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PRIMERO DE MAYO: MÁS PENA QUE GLORIA

Por Óscar Esquivel. 

132 años han pasado de haber conseguido 8 horas para el trabajo, 8 horas para el sueño y 8 horas para convivir con la familia. 64 años han trascurrido desde la histórica huelga iniciada en las bananeras, que conquistó el derecho a la protesta, a la sindicalización, al seguro social, entre otros logros. ¿Qué ha quedado de esas conquistas, qué ha quedado de esas luchas, qué ha quedado de esos espíritus nobles movidos por el bien común?

El próximo martes conmemoramos- más que celebrar-, otro primero de mayo que pasa con más pena que gloria. Dentro de las formalidades, es decir en papel, siguen existiendo las conquistas logradas hace muchos años atrás, gracias al esfuerzo de otras personas. Sin embargo, en la realidad nada de eso existe. Para comenzar no hay fuentes de empleo, no hay generación de riqueza mediante el trabajo. De la población económicamente activa en Honduras (2016), el 7.4% está sin empleo, según cifras oficiales. En noviembre de 2010 se introduce un decreto en el Congreso Nacional creando un programa de empleo por hora, de carácter temporal y, en el 2014 adquiere carácter de ley, lo que faculta al patrono a contratar los servicios de un trabajador sin el compromiso de cumplir con las conquistas adquiridas años atrás: no hay derecho a prestaciones laborales, derecho a la seguridad social, a la sindicalización. El gobierno de turno, bajo el supuesto de la generación de empleo, “robó los calcetines sin quitar los zapatos” a los trabajadores. Los empleados que eran permanentes en una buena cantidad fueron despedidos y recontratados bajo la modalidad de “empleo temporal”.

Por su parte, el despido de empleados públicos ha sido por miles durante los últimos años, sin las prestaciones conforme a ley pero bajo la promesa que se les pagará por partes en un futuro inmediato. Se suma también el fenómeno de la tercerización que están utilizando muchas empresas y dan al traste con los derechos laborales. Y no dejemos por fuera el tema del salario mínimo frente a la canasta básica, salario negociado por personas que dicen representar a los trabajadores. ¡Qué decir del saqueo al Instituto Hondureño de Seguridad Social! Ante la crisis actual, es urgente la pregunta: ¿Dónde están los representantes de la clase trabajadora? ¿Qué hacer ante la indefensión en la que se encuentran los trabajadores?

Es evidente que no hay representación. La que existe no es genuina, no es auténtica; representan otros intereses y no aquellos de los trabajadores (con algunas excepciones). Corresponde, entonces, buscar nuevos liderazgos que estén dispuestos a asumir las demandas que el bienestar colectivo amerita. Es urgente la conformación de nuevas organizaciones sindicales y gremiales que velen por el bienestar de los agremiados. Urgen nuevos liderazgos que no tengan compadrazgos con el gobierno de turno o la clase patronal para conspirar contra la clase trabajadora.

La clase trabajadora es el motor de la economía de un país y los socios estratégicos para el desarrollo de los pueblos. El gobierno y la clase dominante lo sabe, por eso su ataque permanente a la organización, a su bienestar. Quienes no lo saben o no lo asumen son la clase trabajadora. Ya va siendo hora de rectificar; ya va siendo hora de asumir compromisos más allá de los discursos trasnochados cada 1 de mayo. Ya va siendo hora que la clase trabajadora asuma su condición de clase y deje de sostener pequeños grupos de saqueadores.

Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad única del columnista. El pulso comparte esta opinión para enriquecer el debate nacional sobre temas de importancia para la patria.