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LA CRISIS EXISTENCIAL EN EL HONDUREÑO

Por Óscar Esquivel. 

Empezaremos diciendo que la existencia es tener conocimiento de la vida misma, lo más preciado con lo que cuenta un ser humano. Diremos que inconscientemente el ser humano sabe que la vida es lo más valioso, defendiéndose ante cualquier adversidad, por muy fuerte que ésta sea. Es así que desde el estado primitivo el hombre ha logrado enfrentarse a ambientes que le han sido hostiles; sometiendo al fuego, llegando hasta nuestros días, en donde el hombre se enfrenta al mismo hombre por su sobrevivencia.

En nuestro país son muy pocas las personas que están conscientes de su existencia. La mayoría de ellos, solo saben que son como las plantas; nacen, se reproducen y mueren. Y es que el día a día del hondureño común, no le permite reflexionar acerca de dónde venimos y hacia donde vamos. ¿Cuál es nuestro objetivo de vida, más allá del nacer, reproducir y morir? Hacer la reflexión sobre el origen del sol, la luna, las estrellas, más allá de la historia bíblica. Reflexionar sobre la existencia o no de Dios, preguntarse porqué obedecer a un gobierno o mantenerlo a través de nuestros impuestos. Para el hondureño común, la realidad lo absorbe tan brutalmente que no le permite meditar sobre el “yo y mi entorno”, y se refugia en el alcohol y drogas o en el fanatismo religioso y hasta político.

Desde el vientre materno, el hondureñito ya nace en desventaja para sobrevivir al no obtener la alimentación adecuada y un ambiente de armonía. Luego nace y se enfrenta ante la falta de un hogar propiamente dicho, ya sea por la ausencia de su padre por cualquier motivo, por el enfrentamiento permanente entre ambos o, en muchos casos, la falta de alimentación en la familia. Después el hondureñito sale de su hogar y tiene que enfrentarse a un ambiente hostil, ya sea en la escuela o colegio, donde no encuentra el espacio para su educación o un lugar para su recreación o esparcimiento. Luego llega a una edad adulta, en la que confirma que no hay oportunidades para vivir como todo ser humano.

La realidad actual es asfixiante para el hondureño, de modo tal que aspirar a vivir plenamente es una ilusión. Es desesperanzador; no hay emprendimiento ya sea para un negocio o viajar para conocer el mundo. El hondureño hoy por hoy se enfrenta a una realidad de muerte, de pobreza, llena de enfermedades, de violencia de todo tipo, de falta de educación, de falta de empleo, expulsión cada día de su tierra con todas las implicaciones que esta expatriación conlleva. ¿Cómo hace el hondureño para sobrevivir en esta situación inimaginable para habitantes del primer mundo, en donde los ancianos están satisfechos por haber cumplido con el ciclo de vida y están listos para heredar toda su riqueza (tangible e intangible) a sus sucesores?

Sin duda alguna, el hondureño está hecho de buena pasta, ya que la realidad asfixiante no ha logrado acabarlo. Sin embargo van en incremento los pacientes con enfermedades mentales o personas que caminan como “zombis”; otros andan por la vida en busca de sacarse su frustración con su prójimo. La gran mayoría de la población hondureña le sigue apostando a la vida; sigue esperando un nuevo amanecer. Es nuestro anhelo que la realidad cambie en beneficio de las mayorías, éste pueblo hondureño noble se lo merece.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.