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LOS DESAFÍOS QUE LE ESPERAN A LÓPEZ OBRADOR

Por Óscar Esquivel

Manuel López Obrador logró el domingo 1 de julio recién pasado un triunfo electoral que lo lleva hacia “Los Pinos” con un 53% de votos del electorado mexicano. Este triunfo se logró después de participar en dos elecciones anteriores que le sirvieron de aprendizaje en un sistema electoral cuestionado por falta de transparencia y en el marco de la decadencia de los partidos políticos tradicionales. El triunfo de López Obrador es un aliento de esperanza para los mexicanos que se debaten en la pobreza que ha ido en aumento y que abarca un 53% de su población; es una nueva oportunidad para aplacar la delincuencia y criminalidad, que reportes periodísticos nos informan de llegar a “un total de 7 mil 667 homicidios en el primer trimestre de 2018, casi 20% más que el mismo período de 2017”; es la aspiración para resolver problemas de migración y narcotráfico por su cercanía con Estados Unidos. Entre las otras problemáticas que tendrá que enfrentar Andrés Manuel López Obrador está la corrupción, la renegociación del tratado de libre comercio con los estadounidenses y canadienses y, a nivel político, las relaciones con Estados Unidos de Norteamérica.

Llegar a la presidencia no le ha sido fácil a Manuel López Obrador y a su equipo de trabajo, sin embargo, el trayecto que aún tiene que recorrer es más difícil que el que ha transitado hasta ahora. Le tocará cumplir con las expectativas despertadas en los pobres, cuyos males han venido siendo postergados y no están dispuestos a seguir esperando; le tocará pelear con los grupos de poder tanto a nivel nacional e internacional, que no están dispuestos a renunciar a lo que ya han obtenido con prácticas corruptas y que tampoco dejarán que les cambien las reglas del juego. López Obrador ha prometido su gobernanza en el marco de la legalidad: nada de expropiación, respeto a la libre empresa. En cuanto a las relaciones internacionales, es defensor de la autodeterminación de los pueblos; sin embargo, el país vecino tiene a un presidente que no piensa lo mismo respecto a la independencia de los pueblos, con quien tendrá que lidiar.

Las expectativas que ha despertado “el Peje” son muchas, así como la incredulidad de muchos de que pueda lograr los objetivos trazados, aún con sus buenas intenciones. Dentro de los que no creen que pueda cumplir se encuentra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, organización representante de los pueblos originarios, quienes han dicho que “la finca solo ha cambiado de capataz”. El EZLN conoce de la dimensión de los males que aquejan a nuestros pueblos y no dejan de tener razón al manifestar dudas al respecto.

“Por el bien de todos, primero los pobres” ha sido, más que una frase, una forma de vida de López Obrador. De entrada, ha renunciado a la protección de la guardia presidencial, asegurando que será el pueblo quien velará por su protección; ha renunciado a habitar en la residencia presidencia de  “Los Pinos”; anunció que no utilizará el avión presidencial y que en su lugar usará vuelos comerciales. También ha dicho que se rebajará el sueldo a la mitad. Estos anuncios han sido bien recibidos por las mayorías y son dignos de admirar.

Los problemas de los mexicanos y latinoamericanos son estructurales, por lo que requieren cambios radicales y profundos. Los resultados de estos cambios no se obtienen de la noche a la mañana. Ganar la presidencia de la república mexicana es un gran paso, pero a la vez, es un pequeño paso frente a los males que aquejan a los pueblos. Hay una frase acreditada a un comandante de la revolución cubana en respuesta a la solicitud de un combatiente al entrar aquel 1 de enero a La Habana: “Comandante, ya que hemos ganado la revolución, solicito permiso para ir a visitar a mi familia”. A lo que el comandante respondió: “La revolución apenas empieza”.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.