/César Indiano: «Más allá del boxeo ideológico está el universo, allí habita el verdadero pensador».

César Indiano: «Más allá del boxeo ideológico está el universo, allí habita el verdadero pensador».

Por Albany Flores


César Indiano, nacido en Orica, Francisco Morazán, en 1967, su labor literaria y crítica lo ha llevado a incursionar en diversos géneros literarios y en distintas formas de pensamiento. Autor de más de una docena de libros entre poesía, ensayo, dramaturgia, y sobre todo novela, el famoso escritor le cuenta a El Pulso sobre sus avatares literarios, sus precepciones sobre el oficio de escritor, los retos de la literatura del siglo XXI, y lo que él mismo ha considerado como “el fraude de las ideologías”. Escuchémoslo.

—. Desde la publicación de El Cruzador en 1992 hasta la de Los Oligarcas en 2014, ¿cómo concibe su trayectoria literaria?

—.«Muchas gracias por la visita. Me defino como una persona que le ha buscado alternativas a este oficio. Desde que comencé he probado con todos los géneros literarios, y he pasado por distintas etapas y concepciones. He fracasado en algunas cosas y tenido éxito con otras; algunos de mis libros han gustado y otros no tanto. Sin embargo, logré uno de mis primeros objetivos, que era obtener reconocimiento como una persona que tiene cualidades importantes para dedicarse de manera sistemática a escribir. Desde luego que he tenido que combinar el oficio con sobrevivir,  tener una familia, buscar trabajo; y en ese bregar he logrado cosas importantes.

De los doce libros que he publicado, creo que salvaría cuatro, que son importantes aportes al pensamiento hondureño. No obstante, no creo que haya escrito mi mejor libro, porque he madurado lentamente, pero no me he quedado fijo en una idea; he buscado más. He cambiado mi forma de pensar, y como todos los escritores y pensadores, he sido víctima de los fraudes de las ideologías; porque para mí eso son las ideologías, fraudes, y creo que el escritor debe estar por encima de eso, no porque sea superior, sino porque tiene que estar situado en una posición que le permita ver la calamidad humana en toda su dimensión».

—. Desde comienzos de la década de los 2000 hemos visto una tendencia de César Indiano al ensayo, sobre todo el ensayo histórico. ¿A qué se debe esa pausa en otros géneros narrativos?

—.«Tiene que ver mucho con las tendencias del mundo y de la gente. Creo que con las tradiciones de pensamiento e intelectualidad en nuestros países no advertimos lo que venía: el derrumbe de todo el misterio de la creatividad literaria. ¿Qué quiero decir con esto?, que apareció el gran tsunami del internet y las redes sociales. Esto cambió las relaciones humanas, derrumbó las jerarquías del pensamiento entre la gente, y  de alguna forma, el escritor quedó navegando en un mar de escombros de un mundo confundido. Es muy difícil sobrevivir en un tiempo donde todos tienen la potestad de emitir opinión, puesto que la mayoría lo hace sin fundamentos sólidos. El estatus del escritor se perdió; la revolución de la información hizo que los mecanismos que poseíamos para cualificar y cuantificar el pensamiento fueran devorados por el canibalismo de la realidad.

Desde el Siglo XX estamos viviendo en un mundo de la no ficción, donde se acentúa el pensamiento ordinario y nadie destaca. Entonces yo, consciente de esa realidad, he tenido que buscar temas y actividades no tan literarias, sino mediáticas, como conferencias y apariciones en televisión —con las que no siempre estoy cómodo— para traer comida a mi casa; no porque yo quiera, sino porque esa es la condición que me tocó vivir. Eso ha significado dejar momentáneamente el tema ficcional, y estoy escribiendo y pensando en mucho realismo político, que ya éste forma parte de ese canibalismo que nos ha llegado hasta el Siglo XXI.

Ahora la gente leerá muchas biografías, escándalos mediáticos y sádicos, historias de narcos, y los novelistas, cuentistas e historiadores tenemos que buscar trabajo en ese mundo; ser competentes y no tenerle miedo a esa situación para poder subsistir. Lo importante aquí es que liberemos nuestra alma de ese torbellino, y una vez que estemos al otro lado de este mar de escombros, tengamos la cabeza fresca para escribir obras plenamente literarias. Pero de momento no hay novelas en mi tintero, hay únicamente mucha literatura de consumo y pensamiento utilitario; temático, mucha política, ensayo e historia».

—. De esos doce libros publicados entre poesía, novela y ensayo—, ¿cuáles son esos cuatro que rescata?

—.«Me quedaría con uno de poesía que se llama Altar de los Humanos, porque la esencia de mi sensibilidad está más o menos atrapada en él. Otro es Educar o Morir, que es un ensayo publicado hace nueve años, donde escribí sobre de la decadencia anacrónica y obsoleta en la educación hondureña. Lo escribí porque ese es un tema que nadie quiere enfrentar, pues significa estudiar un sistema de valores establecidos con elementos económicos, filosóficos, pedagógicos, y plataformas políticas muy estructuradas.

También rescataría Los Hijos del Infortunio, que es un libro que tuvo un muy buen impacto. En él está mi primer intento por escribir la historia de Honduras desde una óptica del que tuvo relevancia en los procesos, del que sacó proyectos adelante; ya que siempre se ha contado la historia de nuestro país desde el fracaso.

Por último, está mi más reciente libro Los Oligarcas, que de una manera u otra está conectado con el anterior, y que trata de buscar explicaciones positivas y certeras acerca de cómo algunas personas han logrado relevancia sacando adelante sus proyectos de vida familiar y empresarial. Es una  historia de los emprendimientos del país, a través de sus protagonistas. Los otros, creo, pueden reeditarse y mejorarse.

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«Cuando el sistema de ideas marxista cayó en bancarrota, muchas personas no pudieron reinventarse y se retiraron del oficio». Foto: El Heraldo.

—. En su libro Educar o Morir, usted habla de cuatro pilares fundamentales para la funcionalidad de la educación: el Estado, los padres de familia, los estudiantes y los profesores, ¿cómo recontaría eso en este momento?

—.«Es un tema recurrente que siempre volverá a la discusión política. Se trata de discutir qué tipo de educación quiere y necesita una sociedad. Lo que es verdad es que la educación que se eligió, y las metodologías que se eligieron, así como los programas y los pensum, no parecen acertados. Lo que tenemos como resultado es una sociedad pobre y poco educada. Entonces tendría que redimensionarse cuál es la escuela para el siglo XXI. Si vamos a hablar de la educación para el siglo XXI quiere decir que se acabó el monopolio, por la democratización que la tecnología hizo del conocimiento. Hace treinta años el monopolio del conocimiento era exclusivo del que leía y del que sabía. Hoy, al contrario, la información está a un clic de la gente, de manera que lo que tenemos son viejos profesores de pizarrón y corbata que no entienden los nuevos lenguajes digitales que los jóvenes sí, lo que representa una contradicción y un gran problema para el óptimo desarrollo de la educación de hoy. Debe plantearse entonces una pedagogía para el siglo XXI que se atreva a enfrentar esas realidades, de lo contrario estaremos hablando de esquemas y patrones educativos que ya no son funcionales par el siglo que vivimos».

—. Usted había mantenido en su trabajo novelístico —En Azul maligno o La puta política, por ejemplo—, una temática social con una postura política de izquierdas. Ese discurso se rompió abruptamente con la publicación de Los Hijos del Infortunio. ¿A qué se debió esto?

—.«Yo, como todos los intelectuales que vivimos los comienzos de nuestra formación intelectual en las tres décadas finiseculares del siglo XX, entré en la órbita del pensamiento revolucionario de conceptos marxistas y socialistas, que están evidenciados en mis primeros libros, y que me llevaron hasta cierto punto del camino. Pero llegué a un punto en el que me sentía vacío. Mi imaginación me llevó a más, y sobre todo, me sentí deudor de no haber estudiado otras formas de ver la realidad, las formas liberales que siempre han estado allí, pero que no han sido estudiadas a fondo y que fueron injustamente olvidadas y desechadas por la Academia durante todo un siglo. En consecuencia, todo lo que leímos, pensamos y creímos de 1970 al 2000, eran concepciones parciales de la realidad que no se complementaron con la visión liberal del conocimiento, que cree que el desarrollo puede venir no sólo de una revolución social liderada por los proletarios y campesinos; también puede ser liderada por personas prósperas que tienen modelos de crecimiento económico diferente. Cuando yo las comencé a estudiar equilibré mi forma de pensar, y creo en el éxito como producto de la interacción inteligente entre una sociedad que es capaz de buscar la excelencia a través de lo que produce, hace y fabrica.

—. ¿Qué consideraciones le merece el panorama intelectual y literario de Honduras en los últimos diez años?

—.«Sobre todo diré que mucha gente se acomodó a tener una sola forma de pensar, y cuando el sistema de ideas marxista cayó en bancarrota, muchas personas no pudieron reinventarse y se retiraron del oficio. Creo que yo estuve listo para ir por más, para atreverme a enfrentar temáticas del Siglo XXI y para ver cómo mis propias creencias caían al suelo. Considero que el año 2000 fue el parte aguas en la desaparición de patrones de pensamiento literario que había en el país, como la cuentística realista-mágica, el cuento popular con matices costumbristas y la defensa de la idiosincrasia de los imaginarios populares, por lo que estábamos obligados a encontrar nuevos temas».

—. ¿Cuál es el proceso creativo de César Indiano al momento de escribir?

—.«Ahora estoy escribiendo libros de política, así que leo muchos libros y artículos de este tema en los diferentes diarios y revistas digitales e impresos que tengo a la mano; me documento. Como vengo de moldear palabras en el proceso paradigmático de la novela, se me ha hecho fácil escribir ensayo, opiniones e incluso historia. Usando las técnicas de la novela puedo transferir información densa  sin que el lector se aburra o se canse. Para mí, escribir no es un problema, lo que yo necesito —como todo escritor digno— es una mínima industria que garantice mi supervivencia para hacerlo profesionalmente».

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«Ser polémico no es algo que se quiere, porque siempre es incómodo y fatigoso estar debatiendo con la gente». Foto: La Prensa.

—. ¿César Indiano es un escritor polémico, o simplemente un escritor con opiniones muy propias?

—.«Ser polémico no es algo que se quiere, porque siempre es incómodo y fatigoso estar debatiendo con la gente. Pero a mí me ha tocado la labor de decir lo que la gente no dice porque está muy cómoda en su propio nicho».

—. ¿Cuál considera que ha sido el factor principal para su relegación del gremio de los escritores hondureños?, ¿se considera relegado?

—.«Lo que pasa es que gracias a mis esfuerzos, permanencia y constancia he adquirido algo de fama con la que intento influir de manera positiva en la sociedad. También tengo un posicionamiento político que me permite interactuar de forma directa con las personas que tienen influencia en el país. Por último, tengo la fortaleza ética para hablar con hechos, porque cuando abandono las cosas que considero erróneas lo hago con toda mi convicción; asumo los riesgos. Creo que eso me ha costado odios inútiles».

—. ¿Qué hay del Indiano dramaturgo?

—.«Bueno, yo empecé siendo teatrero pero me frustré porque no pude ser actor, y al no poder serlo, naturalmente volqué mi deseo hacia la escritura teatral. Lo más interesante que he conseguido con esta escritura, es haber recibido a tiempo un curso impartido en 2005 por Sanchís Sinisterra, donde aprendí las técnicas de la dramaturgia contemporánea. Hasta ahora mi teatro es un teatro cervantino, y he escrito tres obras que considero muy bien logradas: La aventuras de Don Quijote, El juez de las maravillas y El curioso impertinente. Y ya que estoy retirado de la actividad teatral por ahora, me encantaría que una buena compañía les hiciera justicia representándolas como se merecen».

—. ¿Cómo quisiera ser recordado César Indiano?

—.«Si es que alguna vez me recuerdan, creo que me van a recordar como un hombre que no se rindió ante las palabras, que buscó palabras, nuevas palabras, nuevas formas de combinarlas, como un hombre que trabajó toda su vida con palabras».