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BITÁCORA DE VIAJE: NICARAGUA

Jueves 14 de Enero, el día de la partida

Ninguna partida es como se espera.

Esa mañana, El Sauce se me antojó más hermoso que nunca, el café más caliente y sabroso, a mis hermanas convertidas en mujeres, a mi madre más cercana y mi abuela más sabia. La partidas son duras pero necesarias.

En el desvío entre Santa Ana, San Buena Aventura y la carretera al sur de Honduras, esperé a Walter Lobo. Con cinco mil lempiras de presupuesto, salimos con fuego en el corazón hacia lo desconocido.

Sí, lloré todo el viaje desde Santa Ana a Choluteca, pensando en mi madre, en el teatro y en el pequeño pedazo de tierra llamado Honduras, y que a ciencia cierta no sé en cuánto tiempo podré volver a mirar. Veía con envidia cómo Walter dormía plácidamente en el asiento de al lado.

Debo hacer el paréntesis: este viaje no son unas simples vacaciones, no sólo es viajar por viajar. Nosotros tenemos un objetivo claro, y es éste el que nos guiará en nuestro camino. Los dos somos de Honduras, eso lo dice nuestro pasaporte. Walter es de Mangulile, un pequeño pueblo en alguna parte de Olancho. Yo soy de Tegucigalpa. Honduras en estos momentos está viviendo una situación política bastante compleja, hay mucha muerte, desigualdad, corrupción, el Estado invierte más en militarización y poco o nada en arte, cultura o educación. Esta carencia de infraestructura para la educación artística es la principal razón por la que decidimos salir del país, somos dos artistas, quienes además de la sensación de miedo y sosobra, apostamos por nuestra profesionalización en el arte, razón por la que vamos en búsqueda de nuevas experiencias, viajando varios miles de kilómetros hacia Buenos Aires en Argentina. Buscando el sur, como si fuera nuestro norte.

En la frontera de Guasaule, ubicada entre Honduras y Nicaragua, no hubo mayor problema. Gracias al convenio CA4, válido sólo para las fronteras entre Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Podemos pasar solamente con nuestro documento de identificación sin embargo nosotros moríamos por empezar las nuevas experiencias y por supuesto ansiábamos comenzar a llenar de sellos el pasaporte, así que ése fue el documento que presentamos, pero cualquier hondureño que quiera pasar por estos países puede hacerlo sólo con su ID.

Ése primer día llegamos a León en Nicaragua. Lo primero fue buscar un lugar en el cual refugiarnos de manera cómoda y económica, el «Hostal Nicarao» fue la mejor opción, cinco dólares por persona fue la mejor ganga que encontramos.

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León, la primera ciudad de la revolución Sandinista, cuna y tumba del poeta Rubén Darío. Tiene un encanto maravilloso, su centro histórico una belleza arquitectónica colonial, su gente amena y sincera. Ahí abundan los turistas y viajeros tanto como el gallo pinto (arroz, frijoles, con un par de verduras picadas, «casamiento» pué). Si se pasa por el centro de León, no se debe olvidar pasar por el restaurante «Los chinitos», donde se come de todo por dos dólares.

Nuestra primera impresión nocturna de la ciudad fue increíble, claro, en comparación al centro de Tegucigalpa, a las ocho de la noche todo suena a magia. Esta ciudad mantiene sus negocios abiertos hasta tarde, las residencias del centro histórico mantienen sus puertas abiertas hasta entrada la noche, esto por el ambiente de seguridad y ese calor tan peculiar de Nicaragua.

Walter se estrenó como cantante callejero en los buses de ruta de León, por mi parte el estatuismo fue mi manera de recolectar dinero para seguir avanzando. Nos encontramos con Carlos, Marce y Leka (tambien hondureños), para dirigirnos a ese tan esperado festival.

Domingo 17- Domingo 24, Granada, Nicaragua, «El Berrinche Ambiental»

Este festival nos recibió de la mejor manera, la casa de las botellitas es la sede del festival de arte callejero más esperado de Centro América, con un gran solar, una Palapa gigante con escenario, sonrisas y abrazos de nuestros hermanos centroamericanos. El espacio sigue la idea de la permacultura como una forma de vida, además de la conservación del medio ambiente. El festival es joven, tiene siete años de existencia, y en cada año, se ve más el interés de los artistas callejeros centroamericanos de vivir la experiencia del Berrinche Ambiental. El último día de este festival, coincide con la primera luna llena de cada año y es un bonito pretexto para reunir a más de 150 artistas de todo el mundo.

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Se debe hacer un aporte de 30 dólares para entrar al festival.Que cubre la comida de una semana(Desayuno, almuerzo y cena), espacio para acampar, entrada ilimitada a todos los espectáculos internacionales que se presentan, el espacio para presentar tus espectáculos y el ingreso a todos los talleres que se desarrollan en el marco del festival.

En general, los hondureños que nos encontrábamos en el festival tuvimos momentos muy buenos y de quiebre. Las personas en su ingenuidad preguntaban. ¿Que tal está Honduras? ¿Está muy mal allá? Me encontré con el estomago revuelto y la cabeza descompuesta, esa Honduras de la que tanto hablamos, está herida y nosotros estábamos heridos, esa semana fue de sanación para nosotros. ¿Pero a Honduras quién la sana?

Por otro lado, tuvimos la oportunidad de presentarnos cada uno en su expresión artística, Marcela y Carlos, pintando, Angélica fotografiando, Walter y yo monologueando.

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¡Qué semana! Deberíamos de darnos el tiempo de vivir experiencias así de enriquecedoras, esto básicamente marcó el inicio de la aventura, qué ganas, qué formas, qué colores, qué música, y así nos despedimos de Nicaragua.

¡Hasta pronto, tierra de volcanes y de poetas!

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Ishtar Paz

Ishtar Paz

Tegucigalpa, 1994. Actriz egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático, (ENAD). Cuenta cuentos, y actualmente viajando por Latino América.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.