BOB DYLAN Y LOS ESCRITORES NO PREMIADOS

No podemos negar que la tradición musical estadounidense ha ejercido una gran influencia en la música del siglo XX, como tampoco podemos negar que la obra de Bob Dylan ha jugado un papel trascendental en la tradición musical americana en la segunda mitad del pasado siglo y lo que va de este. Así  lo reconoció esta semana la Real Academia de las Ciencias de Suecia, al otorgarle el Premio Nobel de Literatura 2016 a Bob...

No podemos negar que la tradición musical estadounidense ha ejercido una gran influencia en la música del siglo XX, como tampoco podemos negar que la obra de Bob Dylan ha jugado un papel trascendental en la tradición musical americana en la segunda mitad del pasado siglo y lo que va de este. Así  lo reconoció esta semana la Real Academia de las Ciencias de Suecia, al otorgarle el Premio Nobel de Literatura 2016 a Bob Dylan.

La polémica, sin embargo no se hizo esperar. Para algunos, que Dylan de 75 años, cuya única obra en prosa fuera un fracaso,  sea el galardonado con el Nobel y no otros autores que vienen reclamándolo desde hace años, demuestra la decadencia del premio e incluso de la literatura contemporánea; y para otros extiende las fronteras de la poesía.

Claro está que Bob Dylan, que en 1965 negó llamarse poeta porque no le gustaba la palabra y se definió en su lugar como «un artista del trapecio», vuelve a demostrarse capaz de reinventarse. Nunca antes alguien con una carrera profesional dedicada principalmente a la música había ganado el premio Nobel de Literatura —aunque en 1913 la Academia Sueca otorgó el Nobel a Rabindranath Tagore (el primer Nobel de Literatura no europeo) por su aporte en la transformación la música bengalí, además de su poesía.

Ellen Willis, crítica del ‘New Yorker’ dijo en su día, que Bob Dylan «expandió el idioma folk en un lenguaje rico y figurativo, injertó sutilezas literarias y filosóficas en la canción protesta, revitalizó la visión folk rechazando una sentimentalidad étnica y proletaria, y después prácticamente destrozó el folk puro como forma contemporánea fusionándola con el pop».

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Bob Dylan devuelve ahora a las letras estadounidense donde han estado otras ocho veces y a donde por última vez las llevó Toni Morrison en 1993. El poeta chileno Nicanor Parra dijo, a propósito de Bob Dylan, que «una sola de sus líneas merece todos los Nobel de Literatura».

Pero el premio de Dylan no ha sido el único polémico.

El año pasado, la periodista bielorrusa Svetlana Alexiecich recibió el galardón tras una carrera que los críticos calificaron como llena de «anécdotas». Alexiecich volcó su obra a contar la memoria de las víctimas del régimen soviético y fue la primera en más de medio siglo que recibía el premio por una obra de no ficción.

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Svetlana Alexiecich, premio Nobel de Literatura 2015.

En 1907, cuando la Academia premiaba lo conservador en la Literatura, se otorgó el premio a Rudyard Kipling, dejando a un lado a los grandes Leon Tolstói o Émile Zola.

El escritor argentino Jorge Luis Borges fue nominado durante muchos años consecutivos durante la década de los 60 y los 70, falleció sin ser galardonado. Se especula que en 1977 habían decidido dárselo a medias con Vicente Aleixandre, algo que rápidamente se replantearon cuando Borges se desplazó a Chile para recibir una medalla de la mano del dictador Augusto Pinochet.

Jorge Luis Borges se definió a sí mismo como «el perdedor perfecto».
Jorge Luis Borges se definió a sí mismo como «el perdedor perfecto».

El poeta W.H. Auden, estuvo a punto de ganar el premio cuando cometió el «error» de desvelar en algunos actos públicos la homosexualidad del Premio Nobel de la Paz de 1961, Dag Hammarskjöld, quien además era secretario general de la ONU.

Jean-Paul Sartre rechazó el premio en 1964 ya que, según afirmó, se resistía a ser «institucionalizado por el Oeste o por el Este».

En 1974 en el que la Academia Sueca premió a los totalmente desconocidos escritores suecos Eyvind Johnson y Harry Martinson, quienes además formaban parte en numerosas ocasiones del propio jurado del premio, dejando a un lado a candidatos como Graham Greene o Vladimir Nabokov.

Reconozco que poca influencia tiene  en mis gustos literarios el Premio Nobel. Marcel Proust, Ezra Pound, James Joyce o Virginia Woolf son sólo algunos de escritores que nunca recibieron el premio y que sin embargo son de un valor trascendental en la literatura, este año sin embargo, a lo menos agradezco, como lector, que  conozco la obra del Nobel de Literatura 2016. Es más, la escucho mientras escribo esta nota 🙂

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