/EL EJÉRCITO OLVIDADO DE MORAZÁN (1/2)

EL EJÉRCITO OLVIDADO DE MORAZÁN (1/2)

Por Alex Palencia.

Siempre hemos leído en los libros escritos sobre la vida y obra de Francisco Morazán, que a este lo seguía un ejército formado por indígenas de Texiguat, Reitoca y Curarén, además de muchos soldados salvadoreños. En realidad, cuando uno lee entre líneas y hace algunas relaciones y valorizaciones de eventos, personajes, datos estadísticos, censos, situaciones y sobretodo, cuando se escudriña un poco en la historia durante el tiempo colonial y pos colonial, entramos en dudas razonables sobre dicha veracidad y encontramos muchas confusiones e  incongruencias al respecto.

Creemos que nuestros historiadores empíricos, con el afán de reivindicar al indígena han sobrevalorado el papel de estos en los procesos independentistas y revolucionarios, desde la colonia a la actualidad, tratando de soslayar la vergonzosa derrota frente a sus colonizadores europeos (españoles). El liberalismo en el caso nuestro, coludido con el cachurequismo de procedencia indígena: manera de pensar y percibir la vida, creada por la familia criolla más poderosa de la región; los Aycinenas quienes junto a Rafael Carrera; incubaron en toda Centroamérica el conservadurismo asociado al realismo mágico religioso y al seudonacionalismo. Y son sus adeptos quienes han falseado la historia de estos pueblos exaltando el papel indígena más allá de la objetiva realidad.

Recordemos que los principales texto biográficos del héroe, se escribieron en la época en que se estaba creando la identidad de los Estados Nación centroamericanos, escritos casi todos por aquellos historiadores empíricos que militaban en la corriente ideológica del liberalismo y quienes estaban empeñados en convertir a Morazán en uno de los fundadores de esa corriente filosófica en Centroamérica. Además, estos estaban alineados con la idea de crear una identidad con un gran componente de la cultura indígena, pues eran descendientes criollos que de esa manera intentan espiar sus culpas, por todo lo que sus padres, abuelos y tatarabuelos habían hecho con los habitantes ancestrales de estas tierras los cuales por siglos sufrieron el  avasallamiento y vejación de los ascendientes españoles.

Aun así, harto comprobado está, que los indígenas de Centroamérica siempre fueron el brazo armado de los colonizadores y sus descendientes hasta el día de hoy. Cualquiera diría que el ejército de Morazán era un montón de indios chuñas como se afirma en los libros, pero se les olvida, que Morazán no era un criollo cualquiera; este como descendientes de italianos y españoles no pertenecían necesariamente a la clase criolla parasitaria colonial.

Juan Bautista Morazani (abuelo de Francisco Morazán), llegó en el año de 1760 a Honduras, procedente de la isla de Martinica. Este había cruzado el mar Atlántico desde  la isla de Córcega Italia al nuevo mundo. Su familia más ancestral había  pertenecido al clan Morazaglia; conocidos en Italia por ser buenos constructores de barcos. Con esa idea se establecen en Centroamérica, específicamente en Honduras, conocida más por la calidad de sus maderas de color: Caoba, Rosa, Guayacán, Roble, Redondo, Ciprés, Guanacaste, Laurel Negro, Nogal, Barba de Golote, Cumbillo, San Juan, Carreto, Cocobolo y otras. Debido a que en la Mosquitia hondureña era un lugar propicio para emprender una empresa como esa: construir barcos.

Para mala suerte para Juan Bautistas Morazani, ya para ese tiempo, esa zona estaba controlada por los ingleses quienes tenían ilegalmente la explotación  absoluta  de la madera en las costas de Honduras y Belice. La Caoba, Ciprés, Rosa y Cedro de la Mosquitia era utilizado para reconstruir gran parte de la ciudad de Londres después ser devastada por el incendio ocurrido cien años antes, del  2 al 5 de septiembre de 1666. Así, gran parte de la madera de la Mosquitia hondureña, fue a parar a los palacios gubernamentales y grandes residencias particulares de esa ciudad.

Detalle de una pintura de 1666 del Gran Incendio de Londres de un artista desconocido, representando el incendio como pudo haber sido observado desde un barco. La Torre de Londres está a la derecha y el Puente de Londres a la izquierda, con la Catedral de San Pablo al fondo, rodeada por las llamas más altas.
Detalle de una pintura de 1666 del Gran Incendio de Londres de un artista desconocido, representando el incendio como pudo haber sido observado desde un barco. La Torre de Londres está a la derecha y el Puente de Londres a la izquierda, con la Catedral de San Pablo al fondo, rodeada por las llamas más altas.

Se conoce que Juan Bautista Morazani llegó Honduras y que tiempo después llego su hermano José María Morzani. Los hermanos Morazani al ver la imposibilidad de realizar su empresa debido al control de los ingleses en la zona de la Mosquìtia  hondureña, desistieron del proyecto de construir un astillero o atarazana, y; decidieron dedicarse a otros menesteres como la ganadería, la minería y el comercio; negocios que heredó, Eusebio Morazán padre del héroe y quien se estableció en el centro de la ciudad de Tegucigalpa.

Morazán nace el 3 de octubre de 1792, del matrimonio formado por el ciudadano Eusebio Morazán con Guadalupe Quesada, criolla de descendencia española. Es de hacer notar que el abuelo de Morazán, Juan Bautista Morazani, se vio obligado a cambiar o españolizar su apellido, debido a una ley colonial española que decía que el extranjero procedente de cualquier parte del planeta que quisiera radicarse en Centroamérica, después de 15 años debía españolizar su nombre y apellido. Y así tenemos que todos los Morazán que existen actualmente bajo el cielo, son descendientes directos del primer Morazani que llego a estas tierras, el italiano Juan Bautista.

El censo de 1793 nos indica que en Tegucigalpa habitaban 76 familias de españoles criollos, 450 de mestizos, 507 de indígenas y 600 de mulatos; estos últimos pernoctaban en lo que se conoce como Barrio Abajo, Las Delicias, Los Dolores y el centro de la ciudad, mientras que los criollos españoles, quizás por el temor a las inundaciones del rio Chiquito o Choluteca, vivían en la zona que hoy conocemos como La Leona; en cambio los indígenas residían en Comayagüela, al otro lado de lo que en 1821 sería el puente Mallol, donde se encargaban de las porquerizas, gallineros y hortalizas.

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El puente Mallol en 1885 los edificios del fondo lugar donde hoy está el Palacio Legislativo. Foto La Tribuna.

Es obvio que ya para esa época, la mayoría de la población de Tegucigalpa era de descendencia de la raza negra, que venían de los primeros esclavos llegados a Honduras a través de Trujillo, Guatemala y Nicaragua desde África, entre los años de 1530 a 1660. Para mediados del siglo XVIII la población mestiza o parda ya constituían el 66%  de la población hondureña la cual se consideraba de procedencia africana, a tal punto, que Honduras era conocida en Centroamérica como la tierra de los negros.

“Sabemos también, que al ritmo de la Conquista, el descubrimiento de minas hizo sentir la necesidad de emplear a los indios en el trabajo de los beneficios y que, las layes de la Corona les protegían por otra parte, a pedimento especialmente de Fray Bartolomé de las Casas”.

Así, “ante el hecho de que los indios no aguantaban el trabajo pesado y morían con facilidad”, aquel insigne protector solicitó del Rey “que se trajeran negros del Continente africano qua desplazaran a los aborígenes”. Según Mons. Antoni, “doce mil pesos fue el precio pagado por la primera remesa organizada que llegó a América compuesta de 4,000 negros procedentes de Guinea”.

“Las fuentes auríferas cercanas a Trujillo y las exploradas hacia 1,539 en los valles de Quimistán, Naco, San Pedro y en las proximidades de Comayagua, crearon desasosiego por la mano de obra esclava africana. Las expectativas se acentuaron al llegar a los remansos aluviales del río Guayape, en cuyos lavaderos para 1,545 ya se habían llegado a concentrar hasta 1,500 africanos”.

En lo que respecta al informe del alcalde mayor don Baltasar Ortiz de Letona (1739-1743), Tegucigalpa, Choluteca y Danlí fueron reportados con ciertas cantidades de negros, mientras que a Orica, Cantarranas y Nacaome las calificó como “absolutamente negras”. En Tegucigalpa cuantificó la existencia de 76 familias de españoles criollos y una cantidad de más de mil mulatos y pardos. Para entonces los pardos habían construído para ellos una iglesia de exquisita calidad artística a la que pusieron por nombre “Los Dolores”, iglesia que aún se encuentra prestando el servicio en perfectas condiciones”.

“En su jurisdicción también estaban comprendidas las villas de San Juan, Guaymaca y San Francisco que son “poblados de negros”. Se contabilizaron como cincuenta españoles de 18 años en adelante y como treinta mestizos, el resto de la plebe era de negros y mulatos”.

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Estos primeros esclavos negros que llegaron traídos por traficantes europeos, quienes los arriaban desde Senegambia, situada entre los ríos Senegal y Níger en África; de ellos eran los Fulani, primeros negros en llegar forzadamente a Centroamérica, quienes fueron  distribuidos entre Guatemala y Honduras. Estos eran de piel color caoba claro, de complexión espigada, la nariz recta o aguileña (jamás achatada), los ojos almendrados y el pelo fino, no tan crespo.

Sin embargo, los Fulani poseen una lengua clasificada dentro del grupo lingüístico Níger-Congo —aunque otros les englobarían en el grupo afro-asiático junto con lenguas más cercanas a ellos, como el hausa o el bereber —. Así pues, muchos situarían sus orígenes en las orillas del Nilo; otros opinan que este pueblo es el resultado de un mestizaje entre pueblos sudaneses y nómadas del Sáhara”.

Sabemos que los negros esclavos, en realidad llegaron desde el comienzo de la colonización en el siglo XV; pero estos eran muy pocos, generalmente dos o tres cargadores y sirvientes de los principales espadachines españoles. Fue a partir de la mitad del siglo XVI que llegaron en mayor número, ya para trabajar en las grandes haciendas, villas  y minas, o bien, como lavadores de oro en los ríos.    

La región minera hondureña sufrió desde un principio la llegada de esclavos negros de contrabando. Desde el periodo del lavado de oro, se había producido una entrada descontrolada de cuadrillas de negros procedentes de lugares, sobre todo desde las Antillas Mayores y desde Guatemala, Nicaragua incluso desde Panamá”.

Ha sido imposible para los historiadores determinar con exactitud la cantidad de esclavos negros llegados a Centroamérica, pues gran cantidad de ellos no eran vendidos con licencia o permiso de la Corona, y su transacción era ilegal según las leyes coloniales, aunque las dos eran contrabando de seres humanos como fuerza de trabajo bruta.

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Fula o Fulani o Fulbe (esta última es una versión anglosajona de la palabra en su idioma, Fulɓɓe) son un grupo étnico de personas repartidas en muchos países, predominantemente en África Occidental, pero también se encuentran en África Central y en el Sudán del este de África. Los países de África donde están presentes incluyen Mauritania, Senegal, Guinea, Gambia, Malí, Nigeria, Sierra Leona, Benín, Burkina Faso, Guinea Bissau, Camerún, Costa de Marfil, Níger, Togo, la República Centroafricana. La República Africana, Ghana, Liberia, y hasta Sudán en el este. Las fulas no son una mayoría en todos los países donde viven, pero en Guinea representan una pluralidad de la población (el grupo más grande).

Muchos de estos esclavos negros venidos a Honduras huían o se escapaban de las haciendas, minas y ríos, llegando gran parte de ellos a Real de Minas donde se podían ocultar entre la población sin dificultad. Esta nueva casta de negros, mulatos y pardos; que no tenía espacio en la estructura administrativa de la Corona española, excluidos y marginados, muchos abandonados desde niños por sus familiares blancos o criollos, por ser hijos de negros. Formaron el grueso de los pobladores de la Villa Real de Minas de Heredia, después llamada Tegucigalpa; convirtiéndose algunos de ellos en herreros, cocineros, artesanos, muleros, sastres, zapateros, barberos, albañiles, jornaleros, pequeños comerciantes, contrabandistas, arrieros, etc.     

“En sus asentamientos la población mulata y parda va haciéndose de chácaras y estancias donde sembraban maíz, criaban ganado y bestias mulares, las bestias se las alquilaban para el transporte de productos a los mercaderes hasta por temporadas de seis meses. Acompañaban a los mercaderes cuando los contrataban como arrieros de mulas o para el traslado de ganado vacuno hacia otra provincia; en los obrajes de añil de la zona sur de la Alcaldía Mayor”.

Se sabe por investigaciones hechas, que los descendientes de estos primeros esclavos negros venidos de África, participaron desde un principio en los ejércitos centroamericanos en tiempos de la colonia, y hay referencias de ello.

“Entre tanto, se fueron organizando muchas más compañías de milicianos en toda la provincia. Ortiz de Letona registró la existencia de 12 compañías milicianas que, según Marielos Chaverri, tenían al menos 1,500 hombres armados de una población calculada en 300,000 habitantes. En la segunda mitad del siglo XVIII, el número de alistados en las armas se había incrementado, sólo en Tegucigalpa ya se contabilizan diez compañías de milicianos, tres de las cuales eran de caballería conformadas por españoles y las siete restantes de infantería, integradas solamente por mulatos y pardos. Ojojona tenía una compañía de españoles y mestizos, Danlí contaba con una compañía de pardos y Yuscarán con una de pardos y otra de infantería formada sólo por españoles”.

“Para 1767, sólo en la jurisdicción de Nacaome, Goascorán y Aguanqueterique se habían organizado diez compañías de milicianos mulatos y pardos. Para el mando de estas compañías fue designado Eusebio Laínez a quien se le dio el rango de coronel, por considerar que “no hay otro más decente para coronel por componerse dichos partidos de negros y mulatos”.

“Los esclavos fueron dispersados en casi toda la provincia pero es en la jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa donde su presencia fue más notoria, particularmente porque aquí fue donde se explotaron la mayor parte de vetas minerales en el período colonial. Esta particularidad condicionó la participación de los esclavos en todas las actividades relacionadas con la industria minera, aquí compartieron labores con españoles pobres, con indígenas de repartimiento y con mulatos y negros libres. En estos espacios los intercambios sociales solían ser más fluidos y constantes, lo cual contribuyó al proceso de mestizaje”.

Continúa…

Bibliografía:

Una Interpretación De La Esclavitud Africana En Honduras Siglos XVI – XVII, (Rosa Melida Velásquez Lambur).

Sin memoria de esclavitud: Procesos de empoderamiento de afro-descendientes en la Audiencia de los Confines. 1525-1643 (Rafael Ángel Obando Andrade).

Los Negros En Honduras, (J.R Valenzuela).

El comercio de esclavos en Honduras y Nicaragua en el siglo XVI. (Víctor Rodríguez Baena).

Tráfico de Esclavos Negros a Honduras, (Rafael Leiva Vivas).

Migración africana y formación social en las Américas,1500-2000, (José C. Moya).

Biografía de Morazán, (José  Ángel  Zúniga Huete).

Honduras Difícil Emergencia De Una Nación, (Marcel André d”Ans).

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.