Honduras

EL AMALGAMA IMPERFECTA DEL FNRP

Por

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EL FRENTE NACIONAL DE RESISTENCIA POPULAR EN LA HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS POPULARES DE HONDURAS.

Por: Albany Flores Garca.

Miradas sobre el movimiento popular hondureño en el siglo XX.

La historia del movimiento popular hondureño tiene su origen en las luchas de los movimientos obreristas de las primeras décadas del siglo XX, en el contexto de lo que el sociólogo Mario Posas ha denominado como el proceso de formación del “proletariado urbano-industrial”. En su artículo sobre El surgimiento de la clase obrera hondureña, publicado en el “Anuario de estudios centroamericanos” y re-publicado por el historiador Óscar Zelaya Garay en su antología Lecturas de la historia de Honduras, Posas sostiene que la conformación de los movimientos sociales que tuvieron lugar a partir de la década de 1920 sólo podía desarrollarse en las zonas urbanas, y que por tal razón fue en ciudades como Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba —mismas en las que floreció la industria manufacturera—, donde evolucionaron los núcleos más numerosos e importantes del proletariado industrial hondureño propiamente dicho.

La brutalidad de la matanza

Tropas del general Tosta en la guerra civil de 1924

Las primeras manifestaciones de la oposición popular organizada en el siglo XX, por lo menos las más relevantes, surgieron al amparo de las ideas revolucionarias y las tendencias marxistas que a comienzos del siglo habían llegado al continente americano con una enorme fuerza por la revolución rusa de 1917, pero que por la amenaza que representaban para la “estabilidad” de los gobiernos de mundo occidental, se habían vetado en la mayoría de los países americanos.

A lo largo de la década de 1920, a pesar de los daños que habían dejado La Guerra del 19 y La Guerra del 24, y a pesar de la debilitada figura de los gobiernos frente a las disposiciones del capital extranjero, los pequeños movimientos obreros liderados principalmente por Manuel Cálix, Graciela García y Juan Pablo Wainwrigth, encontraron la manera de agruparse en los campos bananeros y en las instalaciones de las minas. Así nació, a partir del Sindicato de Oficios Varios, la primera Federación de Obreros Hondureños en 1921. En realidad, la primera gran afrenta de las organizaciones populares se dio a partir de la década de 1930, hasta que en julio de 1944, luego de una protesta en San Pedro Sula, decenas de personas fueron ejecutadas (El Pulso, edición del 6/07/16).

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General Tiburcio Carías Andino (1933-1949) y su esposa Aurora.

Éste hecho, sumado a la represión ciudadana y la intolerancia política sufrida durante todo el régimen que terminó el primero de enero de 1949, el movimiento popular se alzó con temeraria fuerza en el periodo de Juan Manuel Gálvez, al punto de hacerlo dimitir, alegando falsamente cuestiones personales.

Luego de ello, el 4 de mayo de 1954 estalló la Gran Huelga, el suceso más importante de los movimientos sociales del pasado siglo. La huelga sirvió de base para muchos cambios positivos, como el impulso de la Reforma Agraria y la consecución del Código del Trabajo que se dictó en 1959 en el gobierno de Ramón Villeda. Desde entonces, el contrapeso social que el movimiento popular ha plantado a los gobiernos —fuera de contadas excepciones— ha sido casi nulo. En el siglo XX, el movimiento obrero y sindical realizó conquistas de importantísimo interés para los gremios sociales que constantemente exigían sus derechos: obreros, trabajadores campesinos, estudiantes y mujeres principalmente.

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Obreros en huelga, El Progreso, Yoso, 1954.

El FNRP, un movimiento popular del siglo XXI frente a una democracia novísima.

Con el final de una época de gobiernos militares-nacionalistas que se prolongó desde 1933 hasta 1982 con sólo tres interrupciones ocasionadas por los gobiernos de Juan Manuel Gálvez (1949-1954), Ramón Villeda Morales (1957-1963) y Ramón Ernesto Cruz (1971-1972), el discurso político de la clase gobernante se escudó en la supuesta renovación del Estado y la transparencia de la administración pública.

Esa aparente renovación consistía en el reconocimiento de la importancia de un gobierno civil, y en la inauguración de la “nueva democracia hondureña” que dio inicio con el periodo de Roberto Suazo Córdova.

A su vez, esa nueva democracia, cuyo aparato estructural se amparaba en la Constitución política dictada en 1982, que garantizaba un Estado republicano, laico y de carácter civil, tuvo su ruptura casi definitiva con la fragmentación del Partido Liberal y el Golpe de Estado asestado por los militares al mando de Romeo Vásquez en junio del 2009.

Años antes, el 27 de enero del 2006, luego de resultar vencedor en las elecciones de noviembre del 2005, representando al Partido Liberal y derrotando al candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa, asumió la Presidencia de la República el hacendado olanchano Manuel Zelaya Rosales, quien recibió la banda presidencial de manos del Presidente del Congreso Nacional, Roberto Micheletti Bain, en presencia de la futura Primera Dama, Xiomara Castro Sarmiento, y del electo Vice-Presidente, Elvin Santos.

En el acto celebrado en las instalaciones del Estadio Nacional, al ser juramentado como Presidente, mientras posaba su mano derecha sobre la Constitución de la República, Zelaya  juró «ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución y sus leyes».

Pese a ello, a partir del segundo año de gestión, el gobierno —declarado públicamente como un gobierno de centro izquierda— fue alejándose paulatinamente de las prácticas políticas, estratégicas y económicas tradicionales del partido que lo había llevado al poder, y comenzó una serie de alianzas (Petrocaribe, ALBA, etc.) con los gobiernos izquierdistas sudamericanos liderados por el proyecto unificador de Hugo Chávez. Estas acciones provocaron la animadversión de los sectores políticos, la empresa privada, el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia y el Estado Mayor Conjunto. La lucha política del gobierno buscaba la reelección presidencial a través de la modificación de la Ley Electoral y los artículos pétreos de la Constitución, por lo que el Ejecutivo lanzó una férrea campaña para la instauración de un plebiscito nacional denominado Cuarta Urna, a través del cual el gobierno preguntaría a la ciudadanía si estaba o no de acuerdo con la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente que dictara una nueva Constitución; tal como habían hecho Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Ignacio da Silva en Brasil y el mismo Hugo Chávez en Venezuela.

Por todo ello, la élite política-económica que se veía amenazada por el proyecto continuista, instó a las Fuerzas Armadas de la nación a proceder en la «defensa de la soberanía y el Estado de Derecho», por lo que en horas de la madrugada del 28 de junio del 2009 —día pactado para la instalación de la Cuarta Urna—, un destacamento del ejército nacional desposeyó a Zelaya del poder con un Golpe de Estado, sin darle a éste la oportunidad de ser juzgado por los tribunales competentes (contencioso administrativo) por los varios delitos que se le imputaban, incluido el de alta traición a la patria.

Primera aparición de Manuel Zelaya después del golpe de Estado de 2009, a su lado el presidente de Costar Rica Óscar Arias. AFP PHOTO LUIS RUEDA

Primera aparición de Manuel Zelaya después del golpe de Estado de 2009, a su lado el presidente de Costar Rica Óscar Arias. AFP PHOTO LUIS RUEDA

Una vez ejecutado el Golpe, los partidarios del depuesto Presidente —que contaba con altos índices de notoriedad por sus políticas populistas— más una gran masa de la población inconforme con las acciones de la élite y el ejército, que habían enviado a Zelaya al exilio, salieron a protestar por cientos de miles durante meses, exigiendo la vuelta al orden constitucional, la repatriación y la reinstalación del Presidente en sus funciones. De este modo, gracias a la coyuntura política, nació el Frente Nacional Contra el Golpe de Estado, un movimiento político y social compuesto por casi  todos los sectores del país.

A diferencia de los movimientos populares del siglo XX, compuestos principalmente por obreros, trabajadores campesinos, disidentes políticos y estudiantes, éste Frente fue un movimiento de carácter popular donde convergieron representantes de diversos y numerosos quehaceres, estratos, ideas, filiaciones y pensamientos: trabajadores, obreros, campesinos, maestros, estudiantes, sindicatos, artistas, académicos, intelectuales, comerciantes, comunidad LGTB, tribus urbanas, etc. Además, el mismo no estaba completamente constituido como una organización estructurada, y al contrario, fungió como el aglomerante de  las masas que marchaban en protesta por el Golpe de Estado y la ruptura del proceso democrático.

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Marcha del Frente Nacional contra el golpe de Estado, julio 2009.

En un principio, el Frente nació como una reacción natural de una sociedad sorprendida que sólo veía los golpes de Estado como sucesos de una historia lejana, y que por tanto no podían creer que en pleno siglo XXI se hubiese perpetrado uno en el país. En esencia, el Frente tenía como principales tareas la vuelta al orden constitucional, el fin del gobierno de facto de Roberto Micheletti, y el regreso del Presidente a Honduras.

El Frente Nacional cambió su nombre a Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) cuando se dio cuenta que los hechos y las consecuencias políticas del Golpe de Estado eran prácticamente irreversibles, y que su única oportunidad se encontraba en las elecciones pactadas para noviembre del 2013. A partir de entonces, el FNRP se convirtió en una organización con estructura política-social con una agenda establecida.

Durante el gobierno de Roberto Micheletti, las elecciones de noviembre del 2009 y el gobierno nacionalista de Porfirio Lobo, el FNRP tomó parte del debate público, recuperó un espacio público hasta entonces dudoso, se manifestó sobre los grandes temas nacionales, e hizo oposición a los  proyectos neoliberalistas del Partido Nacional; como la aprobación de las Zonas Especiales de Desarrollo (Ciudades modelos), las concesiones de los recursos nacionales para los proyectos privados de energía renovable, la nueva Ley de Educación, el sostenimiento y la adecuación del salario mínimo, la militarización del Estado, la narco política, etc.

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fnrp en las calles.

El FNRP sufrió una importante transformación cuando, gracias a las presiones multisectoriales y a la necesidad de ratificación mundial del nuevo gobierno nacionalista, se firmó el Acuerdo de Cartagena de Indias por el Presidente Porfirio Lobo y los Presidentes Juan Manuel Santos de Colombia y Hugo Chávez de Venezuela. El Acuerdo estipulaba, entre otros, dos punto de obligatorio cumplimiento: el regreso de Manuel Zelaya al país sin penalidades jurídicas de ningún tipo por cuestiones políticas, y la transformación del FNRP en una fuerza política. Sin embargo, para el gobierno nacionalista de Lobo, el acuerdo no tenía como prioridad ésos dos puntos, sino el regreso de Honduras a la Organización de Estados Americanos (OEA); fue ese el verdadero trasfondo del acuerdo. De ese modo, una vez firmado el acuerdo de Cartagena de Indias el 22 de mayo del 2011, el ex-Presidente Zelaya regresó al país el 28 de mayo (La Prensa, edición del 22/05/11).

Tras su regreso, sabiéndose líder del movimiento popular surgido tras su defenestración, Manuel Zelaya propuso la formación de un Frente Amplio de Resistencia Popular que sería el brazo político del FNRP para hacer frente al Partico Nacional en las elecciones del 2013. La propuesta fue aceptada por la Asamblea Extraordinaria del FNRP, y de esa manera el Frente Amplio de Resistencia Popular fue aceptado como partido político mediante decreto especial, registrándose como partido Libertad y Refundación (LIBRE) el 13 de marzo del 2012 (La Prensa, 22/05/11).

Asamblea extraordinaria del fnrp en donde se aprobó la creación del frente electoral, 2011.

Al pronunciarse sobre la aceptación de LIBRE como brazo político del FNRP, y asumiendo que no se había seguido el protocolo establecido por la Ley para la aceptación de partidos políticos, el Magistrado del Tribunal Supremo Electoral, Saúl Escobar, dijo: «…ante la decisión del Congreso Nacional, el Tribunal Supremo Electoral sólo tiene que acatarla e inscribir a la Resistencia como partido» (La Prensa, 22/05/11).

No obstante, el partido LIBRE no era el primer partido político en ser reconocido como tal fuera de los márgenes de la ley, pues lo mismo había ocurrido en 1993 con el partido Unificación Democrática (UD), que fue inscrito como partido político a raíz de la firma del Acuerdo de Esquipulas, que había elevado a los grupos guerrilleros centroamericanos al nivel de partidos políticos, con el fin de equilibrar las pugnas ideológicas y proselitistas en la región. La UD nació como partido mediante la fusión del Partido para la Transformación de Honduras, Partido Revolucionario Hondureño, Partido Morazanista de Liberación Nacional, Partido Renovación Democrática (antiguo Partido Comunista), más una importante cantidad de movimientos sociales, obreros e ideológicos.

Con la aparición de LIBRE como brazo político del FNRP, éste último prácticamente se convirtió en una figura puramente simbólica, pues LIBRE se convirtió en la instancia representativa más fuerte de la resistencia. De hecho, en los últimos años ha habido una serie de desacuerdos entre las autoridades del partido y la militancia, optando por la formación de diversos movimientos internos que lejos de mostrar virtudes democráticas, revelan la fragmentación ideológica y la división de intereses en el seno de la institución.

Presidencial

LIBRE, en términos de pragmatismo, terminó con el protagonismo primigenio que el FNRP cumplía como ente cohesionador de la oposición post-Golpe de Estado. Al mismo tiempo, también es posible que LIBRE fuera la opción más acertada para la agrupación sistemática de la resistencia, pues el gran error del FNRP, como lo sigue haciendo LIBRE, es haber escogido como líderes de un movimiento “nuevo” en una órbita social “nueva” a dirigentes con ideas, acciones y discursos políticos avejentados; el FNRP falló cuando entregó su mando a los mismo nombres que habían hecho fracasar al movimiento social y popular en el pasado: Rafael Alegría, Juan Barahona, y todos aquellos luchadores sociales que habían dejado de lado las consignas y se habían acoplado hace tiempo a las estructuras del poder que antaño deleznaban.

Aun cuando pueda parecer inadmisible, uno de los puntos del porqué el FNRP no pudo triunfar como movimiento de oposición unificada se debió probablemente a que la gran diversidad de ideas, filiaciones e intereses, que al principio parecían de incalculable valor, con el tiempo impidieron la creación y seguimiento de un proyecto común, debido a la defensa que cada grupo interno hizo de su propia visión.

Juan Barahona y Rafael alegría junto a los líderes de los indignados

Juan Barahona y Rafael alegría junto a los líderes de los indignados

Toda esa pluralidad de ámbitos no pudo amalgamar, y la gran promesa histórica y social que en un comienzo representó el FNRP volvió a caer por las mismas causas que en el pasado: la carencia de una base ideológica determinada y clara, la importación de modelos ideológico-políticos que no se correspondían con la realidad nacional, una estructura ambigua, triunfalismo, etc.

El brazo político del FNRP se encuentra políticamente contra las cuerdas, y tanto como el oficialismo “antidemocrático” al que combate, hoy más que nunca propugna por la reelección presidencial para imponer a su caudillo.

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Albany Flores Garca es escritor, historiador y editor, Honduras, 1989. Es autor de los libros Geografía de la ausencia y La muerte prodigiosa, es editor en malàdive editores, y director-fundador de la revista El zángano tuerto.

Acerca Invitado

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.

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