/DON ANSELMO VILLAREAL: “AYÚDEME, COMPA”
Ilustración de Daniel Valladares Bustamante.

DON ANSELMO VILLAREAL: “AYÚDEME, COMPA”

Por Óscar Esquivel
Ilustración de Daniel Valladares Bustamante

Las últimas palabras pronunciadas por Don Anselmo fueron “Ayúdeme, compa”. Fue asesinado el día sábado 20 de enero del presente año, en la comunidad de Sabá, Colón, en el marco del desalojo violento contra los manifestantes ante el fraude electoral del mes de noviembre del año pasado.

Ignoro lo que sintió Don Anselmo al impacto de la bala asesina. Ignoro qué pensaba cuando su vida se iba desvaneciendo. Ignoro cuáles eran sus planes de vida, ignoro de dónde venía y hacia dónde iba. Ignoro si fue buen padre, un buen hijo o buen esposo. Ignoro de don Anselmo muchas cosas.

Lo que no puedo ignorar, es que miré (miles lo vieron) la forma en que fue asesinado, de cómo su cuerpo se desvaneció y cayó a tierra. Tampoco puedo ignorar que fue alcanzado por balas que no eran de salva. No puedo ignorar que su asesinato fue el marco de represión contra un pueblo que se niega a reconocer un gobierno. No puedo ignorar que los manifestantes en protesta, buscaron darle auxilio, pero que, desde la misma indefensión en la que se encontraban les fue imposible ayudarle. No puedo ignorar que hoy asesinaron a uno de los nuestros: Un hondureño, un padre de familia, un hombre de tierra adentro, uno de los de abajo.

También fue asesinada el viernes 1 de diciembre del año recién pasado la joven Kimberly Dayana Fonseca Santamaría, de 19 años. Era estudiante del colegio Técnico Honduras. Se le quitó la vida, también en el marco de la represión por parte de los militares contra un pueblo que denuncia elecciones fraudulentas.

Don Anselmo y la joven Dayana forman parte de una larga lista de asesinatos que se están dando después de las elecciones del 26 de noviembre de 2017. ¿Dónde están los culpables de esos asesinados? ¿Quiénes dispararon y quiénes dieron la orden? ¿Acaso qué por su condición de “pobres” su vida no valía la pena y no habrá culpables? Y si las víctimas mortales fueran de una condición socioeconómica diferente a la condición de los actuales, ¿sí habría culpables de sus muertes?

Ya ha sido derramada mucha sangre de hondureños inocentes. Es preciso cambiar de estrategia (sí es que hay), una diferente a la de ir sólo a ofrendar la vida (lo mas valioso). Es preciso organizarse, es preciso actuar de forma diferente para obtener resultados diferentes. No es con una cacerola o con alguna frase escrita en cartulina (acciones que no dejan de tener su importancia) que se hará rectificar a un gobierno. Hay una frase de Bruce Lee (actor y maestro de las artes marciales): “Esperar que la vida te trate bien por ser buena persona es como esperar que un tigre no te ataque por ser vegetariano”.

Los militares están en la calle, haciendo lo que está a la vista. No esperemos nada diferente de lo que ya le están ofreciendo al soberano, del cual en teoría dependen. Llegará el momento de exigirles cuentas, llegará el momento de analizar si merecen existir como cuerpo armado. Pero por ahora son “los todopoderosos” contra un pueblo indefenso.

Es preciso avanzar. Se han hecho logros; hay mayor conciencia, pero es preciso seguir avanzando y concretar. Ya no se puede permitir que sigan habiendo asesinatos. Hay diferentes formas de lucha; la armada al parecer no es opción en nuestro tiempo. Sin embargo, hay otras formas de hacerse escuchar.

La historia registra varios líderes que dieron luces a la humanidad. Mahatma Gandhi, líder hindú, fue uno de ellos. Lideró una lucha pacífica contra el gobierno británico, que impedía la independencia de su país. Gandhi caminó miles de kilómetros hacia el mar un 5 de abril de 1930 y sacó con sus propias manos sal, boicoteando económicamente con esa simple acción al gobierno británico que imponía impuesto sobre la producción y comercialización de sal. Así logró ser escuchado por el gobierno británico.

Hay que golpear económicamente a los que sostienen las armas que hoy disparan contra un pueblo indefenso. Hay que castigar a los que ofrecen muerte a un pueblo que pide vivir en paz. Ya no más sangre derramada de esta ya sacrificada hondura. Vivimos un momento crucial en nuestra historia y no dudamos que de la hondura de hoy, nacerá la verdadera república.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.