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EL AÑO DE LA NADA

Por Julio Raudales


Me recuerda al 2008, es decir, remonto una década, y lo veo igual: plagado de incertidumbres, diatribas y cerrazón.

El 2018 cierra como empezó, enmarañado por la controversia política, sin acuerdos que permitan avizorar un resquicio de distensión y revestido de un halo cada vez mas certero de que algo está podrido en el país; ese olor nauseabundo a corrupción y crimen al mas alto nivel, que no nos deja siquiera pensar.

Cómo hace 10 años, las autoridades persisten en su actitud contumaz y provocadora. Ayer por el intento de cambiar las reglas del juego, precisamente en año electoral, hoy, por haberlas cambiado hace un año y no saber sanear la herida. Esto, igual que entonces, no hace mas que zaherir los ánimos y encaminar a la gente hacia el punto de no retorno en la confrontación. Ojalá que 2019 acalle el cisma que desde una década atrás, mantiene a Honduras herida de muerte, sin que sus hijos hagan otra cosa que aplicar sal y ácido, en vez de unirse para sanar.

Los resultados desde la economía no son ni por cerca halagadores: El crecimiento de 3.6% en la producción, si bien ligeramente superior a la media centroamericana, nos deja en nada (o casi nada) si descontamos el aumento en la población.  Sigue siendo insuficiente para solventar los problemas de bienestar en el país mas pobre del istmo y mas bien persiste en acentuar la desigualdad, concentrado en las ganancias de apenas tres sectores: el bancario, la generación de energía y las telecomunicaciones, con empresas que no llegan ni a 30 mil empleados entre todas.

La población con problemas de empleo se expande en 2018 y llega a acumular casi al 60% de los trabajadores, amarga cifra. ¿Cuándo se revertirá?, la cobertura en educación se mantiene frígida con mas de 400 mil jovencitos fuera del colegio y sin trabajo, no declina el número, mas del 80% de la cohorte etaria de entre 18 y 30 años que no logra terminar la secundaria, perdiendo entonces la posibilidad de siquiera buscar alguna opción profesional, sea esta universitaria o no, juventud sin acervo y sin esperanza es oportunidad perdida.

La infraestructura mejoró merced a un acentuado esfuerzo de inversión, en especial, impulsado por fideicomisos en alianza publico-privadas, ¿Dónde se va entonces la enorme carga tributaria que absorbe cada vez mas los recursos que deberían estar destinados a forjar el capital físico del país? Sin embargo, esta mejora, se descompensa en la caída frenética en el desarrollo institucional. Así lo muestra el último informe del Foro Económico Mundial, que califica a Honduras con un indicador que lo mantiene en el centésimo lugar, (en 2017 era el 101), en un ranking de 140 países. 

Tres eventos negativos, ninguno de ellos económico, exaltaron al país durante el año que termina: las enardecidas manifestaciones callejeras en oposición al inicio de la cuestionada administración gubernamental que agitaron las calendas de enero, la irrupción sorpresiva de una caravana migrante hacia el norte y en el estertor, un escándalo de narcotráfico, ligado a las altas esferas del poder. Los tres episodios dignos de Netflix, acumularon las ansias y el estrés de la población que aun no se recupera de semejante aquelarre.

Pese al denodado esfuerzo que ciudadanos comprometidos con el país hicieron, auspiciados por la ONU, para sentar a los políticos en la mesa de dialogo, la operación quedó inutilizada por la imposibilidad de conseguir acuerdos dada la actitud vacua de sinceridad y patriotismo. No funcionó el dialogo y hay que aceptarlo con gallardía, no para lamentarlo, sino para obtener de la experiencia la debida lección. ¡Hay que seguir! La batalla de las ideas debe ser siempre el quehacer de quienes desean un mejor país donde vivir.

Y así culmina este 2018, se va casi arrastrando sus pies, sin prisa, pero sin pausa. Casi no dan ganas de salvarlo. Mis amigos reporteros, siempre acuciosos la mayoría, ávidos de una interpretación equilibrada y justa vienen a preguntar. Quisiera ser optimista y decirles que se atisba una esperanza en el futuro cercano. Pero no soy capaz. Veo las cifras, nacionales y foráneas, examino con cuidado las actitudes, mido los esfuerzos y es inútil. Los próximos 365 días no podrán ser mejores porque no hay milagros en política y aquí en este bregar, cada país tiene inexorablemente lo que se merece.

Lo siento.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.