Honduras

CAMBIOS EN LA SOMBRA (1/2)

el

MUJERES, MARAS Y PANDILLAS ANTE LA REPRESIÓN.

Un estudio elaborado con el patrocinio de Friedrich Ebert Stiftung, Honduras.*

1. CUIDAR LA PLAZA.

Ahora las pandillas son grupos más cerrados. A criterio de Guadalupe Ruela, director de Casa Alianza, las maras y pandillas no están ya interesadas en aumentar su membresía para pelear territorio con la otra pandilla. Más que defender un territorio geográfico defienden al grupo y sus actividades criminales. Lo que priva, en todo caso, es el control del negocio y el territorio supeditado a este. Sostienen la empresa criminal con actividades homicidas.

«Antes las maras estaban interesadas en aumentar su membresía porque el enemigo era la otra mara. Hoy no están interesadas en pelearse una con la otra, están interesadas en hacer efectivo su negocio en determinado territorio», afirma Ruela.

El Freezer, un pandillero de Comayagüela entrevistado para este reporte, coincide con lo afirmado por el director de Casa Alianza al decir que las pandillas ya no son la organización de barrio integrada por jóvenes que peleaban con otras pandillas por el solo control territorial de una zona marginal. Ahora a las pandillas y maras les interesa «controlar la plaza» que es una concepción más amplia del territorio.

La plaza, en la jerga del narcotráfico, es la zona en la que manda determinado capo, constituye el espacio y la clientela de la droga, o las rutas que manejan para la extorsión. Es un espacio tanto territorial como simbólico. La mara MS-13 llama a el conjunto de plazas que componen sus ingresos, «La Empresa», según reporte de inteligencia en la Operación Avalancha.

«La MS no tiene rival, la MS controla la plaza», afirma imperativo, el Freezer, que sin embargo reconoce la muerte de miembros de la 18 en manos de su pandilla, como producto de las disputas que se dan por el control de esa plaza o por conflictos viejos.

«El pedo con esos majes es que nos han matado a un montón de camaradas, ¿me entendés?, y por eso no los perdonamos ni verga, por eso los pelamos. Como te dije antes pué, esta onda es a muerte, y a todos esos perros chavaludos pusioyo les cantamos las tablas en vivo pué, muerte a esos putos pué. Pero sí, no te voy a mentir, peleamos las plazas porque de ahí comemos», afirma el Freezer.

Las maras y pandillas han demostrado a lo largo de estas dos décadas, una gran capacidad para adaptarse y sobrevivir. Desde su aparición como fenómeno social en los países del triángulo norte de Centro América, a finales de la década de los 90, han sido blanco de constante ataque por parte de los gobiernos de la región. La implementación de una serie de políticas de mano dura y la criminalización, las han obligado a incrementar su violencia en los territorios y mutar sus características más visibles, limitando el uso de tatuajes, lenguaje corporal y la vestimenta que las maras importaron del Éste de Los Ángeles en su etapa temprana.

La discriminación social y la fuerte represión han provocado que cada vez menos niños y jóvenes se sientan atraídos por las maras y pandilla, con lo cual se ha reducido el número de sus integrantes. De 2002 a 2010 los miembros de maras y pandillas «desaparecieron» públicamente en Honduras, reduciendo su campo de acción a zonas marginales de Tegucigalpa y San Pedro Sula, así como algunas ciudades periféricas del país. Se quitaron los tatuajes, cambiaron su forma de vestir y hablar con el objetivo de pasar desapercibidos por los organismos represores del Estado, de no ser detenidos por la policía ni asesinados o discriminados socialmente. Pero en 2010, luego que la ley Anti Mara dejó de ser foco de atención mediática, procedieron a gestar una reconfiguración de las organizaciones, modificando sus estrategias.

La propaganda oficial señala a las maras y pandillas como mafias transnacionales a un paso de constituirse en carteles, pero la economía de las organizaciones sigue siendo de subsistencia. El dinero que producen con las actividades criminales debe ser distribuido entre los integrantes de la pandilla, pago de armas y pertrechos, costos médicos, abogados y pensión para los compañeros presos, y aunque el producto de cierto golpe pueda parecer mucho dinero, cuando se suma todo el costo de las pandillas, al final apenas ajusta para sobrevivir, lo que en su lógica les obliga a reforzar la actividad criminal diversificando la misma.

En las condiciones precarias con que se mantienen las maras y pandilla en Honduras, no se puede confiar en la plaza para la subsistencia.

Nelly Suyapa López Hernández, alias «la Camu», era buscada por el delito de asesinato. Fue aprehendida cuando llevaban tres rapiditos que habían quitado por la fuerza a sus propietarios en la colonia Flor del Campo para trasladar personas al sepelio de su compañero de hogar. (El Heraldo, noviembre de 2014).

Nelly Suyapa López Hernández, alias «la Camu», era buscada por el delito de asesinato. Fue aprehendida cuando llevaban tres rapiditos que habían quitado por la fuerza a sus propietarios en la colonia Flor del Campo para trasladar personas al sepelio de su compañero de hogar. (El Heraldo, noviembre de 2014).

2. MOVERSE.

Doña Santos, vecina de La Peña, al sur de la capital, ha visto como las pandillas de su barrio ha mutado. Ella vio cuando llegaron los primeros pandilleros después del huracán Mitch en 1998 y luego como los fueron exterminados uno por uno hasta desaparecerlos como clica.

 «Antes era la MS la que controlaba acá —dice—. Pero los fueron matando poco a poco y luego se metió la 18».

Según doña Santos, las pandillas que ahora controlan su barrio no son de la zona. Llegaron a cubrir una plaza que la cárcel y la muerte de la anterior pandilla dejó libre. «Ni siquiera son hondureños», asegura, y afirma que los pandilleros en su barrio son extranjeros.

«La mayoría de los pandilleros en mi barrio no son de acá. Son gente que vienen de afuera, de Guatemala o El Salvador. Sus mujeres sí son hondureñas, pero ellos no», afirma doña Santos, reconociendo el carácter transnacional de las maras y pandillas.

Como último capítulo en la guerra contra las pandillas, los gobiernos de Guatemala, Honduras y

El Salvador anunciaron la creación de una Fuerza Trinacional anti pandilla que busca, a criterio del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, impedir «que los delincuentes cometan sus atrocidades en un país y para evadir la justicia huyan a otro».

«Estos grupos criminales han logrado cooperación entre ellos mismos, salen de El Salvador, se refugian en Honduras y Guatemala», argumenta el secretario de comunicaciones de la Presidencia salvadoreña, Eugenio Chicas, según reporta La Prensa Gráfica en su edición digital, al momento de inaugurar operaciones de la Fuerza Trinacional.

Michael T. Hannan y John H. Freeman, en la Teoría de la población ecológica, califica que «la mejor forma de organización es la que consigue adaptarse al entorno y seguir operando con eficiencia». Términos parecidos usa Ilya Prigogine en su Teoría de los sistemas alejados del equilibrio, cuando nos indica que «la mejor forma de organización es la que puede adaptarse y autoorganizarse». Ambas teorías intentan explicar organizaciones convencionales exitosas, desde una visión empresarial, pero sus preceptos pueden ayudarnos a comprender la mutación de las maras y pandillas.

Porque a pesar de la guerra abierta y de los millones de dólares invertidos en su desarticulación, las pandillas siguen activas en los barrios y colonias de las principales ciudades del norte de Centroamérica.

Hostigamiento permanente, persecución y exterminio, acompañan al origen de miseria y violencia con que surgen las pandillas, moldeado su estructura en organizaciones complejas, con raíces profundas en los territorios pobres de las urbes. Alianzas estratégicas con policías corruptos,  o los carteles de la droga, de dónde sacan su producto para vender en los barrios y colonias. Los gobiernos y sus estrategias represivas, lejos de deshacerlas, las han vuelto exitosas y sólidas.

«La Lobacha», una jovencita de apenas 17 años fue capturada el martes recién pasado, luego de participar en el asesinato de un taxista. La joven lo dirigió hasta el sitio en donde los esperaban los sicarios que perpetraron el crimen. Tras cometer el crimen los pandilleros huyeron del lugar, dejándola abandonada. Ella recibió un disparo en la pierna durante el ataque al ruletero. (El Heraldo 14 de abril de 2015)

«La Lobacha», una jovencita de apenas 17 años fue capturada luego de participar en el asesinato de un taxista. La joven lo dirigió hasta el sitio en donde los esperaban los sicarios que perpetraron el crimen. Tras cometer el crimen los pandilleros huyeron del lugar, dejándola abandonada. Ella recibió un disparo en la pierna durante el ataque al ruletero. (El Heraldo 14 de abril de 2015).

3. REPLEGARSE.

Una de las «mutaciones» más importantes de las pandillas en los últimos años, ha sido la de «permitir» y buscar la participación de las mujeres en las tareas de la organización, aunque siempre en un papel secundario en la toma de desiciones.

La Organización Mundial de la Salud define el género, como los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. El género es el modo de ser mujer o de ser hombre en una cultura determinada. A través del rol de género se prescribe cómo debe comportarse un hombre y una mujer en la familia, el grupo, la comunidad y la sociedad.  Al ser una construcción social, la concepción de género está sujeta a modificaciones históricas, culturales y aquellas que se derivan de cambios en la organización social.

Las pandillas juveniles, al ser tradicionalmente una organización conformada por un grupo de hombres, configurado por hombres, pensado por hombres y diseñado por hombres, en donde las mujeres son minoría cuantitativa, cuenta con todos los estereotipos, prejuicios, desbalances y desigualdades entre hombres y mujeres que prevalecen en la sociedad patriarcal, potenciados por la violencia y marginalidad que prevalece en las pandillas. Así lo define la periodista española Rocío Pérez Domenech al afirmar que el machismo de la pandilla es una réplica (potenciada), del extenso patriarcado de la sociedad.

Es sin embargo, en ese ambiente misógino, en donde lo femenino es devaluado como débil, en donde la crisis obliga a la pandilla a recurrir a las mujeres para su supervivencia.

«Ana», una pandillera activa de la MS en Comayagüela, califica el rol de las mujeres en su pandilla como la columna vertebral que mantiene la organización.

«La mujer es la que guarda el dinero y las armas. La que cuando cae la chepa sale a dar la cara, porque los hombres no pueden salir tal vez porque andan tatuados o los están buscando. La mujer es gancho fácil para decirle “vení vos, guardame esto allí mientras pasa la jura”, porque  la jura no lo revisa a uno y uno se puede meter las cosas hasta en las partes si tiene qué y la jura no lo va a tocar a uno. Uno tiene derecho a no ser tocada. La mujer no puede andar tatuada. Antes te podías rayar la cara si querías, pero ahora no», dice Ana.

La mujer, entonces, es la que mueve la droga de la pandilla en la ciudad. Eso porque los hombres tienen un espacio de acción más limitado dada su condición de proscritos. Así lo afirma el Freezer al manifestar que los hombres en su pandilla no venden droga.

«Las chavalas son las que están a cargo de la plaza, son las que venden y las que hacen todas las movidas  para camotear (esconder) la onda», afirma el Freezer.

Aprovechando la concepción patriarcal que dice las mujeres son menos sospechosas a los ojos de las autoridades, ellas sirven como «mulas» de la pandilla. Llevan y traen drogas o armas, son «banderas», carne de cañón, colaboradoras, compañera o como figuras más discretas frente a las autoridades. Son además las relacionadoras públicas de la pandilla. Sirven de mediadora entre las comunidades y las maras, enlace para la comunicación entre la clica del barrio con los líderes en la cárcel, encargadas del resguardo de las armas y la administración de la venta de drogas. Son las que llevan a cabo el contrabando de mercancías ilícitas en las prisiones, sirven de agentes de inteligencia para obtener información sobre las bandas rivales y portar armas en espacios públicos o se encargan de dar el seguimiento de víctimas para secuestros.

Las autoridades policiales reportan con mayor regularidad la participación directa de mujeres en acciones violentas, aprovechando tanto el atractivo femenino como la imagen inofensiva de la mujer para no levantar sospecha en las víctimas ni en la policía. Favorecen la ejecución exitosa del cobro de extorsiones a transportistas y comerciantes, asaltos a carros repartidores de productos o sicariato. Según los pandilleros varones, estas tareas son más exitosas cuando las realizan las mujeres. Este nivel de complicidad para asegurar el resultado de una acción criminal también es delinquir, en distinto grado de autoría y aunque sigue siendo menor el número de mujeres participando en acciones delictivas como el sicariato, en comparación con sus pares varones, ese número está en aumento.

«La mujer antes eran vista en las pandillas como algo doméstico. Ahora las lanzan a las calles a repartir droga, incluso hay casos a donde las mandas de sicarias. Son banderas u orejas de las maras.  Las maras siempre andan buscando estrategias para poder cometer sus objetivos. El estado trabaja identificando mujeres que están involucradas en actos ilícitos, algunas como cabecillas», afirma Félix Arturo Alonzo del El Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social (PNPRRS).

El PNPRRS cifra la pertenencia de mujeres en maras y pandillas en al menos un 20%. 872 miembros de maras y pandillas son mujeres: 392 integran la pandilla 18 y 453 son miembros de Mara Salvatrucha (MS 13), según el ente gubernamental.

Su manejo de información y el control de los recursos básicos para la pandilla, hace que poco a poco acumulen mayor poder en la estructura. Aun no se reportan datos de mujeres en altos puestos de dirección de las pandillas, pero es cuestión de tiempo para que comiencen a aparecer casos.

«El Sun», un expandillero de la 18 de San Pedro Sula, recuerda como, ya al inicio del fenómeno en Honduras, las mujeres en su pandilla eran la avanzada.

«Las mandábamos para saber cómo estaba la onda en la otra colonia. Ellas iban primero para después movernos de barrio. Chamelecón, Planeta y a veces hasta Fesitranh», dice, advirtiendo que su rol era siempre secundario, pues «se supone que si las agarran (a las mujeres) son más débiles, por el tema de la tortura. Se cree que si las agarran aguantan menos que los hombres. Uno de hombre tiene un código de vida, está dispuesto a morir por la pandilla, pero se desconfía de las mujeres, por eso, porque son más débiles», afirma el Sun.

Hoy esa realidad ha cambiado significativamente, según lo manifestó el Freezer. Las mujeres ahora, a parte de servir de avanzada, son la base de la economía de la pandilla, pues los hombres están ocupados «cuidándolas».

«Los hombres siempre nos encargamos de cuidar a las chavalas y los niños, a todos lo de la clica púe, nosotros sólo nos dedicamos a otros asuntos como “reventar cocos” (matar) o ir a calentar a los majes que no se pongan vivos y que anden pelando papas. La función de los hombres en las pandillas es proteger a la clica, cuidarle la espalda a los “voladores” (vendedores) de los chepos y los contrarios. Si venís a una plaza a comprar onda pero nadie te pinta, mejor no vengás, porque te la podés ganar del aire. Recordá que en cualquier momento se pueden aparecer una patrulla y o un combo de los contrarios pués, y si esos majes le hacen daño a la clica, o matan a alguien, entonces los que estaban cuidando a la clica tiene que responder, porque su misión es cuidar a la pandilla. Mirá, así en vivo te lo digo, los hombre se dedican a matar, al secuestro y la extorsión. Pero no creás que la pandilla es tan basura como esos perros chavaludos de los panosos (18), la pandilla no se mete a pedo con la gente que no la debe, ¿me entendés?, y no anda cobrando impuesto de guerra así a lo loco y a puros güevos como esos majes, la pandilla te da un tiempo para que recojás la varas, y si no las tenés te espera un tiempo, no como esos basuras que van a matar a la gente por todo».

En la próxima entrega: ¿cómo consideran las pandillas a las mujeres de su organización?, los mitos sobre el reclutamiento y los retos que para Hondura representa una organización que continúa mutando.

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© 2017 Friedrich Ebert Stiftung FES (Fundación Friedrich Ebert).

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Acerca Oscar Estrada

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje «El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado» (2013), la novela «Invisibles» (2012) y más recientemente su colección de cuentos «El Dios de Víctor y otras herejías» (2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC.

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