/EDITORIAL UNIVERSITARIA PUBLICARÁ LIBRO DE POETA HONDUREÑO

EDITORIAL UNIVERSITARIA PUBLICARÁ LIBRO DE POETA HONDUREÑO

La Editorial Universitaria de la UNAH publicará el libro “33 revoluciones para Rodríguez” del poeta hondureño Fabricio Estrada que resultó ganador del Premio Nacional de Poesía Los Confines 2017.

Un jurado compuesto por Helen Umaña de Honduras, Jorge Paolantonio de Argentina y Javier Alvarado de Panamá otorgaron por unanimidad el Premio Nacional de Poesía Los Confines a este libro “por el desarrollo de una propuesta sólida a través de recursos musicales, ecos, alusiones, asociaciones culturales y referentes históricos, geográficos y políticos, donde se refleja el tono emotivo que va in crescendo a lo largo del poemario sobre el personaje de Sixto Rodríguez a manera de réquiem desde el uso acertado del versículo en un panorama actual”.

El Premio Nacional de Poesía se convocará nuevamente en abril de 2018 por el Festival Internacional de Poesía de Los Confines, Hotel Real Camino Lenca de la ciudad de Gracias y la Editorial Universitaria de la UNAH como parte de su trabajo de extensión universitaria a la comunidad cultural de Honduras.

El libro será presentado por el Director de la Editorial Universitaria, Evaristo López y el editor Carlos Ordóñez en el mes de julio de 2018 en el marco del Festival Internacional de Poesía Los Confines en la ciudad de Gracias, Lempira. Fabricio Estrada viajará desde Puerto Rico, país donde reside actualmente, para recibir el galardón y protagonizar la presentación del libro.

Portada de 33 revoluciones para Rodríguez

VII

Rodríguez le escribe a Cindy Lauper.

Pequeña Cindy, apago la tele un momento para escribirte.

Sé que las chicas ya no quieren divertirse, ahora quieren gruñir y mirar MTv todo el día.

Algunas quieren, por cualquier medio, su propio reality y jamás consiguen ser de interés para nadie.

Quizá sea la mala edición casera o la saturación de tantas millones queriendo ser estrellas a la vez y explotar y…

Dulce Cindy

Divertirse era ponerse el pelo rosado y hacer que los chicos bailaran canciones de chicas,

divertirse era hacer del punk una fiesta de quinceañera

con algo de maryjane y Tom Collins,

sintonizar Falcon Crest y quedarse allí hasta derramar lágrimas de neón…

¿Qué pasó con todo aquello que hacía la vida tan ingenua?

¿Qué fue de tus medias rotas y aquel Manhattan frío de principios del 83?

La última vez que te vi pasaban The Goonies en su milésimo estreno,

quizá el Betamax se atoraba de cuando en cuando

pero yo estaba enamorado,

quería tener asma porque asma tenía el niño

que termina con la niña más bella.

Vos cantabas sobre el barco del tesoro aquello de querer

un chico que caminara sobre el sol

y el casting comenzaba a cerrar la historia

y desde entonces creí, que, al cerrar los ojos, bajo mis párpados,

aparecería siempre la lista íntima

de las chicas libres que querría para siempre en mis sueños.

Ahora te he visto de nuevo, entrañable Cindy, querida Cindy,

pero estabas tan malhumorada que temí equivocarme

temí haberme equivocado siempre

y que tu diversión tuvo que haber sido desaparecer en serio

                                            una vez terminara el video clip

que alguien que amaras te ocultara del resto del mundo

y no llegar a este triste cuadro retro en un programa de una hora pervertida,

en un contrato más infeliz que todo eso que debe darte al recordar

que una vez fuiste la moda

y que la moda jamás habló de envejecer y ser recordada.

Ser recordada es para las muertas -me dirás- pero

¿Acaso no has muerto

una vez que las chicas decidieran morirse

viendo MTv todo el fucking día?


VIII

33 revoluciones para Rodríguez

¿En qué lugar murieron tus héroes?

¿Fueron palomas que se arrancan las plumas a solas y luego ven sus patas mutiladas y lloran?

Te conocieron por sensible, Rodríguez, en una ciudad donde los motores reinan y que todos se atornillan al silencio. No podrá con los martillos hidráulicos, decían, no tiene brazos para las grúas, repetían. Y apenas llegabas con tu desempleo ya sabían que no podrías, que estabas hecho para extrañar, para preguntarte cosas sobre los soldados muertos en Vietnam o por aquello de saber qué cosa apremia más,

si el amor o la soledad.

¿Cuántos héroes tuviste en tus canciones, Rodríguez?

Los hombres regresaban a casa con las vértebras torcidas

y sus compañeras juntaban abalorios con ellas, los invitaban a bailar

para olvidar hierro y fuego con tres jarras seguidas de sueño y sexo.

Un long play dura tan poco, como la vida, Rodríguez.

Dos minutos para cada acto heroico

33 revoluciones y luego

el diamante rasgando la noche. 


IX

Un secreto brillante y nuevo para Rodríguez

Seguimos yendo a la frontera,

por canciones.

En algún lugar venís despacio con tu sombrilla de flores.

Apesta el viento que hace remolinos en el pecho.

Entro a la casa desnuda y acaricio la cama blanda

en busca del agua.

Hemos vaciado la última cerveza con el ánimo implacable de mantenernos juntos

frente al viento que trae cadáveres

resucitados

de nuevo agonizantes.

Sólo espero que suban la pluma en la aduana

y correré directo a jugar que soy la frontera

con un pie a ambos lados

diré que el sol

es un inmigrante más que muere de sed

al cruzar mis sueños.

Con simples señales hablan los pájaros.

Cielo es su palabra más grande.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.