/CONTRASTES: LA CAÍDA DEL PARTIDO LIBERAL Y LA DERROTA DEL FMLN

CONTRASTES: LA CAÍDA DEL PARTIDO LIBERAL Y LA DERROTA DEL FMLN

Por Nincy Perdomo. Fotografía FMLN: Cortesía Víctor Peña/ El Faro. Fotografía Luis Zelaya: Delmer Membreño.

El más reciente proceso electoral que se ha desarrollado en el Triángulo Norte, concretamente en El Salvador con las elecciones presidenciales que resultaron en el triunfo de Nayib Bukele, ha consolidado las dinámicas de cambio que se desenvuelven en todo el mundo y que tienen que ver directamente con la transformación de los sistemas políticos. Esta transformación implica, según lo que se observa desde al menos una década en Centroamérica, la fragmentación de las instituciones políticas tradicionales, la reducción entre las distancias ideológicas y la emergencia de figuras con un discurso que fustiga al tradicionalismo político, utilizando, en la mayor parte de los casos, el tema de la corrupción como el dardo principal de ataque. En esta línea, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), partido tradicional de izquierda en El Salvador tras la suscripción de los Acuerdos de Paz en 1992, sufrió este pasado 3 de febrero la derrota electoral más grande y catastrófica desde su integración al sistema salvadoreño, relegándolo a ocupar el lugar de tercera fuerza política. Este proceso de desgaste de la influencia en la ciudadanía tiene un margen de comparación con lo que en Honduras ha ocurrido con otro instituto político: el Partido Liberal de Honduras.

A pesar de tener una participación importante e integrar la Asamblea Legislativa y otras instituciones del Estados, el FMLN no había llegado nunca a ocupar la presidencia del Poder Ejecutivo. Todo cambió en 2009, cuando el candidato Mauricio Funes, ajeno a una militancia histórica en el FMLN, alcanzó la presidencia el 15 de marzo con el 51.32% de los votos emitidos, equivalente a 1,354,000 votos. Tres meses antes, en las elecciones legislativas y municipales, el FMLN alcanzaba también la mayoría simple en la Asamblea Legislativa, donde colocó 35 diputados de los 84 que componen ese poder el Estado, tres más que ARENA. El gobierno de Funes, sin embargo, estuvo marcado por diversos escándalos, tanto en la vida privada del ex mandatario como de corrupción en su administración. Algunos de esos casos fueron sujeto de investigaciones periodísticas y judiciales, pero muchos no llegaron a conocerse sino hasta el siguiente período de gobierno.

Las siguientes elecciones legislativas y municipales tuvieron lugar el 11 de marzo de 2012, y la tendencia del desgaste del FMLN aún no se visibilizaba, aunque perdió la ventaja que había ganado en la Asamblea Legislativa en la elección anterior al pasar de 35 diputados a 31 y ser superados por ARENA, que consiguió 33 escaños. Esto ocurrió en parte gracias a la aparición en 2010 del partido GANA, fundado por el ex presidente Antonio Saca, quien ahora guarda prisión tras ser condenado por casos de corrupción, y que entonces se convirtió en la tercera fuerza en la Asamblea Legislativa con 11 diputados. Con esta configuración legislativa, en medio de escándalos de corrupción y con la participación del ex presidente Antonio Saca como candidato de una coalición de partidos, el FMLN se presentó ante los comicios del 2 de febrero con Salvador Sánchez Cerén, vicepresidente de Funes, como candidato, mientras que ARENA llevaba al ex alcalde Norman Quijano como presidenciable. El resultado no fue total: ninguno de los candidatos alcanzó más del 50% de los votos, por lo que fue necesario realizar un balotaje el 9 de marzo del mismo año, que arrojó una victoria reñida para Sánchez Cerén. La diferencia mínima de votos, que apenas sobrepasaban los seis mil sufragios, dejaba entrever que la ventaja del FMLN ya no era tan extensa frente al conservador partido ARENA, y que el porcentaje de votantes que ambos partidos podían traer a la contienda política estaba ya balanceado. El año siguiente, en las elecciones legislativas y municipales del 1 de marzo de 2015, ARENA continuó aumentando su ventaja en la Asamblea, llegando a los 35 diputados, el mismo número que el FMLN había logrado seis años atrás. En esas mismas elecciones, un joven político del FMLN, en alianza con el partido minoritario Cambio Democrático, alcanzaba la alcaldía de San Salvador. Su nombre: Nayib Bukele.

Salvador Sánchez Cerén, debido a su edad y problemas de salud, dejó la mayor parte de los aspectos de gobierno en manos del vicepresidente y líder del FMLN, Óscar Ortiz. La figura de Funes se volvía cada vez más problemática para el partido, mientras Bukele comenzaba a hacer señalamientos hacia su mismo instituto político. Las tensiones afloraban. En 2016, Funes huyó a Nicaragua, donde recibió oficialmente el asilo político de Ortega junto a su pareja y tres de sus hijos. La coordinación del FMLN se enfrascaba en aplacar las aspiraciones presidenciales dentro de sus líderes, donde también se incluía a Bukele. Tras un altercado público en una reunión de corporación municipal con la síndico municipal Xochilt Marchelli, y una explosión en redes sociales donde el entonces alcalde equiparaba al FMLN y a ARENA por resultados de votaciones de corporación, además de ataques directos e intercambios con el vicepresidente Óscar Ortiz y otros líderes de la coordinación del FMLN, Bukele fue expulsado del FMLN el 10 de octubre del 2017. Seis días después, el entonces alcalde de San Salvador anunció, a través de una transmisión vía su página de Facebook, que se lanzaría como candidato a la presidencia de El Salvador en las elecciones de 2019. El resto –desde el menosprecio por parte del FMLN y ARENA de las simpatías que Bukele arrastraba por su discurso que prometía un cambio de panorama político, hasta la incapacidad de los partidos tradicionales (pero particularmente del FMLN) de ofrecer una propuesta creíblemente limpia del hollín de la historia salvadoreña y que conectara con el descontento social– es historia.

El punto de quiebre del Partido Liberal de Honduras es el evento que ha determinado el acontecer político en el país desde hace una década: el golpe de Estado en 2009 contra Manuel Zelaya Rosales. La salida forzada de Zelaya del poder dividió en dos a un Partido Liberal que, históricamente, ha sido un partido de largos procesos de negociación para llegar a candidaturas y hacer gobiernos. La primera gran derrota del Partido Liberal fue precisamente en las elecciones convocadas por el gobierno de facto que presidía el liberal Roberto Micheletti: además de perder, por amplio margen, la elección presidencial con el candidato Elvin Santos, que obtuvo el 38.09% de los votos, frente al presidenciable nacionalista Porfirio Lobo Sosa, electo presidente con un 56.56% de votaciones, el Partido Liberal se desplomó en el Congreso Nacional. Esto fue posible debido a la línea de acción que Manuel Zelaya determinó para la población aglutinada en el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) de no votar en las elecciones, convirtiéndose así en el mayor aliado del Porfirio Lobo y el Partido Nacional para obtener un poder mayoritario a raíz del boicot hacia el Partido Liberal impulsado por Zelaya. De tener mayoría simple con 65 diputados, la bancada liberal comenzó una reducción sistemática a lo largo de tres períodos, conformándose ahora por 45 diputados, mientras el Partido Nacional alcanzaba los 71 legisladores. Luego de un proceso de reconciliación de las partes en los dos primeros años del gobierno de Lobo Sosa, donde éste abre la oportunidad de un nuevo proyecto político electoral a Manuel Zelaya en el Acuerdo de Cartagena, Zelaya se suma al sistema político al inscribir al Partido Libertad y Refundación (LIBRE), sellando la escición de los sectores afines a Zelaya del Partido Liberal. Las elecciones de 2013 consolidaron al Partido Liberal como tercera fuerza política: el presidenciable Mauricio Villeda obtuvo un 20.30% de los votos totales, más de ocho puntos por debajo de la candidata de Libertad y Refundación, Xiomara Castro, y más de dieciséis puntos por debajo de Juan Orlando Hernández; mientras tanto, la bancada en el Congreso Nacional se redujo aún más, pasando de 45 diputados a 27 y estableciendo al liberalismo como tercera fuerza en el legislativo también.

La integración de Libertad y Refundación en el Congreso Nacional desdibujó al Partido Liberal, que tras rechazar integrar la junta directiva del Poder Legislativo fue duramente castigado por la opinión pública. Si bien el transfuguismo arrebató diputados a Libre, que luego integraron el Partido Liberal e incluso el Partido Nacional, el discurso público colocó como protagonistas a los institutos políticos percibidos como extremos: Partido Nacional y Libre. La falta de un relevo generacional sólido y de una modernización de la ideología y cultura partidaria colocaba en aprietos al liberalismo, que se encontraba sin prospectos de presidenciables fuertes mientras figuras como Salvador Nasralla y Manuel Zelaya se adueñaban del discurso de oposición. En medio de la ciénaga que los ahogaba, el Partido Liberal echó mano de la carta del outsider –la misma que el FMLN utilizó en El Salvador con Mauricio Funes–: invitaron al entonces rector de la Universidad Tecnológica Centroamericana, el ingeniero Luis Orlando Zelaya Medrano, a que se integrara a una de las corrientes internas del Partido Liberal, donde el 12 de marzo de 2017 se impuso ante Gabriela Núñez por casi el doble de los votos que obtuvo la precandidata. En la convención del partido ese mismo año, Zelaya tomó el mando del Consejo Central Ejecutivo, y en su discurso pidió perdón por el golpe de Estado de 2009 y emitió una invitación a regresar hacia aquellos liberales que dejaron el partido y se unieron a Libertad y Refundación. La misma amplitud de espíritu no fue, no obstante, el proceder de Zelaya a lo interno de las filas del liberalismo: el ahora candidato excluyó de la campaña a los sectores del partido que no consideraba afines a su movimiento e hizo denuestos públicos contra figuras liberales históricas, incluida quien fue su contendora en las elecciones primarias, Gabriela Núñez. El resultado de alejar lealtades históricas fue catastrófico: Luis Orlando Zelaya Medrano se convirtió en el candidato presidencial liberal menos votado en toda la historia de su partido al obtener un 14.74% de los votos en la disputada elección de 2017, muy por debajo de Juan Orlando Hernández, proclamado presidente reelecto con un 42.9% de los votos totales, y Salvador Nasralla, que obtuvo el 41.42% de los votos totales como candidato de la Alianza de Oposición contra la dictadura. En el Congreso Nacional, el Partido Liberal perdió un escaño más, consolidándose por tercer período consecutivo como la tercera fuerza política a nivel presidencial y legislativo.

En el declive del FMLN como del Partido Liberal se pueden establecer paralelos que arrojan causas en común para los más recientes fracasos electorales de ambas instituciones partidarias en sus respectivos países. La primera es la falta de un proceso conciente y planificado de renovación partidaria que permita a las organizaciones respirar y levantar nuevas figuras. Por otro lado, la historia de gobiernos en común con partidos más conservadores y el involucramiento en escándalos de corrupción ha generado descontento en la población, que se encuentra cada vez más ávida de ver resultados concretos de las administraciones y no tienen interés en ocuparse de diferencias ideológicas. Precisamente la llegada al poder ha hecho perder de vista a las coordinaciones de ambos partidos las verdaderas necesidades que la ciudadanía exige, y esa ceguera impide que se desarrollen proyectos de sociedad reales que resuenen en el imaginario colectivo.

Hay un importante detalle, sin embargo, que no comparten estos partidos políticos: la manera en la que enfrentaron el fracaso. Menos de una semana después de las elecciones presidenciales en El Salvador,  Medardo González, secretario general del FMLN, anunció que aceptaban los resultados electorales y su responsabilidad en las decisiones que los llevaron a los mismos. El secretario general hizo otro anuncio de importancia: las catorce autoridades del FMLN que hacía quince años coordinaban el partido anunciaron su retiro definitivo y el adelanto de las elecciones internas, en las que ninguno de ellos participaría. Durante la rueda de prensa, los dirigentes lucían desencajados y visiblemente afectados por la derrota sufrida. En el caso del Partido Liberal en 2017, el presidente del CCEPL y derrotado presidenciable realizó una conferencia de prensa no para aceptar sus resultados –los que nunca se vieron en disputa–, sino para aceptar la victoria de Salvador Nasralla y sumarse al discurso de repudio contra la reelección de Hernández. Luis Orlando Zelaya Medrano no convocó a los líderes partidarios, ni a los alcaldes ni a su bancada: se dedicó a la causa de buscar un diálogo en el que, por admisión propia, el Secretario General de la ONU le comunicó que él no era quien debía buscar esa salida. Amenazó a la mayor parte de su bancada con la expulsión por asistir a la toma de posesión de Hernández, que luego concretó durante la aprobación de la intervención del Registro Nacional de las Personas y después ofreció como moneda de cambio para lograr movimientos a lo interno de la bancada. En suma, Zelaya ha enmascarado su fracaso como líder del Partido Liberal con la crisis post-electoral y el diálogo, mientras ejerce su autoridad para perseguir una agenda individualista dentro del Partido Liberal y pierde de vista la estructuración de un proyecto de país que ofrezca una solución a las problemáticas que aquejan a la población.

Se avizoran tiempos de relativismo ideológico, donde los consensos que se establezcan entre partidos se alejarán de las doctrinas políticas y se centrarán en temas concretos que la ciudadanía ya reclama a gritos: la lucha anticorrupción, la transparencia, el desempleo, salud, educación, entre otros. Si las instituciones partidarias tradicionales aspiran a sobrevivir en una nueva era de hacer política, tendrán que respirar profundo y absorber el golpe de la renovación de partido. De lo contrario, la fragmentación terminará por reducir hasta lo ínfimo a quienes antes determinaban los destinos de las naciones.

Nincy M. Perdomo, hondureña, nacida en Tegucigalpa. Es Licenciada en Comunicación y Publicidad (Unitec). Ha publicado textos varios en la revista Mera V (Honduras), La Rabia del Axolotl (México), Revista Ombligo (México) y República de Papel (Nicaragua). Actualmente es stringer video para la Agencia Francesa de Prensa (AFP).