Acumulación histórica y coyuntura política

Por: Gilberto Ríos Munguía (•) La nación hondureña vive un innegable proceso de cambio en medio de la convulsión provocada por el fraude electoral del pasado 26 de noviembre, en el que mayoritariamente el pueblo que se avocó a las urnas electorales expresó su deseo de cambio, su apoyo al ingeniero Salvador Nasralla candidato de la Alianza de Oposición Contra la Dictadura y su rechazo por el proyecto reeleccionista e ilegal de Juan O. Hernández....
Redacciónfebrero 15, 2018

Por: Gilberto Ríos Munguía (•)

La nación hondureña vive un innegable proceso de cambio en medio de la convulsión provocada por el fraude electoral del pasado 26 de noviembre, en el que mayoritariamente el pueblo que se avocó a las urnas electorales expresó su deseo de cambio, su apoyo al ingeniero Salvador Nasralla candidato de la Alianza de Oposición Contra la Dictadura y su rechazo por el proyecto reeleccionista e ilegal de Juan O. Hernández.

Ante la mirada desconcertada de la comunidad internacional y la sorpresa de la gran mayoría de la población, el fraude se llevó a cabo con cinismo y torpeza. La reacción de la oposición no se hizo esperar y la condena a la imposición ha continuado desde entonces, dejando varios saldos negativos para la sociedad en su conjunto y sobre todo para la llamada democracia en Honduras.

En la memoria inmediata salta el fraude contra la compañera Xiomara Castro de Zelaya en las elecciones de 2013, en las que el Partido Libertad y Refundación logró demostrar la manipulación de al menos 3,000 urnas a nivel nacional, es decir más del 8% del universo electoral; a su vez ese crimen contaba con antecedentes trágicos para la vida política del país como fue el golpe de estado de 2009 contra el Presidente constitucional José Manuel Zelaya Rosales, a quien en junio de ese año apenas le restaban 7 meses de gobierno.

El pueblo ha tenido incesantes manifestaciones de descontento y rechazo por la imposición de la voluntad oligárquica desde la “vuelta a la democracia” en 1982, año que marcó el pacto de elites sobre la gobernabilidad, la repartición del Estado y la represión para aquellos sectores que se manifestaban desde entonces por el cambio radical y profundo de la sociedad.

Los procesos sociales surgen como eventos naturales de las contradicciones y armonías generadas por los intereses que se imponen desde los bloques dominantes y por la resistencia que estos encuentran en una sociedad determinada; también existen giros inesperados por las agrupaciones y reagrupaciones que estos movimientos de élite generan en el subsuelo o entramado de otros grupos de interés y su vinculación con la sociedad en general.

Este proceso histórico natural tiene variantes que también –y sobre todo en nuestros tiempos-, están vinculadas con los mercados internacionales, el gran capital, los intereses corporativos y las contradicciones inherentes a los procesos de concentración de la riqueza, la explotación laboral, el acaparamiento de territorios y el marginamiento de grandes masas de la población de la posibilidad de desarrollo, derechos u oportunidades.

En Honduras, agrupaciones sociales marcaron siempre una simbólica resistencia a estos arrebatos de las élites, lo mismo pueblos vecinos y hermanos que adelantaron en la lucha de los intereses de clases otros estadios de conciencia y organización política. Nuestra posición en los índices de desarrollo –los más bajos de toda américa latina-, sería otra forma de tener una lectura de estos condicionamientos históricos y de los alcances de esas luchas sostenidas. Aunque también juzgarlas por su éxito o fracaso sería de suma injusticia si medimos la desproporción entre los contrincantes.

Actualmente el fenómeno de la Acumulación Histórica de la lucha de clases tiene diversas manifestaciones positivas; mayorías que han visto la pauperización de sus condiciones de vida y que sufren la pobreza y la exclusión han reaccionado políticamente en la coyuntura. El pueblo se viste de dignidad y pelea con las herramientas conocidas para desnudar al régimen oligárquico – pro imperialista que lo domina y lo mantiene en tan adversas condiciones de subsistencia.

Para unos tener la razón es causa suficiente para lanzarse a la calle en defensa de lo que debe ser justo, para otros la manera precipitada y la falta evidente de planificación es certeza del fracaso, en todo caso la oposición debe partir necesariamente del principio de la acumulación orgánica y no espontanea, sobre la construcción científica de la organización capaz de derrotar la dictadura y lograr la independencia nacional y el rescate de la democracia.

Los procesos de construcción política son lentos y muchas veces tediosos, pero la vorágine de eventos en la coyuntura nacional que demuestra las fisuras, errores, debilidades e imperfecciones de la política del régimen dan muestra también de que la historia de los pueblos se puede adelantar o acelerar con la correcta lectura de sus contradicciones y la atinada y permanente participación de las masas en la vida social y política del país.

(•) Socialista, dirigente político de la oposición contra la dictadura

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