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¿CÓMO MUEREN LAS DEMOCRACIAS?

Terminé de leer un libro fascinante que recomiendo calurosamente a todos y todas. Se trata de “Cómo mueren las democracias”, escrito por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, ambos profesores de Harvard y gente comprometida con el desarrollo republicano en el mundo, pero especialmente en Latinoamérica.

El trabajo centra su interés en dos elementos fundamentales: por un lado, analiza los peligros que corren naciones desarrolladas y tradicionalmente democráticas como Estados Unidos y Francia, de contraer el virus antidemocrático. Por otro, analiza un escenario que se está dando con profunda intensidad en distintas zonas del mundo, incluidos los países latinoamericanos. Inequívocamente estamos frente a un fenómeno inter-occidental de preocupante proyección hacia gobiernos autoritarios.

Y es que dictaduras, autocracias, tiranías, ha habido siempre. Desde Aristóteles -quien en su Política se pronunció en contra de la democracia debido a su vulnerabilidad ante los demagogos siempre dispuestos a ofrecer el séptimo cielo para alcanzar el poder- sabemos que la democracia es una planta frágil a la que hay que regar todos los días. Pero una cosa es la muerte de una u otra democracia y otra distinta es la irrupción de una crisis planetaria de las democracias. Según Levitsky/Ziblatt es lo que estamos presenciando.

También sabemos a través de muchas experiencias que, si las democracias perecen, también resucitan o renacen. Pareciese que el cultivo de la participación ciudadana en las actividades relacionadas con el poder fuese una condición anti-natura, que los seres humanos debemos incluir en nuestro proceso de humanización. Sobre los periodos de transición de una dictadura hacia la democracia hay abundante bibliografía.

Lo que me parece novedoso es que también haya periodos de transición de la democracia hacia la dictadura. Quiere decir: las dictaduras de hoy no aparecen mediante un acto violento, con miles de muertos en las calles, con juntas militares pronunciando gloriosos discursos bajo banderas nacionales. No: las dictaduras, o autocracias, o tiranías, o lo que sea, llegan democráticamente al gobierno y desde ahí inician un proceso de transición hacia la no-democracia, hasta que el día menos pensado nos damos cuenta de que estamos en dictadura. Probablemente quienes las ejercen tampoco lo saben.

Ese es un elemento que debemos considerar para el consumo doméstico. Los hondureños hemos venido caminando peligrosamente en la cornisa de la institucionalidad y durante casi cuatro décadas, pequeñas élites económicas y políticas, se han dedicado a juguetonear con las reglas y acuerdos de forma sutil a veces y muy descarada últimamente. Las consecuencias están empezando a mostrarse de manera clara.

Vivimos días aciagos con una república en riesgo. De ese tamaño es el trance por el que atraviesa Honduras. A casi cuarenta años de vigencia de la actual constitución, la nación enfrenta el momento mas incierto de su historia. En el bicentenario de su independencia, los retos que debemos resolver como conglomerado social parecen sobrepasar nuestras posibilidades institucionales. Retos que provienen, tanto del interior de su territorio como mas allá de sus fronteras.

En el ámbito interno, se vive cotidianamente la angustia de la inseguridad. A esto debemos sumar décadas perdidas de oportunidades económicas fallidas y esperanzas sociales frustradas. El riesgo para Honduras se agrava por el debilitamiento cada vez mas evidente de la esperanza en la democracia como respuesta o solución a nuestros problemas. El país se ha empobrecido institucionalmente.

De acuerdo a Levitsky/Ziblatt, las dictaduras y autocracias de nuestro tiempo no son las dictaduras pretorianas de los siglos XlX y XX. Todas, una más otras menos, se ven obligadas a rendir tributos a formalismos internacionales, permitiendo espacios opositores a los que intentan mantener bajo control alentando divisiones internas y azusando a los extremismos que actúan de acuerdo a la lógica dictatorial. Esta es quizás la principal enseñanza que deja el libro: “nunca hay que hacer lo que una dictadura quiere que hagas”

Hoy que los hondureños estamos mas conscientes que nunca del riesgo que corremos, la vinculación de la democracia con su adjetivo republicano resulta indispensable. Existe la posibilidad de construir una alternativa viable para la soberanía y la justicia. Pero nadie hará por los hondureños lo que ellos no hagan por si mismos de manera organizada y participativa.

No desaprovechemos la oportunidad que hoy se nos presenta. Los mejores momentos republicanos se dan precisamente cuando la republica y la democracia están en riesgo y hoy, están.