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CARTA DE UN SANDINISTA A LA CHAYO

Escrito por Juan Almendárez, fundador del Ministerio del Interior (MINT))

Chayo:

Recuerdo aquella mañana lluviosa del 19 de julio de 2001. Ese día leíste un inmenso y farragoso poema en la plaza. A partir de entonces empezó el figureo, la imposición de tu presencia y el aguante de tu discurso esotérico y redundante. Hiciste cambiar la bandera rojinegra de Sandino por la fucsia, nos quitaste la música de los Mejía Godoy, intrigaste contra Nicho y Mónica.

Apenas fue el inicio.

Ya para la campaña del 2006 no había nadie que te quitara de en medio. Andabas de arriba para abajo con el comandante como si fueras la candidata a la vicepresidencia. Tu cara aparecía en todos los pósters y la propaganda del partido. Muchos creían que era parte de la imagen de mujer que acompaña a su marido. Pero nos equivocamos. Vos no querías acompañar a Daniel: querías desplazar su liderazgo.

Con el triunfo electoral te convertiste en primera dama, maestra de ceremonia, arreglista floral, redactora de discursos, vocera hasta las náuseas, e inmediatamente te encaramaste en el gabinete para “coordinar a los ministros”. Plagiaste música popular, cambiaste el escudo nacional y tu caligrafía y verborrea inundó todo el país.

Te hiciste llamar “la compañera” para que los sandinistas históricos te asimiláramos y para embaucar a las nuevas generaciones. Vos misma confeccionaste la lista de diputados, poniendo al perro Porras de presidente de la Asamblea Nacional. Eliminaste el Congreso Sandinista y sacaste a toda la Vieja Guardia de la Secretaría y los territorios, y en su lugar pusiste a gente de lealtad perruna y prebendaria. Diste un golpe de estado al sandinismo. No un golpe suave, sino un golpe duro, maquiavélico y atroz.

Tu ridículo y dañino brochazo ha llegado a todos lados. Has descachimbado la ortografía poniendo mayúsculas donde no debe haber y signos de admiración al final de las frases, como si fuese el idioma inglés. Has sembrado árboles de la vida, no para ornato de las ciudades, sino para satisfacer tus creencias chamánicas. Has impuesto tu voz todos los mediodías en un alarde de narcicismo nunca antes visto.

Para allanar el camino a la presidencia, te lanzaste de candidata porque sabías que Daniel está enfermo. Estabas a un paso de ser presidenta. Estabas cerquita.

Pero terminó.

Se terminó tu tiempo.

Vos, Rosario, destruiste el Frente Sandinista. Jugaste con la sangre de los mártires.

El sandinismo jamás te perdonará por todo el daño que ocasionaste. Tu modelo cínico de “amor y reconciliación” será un triste recuerdo para las futuras generaciones, “una referencia de la vieja historia”, como dice la canción.

No sé cuánta culpa tenga tu marido en todo esto. Es una lástima que el comandante, que tanto orgullo nos dio en los años de la agresión, se retirará como un hombre que permitió que vos, su mujer, lo haya puesto como un muñeco de papel. Triste para el comandante.

Sé que no vas a leer esta carta, pero de seguro la leerán los miles de sandinistas que no te perdonarán jamás.

Todo se paga en la vida.

Estelí, 23 de abril del 2018.

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