Pandemia y democracia

Por Gilberto Ríos Munguía El llamado proceso de “reapertura inteligente de la economía” o “el regreso a la nueva normalidad” se ha comenzado en el momento en que las salas de cuidados intensivos están saturadas en los hospitales públicos y privados de las principales ciudades del país; todo apunta a que la curva estadística de contagio se encuentra aún en ascenso. El régimen en Honduras apresuró la aplicación de las normas como el confinamiento para...
Redaccion 2junio 19, 2020

Por Gilberto Ríos Munguía

El llamado proceso de “reapertura inteligente de la economía” o “el regreso a la nueva normalidad” se ha comenzado en el momento en que las salas de cuidados intensivos están saturadas en los hospitales públicos y privados de las principales ciudades del país; todo apunta a que la curva estadística de contagio se encuentra aún en ascenso. El régimen en Honduras apresuró la aplicación de las normas como el confinamiento para prevenir la pandemia no por la preocupación sobre la salud de la población, sino porque vieron en el COVID-19 la oportunidad de continuar con sus políticas de endeudamiento externo y manejos oscuro de los recursos públicos.

A más de 90 días de aislamiento social, el Sistema Nacional de Emergencias SINAGER, no fue capaz de manejar de forma eficiente las pruebas diarias para controlar el desarrollo de la pandemia, por lo que su progresión fue inevitable; por su parte el gremio médico insistió en ser parte de la estrategia gubernamental para incorporar criterios técnicos al combate de la enfermedad, pero fue marginado y menospreciado por el régimen. Ahora se cuentan más fallecimientos de especialistas y médicos que han estado expuestos en la llamada Primera Línea, mientras que organizaciones de enfermeras hablan de más de 300 compañeras contagiadas. Oficialmente los muertos aún no llegan a 500 en total en la cifra nacional, pero ya se cuentan por decenas los fallecimientos diarios.

La noticia de la semana ha sido el contagio del mismo Juan O. Hernández, que permanece interno en el Hospital Militar con un cuadro de neumonía. Las opiniones se dividen sobre la realidad de este hecho; por una parte la percepción de confianza en la capacidad del régimen de sacarnos de la crisis económica a principios de año era sumamente baja, con el comienzo de la emergencia sanitaria el mandatario de facto aprovechó para aumentar su exposición mediática –aunque la totalidad de los mensajes demostraba no tener una estrategia clara para enfrenar la crisis. Anticipando la sensación de desamparo, sus asesores lo pusieron al frente, pero el rechazo posiblemente haya crecido debido a la desidia e incapacidad de su gobierno para resolver la situación; su supuesta enfermedad podría tratarse solamente de otro intento por suscitar compasión, no obstante una amplia mayoría en redes sociales se han manifestado incrédula y otro tanto deseoso de que el virus en este caso particular avance.

También el anuncio del supuesto contagio se ha dado la misma semana en que se suman más testigos en las cortes del sur de Nueva York. Estos señalan a Juan O. Hernández por haber recibido sobornos de parte del narcotráfico, aumentando las tensiones sobre una posible extradición. La condena para su hermano Juan Antonio Hernández se ha programado para el 16 de septiembre, fecha que se acerca más a las elecciones de noviembre en EEUU. No debemos descartar la utilización política de la justicia norteamericana contra Juan O. Hernández para dañar aún más la reputación de Donald Trump y contribuir con el agotamiento de sus probabilidades para una reelección. Los demócratas volverían a la presidencia con el militarista demócrata de Joe Biden; tampoco sería una buena noticia para la región.

Mientras tanto la dictadura hace todos sus esfuerzos por no transparentar el proceso electoral, sus pasos están bastante medidos para este 2021. Si bien oficialmente no hay una postulación para una segunda reelección de Juan O. Hernández, los candidatos al interno de su partido están igualmente desprestigiados por múltiples señalamientos en casos de corrupción y son débiles figuras políticas; sin embargo el Partido Nacional sigue siendo una fuerza nada despreciable; el poder desde el gobierno, sus redes clientelares, la acumulación de capitales lograda a partir de nuevos actos de corrupción con los fondos de la pandemia,  sus relaciones con el narcotráfico, el crimen organizado y la complicidad del ejército y la policía nacional, los colocan es la misma posición de procesos anteriores: con una ventaja relativa a la oposición.

Según el calendario electoral en marzo del 2021 deberían realizarse los comicios internos de los partidos mayoritarios en el país (Libre, Nacional y Liberal), pero las denuncias de la oposición no se han hecho esperar ante la posibilidad de realizar las elecciones con el mismo censo y la misma tarjeta de identidad. Con esas bases el régimen realizaría una “elección” con  su ejército de maniquíes virtuales; muertos, poblaciones transfronterizas, migrantes aún registrados aptos para votar, militantes nacionalistas con decenas de tarjetas de identidad y traslados manipulados.

Juan O. Hernández, su equipo y la embajada norteamericana no dejarán esto a la democracia, la responsabilidad recae nuevamente en la oposición política del país que tendrá que diseñar una estrategia más elaborada para vencer el fraude, la represión política y el acompañamiento de decenas de medios corporativos que nuevamente están a la disposición de la élite para imponer la voluntad de minorías pudientes ante mayorías cada vez más abusadas impunemente.

 Dirigente del Partido Libertad y Refundación, Libre.

 

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