Honduras

LA “ALIANZA”: ¿ALTERNATIVA REAL O FICTICIA? [2/3]

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Por: Tomás Andino Mencía

Es claro que con neoliberales no se combate el neoliberalismo, ni con personajes de vocación autoritaria tampoco se combate una dictadura. Esto es obvio. No obstante, los magos ilusionistas que dirigen este movimiento, nos lo hacen pasar como “necesario”. Cualquiera con un poco de sentido común haría preguntas como las siguientes: ¿Por qué es necesario entregar a semejantes personajes la representación o cabeza de este poderoso movimiento social y político popular? ¿Acaso no existe alguien mejor que pueda representar y conducir este movimiento, que no provenga de las clases pudientes o de las elites de este país? ¿Por qué insisten en que seamos dirigidos por gente de derecha o de ultra derecha, neoliberales, militares camuflados, corruptos, burócratas sindicales traidores y similares? ¿Por qué escogen a esos candidatos en misas negras, sin consultar a las bases, y luego los imponen en mal llamadas “asambleas” donde el pueblo solo tiene opción de aplaudirles? ¿Por qué prefieren ignorar o, en el peor de los casos, excluir mediante fraudes inflacionarios internos, a los verdaderos luchadores y luchadoras, honestos(as) y probados (as) de las bases, para imponer en su lugar a gente potable para el sistema? ¿Acaso no podemos representarnos a nosotros mismos, los pobres, los excluidos y excluidas, los trabajadores y trabajadoras?

En mi modesta opinión, no hay justificación para esas prácticas antidemocráticas. Podrá parecer exagerado, pero se hacen porque para ellos poner este movimiento popular colosal en manos de quienes debería estar sería arriesgarse a que éste se radicalice y desemboque en una revolución que termine con el sistema capitalista neoliberal. Lo leyó bien: lo hacen porque quieren evitar una revolución.

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SEGUNDA PREGUNTA: ¿ESTÁ LISTA HONDURAS PARA UN CAMBIO REVOLUCIONARIO?

Desde que tengo uso de razón política, he escuchado siempre ese argumento: “Hay que conformarse con el menos malo, la revolución vendrá después”. Si siguen las cosas así, quienes leen estas líneas se harán ancianos y ancianas creyéndolo, viendo cómo pasan las oportunidades históricas, pasando de un “menos malo” a otro. Es un argumento falso. Lo cierto es lo contrario: pocas veces en la historia Honduras ha estado tan próxima a una revolución como en nuestra época. Una época revolucionaria ocurre cuando se conjugan dos tipos de condiciones: objetivas y subjetivas. Veamos.

Condiciones objetivas:

En Honduras, más del 70% de la población son pobres que caen rápidamente en la miseria absoluta, y otro 20%, de lo que fuera la clase media, nos convertimos en pobres; en la historia reciente, nunca había habido tanta calamidad económica como hoy día, debido a lo cual centenares de miles abandonan el país migrando a otros. Éste es el país con la mayor desigualdad social del continente; es uno de los tres países más violentos del mundo, donde en diez años se han liquidado más de 50 mil personas; el des-gobierno no es un “gobierno” sino una banda criminal de ladrones y narcotraficantes, donde los corruptos saquean instituciones enteras del Estado a sus anchas; estamos al borde de una catástrofe ecológica sin precedentes y, para rematar, la poca democracia que había, la misma que nos permitía “patalear”, se la pasaron por el Arco del Triunfo desde el 2009. Estamos gobernados por una oligarquía multimillonaria y violenta, que no admite la más mínima reforma al sistema.

En esta situación, Honduras es una olla de presión, a punto de estallar. El portentoso movimiento socio-político de la resistencia al golpe de 2009 y luego el movimiento de indignados, que entre ambos sacaron a millones a las calles, demostró que no solo existen las condiciones objetivas para una Revolución, sino que también existe el Sujeto Social que la haría posible. Ese Sujeto Social está ahí, son los millones de trabajadores y trabajadoras, desempleados y desempleadas, jóvenes, mujeres y, en fin, todas y todos aquellos que han sido y siguen siendo víctimas de este sistema y están sedientos de un cambio. No necesitan saber grandes teorías para darse cuenta que aquí ya no se puede seguir viviendo como antes. Nuestro pueblo no tiene nada de cobarde cuando se quita la venda de los ojos y sale a tomar las riendas de su destino. Basta ver como enfrentó la dictadura cariísta en 1954, como enfrentó los Golpes de Estado de 1956 y de 1963, en las jornadas populares de 1968 y 1974, ante la dictadura militar de los 80s y, recientemente, en la resistencia popular y el movimiento indignado. Aquí hay larga tradición de organización popular, de lucha reivindicativa, que ha sido una escuela con la cual hemos aprendido a conquistar nuestros derechos.

Condiciones subjetivas:

Además de existir condiciones objetivas, el pueblo hondureño, en su lucha contra el Golpe de Estado, comenzó a adquirir CONSCIENCIA de que un cambio radical de sociedad es necesario. En el calor de la lucha aprendió en pocos meses lo que no había aprendido en décadas; esto ocurrió porque la máscara del llamado “sistema democrático” se le cayó al golpismo y el estado capitalista tuvo que mostrar su verdadero rostro dictatorial. Así se vino abajo la ideología que lo sustentaba. Tanto fue su avance que le dio la espalda a las elecciones de noviembre de 2009, algo que hubiera sido imposible poco tiempo atrás. En ese sentido, vivimos una época histórica privilegiada, desde el punto de vista del despertar de una gran parte del pueblo a la necesidad de un cambio radical. Evidencia de esto es la popularidad masiva que ha adquirido la idea de una Asamblea Constituyente, que cristaliza ese cambio de sistema, en el imaginario popular. En otras palabras, existen condiciones objetivas y han comenzado a madurar las condiciones subjetivas, no solo para sacar a JOH, sino para ir mucho más lejos, haciendo una revolución que transforme este país.

TERCERA PREGUNTA: ¿DÓNDE ESTA EL PROBLEMA? ¿QUÉ IMPIDE QUE AVANCEMOS A LA REVOLUCIÓN?

A pesar de esos avances, al pueblo le falta tomar consciencia de un punto muy importante: que esa revolución solo es posible si la dirige el mismo pueblo, con sus propias organizaciones sociales y políticas, con sus propios líderes y lideresas, surgidos de sus entrañas. Su debilidad actual es que le han hecho creer que necesita de un caudillo burgués que lo dirija. ¡Craso error! La historia nos demuestra que el pueblo hondureño no ha necesitado de la derecha conservadora para conquistar el poco bienestar que había tenido antes del golpe de Estado. Ningún burgués, ningún proceso electoral nos ha regalado nada. El pueblo se lo ha ganado todo a pulso de movilización. El liderazgo popular fue educado por la izquierda reformista para que acepte esa errónea creencia. Esa izquierda acomodada, que ahora solo piensa en cuotas de poder y no en hacer revoluciones, tiene como propósito que no nos reconozcamos en nuestra capacidad de dirigir nuestro propio destino.

Según ellos, debemos ser dirigidos por líderes de los empresarios, militares o políticos, supuestamente “democráticos” porque eso es “lo posible”. Gran favor que le hacen a los líderes capitalistas, pues así estos tendrán asegurados sus intereses de los tumultos revolucionarios que, siguiendo esa política, serán imposibles. La ganancia de esta izquierda está en asimilarse al sistema, convirtiéndose en “honorables diputados o regidores”, de la mano de sus otrora enemigos de clase, hoy sus aliados, y así comer de las migajas que caen de la mesa.

Valga aclarar que no meto a todos y todas en un mismo costal: hay compas diputados(as) y regidores(as) que son honestos(as) y que estoy seguro hacen su lucha por cambiar algunas cosas, pero son honrosas excepciones, y lo que predomina es la línea oficial dictada por el caudillo. De hecho, a varios de ellos(as) los “purgaron” en el recién pasado proceso “inflacionario” interno y primario.

En base a la confianza que el pueblo resistente depositó en esa dirigencia, lo han desmovilizado sistemáticamente, enfriando su ánimo combativo. La izquierda reformista y el caudillismo burgués se esmeraron en que el pueblo desaprendiera las lecciones de su historia, tratando de hacerle olvidar cómo se hace lucha popular. Si no, veamos: de las huelgas y barricadas se pasó a las marchas tipo “procesiones”, y de éstas a los “plantones pacíficos”, luego a las veladas y por último a los votos. Todo un desmontaje consciente y sistemático de un proceso que, en palabras de Fidel Castro, “engendraba una revolución”. Convencieron a la mayoría de los resistentes que dejaran al Frente Nacional de Resistencia Popular hasta convertirlo en un cascarón vacío sin poder de convocatoria, y que pasaran a organizar un partido político, para combatir a los golpistas en las llamadas “insurrecciones electorales”. Tan nefasta fue esa orientación que, en menos de cinco años, perdimos conquistas que les costó más de cincuenta años a las pasadas generaciones de luchadores y luchadoras. Por lo dicho, puede concluirse que el mejor aliado del régimen golpista, ha sido la dirigencia reformista y el caudillismo burgués, que le sacó las castañas del fuego en la crisis del Golpe de Estado.

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CUARTA PREGUNTA: ¿QUÉ TIPO DE PROGRAMA DE GOBIERNO NOS OFRECE LA “ALIANZA”? ¿VALE LA PENA APOYARLO?

Todo este desmontaje de la lucha popular y toda esa confianza en los burgueses “progresistas” es injustificada. La derecha solo favorece a los intereses de la burguesía. Una vez que hace gobierno, echa a la basura todas las promesas que le hizo a los pobres. Ese es un viejo aprendizaje, que el movimiento obrero mundial conoce desde el siglo XIX. Un ejemplo es que los lineamientos del plan de gobierno de la Alianza, si bien es cierto que incluye algunas demandas populares de relleno, es en esencia un programa neoliberal, diseñado para favorecer y atraer a los empresarios. Ese programa evita hablar de expropiación de los latifundios, de nacionalizar sin indemnización a los oligopolios de la comunicación, la generación de energía, las grandes agroindustrias, la banca usurera, etc.; en cambio dice, en una parte clave: “La Alianza establecerá las bases de un nuevo modelo económico que implemente la solidaridad y la complementariedad y que busque potenciar la competitividad de manera incluyente y justa. Apoyando las reglas del mercado abierto y libre, y reconociendo el carácter fundamental y el respeto a la actividad privada”. Con esa idea se desenmascara como lo que es: una propuesta neoliberal.

¿Cómo hablan de “nuevo modelo” cuando es el mismo modelo neoliberal, que nos habla de “libre empresa” y “mercado abierto”? ¿Y para este programa neoliberal nos llaman a votar? ¿Cuándo consultaron a las bases populares sobre ese programa? Fue impuesto, como fue impuesto su candidato. Pero tiene lógica, como se trata de un programa burgués, solo necesitaban consultarlo con los empresarios.

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QUINTA PREGUNTA: ¿DEBEMOS PARTICIPAR DEL CIRCO ELECTORAL DE ESTE AÑO PARA AVANZAR HACIA LA REVOLUCIÓN?

Los procesos electorales a que nos convoca la burguesía, nunca serán el instrumento del cambio revolucionario que necesitamos. Ninguna sociedad ha alcanzado el socialismo por medio de procesos electorales, sino a través de una revolución popular. Por definición, todo proceso electoral burgués supone la continuidad del Estado burgués, no su ruptura. No es incorrecto que el movimiento popular, en ciertas condiciones históricas, aproveche un proceso electoral para difundir sus ideas y organizar al pueblo, siempre y cuando esa participación sirva a una estrategia revolucionaria de largo plazo, y no suponga el abandono de la lucha principal: la lucha de clases. ¿El actual proceso electoral reúne las condiciones mínimas que permitirían al pueblo salir fortalecido del mismo? Rotundamente NO. El proceso está viciado de inconstitucionalidad con la participación de JOH y se va al mismo con las mismas reglas del juego del pasado proceso electoral, con las cuales la pandilla en el gobierno es capaz de convertir un triunfo en derrota, sin mencionar que tiene el control de toda la institucionalidad que debe validar el proceso. En esas condiciones, lo correcto no es participar en ese proceso, sino luchar por hacerlo fracasar. Sin embargo, los modernos organizadores de derrotas siguen con su tarea, insistiendo en que lo único que vale la pena es llenar esas cajas llamadas “urnas” y así, por arte de magia, todos nuestros problemas serán resueltos. Para ellos no importa las condiciones en que vayamos a dicho proceso, si tiene legitimidad, si el fraude es lo predominante o si se va maniatado.

¿Cómo es que nos llaman a participar de un proceso electoral ilegítimo, viciado de nulidad por la reelección de JOH? ¿Qué hizo la cúpula de lo que hoy conforma la Alianza para impedir esa ilegal inscripción? ¿Cuántas movilizaciones reales hicieron los miembros de la Alianza para exigir las reformas electorales que prevengan el fraude? Apenas dos, y por separado. Salvo un meritorio sector popular de base, que si salió a las calles con regularidad cada viernes, la dirigencia de los partidos no convocó ni acudió a las movilizaciones para protestar por eso, y, al contrario, algunos hasta hicieron apología de la reelección, no ocultando su ambición por alcanzarla. Además, dijeron que si no había reformas electorales que garantizaran la transparencia del proceso “no habrá elecciones”. Las reglas siguen siendo las mismas y estamos a dos días de la convocatoria a las elecciones, cuando legalmente esas reglas ya no podrían cambiarse. ¿Y esos mismos dirigentes cumplen su palabra? Todo lo contrario, ahora nos dicen que llenando las urnas venceremos el fraude y sacaremos a JOH, sin hacer otra cosa más que ir a votar. El mismo cuento que nos vendieron en 2013, sin que después hicieran nada para revertir el fraude anunciado y aplicado. Hoy día hacen lo mismo contra el nuevo fraude anunciado: nada o casi nada.

A este gobierno no se le derrotará en las urnas, sino en las calles, pero solo a condición de que la movilización se tome en serio, no utilizándola de vitrina para vender propaganda proselitista, o para hacer “lanzamientos” o muestreo de candidatas y candidatos. Los que hoy nos llaman a votar por los bufones de la oligarquía y su programa neoliberal, son los mismos que castraron al movimiento popular y lo tienen en el estado de postración en que se encuentra. Esos dirigentes y los partidos de los que son dueños engañan y manipulan a un pueblo noble y crédulo, para que se deje guiar y dirigir por nuestros enemigos de clase. Si algo queda demostrado con todo esto, es que la “Alianza” burguesa que han constituido los líderes de los partidos LIBRE, PAC, PINU y similares, NO ES UNA ALTERNATIVA REAL, SINO FICTICIA, PARA EL CAMBIO QUE REQUIERE EL PAÍS. Pero entonces, ¿Cuál sería la alternativa real y cómo la construimos?

 Tomás Andino Mencía Tomás Andino Mencía, intelectual orgánico del movimiento popular, fundador del FNRP y del Espacio Refundacional.


Tomás Andino Mencía, intelectual orgánico del movimiento popular, fundador del FNRP y del Espacio Refundacional.

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Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.

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