/CARLOS FLORES FACUSSÉ, EL ÚLTIMO CAUDILLO LIBERAL

CARLOS FLORES FACUSSÉ, EL ÚLTIMO CAUDILLO LIBERAL

Carlos Roberto Flores Facussé nacióen Tegucigalpa el 1 de marzo de 1950. Cursó sus estudios en la Escuela Americana de Honduras y luego ingeniería industrial en la Universidad Estatal de Luisiana, en los Estados Unidos. Fue allí donde conoció a Mary Flake, su futura esposa y madre de sus dos hijos Mary Elizabeth y Carlos David. Tiene un postgrado en Economía Internacional y Finanzas.

Su padre fue el abogado y periodista Óscar Flores Midence, notorio opositor a la dictadura de Tiburcio Carías Andino, así como colaborador del presidente de Ramón Villeda Morales; su madre es la señora Margarita Facussé Barjum, hija de inmigrantes árabes palestinos y hermana de Miguel Facussé Barjum. Hermanos de Carlos Roberto son el doctor Óscar Flores Facussé y la pintora Celsa Flores Facussé.

Una vez de regreso en Honduras, Carlos Flores trabajó como gerente general de la Compañía Papelera Centroamericana S.A. (Conpacasa), fue miembro de las juntas directivas del Banco Central de Honduras, el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) y el Instituto Nacional de Formación Profesional (INFOP). Recibió en herencia de su padre el diario La Tribuna  y parte de la empresa Lito-Press que terminó comprando del todo en los años noventa.

Se unió al Partido Liberal al final de los años setenta, partido en el que su padre tenía una buena posición, cercano al caudillo Modesto Rodas Alvarado, fallecido en 1979. Esa cercanía de Oscar Flores a Suazo Córdova le permitió colarse en la septima casilla a diputado y salió electo en 1980 como Diputado ante la Asamblea Nacional Constituyente por el departamento de Francisco de Morazán, tenía entonces 30 años.

El presidente Roberto Suazo Córdova de visita oficial a Washington en 1982. Junto a él el presidente Ronald Reagan. A izquierda de la foto el entonces Ministro de la Presidencia Carlos Roberto Flores Facussé. En la fotografía aparece también el general Gustavo Álvarez Martínez, entonces jefe de las Fuerzas Armadas. Entre 1982 y 1984 se incrementaron las violaciones a Derechos Humanos como parte de la Doctrina de Seguridad Nacional y la guerra contra la Revolución Sandinista impulsada por el gobierno norteamericano.

En 1982 es designado Ministro de Presidencia del entonces presidente Roberto Suazo Córdova. Fue inesperadamente destituido del cargo en agosto de 1984, no obstante ser señalado como uno los hombres fuertes del Ejecutivo. Como Suazo Córdova, Carlos Flores y su padre Óscar A. Flores, pertenecían al Movimiento Liberal Rodista (MLR), facción conservadora mayoritaria del Partido Liberal. A partir de 1986, Carlos Flores tomó el control de la corriente liberal Rodista.

En diciembre de 1988, ocupando la Presidencia de la República el liberal (ex rodista) José Simón Azcona, Carlos Flores compitió en las primarias del partido con Jorge Maradiaga, Carlos Montoya, Ramón Villeda Bermúdez, William Hall Rivera y Carlos Roberto Reina, ganando la nominación de su partido para las elecciones del 26 de noviembre de 1989. Ese año se presenta como candidato a la presidencia del país, pero pierde frente a Rafael Callejas quien, con el 52,3% de los votos, le superó en ocho puntos porcentuales.

Con un movimiento debilitado por lo que fue la crisis constitucional de 1985, cuando Roberto Suazo Córdova pretendió continuar en el poder y para lograrlo se enfrentó al Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia; y luego de la aplastante derrota que sufrió frente al nacionalista Rafael Leonardo Callejas en las elecciones de 1989. Luego de la derrota que sufrió frente a Callejas, Carlos Flores se retiró abruptamente de la política, volviendo dos años después cuando negoció su apoyo a la candidatura de Carlos Roberto Reina en las elecciones de 1993. El renunciaría a su aspiración presidencial y daría su apoyo a Reina a cambio de la presidencia del Congreso Nacional. El apoyo de Carlos Flores Facussé resultó vital para la victoria de Reina, tanto en las internas como en las elecciones generales frente a Oswaldo Ramos Soto.

Esos cuatro años del gobierno de Carlos Roberto Reina (1994-1998), en donde se plantó de frente ante las Fuerzas Armadas iniciando el proceso de desmilitarización de la sociedad y el inicio de la lucha contra la corrupción, principalmente del gobierno de Callejas, dio la victoria en las elecciones de 1997 al presidente del Congreso Carlos Flores Facussé, cerrando así el ciclo del rodismo que volvía al control total del partido, luego de doce años de espera.

Carlos Flores se había impuesto con todo el respaldo popular con el 70,9% de los votos en las elecciones internas del Partido Liberal, ante sus rivales, el más destacado de los cuales era el banquero, propietario mediático y vicepresidente de la República con Azcona, el ingeniero Jaime Rolando Rosenthal Oliva.

Flores sabía que necesitaba la presidencia del Congreso Nacional para hacerse con el control de las estructuras del partido que le darían la victoria en las elecciones internas de 1997. Pero surgió entonces la candidatura de Jorge Arturo Reina a la Presidencia del legislativo. Carlos Roberto Reina, consciente de la pelea que se daba al interior de su partido, prefirió no vinvularse y dejó a la bancada decidir. Jorge Arturo Reina perdió la presidencia del Congreso Nacional por un voto de diferencia frente a Carlos Roberto Flores.

Según el abogado el destacado liberal rodista Enrique Ortéz Sequeira, «cuando Carlos Roberto Reina  ganó a Ramos Soto, empezó a surgir una pugna por quién iba a ser el presidente del Congreso Nacional, a pesar que ya había un arreglo con Reina para que Flores fuera el presidente, a cambio de ceder su candidatura y dar sus estructuras del Rodismo para que el doctor Reina llegara a la presidencia. Aparece entonces Jorge Arturo Reina aspirando a la presidencia del Congreso y comienza aquella gran movilización de intereses para elegirlo (a Jorge Arturo). Mel tomó partido en esa pugna por Jorge Arturo Reina».

Manuel Zelaya Rosales, emparentado con los Reina, entonces diputado de Olancho, venía de la corriente de Carlos Montoya, que había sido presidene del Congreso Nacional en el gobierno de Azcona. En aquella contienda interna del liberalismo, tomó posición a favor de su primo Jorge Arturo, una acción que luego Carlos Flores cobraría.

Cuando Carlos Flores lanzó su precandidatura en el Partido Liberal por el movimiento Rodista, en las internas de 1997, iba además como candidato a primer diputado por Francisco Morazán, una duplicidad de cargos que la ley permitía en ese momento. Su suplente era Manuel Zelaya Rosales. Al salir electo candidato, quedó la vacante del primer diputado. Zelaya Rosales debía asumir el puesto en la papeleta que dejaba Flores, lo que lo hubiera colocado en linea para pelear la presidencia del Congreso Nacional en 1998, pero Flores Facussé nominó a Ramón Villeda Bermúdez como su reemplazo, que traía su propio suplente, descartando a Zelaya de la papeleta a diputado. Mel, que venía fungiendo como director del FHIS en el gobierno de Reina, llegó a un arreglo con Flores para seguir siendo director del FHIS y subir a rango de Ministro.


En las elecciones presidenciales del 30 de noviembre de 1997 Carlos Flores triunfó sobre la candidata nacionalista Alba Nora Gúnera de Melgar, viuda del ex dictador militar (1975-1978) Juan Alberto Melgar Castro, con el 52,8% de los votos. El 27 de enero de 1998 tomó posesión como presidente de la República. Su campaña se distinguió por la ausencia de discursos y la minimización de la imagen personal: Flores no conectaba con la base liberal y sus estrategas plantearon una campaña donde por primera vez las arengas no dominaban la campaña. Luego de los apagones del gobierno de Reina y el enfrentamiento con los militares, fue una decisión acertada políticamente. Fue una campaña en donde la música dominaba el debate. Flores empleó además la imagen de pareja presidencial en esa campaña, doña Mary fue el sello que siempre le acompañó. 

Una vez en la presidencia, inmediato Carlos Flores anunció la adopción de un programa de ajuste económico, acordado con el FMI, para reducir la inflación, que pese a la tendencia declinante en los últimos años seguía por encima del 10%, y para corregir los desequilibrios en las finanzas públicas. Fue en su presidencia que se consolidaron lo que hoy son los nuevos grupos económicos, relacionados con las telecomunicaciones y generación de energía eléctrica. Sin embargo, a finales de octubre de 1998 sucedió en Honduras la catástrofe del huracán Mitch que marcaría la presidencia de Carlos Flores de cara al nuevo milenio.

El presidente Carlos Flores Facussé en visita oficial del presidente Bill Clinton, luego de los desastres del huracán Mitch en 1998.

El huracán Mitch ingresó por el nordeste de Honduras el 26 de octubre de 1998 y recorrió la costa norte con vientos destructivos de aproximadamente 250 km/hora y lluvias torrenciales que duraron cuatro días debido al lento desplazamiento del huracán (a razón de 3 a 9 km/hora). El 30 de octubre, el Mitch, después de afectar las islas de la Bahía, se dirigió súbitamente al sur, penetrando en el territorio hondureño y transformándose rápidamente en tormenta tropical. Esta tormenta, igualmente imprevisible, desató lluvias torrenciales superiores a 600 mm durante cinco días consecutivos, que llevaron al desborde masivo de los ríos y provocaron severas inundaciones en los 18 departamentos del país, afectando en particular toda la costa atlántica, la zona central y la zona sur.

El terrible meteoro dejó un saldo de casi 1.500,000 damnificados, entre ellos 5,657 muertos, 8,058 desaparecidos, 12,272 heridos y 285,000 personas que perdieron sus viviendas y tuvieron que refugiarse en más de 1,375 albergues temporarios. El 60% de la infraestructura vial del país resultó dañada, 424 caminos y 107 carreteras quedaron inutilizados, y destruidos 189 puentes, incomunicando en mayor o menor grado a 81 ciudades. Por otra parte, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), quedaron destruidos o seriamente afectados un 70% de los cultivos, fundamentalmente de café, banana y piña, pérdidas que representaron un monto superior a los US$800 millones solo en el sector agrícola.

Como la Historia ha demostrado, los desastres de esta envergadura generan crisis profundas que trascienden décadas. El Mitch no fue la excepción. A criterio del sociólogo Tomás Andino, el Huracán Mitch sirvió de acelerador histórico en el proceso político y social hondureño.

«El huracán Mitch en Honduras tuvo consecuencias sociales, políticas y económicas fuertes. A nivel económico golpeó al sector más tradicional de la economía vinculada al campo. Los sectores industriales y transnacionales no fueron muy afectados económicamente por el fenómeno. Esto hizo que se exacerbara el conflicto entre (la) clase (dominante). A nivel social, el Mitch generó una reconstrucción del movimiento social que venía desde la huelga del 54 y para el 98 ya estaban acabadas, se reconstruye a nivel de base regional, que es el que tenemos hasta ahora y es el que ha sobrevivido, después del derrumbe de las centrales obreras como liderazgos del movimiento social».

Agrega, siempre en la misma línea de pensamiento, el abogado y ex canciller del gobierno de Reina, Ernesto Paz Aguilar: «Una catástrofe natural (como el Mitch) afecta a la sociedad en general y a su super estructura, a las instituciones. Se pone a prueba si el Estado está capacitado para funcionar para esa contingencia. Las catástrofes naturales en ese sentido pueden ser el acelerador de un proceso de cambio».

El presidente liberal Carlos Flores Facussé tuvo en 1999 la oportunidad histórica de reconstruir el país. Luego del huracán Mitch, las organizaciones sociales y populares accedieron a dar una tregua al gobierno, haciendo a un lado las luchas que venían activando desde el inicio de las reformas económicas del gobierno de Rafael Callejas, sumándose a los esfuerzos de reconstrucción nacional; y la cooperación internacional respaldó las solicitudes de reducción de la deuda externa que en 1997 habían sido rechazadas. Esa oportunidad que tuvo Flores, sin embargo, no se aprovechó, según sentencia Paz Aguilar «(Flores) no quiso transformarlo (al país) por su visión conservadora del Estado y de la sociedad».


Pero la principal víctima del huracán Mitch fueron precisamente los partidos políticos. Es a partir de 1998 que los partidos tradicionales comienzan a resquebrajarse. Fue, la victoria del Carlos Flores Facussé la última elección en donde el Partido Liberal superó el millón de votos.

«El huracán Mitch dejó bien claro que el país en tiempos de crisis intensa no necesita de los partidos políticos. Fue la sociedad civil y la cooperación internacional la que pasó a organizar ese espacio (la reconstrucción). La acción de la iglesia católica actuando de inmediato, organizando a la población para que la ayuda llegara a los que estaban con el agua al cuello. Es allí en donde se evidencia el desgaste de los partidos», agrega Paz Aguilar.

La comunidad internacional respondió de inmediato al pedido de ayuda del presidente Flores Facussé, pero no sin reparos. La experiencia vivida en 1974 cuando el huracán Fifí, en donde la asistencia brindada a López Arellano para los damnificados del meteoro se perdió entre la maraña de corrupción de la oficialidad, obligó a la cooperación internacional a exigir condicionantes para los proyectos de ayuda.

En marzo de 1999 el FMI otorgó a Honduras un crédito de 215 millones de dólares dentro de su Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (ESAF) y en diciembre siguiente el país fue declarado elegible para acogerse al nuevo Servicio para el Crecimiento y la Reducción de la Pobreza (PRGF), que reemplazaba al ESAF y estaba dirigido a los Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE/HIPC).

En febrero de 2000, el Grupo Consultivo para la Reconstrucción, integrado por delegados de varios organismos internacionales, aprobó el plan de recuperación propuesto por el Gobierno de Flores y que cuantificaba las necesidades del momento en 1,400 millones de dólares.

«La respuesta positiva de la comunidad internacional a los requerimientos hondureños tras el paso del huracán reforzó la convicción de Flores de someterse a las recetas fondomonetaristas de control monetario de la inflación, consolidación fiscal (aunque teniendo en cuenta las necesidades del gasto social como consecuencia del Mitch) y privatizaciones, pero una serie de imponderables le obligaron a replantearse esta estrategia en varios terrenos», indica el portal académico El bibliote.com.

Si gracias a la ayuda exterior las infraestructuras básicas del país pudieron ser enderezadas con bastante presteza, la calamidad del Mitch empeoró irremisiblemente, hasta extremos muy preocupantes, la indigencia social, fundamentalmente en el campo. La destrucción de cosechas se tradujo en un descenso del 9% en la producción agrícola, con el consiguiente impacto en el índice de pobreza, que afectaba al 63% de una población en rápido crecimiento, así como en los índices de desempleo y subempleo, que en 2001 sumaban el 33% de la población activa. En el último año del mandato de Flores, nuevas inundaciones causadas por lluvias torrenciales y la contracción económica de Estados Unidos, primer socio comercial, repusieron en la picota las debilidades estructurales del tercer país menos desarrollado de América tras Haití y Nicaragua.

Es precisamente como consecuencia de la situación calamitosa que generó el huracán Mitch a finales del siglo XX en Honduras, que inicia el flujo migratorio irregular a Estados Unidos.

El 18 de septiembre de 1998 el Congreso aprobó las reformas constitucionales que convirtieron al jefe del Estado en el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas con la facultad de nombrar a un civil para el Ministerio de Defensa, nombramiento que inmediatamente recayó en el abogado y diplomático Edgardo Dumas Rodríguez. Los militares se rebelaron, y el 30 de julio de 1999 Flores ejerció contundentemente su autoridad con el cese de cinco integrantes de la cúpula militar (el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Eugenio Romero Euceda, el viceministro de Defensa, coronel retirado Roberto Lázarus Lozano, y otros tres altos mandos), cerrando la incertidumbre generada tras el intento fallido de captura del Estado Mayor perpetrado el 16 de julio de 1999 por un grupo de 29 coroneles y otros oficiales.

«Al final de su mandato, Flores lograba un balance incierto de luces y de sombras. Hombre sobrio y discreto, no se cernieron sobre él sospechas de corrupción ni tampoco fue blanco de acusaciones de hacer un uso patrimonialista del poder. También fue elogiado por su capacidad de liderazgo durante la crisis del Mitch y por su gestión acertada de la ayuda internacional, que no fue succionada por la corrupción y que impidió la aparición de epidemias. Asimismo, su presidencia se ligó a la normalidad democrática en Honduras, al menos en su lectura político-institucional», señala el Barcelona Center for International Affairs.

Los expresidentes Carlos Flores (1998-2002) y Ricardo Maduro (2002-2006) en los funerales del expresidente Roberto Suazo Córdova (1982-1986).

Carlos Flores Facussé dejó el poder en 2002, entregando la presidencia al nacionalista Ricardo Maduro. Su salida del poder sin embargo, no significó la salida de la política, pues a lo largo de la década siguiente continuó siendo una figura muy influyente dentro del Partido Liberal.

En 2005, Manuel Zelaya Rosales fue el candidato del Partido Liberal. Para ganar la presidencia ante el presidente del Congreso Porfirio Lobo Sosa, Zelaya necesitaba de las estructuras del partido bajo el control de Carlos Flores Facussé. El expresidente Flores, conociendo a Manuel Zelaya desde su época de diputado, no confiaba en él. Intentó primero maniobrar para nombrar como candidato al empresario de las comunicaciones José Rafael Ferrari y fue hasta desistir este que no tuvo más remedio que negociar con Zelaya una cuota de poder.

Así, cuando en 2005 Zelaya Rosales gana la presidencia, las estructuras del rodismo toman control del Congreso Nacional, con Roberto Micheletti Bain como presidente y la hija de Carlos Flores, Mari Elizabeth Flores como Vicepresidenta del Congreso.

Manuel Zelaya pronto descubrió que su destino en la política era seguir la trayectoria de Reina y Azcona, que una vez dejaron la presidencia se retiraron del ruedo político. Ninguno hizo frente al control de Carlos Flores de las estructuras del Partido Liberal. Pero Mel buscaba un destino distinto para sí y para eso necesitaba eliminar políticamente al caudillo de turno en el partido.

Afirma el exvicepresidente abogado Aristides Mejía: «Cuando Mel llegó a la presidencia buscó quitar a Carlos Flores y ser él el jefe del partido, y gran parte del conflicto que se da a futuro es ese, la intención de Mel de eliminar políticamente a Flores. La política está hecha de traiciones y parricidios. Para acceder al puesto del Rey León tiene que morir el Rey León y si no muere por causas naturales hay que matarlo. Entonces es el ascenso obligatorio de un líder que necesita eliminar si él quiere perdurar. Hubo otros presidentes que no se lo plantearon: Azcona fue uno, Reina fue otro, hicieron su período como presidentes y se fueron, no quisieron desafiar el poder de Carlos Flores. Mel no, él se planteo controlar el Partido Liberal. Hasta ese momento él se plantea como un Liberal progresista que quiere que el Partido Liberal continúe en el poder, pero desde su égida. La ruptura vendrá después cuando él entiende que no podrá desplazar a Carlos Flores, entonces opta por crear otra posibilidad y esta vez con sus aliados de izquierda en América Latina».

A pesar que muchas veces el propio presidente Zelaya y sus cercanos partidarios culpan a Carlos Flores de la conspiración que terminó en su derrocamiento el 28 de junio de 2009, el propio Zelaya, desde el exilio, señaló directamente a Flores como uno de los principales muñidores de su remoción, aunque no brindó ninguna prueba que apoyara tal acusación,varias fuentes cercanas a las crisis coinciden al afirmar que tanto la Embajada  Americana como Carlos Flores buscaron por distintas vías evitar que el conflicto entre los poderes del estado desembocara en una ruptura del orden constitucional.

Roberto Micheletti en persona negó que Carlos Flores fuera el gran conspirador del golpe de Estado al afirmar que Flores no tuvo participación en los hechos. Según el gobernante de facto, en declaraciones para la televisión, Flores había advertido a Zelaya de que su decisión de convocar un proceso constituyente de manera unilateral iba a abrir un grave conflicto constitucional, pero luego aquel «no estuvo de acuerdo con la acción» tomada el 28 de junio. Micheletti destacó también que la postura política y editorial de Carlos Roberto Flores, su hija Lizzy, entonces vicepresidenta del Congreso, y el periódico La Tribuna planteaba «situaciones diferentes al pensamiento nuestro» y venía siendo crítica con su Gobierno, y que, en un plano más personal, el ex presidente y él habían cortado la relación a raíz de la remoción de Zelaya.

Lizzie Flores, hija de Carlos Flores, vicepresidenta del Congreso Nacional durante la crisis de 2009, debió asumir la presidencia del Legislativo, un cargo que Carlos Flores buscaba para retomar el control del partido que había perdido a raíz de la crisis. Las negociaciones no se consolidaron. Flores, el gran elector, el gran negociador, no habia podido evitar la ruptura…porque cometió un error que no debe cometerse en política: dejó que el corazón primara en sus decisiones. Asumió la presidencia del Congreso el abogado Alfredo Saavedra. Con la llegada de Porfirio Lobo a la presidencia de la República en 2010, Lizzie Flores fue nombrada embajadora de Honduras en Naciones Unidas, en Nueva York, cargo que aún conserva.

En 2012 Lizzie Flores volvió a lanzarse como candidata de su partido siguiendo los lineamientos de su padre que buscaba recuperar el control del partido, pero fue rechazada por el elector que vio en Flores uno de los responsables de la crisis del 2009.

Casi dos décadas de haber dejado la presidencia, Flores sigue siendo blanco de los ataques de aquellos que necesitan un villano de su tamaño para alcanzar su altura, ahora el jefe del Central Ejecutivo del Partido Liberal, Luis Zelaya, al igual que Manuel Zelaya, cree que para tomar el lugar del Rey Leon, deben matar (políticamente) al Rey. Pero a difernecia de Manuel Zelaya, Luis no podrá formar su propio partido, que sigue bajo el control del último Caudillo liberal del siglo XX, don Carlos Roberto Flores Facussé.

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.