado alto con 1.77 metros de estatura.

Esta nueva clase de hombres producto del mestizaje de criollos negros e indígenas tenían razones de sobra para ver en Morazán un guía que los llevaría por otros estadios de vida. Las fugases arengas de este eran música para sus oídos. Él les hablaba de justicia e igualdad para todos, educación gratuita y laica, derogación de impuestos arbitrarios y libertad, y sobre todo, cuestionaba el sistema imperante que después de casi diez años de la independencia seguía igual. Controlado por un pequeño grupo de criollos españoles en su absoluto beneficio, viviendo con los mismos privilegios coloniales de sus padres y abuelos quienes defendían a capa y machete limpio la estructura social feudal, donde no había cabida aun para esta nueva casta mestiza de pardos, mulatos y zambos, los cuales eran  excluidos de los beneficios de pertenecer a una nación como tal y que por el contrario, se sentían explotados de la forma más inhumana, después de la esclavitud formal.

Lea aquí la primera parte del ensayo:

Morazán sabía que con estos hombres podía ganar batallas en desventaja numérica frente a sus adversarios, compuestos mayormente por soldados indígenas de pequeña estatura,  de 1.62 a 1.65 metros.

Reorganizado su ejército, Morazán se dispone a vencer las fuerzas militares federales de Arce, que invadían El Salvador, y allí los enfrenta en La Pava y San Miguel, duelos que determinaron la hegemonía del Ejercito Protector de la Ley sobre el ejército Federal de Arce, el cual estaba siendo destrozado en cada una de los enfrentamientos que se habían dado.

Sabiendo esto, en Guatemala surge una rebelión contra Arce y sus arbitrarias posiciones. El día 22 de enero de 1829, los sublevados piden la ayuda del ejército de Morazán, este acontecimiento hace ver al héroe, que es el momento justo para derrotar de una vez por todas al ejército federal de Arce y hacerse con el poder político, pero antes, tiene que vencer de nuevo en San Miguel (6 de Marzo) y Las Charcas (15 de Marzo), entrando a Guatemala el 13 de abril de ese año.

Es de hacer notar que tanto los indígenas como los criollos guatemaltecos se asombraron al ver a estos bizarros hombres de actitud desafiante y decidida, entrar como Pedro por su casa, después demostrar en batalla a fuerza de bayoneta calada, machete limpio, y peleando cuerpo a cuerpo. A Manuel José Arce y a la clase conservadora  criolla que lo apoyaba, no le quedó más alternativa que entregar el poder ante semejante demostración de fuerza militar. Hombres de 1.70 a 1.80 metros enfrentados a otros de 1.60 a 1.65 de promedio. La suerte estaba echada, a favor de los descendientes de los primeros esclavos negros que se habían cruzado con españoles e indígenas, para crear una casta nueva que traía en su información genética la bizarría de guerreros ancestrales africanos.

Esa así que con un ejército de hombres acostumbrados al sufrimiento, pero también a la conspiración, criados en la nada casi absoluta, forjados con la sangre y el sudor de sus frentes, de pies descalzos y manos callosas, hambrientos de libertad y justicia, fueron los que en realidad formaron el ejército de Morazán, ante el cual temblaron criollos e indígenas.

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Históricamente se ha sabido que después de la resistencia indígena ante los primeros espadachines españoles, estos pronto fueron vencidos y sometidos, a tal extremo, que con el tiempo se convirtieron en  el brazo armado de la clase criolla. Aun a pesar del antecedente histórico de vejación a estos, que de tal modo les tatuaron en la frente la cruz de la imperiosa humillación, domesticados religiosamente, los indígenas históricamente han sido incapaces de reaccionar frente a la enajenación impuesta. Y lejos de ello, con el tiempo se convirtieron en fieles guardianes del oprobioso sistema imperante, adoradores de santos y virgencitas, constructores infatigables de iglesias y monasterios. Declarándose siempre enemigos acérrimos de los movimientos revolucionarios. No es raro pues que a Morazán y a su ejército de abigarrados hombres poco religiosos. Pues como hombres proscritos que eran, no sufrieron la sistemática domesticación religiosa judeocristiana. No es de extrañar entonces que, para los indígenas y criollos, estos bizarros soldados eran o se les identificaba; como los enemigos de la santa religión.

Como no es raro, que en ese afán de reivindicar al indígena frente a la derrota humillante del colono, se le haya mucha veces sobrevalorado en los procesos de emancipación, y por el contrario unas veces por racismo y otras por ignorancia, se subestimó o invisibilizó el papel que los descendientes de  negros han aportado a estos movimientos.

Así, se ha dicho hasta la saciedad que Morazán era seguido por un ejército de indígenas  procedentes de Curarén, Reitoca y Texiguat. Siguiendo ese mito, el escritor Amaya Amador populariza los nombres de los hermanos Cano en su novela Los Brujos de Ilamatepeque. La verdad es que de ellos se sabe casi nada en los textos biográficos sobre el héroe y su gesta militar.  Mas todo hace pensar  que Morazán en realidad organizó el grueso de su ejército con sus vecinos pardos, mulatos y mestizos de la ciudad de Tegucigalpa, quienes para esa época ya eran gran mayoría en esta ciudad y en el país.  

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Una de las principales confusiones para aseverar lo antes dicho, se debe quizás a que Morazán al principio de su carrera militar, estableció su cuartel general en la comunidad indígena de Texiguat, olvidando que él, llega con su ejército ya formado a ese lugar.

Pero hay otros argumentos, que nos hacen pensar en la inverosimilitud de que el Ejército Protector de la Ley, fuera en su mayoría de indígenas, tal y como se afirma.

Generalización del término indígena por la clase criolla, la cual llama indígena a todo aquel que no fuera descendiente puro de españoles, a la vez que los descendientes de negros, no querían ser identificados como tales, debido a la misma discriminación y exclusión de estos en las esferas sociales de la época: nadie quería ser llamado, negro, mulato o pardo.

Es en la ciudad de Tegucigalpa, donde al final Morazán siempre reorganiza el grueso de su ejército. En esta ciudad ya para esa época predomina el mestizaje con grandes componentes negros (mulatos, pardos y zambos).

Las batallas al final se decidían en lucha de cuerpo a cuerpo, y en ello, con un ejército tal como nosotros lo imaginamos, de hombres más altos y fuertes, de mulatos y pardos, el Ejército Protector de la Ley, llevaba gran ventaja corporal sobre el ejército federal de entonces, hablamos de 1826 a 1829, el cual estaba formado en su gran mayoría por indígenas guatemaltecos liderados por criollos españoles.

“En Honduras no podrá hablarse de la historia colonial sin mencionar a los negros. Colonizadores y conquistadores tuvieron que ver con indígenas y negros, con zambos y mulatos; pero al negro lo ocuparon en los trabajos más importantes de la producción y después lo aislaron y lo segregaron, lo acusaron y lo maltrataron con crueldad. El indio tuvo a su favor leyes proteccionistas, que muchas veces no se cumplieron, pero se le dio un trato diferente al negro”.

Al llegar Morazán al poder tampoco podemos decir que su ejército fuera de indígenas, pues además hay que recordar que el proyecto político de Morazán, en cuanto a la política agraria o tenencia de la tierra, entraba en choque o contradicción con los intereses indígenas, quienes poseían tierras comunales administradas por la iglesia desde tiempos de la colonia española, las cuales en el gobierno federal de Morazán estaban siendo recuperadas por el Estado.

Otra razón para agenciarse la aversión de la comunidad indígena  de parte de Morazán fue la política exterior de su gobierno, para atraer la migración europea. En la cual se ofrecía tierras públicas para aquellos protestantes que quisieran vivir en Centroamérica, esto generó alarma y antipatía entre los indígenas, quienes  pensaban que sus tierras serían expropiadas y dadas a extranjeros blancos.     

Morazán es visto junto a su ejército en lugares de predominio indígena como intruso o extranjero. Es por ello que a los curas Francisco Lobo y Francisco Aqueche se les facilitó levantar 40 comunidades indígenas en Mita Guatemala, en apoyo a Rafael Carrera, quien tenía por su procedencia materna el genotipo indígena.

Las acciones de Morazán en contra de la iglesia católica de expropiar bienes, así como la fundición de santos y vírgenes de plata y oro en monedas, no fueron mal vistos por sus soldados, quienes por ser proscritos de descendencia negra no habían sido del todo domesticados religiosamente, como bien había sucedido con la clase indígena, la cual no toleraba las acciones de Morazán contra la iglesia, y eran fácilmente manipulados por curas y monjes como sucedió en el 1837 en Guatemala.

Cuando Morazán llega a apaciguar la rebelión del Ocote, Olancho, el 21 de Enero de 1830, este y su ejército no es mal visto por los rebeldes, que en su gran mayoría eran de descendencia negra, con los cuales rápido negoció sin problemas.

Al aparecer el Cólera Morbos en 1837, fue fácil para los enemigos de Morazán hacerles creer que esté y su ejército, estaban envenenando las aguas para exterminarlos por ser indígenas.

Desde siempre se ha manejado en Honduras el falso rumor de que Morazán era mulato o que tenía descendencia africana. ¿De dónde vino o qué originó a través del tiempo semejante murmuración? Definitivamente creemos, del hecho de que este naciera en una ciudad de gran componente genético negro, y que se conociera a  este como el líder de un ejército de soldados pardos o mestizos donde predominaba las características físicas negroides. Y aunque la historiadora italiana Stefani Natalini  menciona de un mulato en la familia de Morazán, quizás hasta eso sea posible como descendiente de esté, por alguna línea sanguina materna. Pero lo cierto es que sabemos que Morazán por parte de padre era descendientes de italianos y por parte de madre de españoles. 

Todo lo anteriormente expuesto nos hace plantear seriamente que el ejército de éste estaba formado por una mayoría de descendencia negra. Si bien es cierto, en sus filas habían indígenas y criollos, estos tuvieron que ser una minoría en comparación al grueso de sus soldados; y por sus connotaciones históricas y documentos de la época, que hablan de esté ejército como inédito por sus características físico militares, estrategias de lucha, formas de combate no convencionales, por ejemplo: espías o franco tiradores de avanzada de su pelotón los Dragones Rojos, y la estrategia de guerra de guerrillas, concepto empleado por esté ejército por primera vez en Centroamérica en la primera etapa del 1827 al 1829.

También es sabido que algunos de sus oficiales eran de procedencia negra, como el mulato Francisco Ferrera  y otros, al igual que el dominicano Enrique Terralonge. En ese tiempo, era normal ver ejércitos formados  por mayorías indígenas y dirigidos por oficiales criollos,  los cuales eran aceptados sin problemas por la comunidad indígena; pero nos llama poderosamente la atención, que el ejército de Morazán desde un principio fue rechazado por la comunidad indígena de Guatemala y que al contrario, esta se convirtió a partir de 1837 en la principal aliada de la iglesia y de la clase criolla conservadora, identificando a Morazán y a su ejército como su principal enemigo.        

Estas son nuestras razones para sospechar que Morazán se movía con un ejército de hombres, descendientes predominantes de los primeros esclavos negros llegados a Honduras como trabajadores de las minas y lavaderos de oro en los ríos, así como sirvientes domésticos en las villas y arrieros en las haciendas de los españoles, los cuales después como hombres libres, por algunas razones históricas, se concentraron en su mayoría en la ciudad de Tegucigalpa y sus alrededores.    

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Hay que enfatizar que los descendientes de negros que formaron el ejército de Morazán procedían de los primeros esclavos africanos que llegaron al país entre el siglo XV y XVII, y no de los garífunas que llegaron mucho tiempo después desde San Vicente traídos por los ingleses pero como hombres libres en 1797,  a cinco años de haber nacido Morazán.

Durante mucho tiempo los garífunas vivieron asilados e incomunicados en territorios despoblados de criollos, indígenas  y mestizos, pues se quedaron en Centroamérica específicamente bajo la condición colonial española de no mezclarse ni interactuar con aborígenes del territorio, mestizos y españoles, y así fueron confinados a zonas despobladas.

Durante un tiempo estos se dedicaron al contrabando con los ingleses, convirtiéndose en un pueblo proscrito enemigo tanto del gobierno español, como después de la república federal. La única participación de importancia de los garífunas registrada en época de la federación, además de una a otra aislada revuelta, se da en 1831 comenzando el primer periodo del gobierno revolucionario de Morazán, en diciembre de ese año, cuando Vicente Domínguez  junto algunos garífunas e indígenas se toma el puerto de Trujillo, paralelamente Ramón Guzmán con unos 200 garífunas contratados como mercenarios, se toma el castillo de Omoa, donde izó la bandera española, atrincherándose allí varios meses, hasta que Agustín Guzmán junto a 200 Tegucigalpenses pardos vencen a Ramón Guzmán, recuperando el castillo el 13 de Septiembre de 1832. Siendo fusilado él ese mismo día 13 y  al siguiente Domínguez. Los garífunas fueron dejados en libertad regresando a sus pueblos a los alrededores de Trujillo.

Se rumora de un oficial garífuna en las filas del ejército de Morazán de nombre Juan Francisco Bulnes o Walúmugu quien se cree que pudo estar en la Batalla de la Trinidad. Cómo llegó precisamente en ese momento allí, no lo sabemos, lo cual pudo ser posible tomando en cuenta la teoría de que este ejército estaba formado en su mayoría por descendientes de negros. Según los acontecimientos históricos registrados podemos decir  que los garífunas no formaron parte del ejército de Morazán como algunos hoy quieren hacernos creer, que algún garífuna extraviado haya ido a parar a sus filas es posible − insistimos por las características que ya expusimos de los mismos − pero solo como un caso aislado.

Recordemos que los garífunas como pueblo excluido desde tiempos de la colonia española, obligados a vivir en las despobladas costas del mar Caribe, estaban más próximos a los ingleses, quienes se movían por esa zona contrabandeando todo tipo de productos desde la meseta de Yucatán pasando por Belice, Honduras y Nicaragua. Los garífunas y misquitos estaban por allí, para hacer el trabajo sucio de los ingleses; desde el traslado del producto de tierra firme a alta mar, a la intimidación de los aborígenes y mestizos del lugar para no “entorpecer” dicha actividad de contrabando. Según el historiador francés Marcel André d” Ans, los ingleses para dicha actividad armaban a estos grupos y así, de la palabra mosquete nace el sobrenombre de misquito para los zambos de la región, por los aborígenes que al no poder pronunciar la palabra mosquete, decían “allí vienen los misquitos”. Por lo antes expuesto le fue fácil a los españoles Domínguez y Guzmán contratar como mercenarios un contingente de garífunas adversos al gobierno federal para revertir el orden de cosas. La verdad es que Morazán sabiendo bien el comportamiento de estas etnias  no confiaba para nada en ellas.

Lea además: 

Bibliografía:

Una Interpretación De La Esclavitud Africana En Honduras Siglos XVI – XVII, (Rosa Melida Velásquez Lambur).

Sin memoria de esclavitud: Procesos de empoderamiento de afro-descendientes en la Audiencia de los Confines. 1525-1643 (Rafael Ángel Obando Andrade).

Los Negros En Honduras, (J.R Valenzuela).

El comercio de esclavos en Honduras y Nicaragua en el siglo XVI. (Víctor Rodríguez Baena).

Tráfico de Esclavos Negros a Honduras, (Rafael Leiva Vivas).

Migración africana y formación social en las Américas,1500-2000, (José C. Moya).

Biografía de Morazán, (José  Ángel  Zúniga Huete).

Honduras Difícil Emergencia De Una Nación, (Marcel André d”Ans).

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.